AH-COVID

 

Introduction

After a year of pandemic, in which humanitarian organisations have faced significant challenges, this session will focus on drawing conclusions on what has been learned over the past year and how some of these issues are changing the international aid system and their implications for the medium and long term.

Through the presentation of short excerpts from the previous sessions and discussion with the invited guests, we will try to draw some conclusions on lessons learned and lessons to be learned.

Participants

Facilitator: Alejandro Zurita, CONGDE’s humanitarian action group vocal (to be confirmed).

  • Julia Sanchez, general secretary at Action Aid (to be confirmed).
  • Antonio Donini, researcher at Feinstein International Centre. 

When? 15th April | 15.30h-17.30h.

Language: Spanish, with live interpretation into English.

REGISTRATION

AGENDA

 

 

 

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Alejandro Pozo Marín y Teresa Murray en LA ACCIÓN HUMANITARIA EN 2019-2020: UNA AGENDA CONDICIONADA POR LA PANDEMIA

 

Médicos Sin Fronteras (MSF) se autodefine como una organización comprometida con los principios humanitarios. En el terreno, la percepción de MSF está a menudo determinada por la de los miembros del equipo que trabaja en un lugar determinado, y son ellos quienes deberán demostrar un comportamiento acorde con esos principios. La pregunta obligada es si una organización humanitaria –cualquiera de ellas– puede garantizar la adhesión de su personal a esos principios en un contexto marcado por la coerción, la extorsión, la incertidumbre y el sufrimiento propios de las guerras, en las que la toma de partido es muchas veces impuesta. Y la respuesta, por supuesto, es que no.


El compromiso demostrado por los profesionales de la acción humanitaria en zonas de guerra ha sido, con mucha frecuencia, digno de elogio. El personal local presenta, además, características diferenciadoras con respecto a sus homólogos internacionales, que particularizan la pertinencia de reconocer su labor: porque su exposición física a las amenazas es mayor, porque se significan en contextos en los que el anonimato protege, porque ayudan a ‘otros’ cuando las necesidades de los ‘suyos’ están lejos de quedar cubiertas, o porque afrontan las consecuencias políticas y sociales de ayudar a quien se percibe como el enemigo.

Por su condición dual, como miembros de MSF y de su comunidad (y dentro de esta, con distintas pertenencias identitarias, de origen, grupo social o afiliación política, entre otras), cualquier miembro del personal local que viva en una zona en conflicto armado tendrá inclinaciones o reticencias en relación con las partes en contienda y estará influenciado por un entorno de presiones, sentimientos y sufrimiento que también le afecta directamente. De estar su supervivencia amenazada (o la de los suyos), es previsible que el compromiso con la organización quede en un plano secundario. Además, no parece prudente esperar siempre neutralidad e imparcialidad absoluta de alguien que debe socorrer a quien asocia con la causa de su desgracia, en particular cuando se prevé reincidencia. Al menos, conviene asumir que el cumplimiento del deber como profesional humanitario puede acarrear la condena y el ostracismo de una parte de la comunidad (o un problema de seguridad), por lo que la corrección profesional puede entrar en conflicto con el reconocimiento social. Tampoco cabe descartar que quien contrata nuevo personal, bienes o servicios pueda privilegiar a ‘su’ gente, en particular en situaciones de precariedad extrema o cuando no actuar de esta manera conlleve peligro. El personal local de MSF en zonas de guerra ha demostrado una humanidad, profesionalidad y compromiso excepcionales en circunstancias adversas y peligrosas para su integridad física y emocional. Con todo, no debería asombrar que, en determinadas situaciones, no haya cumplido siempre con los principios humanitarios, y sí que la expectativa de sus colegas expatriados o de la propia organización fuera la contraria.

Cuando la transgresión de las éticas humanitaria o médica aflora en el sector humanitario, se recurre con frecuencia a medidas disciplinarias reactivas como el despido o, de estar disponible, el litigio judicial. Sin embargo, no suelen cuestionarse las deficiencias y responsabilidades de las organizaciones en el análisis de contexto y la identificación de riesgos, la falta de estrategias proactivas de prevención o la ausencia de alternativas para que determinados miembros del personal local no tengan que enfrentarse a dilemas dolorosos cuando deben curar, seleccionar o contratar. La mera exposición de estas preocupaciones suele tacharse de políticamente incorrecta, por la percepción de que se propone juzgar y cuestionar la lealtad, el compromiso o la capacidad del personal local y no las circunstancias que les afectan; o de que se denigran las virtudes de lo local frente a las pretendidas bondades de un personal internacional que también está sometido a presiones, intereses y oportunismos. La población local, tradicionalmente tratada como víctima pasiva, es hoy considerada, en el discurso más que en la práctica, como protagonista de una toma de decisiones que le afecta, y el sector humanitario ha reformulado recientemente el marco normativo de la denominada ‘agenda de localización’, que incorpora desde el aumento de la financiación de grupos locales, hasta una revisión integral del trabajo humanitario en la dirección de un mayor protagonismo de lo local. Buena parte de los preceptos que configuran el conjunto de la agenda de localización merecen aplauso y suponen un progreso positivo en la línea de reducir las enormes distancias de todo tipo que existen entre proveedores y receptores de asistencia humanitaria. Sin embargo, MSF ha cuestionado que esta agenda no discrimine entre tipos de contextos y se proponga como panacea en contextos armados, dado que el impacto de la guerra es local y la confluencia con un poder de decisión también local puede resultar contraproducente.


Este artículo presenta algunas conclusiones de un análisis interno realizado en MSF entre 2015 y 2018 sobre la adhesión de su personal (local e internacional) a los principios humanitarios –en particular la imparcialidad y la neutralidad– en contextos de conflicto armado. Se trata de un tema abandonado, en el que las publicaciones provenientes del propio sector han sido manifiestamente escasas. La metodología ha incluido trabajo de campo en distintos proyectos de MSF en Sudán del Sur, Siria y la República Centroafricana,4 y cerca de un centenar de entrevistas, principalmente con el personal local en esos proyectos, pero también con otros miembros de las comunidades locales, con perfiles de coordinación de terreno experimentados en esos y otros contextos, y con figuras clave del Departamento de Operaciones de MSF. Conviene remarcar que el ámbito de este artículo se refiere en exclusiva a escenarios de conflicto armado y está particularizado en el personal local.

 

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IMAGEN: Más de 110.000 personas viven en pésimas condiciones en el campo de Protección de Civiles en Bentiu, en Sudán del Sur. Parte del personal de MSF es también desplazado y vive en el propio campo. © ROGIER JAARSMA

 

 

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Carina Chicet, con la colaboración de Niklas Rieger y Angus Urquhart en LA ACCIÓN HUMANITARIA EN 2019-2020: UNA AGENDA CONDICIONADA POR LA PANDEMIA

 

Durante el año 2019 se han continuado produciendo crisis graves y de larga duración, siendo los conflictos y los desplazamientos forzosos la causa fundamental de muchas de ellas. Se estima que 215,6 millones de personas necesitan ayuda humanitaria (AH) y que hay 5 países en los que la mitad de su población la necesita –Yemen, Siria, Sudán del Sur, la República Centroafricana y Palestina–. El número global de personas desplazadas se ha incrementado por octavo año consecutivo en 2019, siendo este incremento fundamentalmente de personas desplazadas internas (PDI).

La pandemia causada por la COVID-19 a principios de 2020 presentó un desafío sin precedentes para el sistema humanitario, tanto por su magnitud como por su complejidad. Un sistema humanitario que ya estaba en tensión tuvo que adaptarse y responder a las necesidades adicionales de las personas afectadas por la pandemia. Los fondos destinados a AH disminuyeron por primera vez el año 2019 desde el año 2012, cuando sin embargo los llamamientos humanitarios habían ascendido a su máximo histórico. Todo ello teniendo como telón de fondo la pandemia causada por la COVID-19, que ha aumentado aún más el número de personas que necesitan ayuda. Este capítulo presenta una descripción general de la financiación internacional en contextos de crisis durante 2019 y los primeros meses de 2020. Se analizan el número de personas que necesitan ayuda y los flujos de ayuda internacional.

 

 

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IMAGEN: Durante la intervención de MSF contra la COVID-19 en la Amazonía brasileña, fue necesario también evaluar otras enfermedades, como la diabetes, una patología crónica frecuente en las comunidades indígenas debido al cambio de hábitos de vida. © DIEGO BARAVELLI/MSF.

 

 

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Alicia Daza y Francisco Rey Marcos en LA ACCIÓN HUMANITARIA EN 2019-2020: UNA AGENDA CONDICIONADA POR LA PANDEMIA

 

La irrupción de la pandemia de la COVID-19 y sus dramáticos efectos de todo tipo han afectado y están afectando, todo el ámbito humanitario y de cooperación para el desarrollo y, cómo no, al conjunto de la Cooperación Española (CE). Sin embargo, esta constatación no debe hacernos olvidar algunas cuestiones relevantes que han ocurrido en estos años que analiza nuestro informe y que, se han puesto más de manifiesto con la pandemia. En el año 2019 se publicó el Informe de Evaluación Global sobre la Reducción del Riesgo de Desastres (GAR 2019), elaborado por la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNDRR), nuevo nombre que adopta la antigua Estrategia Internacional para la Reducción de Desastres (EIRD).

En él se incorporan algunos conceptos que han cobrado actualidad tras la pandemia: acostumbrarse a vivir con incertidumbres; la sorpresa es la nueva normalidad… Simplemente queremos citar en esta introducción el que para la acción humanitaria es cada vez más importante constatar que nos enfrentamos a riesgos sistémicos, que pueden afectar a todo el planeta y que, por tanto, los viejos esquemas y concepciones de trabajo deben ser actualizados. Predicción, anticipación, preparación para la respuesta, prevención, riesgos… son conceptos que debemos incorporar cada vez más a nuestra mente.

La cooperación y acción humanitaria españolas están tratando de incorporar estas cuestiones a su trabajo y en este artículo analizaremos algunos de esos avances. En cualquier caso, la comunidad internacional en general y los actores humanitarios y de cooperación debemos ser conscientes del nuevo tipo de riesgos que pueden afectarnos e incluir lo que suele denominarse “enfoques informados del riesgo” en nuestro quehacer cotidiano.

 

 

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IMAGEN: Dos ciclones, el Idai y el Kenneth, golpearon Mozambique entre marzo y abril de 2019. Su catastrófico impacto se vio agravado más tarde por varios meses de sequía. Todo ello exacerbó la ya grave situación de inseguridad alimentaria y desnutrición en el país. © GIUSEPPE LA ROSA/MSF

 

 

ELECTIONS

 

Para Blog Elcano.

 

A escala global el año se cierra con dos señales esperanzadoras que, en todo caso, todavía tienen que demostrar si son capaces de estar a la altura de las expectativas que han creado de inmediato: las vacunas para hacer frente a la COVID-19 y la victoria de Joe Biden en las elecciones presidenciales del pasado 3 de noviembre.

En el primer caso, resulta pasmoso que en menos de un año se haya logrado activar un esfuerzo internacional de tal magnitud que ya dispongamos de vacunas contra el coronavirus SARS-CoV-2, lo que permite iniciar la vacunación a escala masiva. Sin que eso signifique el fin automático de la pandemia y el olvido del enorme daño causado tanto en vidas como en el terreno económico, lo prioritario ahora es confirmar su nivel de eficacia y garantizar que la vacunación llega a todos los rincones del planeta sin retrasos significativos. Asimismo, queda por ver si realmente hemos aprendido algo para evitar que la próxima vez se comentan los mismos errores, no solo modificando nuestros modelos urbanísticos y productivos, sino también mejorando los sistemas de coordinación internacional tanto en términos de anticipación y prevención como de respuesta a cualquiera de los riesgos y amenazas que afectan a la seguridad humana.

En el segundo, lo mejor de la victoria de Biden es que pone fin a la nefasta administración de Donald Trump, tanto en el terreno interno como en su cada vez más cuestionado papel de líder mundial. A partir de ahí, todo lo demás está aún por ver y conviene en ese punto recordar que ya se vivió un momento similar, en 2008, con la victoria de un Barack Obama que aparecía como el antídoto perfecto de otra administración no menos nefasta como la de George W. Bush, y como el salvador del mundo, llamado a resolver todos los problemas que ya entonces se acumulaban en la agenda mundial. Por eso, previniendo el desencanto, interesa recordar en primer lugar que ni el inquilino de la Casa Blanca ni ningún otro gobernante tienen el poder suficiente para resolver en solitario los problemas del mundo globalizado de hoy. Igualmente, la extrema polarización interna y las numerosas asignaturas pendientes que EEUU ha ido sumando en estos tiempos hacen pensar que Biden tendrá que concentrar gran parte de su esfuerzo en política interior.

Por lo que respecta al papel de Estados Unidos en el mundo, queda aún por conocer qué tipo de Senado va a encontrar Biden durante su mandato. Todo depende de los resultados de las elecciones de dos senadores en Georgia el próximo 5 de enero, y solo en el caso de que ambos sean también demócratas (cuando las encuestas más recientes parecen favorecer a los candidatos republicanos) podrá contar con un Senado de mayoría demócrata y, por tanto, inclinado a apoyar sus planes. Unos planes para cuya materialización no podrá dar por descontada, en la mayoría de los casos, una aceptación generalizada. Evidentemente habrá algunos pasos que solo dependen de su voluntad, como ocurre con su ya difundida promesa de regresar al Acuerdo de París en el primer día de su mandato y convocar una cumbre mundial para situar la crisis climática (y a EEUU) en el centro de la agenda internacional. Es, desde luego, una decisión en la dirección correcta y más aún cuando se recuerda que EEUU es el segundo contaminador mundial (tras China).

Pero mucho más difíciles van a ser sus pasos en otras agendas como, por ejemplo, en la de la no proliferación nuclear. Por una parte, el próximo 5 de febrero cumple su vigencia el Tratado Nuevo START, que ha permitido reducir el número de vectores de lanzamiento y de cabezas nucleares estratégicas de los arsenales de Moscú y Washington. No hay actualmente ningún proceso negociador en marcha, aunque se espera que ambas capitales decidan al menos prorrogar su vigencia para darse tiempo para reiniciar un nuevo esfuerzo de desarme; pero mucho más difícil es imaginar que Pekín se comprometa igualmente a entrar en un terreno del que hasta ahora ha estado completamente al margen. Y tampoco se adivina menos problemático volver a ganarse la confianza de Irán, porque no basta con declararse a favor de volver al acuerdo de 2015 si, a cambio, se demanda que Teherán limite o suspenda su programa misilístico o su injerencia en los asuntos de algunos de sus vecinos (aspectos que no están en dicho acuerdo y que Trump ha empleado para salirse del acuerdo y reimponer sanciones a los iraníes).

Y algo similar cabe vislumbrar incluso en relación con el vínculo trasatlántico. Son tantos los desplantes de su antecesor a los aliados europeos de la OTAN y a los socios de la Unión Europea que Biden tendrá que emplear todas sus habilidades para restablecer la confianza. Pero, aunque esa pueda ser la idea, Washington seguirá tensando la cuerda demandando un mayor esfuerzo a los europeos y, en paralelo, habrá países europeos que prefieran acelerar el proceso que conduzca algún día a una autonomía estratégica que puede acabar ahondando las divergencias entre ambos lados del Atlántico.

Esos mínimos apuntes de partida hacen ver que, con el añadido de que mientras Trump se enredaba en su propia ensoñación otros han aprovechado para ganar posiciones, la pretensión de Biden de recolocar a EEUU en el centro del escenario ni va a estar acompañada de aplausos unánimes ni va a ser un camino de rosas.

 

IMAGEN: Cartel de felicitación Biden/Harris en el Ben’s Chili Bowl en Washington, DC. Foto: Elvert Barnes (CC BY-SA 2.0)