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Entre los días 14 y 16 de febrero se ha celebrado la trigésimo primera reunión anual de ALNAP (Active Learning Network for Accountability and Performance in Humanitarian Action) en Estocolmo. IECAH como miembro de pleno derecho estuvo presente a lo largo de los tres días.

Una ambiciosa agenda repleta de paneles de alto nivel y actividades varias, con la presencia de Organizaciones de la Sociedad Civil (FICR, Save the Children, MSF, OXFAM, NRC, DRC o CARE, entre otras) de agencias de Naciones Unidas (FAO, PMA, OMS, OCHA y ACNUR entre otras), Think Tanks (IECAH, ODI, CHS, Proyecto Esfera o Bioforce) y donantes (ECHO, SIDA, USAID, etc.) completaron tres días de análisis y profundización en torno a la idea de cambio.

En una época en la que se han vivido importantes hitos para la acción humanitaria, desde la Agenda para la Transformación o el Marco de Sendai, hasta la  I Cumbre Humanitaria Mundial, el reto continúa siendo definir, consensuar y entender cómo y en base a qué se producen esos cambios.

Por un lado se encuentran aquellas externalidades que fuerzan al ecosistema humanitario a cambiar: recortes en la financiación, falta de voluntad política, complejización de las crisis, violaciones sistemáticas del derecho internacional humanitario DIH (ataques a infraestructuras civiles, como hospitales, utilización masiva de la violencia sexual como arma contra la población civil o los efectos derivados del cambio climático). Por otro, aquellos cambios “orgánicos” del propio ecosistema. Y aquí cabría hablar de la Agenda de la Transformación y de los compromisos adquiridos a través del Grand Bargain: localización, incorporación de nuevos y múltiples actores, flexibilización, programaciones multi-anuales, resiliencia como nexo del continuo humanitario, etc.

Una de las principales críticas a la Agenda de la Transformación, impulsada en 2011 principalmente por los fracasos humanitarios en Haití y Pakistán, es que todo el proceso fue capitalizado por OCHA, y aunque muchos apuntan a que era necesario que ese cambio se dirigiera desde la sede, pues se necesitaban cambios actitudinales, no se dio espacio a los actores en terreno para contribuir al proceso e implementar los cambios adaptándolos a las especificidades de cada contexto.

Una de las conclusiones más evidentes de aquel proceso es que no se deben buscar soluciones globales y verticales para contextos tan sumamente complejos y variables como aquellos en los que operan los actores humanitarios.

La principal innovación del Gran Bargain frente a la Agenda de la Transformación ha sido comprender que se necesita involucrar a todo el sector: agencias, donantes, sociedad civil (del norte y del sur), medios de comunicación y sector privado, en la búsqueda de nuevas vías. De hecho, la expresión “localización de la ayuda” no es ajena ya a nadie, aunque aún no se haya definido ni el cómo, ni el cuándo.

Entre las preocupaciones expresadas más recurrentemente, el peligro de que las externalidades propicien cambios, pero no consensuados en el mejor de los casos, y no deseados en el peor. En ese sentido se subrayaba el cambio de administración en EEUU o el segundo año consecutivo en el que los llamamientos humanitarios son infra-financiados.

Es por ello vital que el sector se plantee seriamente hacia dónde quiere ir y que sea proactivo, porque necesariamente también tendrá que ser reactivo. Y es preocupante contrastar que en una reunión como la de ALNAP, en la que se encontraba representado casi todo el sector, la sensación  es que continuamos pensando y repensando la acción humanitaria desde el norte, desde la perspectiva del donante y/o proveedor, no solo ignorando así los deseos y necesidades de las poblaciones afectadas, sino, y si cabe más importante, sus capacidades.

Podría concluirse que hubo tres grandes ausentes en esta reunión de ALNAP: la primera la protección, el eterno huérfano de la acción humanitaria, en tres días tuvo un espacio de 20 minutos en el que, por primera  a lo largo del encuentro alguien recordó que en Europa estamos viviendo una crisis de protección ante la cual el sector no está respondiendo muy eficazmente. Ante la pregunta formulada por el público sobre la legalidad del acuerdo entre la UE y Turquía para deportar personas refugiadas, la respuesta de ECHO fue que “no todas las personas en busca de refugio desean encontrarlo en Europa”. Si somos incapaces de analizar el rol de los actores humanitarios en emergencias en nuestro propio contexto –Europa – y de acometer las labores de denuncia e incidencia pertinentes cuando se viole el DIH y el Derecho Internacional de los Derechos Humanos en casa ¿qué legitimidad tenemos para plantearnos nuestra actuación más allá de estas fronteras?

La segunda ausente, estrechamente ligada a la primera fue género. Más allá de la presencia, en el ágora de organizaciones socias, de un par de marcadores de edad y género (IASC y CARE) el enfoque estuvo ausente en todo el encuentro. Ni en los paneles generales ni en aquellos más específicos. Si no abordamos urgentemente la obligación y necesidad de utilizar gafas moradas para analizar necesidades, vulnerabilidades, desequilibrios y capacidades seguiremos incurriendo en los errores de siempre, y, en el ámbito humanitario éstos son inasumibles.

Por último, y no por ello menos importante, las poblaciones afectadas, de espaldas a las cuales se cuece la asistencia, la ausente protección, los programas y proyectos, en definitiva, los cambios. Más allá de la eficiencia, la eficacia y el impacto ¿qué legitimidad tenemos para decidir por las personas que sufren en su día a día el impacto de desastres ambientales, de inacabables y recurrentes conflictos, el horror de la guerra, del desplazamiento, de la huida y la pérdida? Parece que el cambio de paradigma de beneficiarios/as a titulares de derechos no ha sido aún asumido por el sector, en el que sigue pesando un paternalismo mal entendido o, lo que sería peor, una resistencia frontal a la horizontalidad.

Cómo rezaba el eslogan del encuentro: “las reuniones no producen cambios”, pero el cambio de mentalidad si puede darse en las reuniones. Para ello hacen falta grandes dosis de voluntad, de innovación y motivación.

Sin embargo también es necesario poner el énfasis en las lecciones aprendidas, en las buenas prácticas y su replicabilidad. En ese sentido por ejemplo los programas, cada vez más extendidos, de cash transfer, han conseguido reducir costes, trámites y en ocasiones revitalizar mercados locales sin introducir distorsiones. Los acuerdos en torno al Grand Bargain tienden a ser más inclusivos y plurales.  La  investigación en acción humanitaria está resultando en enfoques y metodologías  innovadoras. La evaluación continúa destacando como herramienta metodológica fundamental de transparencia, rendición de cuentas y aprendizaje. Por todo ello, el intercambio de experiencias que propician encuentros como el de ALNAP es fundamental para continuar avanzando.

Espero que todas comencemos a trabajar en pro de cambios que nos permitan celebrar, en el encuentro trigésimo segundo del año próximo, entre una diversa concurrencia, la efectiva aplicación de los compromisos internacionales en materia de protección y la incorporación real de todos los actores a la “familia humanitaria”.

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