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Irak, escenario crecientemente revuelto

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(Para Radio Nederland)
Desde hace mucho tiempo, Iraq ya no pertenece a los países árabes más desarrollados, y su sistema sanitario y de educación, entre otras cosas, ya no causa envidia entre sus vecinos.

 Ni el pasado, ni el presente ni el futuro inmediato de Iraq transmiten imágenes positivas. Hace ya mucho tiempo que Iraq dejó de ser caracterizado como uno de los países árabes más desarrollados, con un sistema de salud y de educación que eran justamente envidiados por sus vecinos, un apreciable sector productivo (sobre todo en el terreno de la explotación de hidrocarburos) y una sociedad civil muy activa en todos los órdenes.? ?Sin remontarnos más atrás, desde la abrupta llegada al poder de Sadam Husein en 1979 el país se ha ido despeñando por un precipicio, sin que esté claro si ya ha tocado fondo. Mientras tanto, ha conocido una interminable sucesión de conflictos internos- reiteradas purgas de opositores políticos, castigos colectivos contra las comunidades kurdas y chiíes y, más recientemente, enfrentamientos intracomunales, con los suníes también implicados- y externos- con una primera guerra con Irán (1980-88); una segunda derivada de la invasión de Kuwait, contra Estados Unidos y sus aliados en la operación Tormenta del Desierto (de agosto de 1990 a febrero de 1991); y una tercera, iniciada en marzo de 2003 y todavía en desarrollo- que lo han dejado en una situación deplorable.? ?Cuando parecería que lo más importante es mirar hacia delante, tratando de crear las condiciones que permitan llevar una vida digna y segura a los iraquíes, el pasado no deja de asaltarnos nuevamente. Así acaba de ocurrir ahora con la difusión del video en el que se muestra un nuevo ejemplo de desprecio por la ley y por la vida.

Acompañado de la habitual jerga entre combatientes (sin que sepamos ya a estas alturas si son los videojuegos los que copian a los militares o éstos los que imitan lo que oyen en sus ratos de ocio), resulta escalofriante la escena de la muerte de 12 personas desde un helicóptero Apache estadounidense en Bagdad (12 de julio de 2007). Es, entre otras cosas, un ejemplo más de la ligereza con la que actúan quienes se creen por encima del bien y del mal, en su ensoñación de miríficos salvadores de una población a la que, en el fondo, desprecian. Tras la repetición de tantos ejemplos similares, no se sostiene el argumento de que se trata de casos aislados, sino que resulta inevitable considerar que se trata de la visibilización de un enfoque institucional que debería llevar a los responsables de defensa estadounidenses (y lo mismo puede decirse de muchos otros ejércitos) a una reevaluación en profundidad de sus reglas de enfrentamiento y de la instrucción que reciben sus soldados.? ?El presente iraquí no es menos parco en abusos de poder y burla de las normas más elementales del juego político. Tras las elecciones del pasado 7 de marzo, los diferentes actores en juego apuran sus opciones para poder asegurarse su cuota de protagonismo, sin atenerse a ninguna norma que vaya más allá de sus ansias de poder. El panorama no ha hecho más que complicarse, de manera que hoy no puede darse por seguro cuál de los contendientes- ni el aparentemente victorioso Iyad Alawi, al frente de Iraqiya, ni el supuestamente derrotado, Nuri al Maliki, primer ministro en funciones y líder de Estado de la Ley, ni siquiera el otra vez renacido Muqtada al Sader, principal referencia hoy de la Alianza Nacional Iraquí- dirigirá finalmente el futuro gabinete ministerial. En términos de probabilidad cabría apostar más por una coalición de estas dos últimas formaciones (lo que no quiere decir que ni Al Maliki ni, mucho menos, Sader vayan a ser los jefes de gobierno), dejando a Alawi en una posición subordinada. Si esto se confirma- en lo que equivaldría a una colación chií que dejaría excluidos a los suníes-, no es muy aventurado suponer que estos últimos se vean tentados de volver a las armas para conquistar de ese modo lo un día ya tuvieron en sus manos. Algo así cabe esperar, por ejemplo, de las milicias de los Consejos del Despertar (Majalis al-Sahwa, en árabe)- que optaron hace tres años por colaborar con Washington en su afán de deshacerse de Al Qaeda y volver a tocar poder en Bagdad y otras instancias de gobierno- cuando han amenazado con retroceder sobre sus pasos, en un retorno a escenarios que EE UU no desea de ningún modo.? ?Ante este panorama- que puede hacer descarrilar toda la estrategia ideada por Obama para poder reducir la presencia militar estadounidense en el país, con idea de concentrar su esfuerzo en el vecino Afganistán- se están detectando ya nuevas ingerencias en los asuntos internos iraquíes (como ya ocurrió tantas veces en las elecciones precedentes), con tal de garantizar un proceso que no arruine la inversión realizada. Poco parece importar si eso significa forzar las normas electorales- que determinan que la lista más votada (la de Alawi, en este caso) debería ser la primera en recibir el encargo de formar gobierno- o si la Comisión Electoral (con el inefable Ahmed Chalabi al frente, mientras era igualmente candidato electoral por la lista de Sader) reconfigura a su modo los resultados.?Mirando hacia el futuro no es posible ver todavía el final del túnel. Iraq está lejos aún de recuperar incluso niveles de producción (eléctrica y de hidrocarburos, por ejemplo) similares a los de 2003. Sigue sin definir con claridad su estructura de organización territorial (federal o centralizada). Continúa convertido en un campo de experimentación para actores tan diversos como Irán y Al Qaeda, sin que EE UU pueda retirarse de la primera línea de intervencionismo, lo que cuestiona su propio calendario de redespliegue militar. En definitiva, hoy por hoy, el futuro sigue siendo una palabra fuera del vocabulario iraquí.?

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