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Para el Huffington Post.

La presentación del acuerdo sobre víctimas, quinto punto de la agenda, ayer en La Habana, supone el paso más importante en los diálogos de paz entre el Gobierno de Colombia y las FARC-EP que desde hace más de tres años se viene desarrollando en Cuba. Es el avance hacia el acuerdo sobre el fin del conflicto armado y la concreción de los mecanismos de dejación de armas, de integración de desmovilizados y otros muchos temas en los que ya hay algunos avances.

En la retórica de todos los procesos de paz, y en eso Colombia no es una excepción, se incluyen siempre alusiones del tipo de "las víctimas deben estar en el centro del proceso" que luego la realidad muestra que no se toman de modo tan evidente. El punto de víctimas ha sido el último de los tratados y acordados en la negociación, y la buena noticia del acuerdo no nos debe impedir recordar que durante casi dos años, las partes negociadoras no mostraron mucho interés en el mismo. El deseo de la paz en un conflicto armado tan largo como el que ahora se negocia exige ser pragmáticos, y los humanitarios lo somos. "No existe un acuerdo perfecto (...) esta es una negociación, no es la construcción de un mundo ideal, no es la construcción de una utopía, es un acuerdo de política para terminar con una situación de guerra. Ahí es necesario hacer compromisos", tal como declaró el lunes a la agencia Efe el representante de las Naciones Unidas en Colombia, Fabrizio Hochschild.

Si hacemos algo de memoria podríamos ver que la voluntad de afrontar a fondo el tema de víctimas era bastante dudosa al inicio de los diálogos. De hecho, en el "Acuerdo General para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera" que dio origen a los diálogos se contenía un lacónico "Punto 5. Víctimas. Resarcir a las víctimas está en el centro del acuerdo Gobierno Nacional -FARC-EP. En ese sentido se tratarán: 1. Derechos humanos de las víctimas. 2. Verdad". Sin alusiones a lo que suele ser convencional en estos casos, que es incluir verdad, pero también justicia, reparación y garantías de no repetición. Tampoco en el inicio había ninguna voluntad de reconocer el daño causado por parte de los negociadores, y se producía la paradoja de que se pretendía hablar de víctimas sin hablar de victimarios y de la participación de las FARC-EP y de las Fuerzas armadas en la comisión de delitos y crímenes de guerra. Se necesitaron más de dos años, la constatación de que se seguían produciendo nuevas víctimas durante el proceso de negociación, y las visitas a La Habana de diversos colectivos de víctimas para que el terreno para la discusión del tema se fuera preparando.

Ha sido, sin embargo, la negociación sobre los temas de justicia, incluidos en este punto, la que ha hecho que el debate se acelerara y que propuestas como la creación de una Jurisdicción Especial para la Paz fuera ya conocida desde hace algunas semanas. De modo un poco apresurado, por cierto, por parte del presidente Juan Manuel Santos, que estuvo a punto de paralizar los diálogos.

El acuerdo presentado ayer crea un Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición, que depende en su formulación definitiva del punto en el que aún no hay acuerdo: el fin del conflicto. En este Sistema se incluirían cinco estrategias: la creación de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la no Repetición; la Unidad Especial para la Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas en el contexto y en razón del conflicto; la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) ya mencionada, las medidas de reparación integral y las garantías de no repetición. Por otra parte, tras las discusiones de las semanas pasadas parece quedar más claro, y así lo afirmaron los miembros de la FARC-EP en la presentación del acuerdo, el respeto a la jurisdicción penal internacional. Así, se dice que no serán objeto de amnistía ni indulto, ni de tratamientos equivalentes, los delitos de lesa humanidad, el genocidio, los graves crímenes de guerra, la toma de rehenes u otra privación grave de la libertad, la tortura, las ejecuciones extrajudiciales, la desaparición forzada, el acceso carnal violento y otras formas de violencia sexual, el desplazamiento forzado, además del reclutamiento de menores.

Aún en espera de analizar más a fondo el acuerdo sobre víctimas y sus implicaciones, ha sido muy importante en los pasados días el acto simbólico de petición de perdón por parte de las FARC-EP por la masacre de Bojayá (Chocó) en el año 2002, y el encuentro cara a cara con las víctimas. Estamos convencidos de que en esta fase final del proceso de paz este tipo de eventos tiene un enorme peso en la opinión pública y en su mayor o menor apoyo a los definitivos acuerdos de paz.

Las perspectivas, por tanto, son prometedoras, y aprobado ya en el Senado el procedimiento de refrendación mediante plebiscito y remontando, algo al menos, el apoyo de la población (la última encuesta de Gallup habla de un 52% de apoyo al proceso de paz), queda concretar el punto de Fin del conflicto con sus aspectos de Desarme, Desmovilización y Reinserción (DDR) o Dejación de Armas, Normalización y Participación Política (DNP), como prefieren llamarlo otros, con las consideraciones de territorios de paz, Terrepaz, o como quiera que se llamen finalmente. Pero eso será otro capítulo.