Reseteo humanitario: ¿un retroceso o una oportunidad para mejorar la eficacia de las intervenciones?

Elena Cabrero Holgueras
Técnica de comunicación
La reducción drástica de la financiación internacional —marcada por la suspensión de USAID y los recortes de otros grandes donantes— llevó a que en marzo de 2025 Tom Fletcher anunciara el llamado reseteo humanitario, una iniciativa que busca responder a la crisis financiera y fija una hiperpriorización de la asistencia, centrada en salvar al mayor número de vidas con recursos limitados.
Frente a este panorama, el debate gira en torno a si el reseteo va a constituir un elemento de oportunidad de transformación o un retroceso. El sistema humanitario viene definido por una serie de actores, modelos de coordinación y un marco de normas establecidos por Naciones Unidas que les confieren legitimidad; sin embargo, estos se caracterizan por su excesiva burocratización. Se plantea así la necesidad de diversificar la financiación, reforzar la rendición de cuentas y avanzar en la localización, la descolonización de la ayuda y el impulso del triple nexo.
Sin un cambio profundo en las estructuras de poder, el reseteo corre el riesgo de quedarse en un ajuste financiero, erosionando la legitimidad del sistema por su incoherencia entre discurso y prácticas. Para ser realmente transformador, requeriría una revisión estructural con el objetivo de optimizar los recursos y asegurar la sostenibilidad del impacto de las intervenciones. De lo contrario, la ayuda podría retroceder hacia un modelo asistencialista, debilitando los avances logrados en materia de protección, calidad y rendición de cuentas.
