Repensar la acción humanitaria y su financiación en crisis prolongadas

Elena Garagorri
Responsable de Asistencia Técnica
La acción humanitaria está siendo transformada por una combinación de recursos cada vez más limitados y necesidades en expansión. Tras más de una década de crecimiento, la asistencia humanitaria internacional está ahora contrayéndose de maneras que reflejan presiones estructurales más profundas que van más allá de una simple escasez temporal de financiación. Al mismo tiempo, las crisis duran más tiempo, las necesidades se vuelven más complejas y los espacios en los que operan los actores humanitarios están cada vez más condicionados por la contestación política, entornos cívicos restringidos y sistemas nacionales debilitados.
Dos diálogos recientes —la Cumbre de Financiación Humanitaria 2026 y un intercambio intersectorial organizado por ERICC y ODI en Londres los días 25 y 26 de febrero— ofrecen perspectivas complementarias sobre cómo el sector puede adaptarse.
En conjunto, ambos apuntan a una conclusión compartida: generar impacto significativo en crisis prolongadas requiere tanto rediseñar la arquitectura de financiación como adoptar un enfoque más sistémico para apoyar a las instituciones nacionales y a los actores locales.
Un sector bajo presión: tensiones financieras y brechas de legitimidad
Entre los actores presentes en la Cumbre de Financiación Humanitaria surgió un mensaje claro: el modelo de financiación humanitaria depende en exceso de un grupo reducido de donantes de la OCDE, lo que deja al sistema expuesto a los mandatos políticos, a la volatilidad presupuestaria y a cambios en las prioridades internas de los países donantes.
Los déficits de financiación comenzaron mucho antes de 2025, y la contracción actual refleja una fragilidad estructural, no simples fluctuaciones coyunturales.
A estas presiones financieras se suma un creciente problema de legitimidad. En muchos contextos afectados por crisis, las comunidades cuestionan si la acción humanitaria es suficientemente adaptable, responsable y alineada con sus prioridades.
Una década después del Grand Bargain, los avances en localización y transferencia de poder siguen siendo muy limitados. Esta falta de resultados refuerza la percepción de desajuste entre el sistema y la arquitectura de la ayuda y la realidad de las crisis actuales, que son predominantemente prolongadas, recurrentes y profundamente entrelazadas con déficits de gobernanza y desarrollo.
Confianza y apropiación en los países del g7+
En muchos países del g7+, la percepción pública sobre la ayuda difiere de la realidad fiscal. Las poblaciones pueden pensar que reciben importantes fondos externos directamente, incluso cuando no es así. Esto debilita la confianza y puede incentivar lógicas de desembolso rápido a corto plazo en lugar de fortalecer las capacidades institucionales.
El diálogo subrayó que las reformas deben ser relacionales y no solo tecnocráticas: la previsibilidad, una visión compartida y la confianza mutua son elementos esenciales.
Repensar la ayuda en crisis prolongadas: enfoques a nivel de sistema
Las reflexiones derivadas de las discusiones entre ERICC y ODI subrayan que la ayuda tradicional, basada en proyectos anuales y fragmentados, suele ser insuficiente en entornos prolongados y políticamente complejos.
A medida que algunas crisis superan las dos décadas de duración, las limitaciones de los modelos humanitarios a corto plazo se vuelven cada vez más evidentes.
- Hacia una arquitectura de financiación más coherente: ambos encuentros subrayaron la necesidad de rediseñar de forma profunda la forma en que se estructuran las finanzas humanitarias y de desarrollo.
- Alinear incentivos y reducir la fragmentación: se destacó la importancia de reducir la duplicación entre donantes, agencias de la ONU, instituciones financieras y ONG. Instrumentos fragmentados —por muy innovadores que sean— no pueden compensar incentivos desalineados o sistemas paralelos.
- Integrar mecanismos de reparto del riesgo: las estructuras actuales de financiación suelen trasladar una parte desproporcionada del riesgo a las agencias implementadoras y a los actores locales. Un modelo futuro requiere gestión estructurada del riesgo, no simplemente evitarlo, así como incentivos para compromisos a más largo plazo.
- Conectar la financiación humanitaria con los mercados de capital: instrumentos como seguros, fondos de riesgo o financiación combinada (blended finance) pueden ser una oportunidad, especialmente en el nexo humanitario-desarrollo. Sin embargo, su adopción sigue siendo limitada debido a brechas de capacidad técnica y a la complejidad de diseñar herramientas adecuadas.
- Préstamos, subvenciones y fondos comunes: se subrayó que los préstamos de bancos de desarrollo pueden aumentar la presión fiscal en contextos frágiles, lo que refuerza el argumento a favor de un mayor uso de subvenciones. Los fondos comunes alineados, anclados en sistemas nacionales pero con condicionalidades claras, pueden representar una vía intermedia entre la ayuda fragmentada basada en proyectos y el apoyo presupuestario amplio.
Enfoques emergentes
Varias innovaciones financieras están ganando relevancia:
- Acción anticipatoria, basada en sistemas integrados de alerta temprana, financiación preacordada y mecanismos de transferencia de riesgo.
- Financiación basada en resultados, que responde a la demanda de enfoques orientados a resultados, aunque presenta retos de diseño relacionados con la equidad y los incentivos.
- Apoyo a empresas locales e inversión de impacto, que puede fortalecer la resiliencia en mercados afectados por desplazamientos.
En todos estos modelos, la interoperabilidad entre actores humanitarios, de desarrollo y financieros sigue siendo un obstáculo central.
Ejemplos de cambios incipientes: ACNUR y el Grupo del Banco Mundial
Algunos movimientos recientes de instituciones internacionales reflejan un giro hacia enfoques más sistémicos.
- ACNUR está poniendo mayor énfasis en la inclusión de las personas refugiadas en los sistemas nacionales, reconociendo que la mayoría de las personas desplazadas vive fuera de campamentos.
- La nueva estrategia FCV del Grupo Banco Mundial pone el foco en el compromiso anticipatorio, enfoques diferenciados y plataformas de implementación lideradas por gobiernos, con el fortalecimiento institucional como eje central.
Conclusión: hacia un sistema más sostenible y anclado localmente
En ambos debates globales emergieron varios principios convergentes:
- La flexibilidad combinada con la apropiación nacional es esencial en crisis prolongadas.
- La inversión sostenida en capacidades locales reduce la dependencia de la asistencia técnica externa.
- Los fondos comunes alineados y los modelos de reparto de riesgos pueden ayudar a cerrar la brecha entre lo humanitario y el desarrollo.
- El aprendizaje sistémico y la participación temprana de actores locales son fundamentales para garantizar relevancia y legitimidad.
Desde la perspectiva de IECAH, surgen varias preguntas. En primer lugar, muchos de los mecanismos actualmente promovidos depositan mayores expectativas en los actores locales y en las autoridades nacionales. Sin embargo, en contextos afectados por conflictos, los Estados a menudo carecen de la capacidad, la coherencia o la voluntad política para trabajar con todas las poblaciones civiles, y mucho menos a la escala que estas reformas requerirían.
En algunos contextos, las instituciones públicas son puestas en cuestión, politizadas o fragmentadas; en otros, las comunidades dependen más de estructuras informales o no estatales que de los servicios gubernamentales.
En segundo lugar, aunque fortalecer los sistemas nacionales es fundamental, conviene ser cautas al asumir que pueden absorber responsabilidades sin un apoyo adecuado o que necesariamente se mantendrán neutrales e inclusivos durante los conflictos.
Mientras el sector intenta “hacer menos, pero hacerlo mejor”, es importante garantizar que el impulso hacia la eficiencia no traslade la presión y el riesgo hacia los actores locales —ya sobrecargados— y que las reformas se basen en evaluaciones realistas de la capacidad estatal, las necesidades de las comunidades y las dinámicas políticas que configuran la respuesta a las crisis.
Solo entonces la acción humanitaria podrá contribuir de manera significativa a la resiliencia y la protección en crisis prolongadas.
