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Documento .iecah. nº 4

Somalia es un claro ejemplo de lo que se denomina emergencia política compleja, siendo además una crisis olvidada que en los tiempos actuales sólo aparece mencionada en los medios de comunicación por el asunto de la piratería somalí.

Es un país que se puede considerar como un estado fallido, que vive en una situación de colapso político y social desde hace décadas. Su población está sometida a una profunda crisis humanitaria causada por diversos factores interrelacionados: el conflicto armado, la corrupción, las sequías e inundaciones que han azotando al país durante los últimos años, la hiperinflación de los precios de los cereales, la devaluación del chelín o las prolongadas hambrunas que sufre la población, que se ha visto obligada a realizar desplazamientos masivos.

La situación humanitaria que vive el país es crítica. El 21 de agosto de 2009, la Unidad de Análisis de Nutrición y Seguridad Alimentaria (FSAU) de la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y Alimentación (FAO) declaró que cerca de 3,8 millones de personas requieren ayuda humanitaria en Somalia, dato que representa un incremento del 17% respecto a enero del mismo año.

Hay un elevado índice de malnutrición, sobre todo en las regiones que más han sido afectadas por la sequía; en varias de ellas el índice de malnutrición aguda es superior al 20%. Además, la media del país es superior al 15%, lo que coloca a ambos resultados en valores superiores al del umbral de emergencia.

En lo referente a los movimientos de población, el número de desplazados internos se ha duplicado desde 2006, llegando a alcanzar los casi 1,3 millones de personas. Al mismo tiempo, hay un elevado número de refugiados que busca cobijo en otros países próximos como Etiopía, Yemen y Kenia, y un gran número de demandantes de asilo. Los refugiados y desplazados, muchas veces están en campos sobresaturados, donde tienen que vivir en unas condiciones muy precarias.

Las actividades humanitarias que se están llevando a cabo, además, se están viendo limitadas por el entorno en el que se tienen que desarrollar. En el terreno, muchos trabajadores humanitarios son blanco de milicias armadas, ya sea secuestrándolos para obtener un rescate, o incluso asesinándolos;también, los bienes humanitarios son objeto de saqueos. Estos hechos están produciendo que la presencia de agencias internacionales y de ONG vaya disminuyendo en el país, al igual que muchas actividades humanitarias se vean interrumpidas. La región central y sur del país, donde se encuentran las mayores necesidades de la población, son las zonas donde no cesan los enfrentamientos armados, convirtiéndolas en las regiones más inaccesibles para las operaciones humanitarias.

Los mecanismos humanitarios que se están llevando a cabo en el país, como el Proceso de Llamamientos Consolidados (CAP) de Naciones Unidas para Somalia y los de la Comisión Europea, no son suficientes. En los últimos años, los fondos requeridos por el CAP han ido aumentando, pero nunca se ha llegado a recibir todo el dinero solicitado. Igualmente, los fondos destinados a Somalia por la Comisión Europea han aumentado, lo que se podría interpretar como una mayor implicación.

Pero realmente, en los debates internacionales sobre Somalia, la población civil somalí, lejos de ser el objetivo central, se encuentra en un segundo plano. Las esperanzas puestas el pasado 23 de abril de 2009 en la Conferencia de donantes para Somalia celebrada en Bruselas, se vieron truncadas ya que se demostró una vez más que la población somalí no se encuentra en las agendas de los principales donantes, demasiado centrados en sus propios intereses estratégicos, económicos y políticos.

Por último, la intensificación de la piratería en las costas de Somalia está contribuyendo a empeorar la situación y está provocando la desviación de la atención de la comunidad internacional del verdadero problema somalí. Muchas empresas internacionales ven peligrar el transporte de sus mercancías, y los intereses nacionales de países occidentales están siendo afectados. La respuesta por parte de la comunidad internacional a este nuevo problema fue la puesta en marcha de la Operación Atlanta, con la correspondiente costosa disposición de medios y fondos. Esta operación está minimizando las consecuencias de la piratería en los intereses comerciales de los países afectados. Aunque parezca acertado pensar que una de las principales causas de la piratería en Somalia es que se trata de un estado fallido y que su solución debería estar más encaminada a la reconstrucción del estado, este no parece ser el objetivo central de la Operación Atlanta. Esta operación ha recibido diversas críticas, entre ellas, la pasividad de los militares que participan en ella ante barcos de refugiados en situación de peligro.

Documento IECAH nº 4

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