AH-COVID

Presentación

Actualmente el mundo se encuentra en situación de pandemia mundial, identificada por primera vez en diciembre de 2019. Hasta la fecha la pandemia de la COVID-19 ha matado a más de 2 millones de personas y se han reportado más de 96 millones de casos en todo el mundo.

A parte de la crisis económica y de salud pública con las que el mundo está luchando, la COVID-19 ha traído consigo una emergencia de protección global de largo alcance y a largo plazo. Según la Agencia de Naciones Unidas para la Coordinación de los Asuntos Humanitarios, OCHA, 235 millones de personas de todo el mundo necesitarán asistencia humanitaria y protección en 2021, un 40% más que en el año 2020.

La pandemia de la COVID-19 ha añadido una nueva dimensión a los retos de protección dentro de la acción humanitaria. Mientras que algunos de los países con mayores recursos del mundo han registrado un aumento asombroso en la demanda de servicios de protección, las personas en países con crisis humanitarias preexistentes, están lidiando con nuevas amenazas de protección, disponiendo de menos recursos para ayudar a mitigarlas.

En el contexto actual existe un mayor riesgo de desplazamiento forzado, de la mano de un aumento de la xenofobia y la estigmatización, un aumento dramático de la violencia de género y discriminación en el acceso a la salud, alimentos, agua potable, educación y servicios legales para estas poblaciones, especialmente los grupos vulnerables y marginados.

Debido al aumento de las necesidades de protección y el impacto en el acceso a servicios y respecto de los derechos humanos de la población de los países con mayor multi-afectación, la comunidad humanitaria se enfrenta a importantes retos, los cuales abordaremos en las sesiones programadas.

Fechas: 6, 8, 12, 13 y 15 de abril de 15:30 a 17:00h.

Sesiones: 

PROGRAMA

 

 

 

AH-COVID

Introduction

The world is currently in a global pandemic situation, first identified in December 2019. To date, the COVID-19 pandemic has killed more than 2 million people and more than 96 million cases have been reported worldwide.

Apart from the economic and public health crises with which the world is struggling, COVID-19 has brought a far-reaching and long-term global protection emergency. According to the United Nations Agency for the Coordination of Humanitarian Affairs, OCHA, 235 million people worldwide will need humanitarian assistance and protection in 2021, 40% more than in 2020.

The COVID-19 pandemic has added a new dimension to the protection challenges within humanitarian action. While some of the world's most well-resourced countries have seen a drastic increase in demand for protection services, people in countries with pre-existing humanitarian crises are dealing with new protection threats, with fewer resources available to help to mitigate them.

In the current context, there is an increased risk of forced displacement, coupled with an increase in xenophobia and stigmatization, a dramatic increase in gender-based violence and discrimination in access to health, food, drinking water, education and legal services for these populations, especially vulnerable and marginalized groups.

Due to the increase in protection needs and the impact on access to services and respect for the human rights of the population in the most multi-affected countries, the humanitarian community faces important challenges, which we will address in the scheduled sessions.

Dates: 6th, 8th, 12th, 13th and 15th April | 15:30 to 17:00h.

Webinars: 

 

AGENDA

 

 

 

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Para Blog Elcano.

 

A la espera de que se confirmen los resultados definitivos de las elecciones parlamentarias celebradas el día 23, Israel parece abocado a una repetición de lo ya vivido en tantas ocasiones anteriores. Y aunque queda tiempo hasta que el país cuente con un nuevo gobierno, ya es posible extraer algunas conclusiones:

  • Benjamin Netanyahu, a la cabeza del Likud (30 escaños provisionales), se consolida como una figura central en la historia de Israel, convertido ya en el más longevo jefe de gobierno desde su creación en 1948, con una nueva demostración de su notable capacidad de maniobra. Así, por un lado, se ha subido a la ola de una vacunación que se ha presentado como plenamente exitosa (haciendo olvidar el desconcierto de la primera etapa, la indolencia y permisividad ante el desafío negacionista de la comunidad ultraortodoxa, y la racista marginación de la comunidad palestina, tanto en su propio territorio como en la Palestina ocupada). Y, por otro, se ha disfrazado incluso de “Abu Yair” (padre de Yair, copiando la tradicional denominación de los adultos árabes) para cortejar el voto de los palestinos del 48, al tiempo que ha estimulado la fragmentación de la unidad árabe –concretada en la salida de la Lista Conjunta del partido islamista Ra’am (Lista Árabe Unida), que ahora puede resultar decisivo, con su apoyo externo, para apuntalar a Netanyahu como jefe del nuevo gobierno. Previamente, en diciembre pasado, ya había provocado la disolución de la Knéset, con una hábil maniobra que hizo imposible sacar adelante un presupuesto nacional (Israel lleva así desde 2018), incumpliendo el compromiso acordado con su aliado y rival Benny Gantz, líder de un Azul y Blanco que ahora pasa a convertirse en marginal, impidiendo de paso que este último pudiera relevarlo el próximo mes de noviembre al frente del gobierno, como ambos habían acordado el pasado mes de abril.
  • El electorado israelí, al tiempo que va mostrando su hartazgo con una participación declinante (67,2% en esta ocasión), sigue acentuando su corrimiento hacia la derecha, propiciando incluso la entrada en la Knéset de formaciones supremacistas judías, como el Partido Sionista Religioso. Junto a los inevitables Shas y Judaismo Unido de la Torah, que a buen seguro seguirán participando en el nuevo gabinete, los ultraortodoxos aumentan así su peso para forzar la introducción de sus visiones rigoristas en una sociedad que todavía se define como mayoritariamente laica.
  • Los palestinos son, una vez más, los perdedores netos de esta nueva convocatoria electoral. Por una parte, los 1,9 millones que formalmente aparecen como ciudadanos israelíes (de segunda clase) verán disminuida su capacidad para influir en la agenda política, ante la fragmentación interna que han sufrido. Por otra, los 4,8 millones que habitan el territorio ocupado por Israel desde 1967 no pueden esperar ninguna mejora en su bienestar y seguridad, sea cual sea la composición de ese nuevo gobierno. Por si no fuera suficiente, la calculada estrategia de hechos consumados que aplica Tel Aviv en su afán por lograr el dominio total de la Palestina histórica, los mercenarios Acuerdos de Abraham (que también le han supuesto votos a Netanyahu) han demostrado que los países árabes han ido relegando al cajón de la historia la posición árabe en defensa de la causa palestina.  Abandonados por todos y fragmentados internamente, han visto como en esta campaña electoral la ocupación y la anexión –que, en cualquier caso, sigue delante de manera sostenida– no han logrado espacio alguno.
  • Aunque finalmente se logre crear un nuevo gobierno, sea con Netanyahu o con cualquier otro candidato de la derecha al frente, la amenaza de unas nuevas elecciones seguirá estando a la vuelta de la esquina. Por un lado, el propio Netanyahu sigue pendiente de tres causas judiciales en su contra, sin que parezca muy probable que logre apoyos suficientes para forzar una nueva legislación que lo libre definitivamente de una condena. Por otro, quien llegue finalmente a contar con los apoyos necesarios para encabezar el nuevo gobierno va a tener que rodearse de socios escasamente dispuestos a subordinarse incondicionalmente a un líder permanentemente cuestionado, y a cohabitar con líderes de otros partidos con los que mantienen malas relaciones, acostumbrados todos ellos a la traición política y envueltos en una ensoñación que les hace verse como los verdaderos salvadores de la patria.
  • Entretanto, Israel sigue sumido en una crisis económica que ha provocado un significativo aumento del coste de la vida, un 15% de paro y un brutal ensanchamiento de la brecha de desigualdad.

 

IMAGEN: Urna de votación en las elecciones en Israel de 2015. Foto: Heinrich-Böll-Stiftung Israel (CC BY-SA 2.0).

 

El próximo jueves 25 de marzo, el IECAH participará en el Diálogo/coloquio: "Diálogos ciudadanos ante emergencias sanitarias: experiencias y retos del ODS3 en entornos locales"

El coloquio tiene varias metas:

  • Generar alianzas entre las AAVV y las ONGD.
  • Intercambiar experiencias
  • Generar aprendizajes ante situaciones de crisis y de emergencia.
  • Acercar el ámbito de la cooperación a los vecinos y vecinas madrileñas.

Con este acto la Red quiere poner en diálogo a las ONGD de Madrid y Asociaciones Vecinales madrileñas con las organizaciones locales latinoamericanas.

Aunque, como se especifica en el ODS3, se han hecho grandes progresos en ámbitos como el de la salud maternoinfantil, la lucha contra el VIH/SIDA, la malaria y otras enfermedades, consideramos que todavía queda mucho por trabajo por hacer en lo que a la salud se refiere. La situación que estamos viviendo, a nivel mundial con la pandemia del COVID19, ha dejado en situación de extrema vulnerabilidad a un gran número de países, independientemente del nivel de desarrollo de cada uno de ellos, y nos obliga a reflexionar acerca de ello.

Todas sabemos que frente a la falta de reacción (o la evidente incapacidad) de las instituciones públicas, ha sido la sociedad civil la que ha dado respuesta a la emergencia a través de iniciativas espontáneas, en algunos casos, o de modificación y adaptación de sus intervenciones (sobre todo en el ámbito sanitario), en otras. Aquí y allí. En el coloquio esperamos que la puesta en común de estas iniciativas sociales y ciudadanas sirva de aprendizaje mutuo y tenga un efecto empoderador. A través de este encuentro se dará visibilidad a experiencias de la sociedad civil ante situaciones de emergencia y cómo la ciudadanía se une para dar respuesta ante este tipo de situaciones. Visibilizar cómo se puede pensar globalmente, actuando localmente.

 

 

INSCRIPCIONES

 

 

 

ISR

 

Para elperiódico.com

 

Por cuarta vez en tan solo dos años los votantes israelís vuelven a estar llamados a las urnas. Un récord difícil de superar entre las que se tienen por democracias plenas, sabiendo además que lo más probable es que tampoco ahora se vayan a resolver sus problemas. Las razones formales para la convocatoria derivan de la imposibilidad de sacar adelante, en diciembre pasado, un presupuesto estatal, por desavenencias entre los dos líderes principales de la coalición gubernamental (Binyamin Netanyahu, por el Likud, y Benny Gantz, por Azul y Blanco).

La realidad, sin embargo, señala nuevamente a Netanyahu como el principal causante de un proceso que, en última instancia, vuelve a convertirse en una historia personal. Una historia ligada a su condición de imputado en tres causas judiciales, empeñado en lograr una mayoría suficiente para doblegar al sistema judicial a su antojo y verse así libre de una posible condena. De paso, con el adelanto electoral, ha logrado evitar que Gantz se convierta en primer ministro el próximo noviembre, tal como ambos dirigentes habían acordado al sumar sus fuerzas en abril del pasado año. Un acuerdo que, según las encuestas, va a significar el fin de la carrera política de Gantz por incumplir su compromiso de no aliarse con su principal rival.

 

Un implacable rival

 

Tras 12 años de mandato e incontables marrullerías para evitar la derrota, Netanyahu ha demostrado ser un implacable rival y un consumado jugador en la ruleta electoral. En esta ocasión cree contar con dos comodines que, según todas las encuestas, permitirán al Likud seguir siendo la primera fuerza parlamentaria. Por un lado, ha sabido convertir su gestión de la pandemia en un aparente éxito (el resultado sería muy distinto si se contabilizara su tratamiento de los árabes israelís, que ahora ha cortejado impúdicamente, y de los habitantes de la Palestina ocupada), colocando a Israel como uno de los países con mejores resultados en la vacunación; con el añadido de poner fin al confinamiento justo antes de la apertura de las urnas. Por otro, cuenta con que la “normalización” de relaciones con diversos países árabes, en el marco de los mercenarios Acuerdos de Abraham, se traduzca igualmente en un mayor respaldo electoral.

En todo caso, ese prolongado mandato también ha dado pie a la consolidación de un creciente frente anti-Netanyahu. Unos se han sumado a ese campo por su odio personal hacia quien ven como un ser autoritario, corrupto y ególatra. Otros lo han hecho por entender que ha sido tímido en la política de anexión de Cisjordania (aunque eso no significa que tal cosa no ocurra día a día); un tema prácticamente invisible en esta campaña. Y también los hay que muestran su repulsa por puras diferencias ideológicas con un mandatario cada vez más inclinado a favorecer a una comunidad ultraortodoxa negacionista de la pandemia y crecida en su afán de imponer su visión en la vida social, política y judicial del país. Sin olvidar a los afectados por la grave crisis económica, en un país con un 15% de paro y un brutal aumento del coste de la vida y de la brecha de desigualdad.

Aun así, lo previsible es que Netanyahu vuelva a ser la pieza central en la confirmación de un nuevo Gobierno de coalición. Un Gobierno que puede tardar meses en formarse y en el que pueden aparecer, junto a los consabidos partidos de corte religioso, incluso algunos de los que ahora hacen gala de su rechazo a una figura que consideran tan tóxica, aunque solo sea porque muchos son incompatibles entre sí.

 

IMAGEN: Un israelí camina frente a los carteles electorales del primer ministro, Binyamin Netanyahu, y uno de sus oponentes, Yair Lapid, líder del partido Hay Futuro. /MENAHEM KAHANA (AFP)