Donde crecen las necesidades, no puede retroceder la protección

Hoy, 19 de agosto, se conmemora el Día Mundial de la Asistencia Humanitaria, una fecha para recordar a quienes trabajan en contextos de crisis y conflicto tratando de garantizar asistencia y protección a las poblaciones afectadas.
En 2026, esta conmemoración coincide además con un aniversario especialmente significativo: el décimo aniversario de la adopción de la Resolución 2286 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, que exige la protección del personal médico, de los medios de transporte sanitario y de las instalaciones de salud. Diez años después, sin embargo, las cifras siguen mostrando el elevado riesgo al que se enfrentan quienes brindan asistencia.
Un deterioro que continúa
Según la Aid Worker Security Database, 2025 cerró con 712 ataques registrados contra personal humanitario, 350 de ellos mortales.
Los primeros meses de 2026 tampoco permiten hablar de una mejora sustancial. Las cifras provisionales registran 177 ataques contra personal humanitario, 87 mortales. Gaza y Cisjordania, Sudán, Sudán del Sur, Ucrania o la República Democrática del Congo continúan entre los contextos en los que las consecuencias para quienes prestan asistencia han sido especialmente graves durante los últimos años.
Detrás de estas cifras existe, además, una realidad que no debería pasar desapercibida: la inmensa mayoría de las víctimas son personal nacional y local. Son quienes permanecen sobre el terreno cuando las organizaciones internacionales reducen su presencia, quienes conocen mejor las comunidades en las que trabajan y, al mismo tiempo, quienes suelen disponer de menos recursos y mecanismos de protección.
Nuevas amenazas y menos recursos para responder
A la violencia física se suman además otras formas de presión y exposición. Las detenciones arbitrarias, las restricciones de movimiento, la criminalización de la asistencia y las campañas de desinformación pueden debilitar la aceptación de las organizaciones humanitarias y poner en cuestión su neutralidad e independencia.
También la transformación tecnológica de los conflictos introduce nuevos riesgos. El uso creciente de drones, sistemas basados en inteligencia artificial y otras tecnologías militares plantea desafíos adicionales para la protección de civiles y del personal humanitario, especialmente cuando aumenta la velocidad de las decisiones, dificulta la identificación de responsabilidades o amplía la capacidad de vigilancia y ataque.
Este deterioro de la seguridad coincide además con una contracción profunda de la financiación humanitaria que ha obligado a numerosas organizaciones a cerrar programas, reducir equipos y concentrar todavía más su respuesta.
Recordar sigue sin ser suficiente
El Día Mundial de la Asistencia debe servir para reclamar condiciones que permitan desarrollar esta labor con mayor seguridad y para recordar a los Estados y a las partes en conflicto sus obligaciones de respetar el derecho internacional humanitario.
Ante el aumento de los ataques contra el personal humanitario, resulta especialmente necesario reforzar la prevención, garantizar investigaciones independientes cuando se producen violaciones y avanzar en mecanismos efectivos de rendición de cuentas. Las normas existen; el reto sigue siendo contar con la voluntad política necesaria para hacerlas cumplir y evitar que los ataques queden impunes.
Para más información:
