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Debates con boina

Para el Huffington Post.

En París se está discutiendo estos días sobre el cambio climático y los modelos energéticos y de crecimiento que ponen en peligro el futuro del planeta. En la sede de Naciones Unidas en Nueva York, hace apenas unas semanas, se aprobaban los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que fijan la agenda en materia de desarrollo y cooperación hasta el año 2030. En Siria se vive, desde hace ya cinco años, una cruel guerra con consecuencias devastadoras para la población y uno de los más grandes flujos de refugiados de la historia reciente. El mundo bate récords de desplazados por conflictos cada día. El Mediterráneo se ha convertido en un verdadero cementerio y las vallas de Ceuta y Melilla se alzan como criminales e inútiles barreras para frenar los flujos de personas que huyen de la violencia o la miseria. La Unión Europea se muestra absolutamente incapaz para ponerse de acuerdo sobre qué hacer frente a la llamada crisis migratoria mientras jalea las decisiones guerreras de Francia. Los propios cimientos de los llamados eufemísticamente «valores de la Unión» se desmoronan a ojos vista con el incumplimiento flagrante de los marcos jurídicos en materia de protección y asilo, o de una elemental defensa de los derechos humanos. La República Centroafricana, Sudán del Sur, Somalia, por poner solo algunos ejemplos, sufren conflictos violentos que generan crisis humanitarias graves e incontrolados movimientos de población. Cuba se abre al diálogo con Estados Unidos. En Colombia se negocia la paz. En Venezuela se acaban de celebrar elecciones. España forma parte, por lo visto, del Consejo de Seguridad de la ONU hasta finales del año 2016. El comercio de armas sigue siendo un lucrativo negocio y nuestro país figura en los primeros lugares de las exportaciones de armamento. La cooperación para el desarrollo y la ayuda exterior de nuestro país se han desmantelado en la última legislatura ¿Seguimos?

Pues bien, en un mundo -del que por cierto también forma parte España- en el que se están dando este tipo de realidades, los debates televisivos con las fuerzas políticas que aspiran a liderar nuestro país tras las próximas elecciones no dedican ni un solo minuto a estos temas ni a ninguno que tenga que ver con política exterior, de defensa, de seguridad, de cooperación o acción humanitaria. Nada de nada. O peor aún, cuando se sugiere algún tema relacionado con acción exterior o defensa, se parte de premisas que sesgan el debate. En el reciente debate de cuatro candidatos en las cadenas del grupo Atresmedia, la última pregunta -la última, claro- era sobre si las diversas fuerzas políticas enviarían tropas terrestres a Siria o Irak, dando por hecho que con la llamada guerra contra Daesh, todos los candidatos estaban de acuerdo. En el debate a dos entre Pablo Iglesias y Albert Rivera en el programa Salvados de la Sexta, ni eso. Ni una sola alusión a temas internacionales. Como diría Mariano Rajoy, ¿y en Europa?

Evidentemente, nunca en la historia electoral democrática de nuestro país los temas internacionales han sido los más abordados en las campañas ni en los programas de los partidos, y parece lógico que así sea. Pero desde las primeras elecciones, los temas relacionados con Europa, con nuestro papel respecto de América Latina, las posiciones en materia de defensa y la entrada o no en la OTAN, y posteriormente, la cooperación para el desarrollo, el 0,7 % del PIB para ayuda o las implicaciones de las migraciones, entre otros, han ocupado un espacio en los debates entre candidatos. Ahora, sin embargo, algunos periodistas y sus medios de comunicación han decidido lo que «interesa a los electores» y para ellos cualquier tema de alcance internacional, sobra.

La crisis económica en la que aún estamos instalados ha tenido efectos perversos sobre algunos sectores de la ciudadanía y uno de ellos, y no el menor, es la vuelta a la caverna, al ellos y nosotros, al mirarse el ombligo con los propios problemas olvidando que la mayor parte de ellos solo tienen soluciones globales. El olvido en los debates de la campaña electoral de los temas de alcance internacional, que nos permitirían conocer que proponen las diversas fuerzas políticas frente a los problemas mundiales, nos hace retornar a una España paleta, a una democracia ensimismada -en el peor sentido del término- que pierda su sentido de pertenencia a una realidad global en la que debe encontrar su sitio. Como ciudadano del mundo con pasaporte español y derecho al voto en España, me gustaría poder conocer las posiciones de los partidos en estas materias. Y pediría a los responsables de los medios de comunicación que no decidan por los votantes lo que es o no es importante.

Si en debates del siglo de dos horas de duración, retransmitidos desde horas antes con imágenes desde todas partes, incluidas las salas de maquillaje, no hay espacio para este tipo de temas de la realidad mundial y del papel de España en ella, es que hemos perdido el Norte. Y por más que se insista en los formatos innovadores, los decorados alucinantes, o los periodistas agresivos, el contenido de los debates quedará vacío de muchos aspectos relevantes. Aunque la boina se vista de seda…

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