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IECAH Firma el manifiesto #DondeEstánEllas, para la visibilización y la participación de las mujeres como ponentes en conferencias y eventos públicos.

Más y más armas. Más y más errores. Vista noreste del Pentágono. Foto: David B. Gleason (CC BY-SA 2.0).

Para el Blog Elcano

Las armas no pueden ser el principal camino para un mundo más justo, más seguro y más sostenible.

Siguen las protestas entre indicios de que Bouteflika puede regresar a Argel

Para eldiario.es


Su principal fortaleza radica en el hartazgo con una farsa insostenible tras la fachada de un presidente decrépito hasta el extremo, alimentado por un sostenido deterioro en sus condiciones de vida y la percepción clara de que no hay futuro digno dentro del actual sistema.


 Experiencias como la de Egipto obligan a recordar que sin organización, líderes, programa y recursos para traducir la contestación actual en una opción alternativa de poder, se corre el riesgo de que sean los de siempre disfrazados de lo que sea necesario los que mayores posibilidades tienen de sacar provecho.


Dado el notorio desequilibrio de fuerzas confrontadas y en concordancia con las repetidas formulaciones comunitarias a favor de crear un espacio euromediterráneo de paz y prosperidad compartidas, cabe volver a preguntarse cuál será el comportamiento de los todavía Veintiocho en este caso.


Se sienten liberados de la herida fratricida, han perdido el miedo a la represión y, por el contrario, se lo han traspasado a los que hasta hoy se han beneficiado de un status quo que durante generaciones ha ahogado el futuro de Argelia. Son buena parte de los 41 millones de argelinos que aspiran a retomar el camino republicano que quedó bloqueado por 'le pouvoir' en sus diferentes configuraciones prácticamente desde la independencia en 1962. Y deben ser conscientes de que ante ellos se abre la posibilidad de caer en un abismo tanto o más hondo del que ya habitaron en la última década del pasado siglo o subir una escarpada montaña que les permita explotar las enormes potencialidades de un país con tantas riquezas naturales.

Su principal fortaleza radica en el hartazgo con una farsa insostenible tras la fachada de un presidente decrépito hasta el extremo, alimentado por un sostenido deterioro en sus condiciones de vida y la percepción clara de que no hay futuro digno dentro del actual sistema. Y es eso, no cabe ninguna duda, lo que les ha impulsado a la calle para desbaratar el plan diseñado para mantener a Abdelaziz Buteflika formalmente a la cabeza de una amalgama de facciones no precisamente bien avenidas entre ellas para seguir acumulando prebendas sin límite. Unas facciones a cuyo frente destacan tanto el hermanísimo, Said Buteflika, como el jefe del Estado Mayor, Ahmed Gaid Salah, o el ahora defenestrado primer ministro, Ahmed Uyahia, sin olvidar a los prebostes de las empresas públicas y al resto de los principales dirigentes del Frente de Liberación Nacional y la Reagrupación Nacional para la Democracia.

Pero de inmediato se hace visible también su mayor debilidad cuando se piensa en un plan alternativo. Por un lado, la oposición partidista lleva años desactivada y comatosa, tanto por la represión del régimen como por su desconexión con las ansias y necesidades de la población. Y eso incluye también a los islamistas que —con el Frente Islámico de Salvación— hace algo más de veinte años parecían la alternativa más poderosa al sistema. Hoy, basta con mirar el escaso papel del Movimiento por la Sociedad y la Paz, para entender que, cooptados y victimas de sus propios errores, sus dirigentes no parecen atraer al conjunto de quienes demandan un cambio estructural. Por otro, lo único que une a la población movilizada es el rechazo a la mascarada del clan presidencial y, aunque se han ido incorporando diferentes colectivos hasta convertir la protesta en una dinámica transversal, experiencias como la de Egipto obligan a recordar que sin organización, líderes, programa y recursos para traducir la contestación actual en una opción alternativa de poder, se corre el riesgo claro de que sean los de siempre disfrazados de lo que sea necesario los que mayores posibilidades tienen de acabar llevando el ascua a su sardina.

Visto así, no basta con haber evitado la pantomima prevista para el 18 de abril, ni forzar la renuncia de Buteflika a un nuevo mandato. Es evidente que, aunque sea bajo la presión de la calle, a 'le pouvoir' aún le quedan cartas en la mano. La primera de ellas ya está en marcha con el nombramiento de un nuevo gobierno encabezado por dos representantes del mismo régimen que ha demostrado sobradamente su nula voluntad de reforma, pero que creen que les sirve para ganar tiempo hasta que logren superar sus diferencias internas para nombrar un sucesor de consenso. Desde luego, ni Nuredin Bedui, ni Ramtane Lamamra, ni Ladjar Brahimi cuentan con credibilidad para ir más allá de un giro lampedusiano que, con los imprescindibles cambios cosméticos que sean necesarios, solo desea dejar las cosas como están. Y esa es la opción en la que van a poner más énfasis.

Pero no se agota ahí su juego, puesto que todavía pueden emplear la tradicional opción represiva —hoy, todavía limitada porque el ejemplar comportamiento pacífico de la ciudadanía les hace muy difícil recurrir a la fuerza bruta para acallar a los críticos—, la manipulación de las movilizaciones para alimentar una violencia que pretenda justificar a posteriori la represión, la cooptación de algunos de esos críticos, el alargamiento sine die de la situación actual —con una Conferencia Nacional totalmente indefinida y un calendario de reformas igualmente desconocido— o el ejercicio carnavalesco de disfrazarse de nuevos demócratas y reformistas para volver a ocupar el poder en la próxima etapa (sirva Túnez de ejemplo).

En una circunstancia tan delicada como la que atraviesa Argelia, y al igual que ya ocurrió hace años en ocasiones similares que afectaron a buena parte del mundo árabe, cabe volver la mirada a la Unión Europea. Evidentemente, el protagonismo corresponde a la ciudadanía argelina, pero dado el notorio desequilibrio de fuerzas confrontadas y en concordancia con las repetidas formulaciones comunitarias a favor de crear un espacio euromediterráneo de paz y prosperidad compartidas, cabe volver a preguntarse cuál será el comportamiento de los todavía Veintiocho en este caso. Si nos atenemos a lo visto, con Egipto como ejemplo más obvio, la Unión parece claramente inclinada a optar por la estabilidad a toda costa, aunque eso suponga apoyar a golpistas como Al Sisi o hundir a algunos países como Libia en una violencia sin fin a la vista. ¿Habremos aprendido algo?

FOTOGRAFÍA: Protestas recientes entre indicios de que Bouteflika podía regresar a Argel. EFE EFE

Movilización ciudadana contra la presentación de la candidatura de Abdelaziz Buteflika para un quinto mandato en Argelia. Foto: Fethi Hamlati (Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0).

Para el Blog Elcano

Lo tenían muy fácil, una vez que habían decidido convocar elecciones presidenciales para el próximo 18 de abril. En el más puro estilo lampedusiano, bastaba con consensuar un candidato entre todas las facciones que se identifican genéricamente con le pouvoir –una amalgama en la que destacan Said Buteflika, hermano del actual presidente; el general Ahmed Gaid Salah, jefe del Estado Mayor; el primer ministro, Ahmed Ouyahia; y Ali Haddad, significado empresario de la construcción y cabeza visible de la principal asociación patronal de Argelia– para asegurarse otra vez la victoria, manteniendo el control de la situación sin necesidad de ningún verdadero cambio de rumbo.

Pero tan seguros de su poder y tan alejados de la realidad de las calles argelinas están todos ellos que se han atrevido a confirmar la candidatura de un Abdelaziz Buteflika que tan solo cabe identificar como un fantasma político, incapaz de llevar las riendas del país desde hace muchos años. Previamente, y sobre todo desde 2017, se habían dedicado a realizar una purga que eliminara cualquier posible obstáculo. Y así, por el camino han quedado un primer ministro, Abdelmalek Sellal, el en su día intocable jefe de los servicios de inteligencia, Mohamed Mediane “Tawfik”, los jefes de la fuerza terrestre y aérea, así como varios comandantes de regiones militares y el jefe de la policía, hasta llegar al presidente del parlamento, Said Buhadya, y al secretario general del FLN, Djamel Ould Abbes. De ese modo pretendían, sobre todo, asegurar su propio poder usando las últimas gotas del capital político del decrépito Buteflika, incapaces por otro lado de lograr un acuerdo sobre una nueva figura que garantizase los intereses de unos y otros.

Pero, a la vista de lo ocurrido desde que arrancaron las movilizaciones ciudadanas el pasado 22 de febrero, todo indica que no contaban con la reacción de una ciudadanía que creían todavía frenada por el brutal impacto de la tragedia civil que asoló el país en la última década del pasado siglo y que costó unos 200.000 muertos. De ahí que, desde el inicio de las movilizaciones contra la farsa urdida en el palacio presidencial de Mouradia, empezara a quedar claro que no había un plan alternativo. En definitiva, quienes solo se preocupan hoy de mantenerse en el poder no han sabido calibrar el nivel de hartazgo de una población extremadamente joven (más de un 70% de los 41 millones de argelinos tiene menos de 30 años), que no ve el futuro con esperanza ante el altísimo nivel de corrupción que caracteriza al país y que siente que ni sus demandas ni sus necesidades son tenidas en cuenta por quienes mandan.

Y ahora ya puede ser tarde para reconducir el proceso. Sin dejar de lado el clásico recurso a la represión (de momento limitada), la generalización de las protestas ha llevado a intentos del poder por encontrar una mínima salida tan ridículos como adelantar las vacaciones escolares (buscando desactivar la movilización estudiantil) o publicar una carta del actual presidente –recluido en un hospital suizo hasta el pasado día 10, lo que le ha impedido incluso presentar personalmente su candidatura siguiendo los procedimientos establecidos. En ella, Buteflika dice comprometerse a que, si resulta elegido, pondrá en marcha de inmediato una Conferencia Nacional para aprobar reformas profundas del sistema, impulsará una nueva Constitución (que será sometida posteriormente a referéndum popular), creará una Autoridad Electoral Independiente, adoptará diversas medidas de apoyo a los jóvenes y, como estrambote final, realizará una convocatoria anticipada de nuevas elecciones en el plazo de un año (a las que renuncia a presentarse).

Con lo ocurrido hasta aquí le pouvoir queda retratado tanto por su afán de poder como por su falta de voluntad para salirse del camino emprendido. También resulta inmediato entender que su credibilidad es nula y que, por tanto, difícilmente sus grotescos gestos van a calmar a una población que siente que el fin del régimen está próximo. Sin embargo, quizás eso último sea confundir la realidad con los sueños porque es obligado reconocer que las manifestaciones impulsadas por el movimiento Mouwatana no tienen un liderazgo operativo y, menos aún, un programa alternativo. Asimismo, es bien sabido que la oposición está sumamente fragmentada y debilitada, lo que incluye al Movimiento Islamista de la Sociedad por la Paz, escasamente capaz de contrarrestar el poder del Frente de Liberación Nacional y la Reagrupación Nacional para la Democracia.

Visto así, y mientras Buteflika llega a su final, tan solo cabe esperar un incremento de la tensión en las calles, acompañado de una mayor represión. Entretanto, sin descartar que incluso se llegue a un nuevo retraso en la convocatoria electoral, ya comienza a vislumbrarse como le pouvoir busca desesperadamente alguna fórmula transitoria, echando mano de figuras más o menos presentables a los ojos de la opinión publica para salir airosos del reto sin ceder nada sustancial a cambio.

 

FOTOGRAFÍA: Fethi Hamlati (Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0)