Día Mundial de la Asistencia Humanitaria

Como cada 19 de agosto, hoy se conmemora el Día Mundial de la Asistencia Humanitaria una fecha para recordar a quienes trabajan en contextos de crisis tratando de llevar ayuda y garantizar la protección de las personas y poblaciones afectadas.
El año 2024 se cerró con más de 380 personas trabajadoras humanitarias asesinadas, la cifra más alta desde que se tienen registros. A esto se le suman aquellas que han resultado heridas, secuestradas o detenidas. En lo que llevamos de 2025, los números parecen indicar que la tendencia está en camino de incrementarse. Gaza continua siendo el lugar donde más personal humanitario ha perdido la vida —173 muertes se han reportado en lo que llevamos de año—, al que se añaden periodistas y población civil cuyas cifras ya superan las más de 60.000 muertes. Sudán del Sur y Sudán siguen siendo otros de los escenarios donde el personal humanitario enfrenta grandes riesgos.
A este contexto, se le suma la situación actual del sistema humanitario internacional, que se encuentra en una encrucijada por los recortes de financiación con el conocido caso de Estados Unidos —que cubría el 45 % de los llamamientos a la financiación global y el 70 % en regiones como América Latina y el Caribe— , pero también de otros grandes financiadores como Francia, Alemania, Reino Unido o la Unión Europea. Las necesidades aumentan, se calculan unas 300 millones de personas en situación de necesidad, no así los recursos destinados a su asistencia.
En este día, el llamamiento a la acción pasa por proteger al personal humanitario —con especial atención a las trabajadoras y los trabajadores nacionales que suponen un 98 % de las muertes— y a la población civil a la que se asiste, destinando y asegurando la financiación de los recursos vitales que se afirma apoyar. Además de los riesgos físicos, el personal humanitario afronta una creciente criminalización de su labor y ataques mediáticos que distorsionan su trabajo. En contextos como Haití, Yemen o Palestina se les detiene, interroga y acusa de colaborar con el terrorismo por asistir a personas en crisis. Cada vez más las organizaciones humanitarias son objeto de campañas coordinadas de desinformación que socavan su labor y credibilidad.
Los ataques contra trabajadores y trabajadoras humanitarios interrumpen la prestación de ayuda y protección esenciales. Las agresiones al personal pueden provocar la paralización total del suministro, llevando la respuesta humanitaria al límite de sus capacidades. Pese a la gravedad de estos hechos, la impunidad se ha normalizado: no hay juicios ni sanciones por los ataques recientes, a pesar de resoluciones y los esfuerzos internacionales para reforzar la protección del personal humanitario.
Este año, coincidiendo con el 25.º aniversario del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria, nos volvemos a unir al llamamiento a la protección, la rendición de cuentas y la actuación. Es necesario que quienes se encuentran en el poder apliquen las leyes que salvaguardan la acción humanitaria y protegen a la población civil y al personal humanitario en zonas de conflicto. Los estados y otros actores relevantes deben usar su influencia en prevenir y acabar con las violaciones del derecho internacional humanitario, el fallo no viene de la ausencia de normas sino del fracaso en su cumplimiento y aplicación.
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