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13 de octubre: invertir en resiliencia para reducir el riesgo de desastres 

Cada año, el 13 de octubre conmemoramos el Día Internacional para la Reducción del Riesgo de Desastres, una fecha que invita a reflexionar sobre cómo las decisiones que tomamos hoy determinan la seguridad, la sostenibilidad y la resiliencia de nuestras comunidades. Este 2025, la efeméride pone el foco en un aspecto crítico: la necesidad urgente de aumentar la financiación destinada a la reducción del riesgo de desastres (RRD). 

En todo el mundo, los países se enfrentan a fenómenos naturales cada vez más intensos —sequías prolongadas, tormentas devastadoras, olas de calor, inundaciones y terremotos— impulsados por un clima cambiante y una planificación que con demasiada frecuencia ignora los riesgos. 

Los datos son contundentes. Los costes directos de los desastres han alcanzado alrededor de 202.000 millones de dólares anuales, pero personas expertas estiman que el impacto real podría ser hasta 11 veces superior, llegando a 2,3 billones de dólares. Sin embargo, la inversión en prevención sigue siendo mínima. Menos del 1 % de los presupuestos públicos se destina a la RRD, y solo el 2 % de los proyectos de Ayuda Oficial al Desarrollo incorporan la reducción del riesgo entre sus objetivos. En el ámbito humanitario, los fondos destinados a la prevención y la preparación ante emergencias han disminuido, dejando a las comunidades más expuestas ante las próximas crisis. 

La urgencia de actuar e invertir en preparación y resiliencia es evidente también en nuestro país. La DANA de 2024 dejó tras de sí lluvias torrenciales, inundaciones y graves daños a infraestructuras, poniendo a prueba nuestra capacidad de respuesta y coordinación. A esto se suman los incendios de este año, que devastaron amplias zonas del territorio. El riesgo de incendios continúa tratándose como una sucesión de emergencias, en lugar de abordarse mediante una estrategia integrada de prevención y gestión del riesgo. 

Estos eventos, cada vez más frecuentes y destructivos, subrayan la necesidad de fortalecer la preparación, la resiliencia y la cooperación. Invertir hoy en reducir riesgos no es solo una cuestión de responsabilidad: es una decisión económica inteligente y una apuesta por el futuro. Porque financiar la resiliencia significa, en última instancia, evitar pagar el precio de los desastres. 

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