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Una persona con miopía tiene dificultades para enfocar bien los objetos distantes, lo que puede conducir a dolores de cabeza, incomodidad visual e irritación del ojo. Dmitri Medvedev dijo que le parecía “miope y peligrosa” la decisión de seguir adelante con las maniobras militares que la OTAN desarrolló en Georgia entre el 6 de mayo y el 1 de junio.

El adjetivo no podía ser más acertado, porque Georgia no sólo es un objeto geográficamente distante del Atlántico, sino que además provoca dolores de cabeza, incomodidad visual e irritación en las difíciles relaciones entre Rusia y la OTAN.

Como es habitual, la rabieta rusa se ha tradujo en una batería de protestas y represalias. El ministro de exteriores, Serguei Lavrov, pidió a los países miembros que boicotearan las maniobras; pasó a asumir el control de las fronteras de Abjásia y Osetia del Sur (haciendo que su anexión a Rusia sea irreversible); y, por último, anunció ejercicios militares propios a gran escala en el Cáucaso Norte y en los territorios secesionistas de carácter “demostrativo y de advertencia”, para evitar un posible “revanchismo” georgiano, por si se le ocurre a Tiflis intentar lanzarse a recuperar lo perdido.

Por si fuera poco, justo un día antes de comenzar dichas maniobras, Georgia sofocó una misteriosa sublevación militar en el cuartel de Mujrovani (cerca de la capital, Tiflis). Según Sakaashvili, en ese cuartel se estaba fraguando un complot que pretendía dar un golpe de estado alentado, supuestamente, por los servicios secretos rusos.

Parece que es el tira y afloja de siempre, pero hay que reconocer que las “Cooperative Longbow 09” (dirigidas, por cierto, por el general español Cayetano Miró Valls y en las que participan 1.300 militares de diecinueve países) cayeron en muy mal momento y crearon una confrontación innecesaria e inoportuna. Aunque estaban previstas desde hace más de un año, coincidieron con los primeros signos de deshielo entre Rusia y la Alianza (con la primera reunión del consejo Rusia-OTAN de los últimos 8 meses, interrumpidas tras la guerra ruso-georgiana) y con la expulsión de dos diplomáticos rusos de la OTAN por espionaje.

Coincidieron también con una cita que irritó sobremanera al Kremlin, la de la firma de la creación de la Asociación del Este, un pacto que une a la Unión Europea (UE) con Ucrania, Bielorrusia (la última dictadura de Europa), Moldavia, Georgia, Azerbaiyán y Armenia, a los que la UE otorgará ayudas por valor de 600 millones de euros hasta 2013 y facilidades para la obtención de visados. Moscú lleva años compitiendo con la UE por consolidar su influencia en su near abroad. Serán cosas del azar, pero la firma (7 de mayo) concurrió peligrosamente con el inicio de estos ejercicios.

Esas maniobras han sido también la música de fondo de la preparación de la visita de Barack Obama a Rusia, donde se esperan grandes cambios en las tensas relaciones entre Moscú y Washington (herencia de la era Bush). Clinton y Lavrov tienen previstas varias reuniones para revisar los acuerdos de reducción de arsenales nucleares estratégicos (la firma de un nuevo acuerdo que sustituya al Tratado de Reducción de Armas Estratégicas, START, suscrito cuando aún existía la URSS en 1991, en vigor desde 1994 y que expira en diciembre próximo), de no proliferación, de cooperación antiterrorista en Afganistán y de la posible entrada de Rusia en la Organización Mundial del Comercio.

La OTAN sostiene que las maniobras fueron irrelevantes, pero el Kremlin se ve a sí mismo como un muñeco de vudú en el que la Alianza sigue clavando sus agujitas cuando las heridas aún siguen abiertas en el Cáucaso, una zona que ha estado sometida recientemente a un alto grado de tensión y a la que todavía no ha llegado la calma, como se ha encargado de recordar Medvedev. Moscú ha visto estos ejercicios militares como una provocación y un incentivo más para el presidente georgiano Mijail Saakashvili, que se aventuró a entrar en Osetia del Sur pensando, equivocadamente, que la OTAN vendría a rescatarle. ¿Qué mensaje ha sacado Saakashviili de estos movimientos? Como poco, le ha venido de perlas de cara a su opinión pública (que se sintió abandonada por la Alianza durante la guerra), cuando se encuentra en sus horas más bajas con nuevas manifestaciones en las calles pidiendo su dimisión.

Y a los 28 Estados miembros de la Alianza, ¿qué nos han aportado estas maniobras justo ahora? ¿No tenemos otras prioridades? Sobre todo en estos tiempos de crisis, de gripes nuevas y de búsqueda de soluciones globales de seguridad a problemas como Somalia, Afganistán (Rusia ha firmado recientemente acuerdos para facilitar el tránsito de material no letal para este país a través de su territorio) o la lucha contra el terrorismo.

Aun suponiendo que estas maniobras fueran intrascendentes, dejan al descubierto como mínimo que la hipersusceptibilidad rusa en el Cáucaso sigue sin importar a la OTAN. La miopía, tanto de un lado como de otro, se corrige interponiendo entre la retina y el objeto una lente divergente o negativa, gafas o lentillas, o esa diplomacia que conviene a ambos en estos tiempos donde la comunidad internacional tiene otras cosas más urgentes de las que ocuparse.