Tres años de guerra en Sudán

Alfredo Langa Herrero
Colaborador
Hoy se celebra en Berlín una conferencia internacional sobre Sudán, organizada por el Gobierno alemán junto a Francia, Reino Unido, Estados Unidos, la Unión Europea (UE) y la Unión Africana. Los ministros de Asuntos Exteriores de países clave, así como representantes de Naciones Unidas, organizaciones humanitarias y la sociedad civil sudanesa, que por primera vez van a asistir a este tipo de encuentros, se sentarán a discutir sobre Sudán. No es una conferencia de paz, sino una conferencia de alto nivel de la que no se espera se tomen decisiones que frenen la violencia del Gobierno y su ejército, ambos al mando del general Abdelfatah al Burhan, y de los paramilitares de las Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR), lideradas por Mohamed Hamdan Dagalo, antiguo yanyauid.
El conflicto entre estos dos actores comenzó en abril de 2023 tras el intento de la Junta Militar nacida del golpe de Estado de 2021 de incorporar a las FAR al ejército regular. La actual Tercera Guerra Civil Sudanesa cumple tres años, aunque el conflicto es más complejo, ya que otros grupos armados apoyan a las FAR o al ejército o luchan entre ellos. Y esto, en un contexto de inseguridad alimentaria severa, con más de la mitad de los más de 51 millones de sudaneses con carencias alimentarias y una crisis humanitaria que ha provocado unos 10 millones de desplazados y más de 4 millones de refugiados. La crisis humanitaria provocada por la guerra supone el mayor desafío de las organizaciones internacionales de ayuda, que tan solo han atendido al 13% de la población con necesidades.
Tras tres años de guerra, la situación militar se ha estancado y se han definido dos territorios controlados por el Gobierno y las FAR, principalmente. El oeste, incluyendo la práctica totalidad de Darfur es controlado por las FAR, mientras que el este y la capital, sigue en manos del Gobierno de Jartum. Ambos bandos han llevado a cabo masacres y violación de los derechos humanos de población civil y ninguno constituye un interlocutor legítimo, aunque de facto la comunidad internacional considera a Al Burhan el presidente. Es importante recordar que el general Al Burhan llevó a cabo gran parte de su carrera militar en Darfur durante el genocidio, a partir de 2003, y que Dagalo proviene de los paramilitares extremistas yanyauid, que se convirtieron en un brazo paramilitar del ejército y que han sido acusados de tener un papel fundamental en la represión y la violación sistemática de los derechos humanos de la población no árabe o arabizada de Darfur o Kordofán. Al Burhan pertenece a las élites árabes de ideología extremista del entorno del presidente depuesto Omar al Bashir, y Dagalo no fue más que uno de sus brazos ejecutores en Darfur. Por tanto, ambos participan de una visión supremacista y racista de los árabes frente a los que consideran “africanos” como serían los fur o los masalit, independientemente de que todos sean musulmanes.
Mientras tanto, la comunidad internacional, sigue dividida entre aquellos países que apoyan a las FAR, como Emiratos Árabes Unidos o Rusia a través de la empresa Wagner, y los que apoyan al Gobierno, como los EEUU, Turquía o Egipto. Unos beneficiándose del oro y otros metales controlados por las FAR, y otros por el petróleo que extraen empresas extranjeras en zonas progubernamentales. Y China, no se mete en política…
Por todo esto, el escepticismo en la utilidad de la conferencia de hoy y sus resultados efectivos es total por parte de gran parte de las organizaciones civiles y humanitarias representadas. Se espera, al menos, algún compromiso de aumento de los fondos destinados a la ayuda humanitaria, aunque no se esperan compromisos que mejoren el acceso a las poblaciones más vulnerables debido a la violencia.
La UE, que participa en el denominado Quinteto, junto a la Unión Africana, la Autoridad Intergubernamental para el Desarrollo, la Liga Árabe y Naciones Unidas, ha emitido un comunicado conjunto en el que insta a “reforzar el compromiso internacional, hacer un llamamiento a la distensión y dar mayor visibilidad a las perspectivas de la población civil sudanesa en un momento crítico del conflicto”. Diversas organizaciones de derechos humanos como Amnistía Internacional, Human Rights Watch o Front Line Defenders, creen que el compromiso por parte de la UE debería de ser mayor y en una carta remitida a la presidenta de la Comisión se propone una respuesta internacional urgente ante la grave crisis en Sudán, centrada en la protección de la población civil y el respeto del derecho internacional humanitario. Se pide a la UE y a sus Estados miembros utilizar todos los instrumentos disponibles para detener las violaciones de los derechos humanos, exigir responsabilidades y reforzar la protección de civiles, especialmente mujeres y niñas. También se insta a respetar y ampliar el embargo de armas de la Naciones Unidas en Sudán y a aumentar la ayuda humanitaria dentro del país y en los países vecinos. Se condenan los ataques contra civiles, infraestructuras y personal humanitario, así como los asedios y las restricciones a la ayuda, exigiendo el cese inmediato de la violencia y el restablecimiento de las comunicaciones. Igualmente, se subraya la necesidad de justicia mediante el apoyo a la Corte Penal Internacional y otros mecanismos de investigación, así como la aplicación de la jurisdicción universal. Finalmente, se destaca el apoyo a la sociedad civil sudanesa, defensores de derechos humanos y refugiados, garantizando protección, asilo seguro y su participación en los procesos de paz.
Queda claro, por tanto, que Berlín supone una oportunidad importante, al menos, para la sociedad civil sudaneses, ya que incorpora a 40 de sus representantes sudaneses, pudiendo constituir una plataforma y un discurso comunes, aunque hay grandes divisiones entre ellas. Al menos se podría poner de manifiesto la importancia de apoyar la protección y la financiación de redes de ayuda mutua como las Salas de Respuesta a Emergencias, que llegan a regiones sudanesas en las que las organizaciones de ayuda internacional no pueden operar, y su labor refuerza la cohesión social.
En todo caso, no parece que la conferencia de hoy ponga en el foco internacional a la principal crisis humanitaria del planeta. Quizás porque hay otros escenarios de conflicto, quizás porque muchos países tienen intereses económicos prioritarios en Sudán o quizás porque los sudaneses son africanos.
