Diez años después del arranque de las movilizaciones ciudadanas que afectaron, con mayor o menor intensidad, a buena parte del mundo árabo-musulmán, el panorama actual sigue lastrado por significativas carencias tanto en términos de desarrollo y bienestar como de seguridad.

Mientras se sigue debatiendo sobre si ha habido realmente una “primavera árabe” y sobre el balance de lo acontecido tanto en Magreb como en Oriente Próximo y Oriente Medio, es un hecho que esas regiones aparecen principalmente reflejadas en los medios de comunicación occidentales como el origen de amenazas directas.

Esa percepción se apoya en una realidad incontestable, en la que se entremezcla la insatisfacción de las necesidades básicas para un creciente porcentaje de esas poblaciones, sistemas políticos deslegitimados y situaciones de violencia generalizada que se prologan en el tiempo sin visos de solución a corto plazo. Pero también es el resultado de un cúmulo de tergiversaciones basadas tanto en la ignorancia como en los poderosos estereotipos alimentados por actores interesados en difundir una visión negativa de las sociedades árabes y musulmanas.

Con una clara vocación analítica y multidisciplinar, el curso pretende dar a conocer la realidad social, política, económica y de seguridad de ese complejo mundo árabo-musulmán. Eso implica tanto estudiar su historia como su presente, revisando no solo la experiencia colonial sino también la evolución de las relaciones entre Occidente y esos países. Asimismo, aborda el estudio de los principales conflictos activos en la zona, la naturaleza de sus regímenes políticos, sus principales claves socioculturales y las causas y consecuencias de unos flujos migratorios que dejan a las claras la falta de voluntad europea para hacer frente a una dinámica de la que Occidente es corresponsable directo.

Dirigido a: personas que desarrollan actividades en el marco de las organizaciones no gubernamentales, sean centradas en la cooperación al desarrollo o en la acción humanitaria, y a quienes, desde posiciones académicas, periodísticas o de concienciación ciudadana se interesan por lo que ocurre en el mundo globalizado de hoy.

Duración: 56 h.

Horario: de 17.00 h a 21.00 h, de martes a viernes. (excepto días 22 y 23 de octubre, en que las sesiones serán de 16.00 h a 20.00 h).

Para acceder al certificado de asistencia y aprovechamiento es necesario acudir al 100% de las clases.

Contenidos

·         Historia política (desde s xvi hasta la actualidad):

o   Caracterización sociológica y política de la región (idiomas, religiones, etnias, organización territorial, reinos e imperios precoloniales).

o   Choque de pensamiento: La modernidad de occidente frente al pensamiento árabo musulmán del s. XIX.

o   Constitución de nacionalismos y naciones (descolonización) Estructuras de poder de las etapas de la independencia.

o   Actores del poder en el mundo árabe contemporáneo.

o   Casos de estudio: Siria; Irak.

·         Relaciones internacionales:

o   Formas de gobierno en la región Formas de gobierno en la región (monarquías, regímenes dictatoriales, estados fallidos, modelo turco, república islámica…).

o   Cooperación y acción humanitaria en el mundo árabo-musulmán.

o   Casos de estudio: Sahara Occidental; Magreb; Península arábiga.

·         Sociocultura:

o   Movimientos sociales.

o   Cobertura periodística de conflicto sirio.

o   La energía como factor estratégico en la región.

o   Casos de estudio: Egipto.

o   Cobertura periodística sobre la región.

o   Feminismo islámico.

o   Islamofobia en occidente y los medios de comunicación.

o   Finanzas islámicas.

Casos de estudio: Islam radical, yihadismo y terrorismo: ¿De qué estamos hablando?; Palestina.

Lugar: El curso se desarrollará de manera presencial en las aulas de La Casa Encendida. En caso de ser necesario el cierre del Centro, las clases presenciales se trasladarán al espacio virtual La Casa On, y se desarrollará a través de la plataforma online Zoom. En dicho caso, el curso podrá sufrir modificaciones por la adaptación a formato virtual, pero siempre manteniendo los contenidos del temario.

Inscripciones aquí.

 

 

 

Por Francisco Rey Marcos, Alicia Daza Pérez y Juncal Gilsanz Blanco

El siguiente artículo forma parte de la investigación “La incorporación del enfoque basado en derechos humanos y la protección en los proyectos de acción humanitaria apoyados por el Ayuntamiento de Madrid: estado actual y propuestas de futuro” financiado por el Ayuntamiento de Madrid en la convocatoria pública de subvenciones 2019 para la realización de proyectos de investigación en materia de ciudadanía global y cooperación internacional para el desarrollo.

Introducción

Desde sus orígenes en el Siglo XIX el humanitarismo ha prestado atención a los derechos de las personas afectadas por conflictos y desastres. La aprobación del Primer Convenio de Ginebra de derecho internacional humanitario (DIH) en 1864, tras la creación del precursor del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) el año anterior, pretendía precisamente eso: definir algunos derechos de los militares heridos en los campos de batalla que debían ser respetados por los contendientes. Derechos mínimos, pero derechos al fin, y no olvidemos que en aquella época no existían los instrumentos jurídicos internacionales de derechos humanos que no se aprobarían hasta casi un siglo más tarde. Una cierta mirada hacia los derechos ha estado presente siempre en la acción humanitaria.

Sin embargo, en su evolución posterior el quehacer humanitario enfatizó un enfoque de satisfacción de necesidades básicas, en muchos casos ligadas casi exclusivamente con la propia vida, que le fue alejando, de hecho, de aquellas primeras concepciones de derechos. Simplificaciones y slogans del sector humanitario y su mandato como “salvar vidas” “atender necesidades básicas”, entre otros, fueron haciendo olvidar o situaron en segundo lugar las ideas de dignidad que toda vida debe tener, y de protección de derechos para hacerla posible. Hubo muchos casos, vinculados sobre todo con grandes conflictos o desplazamientos masivos de población, donde algunas organizaciones retomaron con fuerza aspectos de protección, pero no nos engañemos, el enfoque de necesidades fue el dominante durante muchas décadas contribuyendo a dar una idea limitada y falsa del compromiso humanitario. Y eso pese a que el marco jurídico e institucional tras el fin de la Segunda Guerra Mundial había aportado novedades revolucionarias en materia de derechos humanos. Hubo que esperar a finales de los años noventa, a la nueva tipología de conflictos y a ciertas propuestas en el seno de las Naciones Unidas para que se reverdecieran algunas ideas de vinculación de lo humanitario con los derechos. Si esto ha sido posible no es solo debido al esfuerzo por vincular lo humanitario con los derechos humanos, sino por el surgimiento del llamado Enfoque basado en derechos humanos (EBDH).

Las aportaciones del EBDH vienen ya reflejadas en su propia definición. Se trata de un marco teórico, pero también metodológico, que se fundamenta en el derecho internacional de los derechos humanos (DIDH) y que utiliza estos instrumentos para hacer valer los propios derechos humanos. Podríamos decir que, en el marco de la ayuda, desde la perspectiva del EBDH, los derechos humanos sirven como fundamento para actuar (el derecho a una asistencia humanitaria), como metodología para ejecutar acciones y como finalidad de la propia ayuda (puesto que cumplir con los derechos humanos es el fin último de cualquier tipo de ayuda).

Además, en el ámbito operativo, el EBDH establece una serie de características que deberían incorporarse a la práctica:

  1. Vinculación con el DIDH (o con cualquier marco instrumental que defina los mecanismos de garantía y protección de los derechos humanos). En casos de conflicto puede ser el DIH.
  2. Identificar a los actores que forman parte del contexto en base a su relación con los derechos que están siendo vulnerados: titulares de derechos, titulares de obligaciones y actores con responsabilidades, asignando tareas concretas a cada titularidad.
  3. Establecer una forma de trabajo horizontal entre las tres titularidades, donde cada una tiene un rol asignado basado en sus obligaciones para con los derechos.

Desde el punto de vista metodológico, esta tercera característica resulta fundamental, en cuanto que, sin desobedecer los principios de igualdad y no discriminación, aborda cada titularidad identificando las capacidades de cada una para, a partir de estas, asignar unas tareas que les permitan participar de igual a igual. 

Trabajando por los derechos desde la protección

Siguiendo estas premisas y viéndolo desde una perspectiva práctica, cuando nos acercamos a la AH desde el EBDH, cobra especial protagonismo el enfoque de protección. Las víctimas no solo necesitan asistencia material sino también protección personal y colectiva. “En los escenarios donde se desarrolla la acción humanitaria, las personas están expuestas a altísimos niveles de riesgo que surgen de las diferentes violaciones y privaciones de derechos. Las distintas formas de sufrimiento e indignidad son, a menudo, el resultado del triple peligro combinado de: violencia personal deliberada, privación y acceso restringido.”[1]

Estas constataciones llevaron a que varias agencias humanitarias comenzaran a profundizar en el tema, lo que llevó al establecimiento de un proceso consultivo entre un amplio grupo, también del ámbito de los derechos humanos, convocadas, periódicamente, por el CICR en Ginebra. Eso llevó a una definición de protección en el ámbito humanitario, ampliamente aceptada hoy en día, y adoptada por el IASC, que agrupa a las agencias de Naciones Unidas, las principales ONG internacionales humanitarias, y el Grupo de Trabajo del Clúster de Protección.

Así, se definió que la protección es: “el conjunto de todas las actividades orientadas a garantizar el respeto a todos los derechos del individuo, de acuerdo con la letra y el espíritu de los conjuntos de normas pertinentes; esto es, los derechos humanos, el DIH y el derecho de los refugiados. Las organizaciones humanitarias y de derechos humanos deben llevar a cabo estas actividades de manera imparcial, sin prejuicio alguno sobre la raza, la religión, el origen nacional o étnico, el lenguaje o el género”.[2]

Sobre la base de esta definición y de los Principios Rectores que deben regir el desplazamiento interno o Principios de Deng, el IASC y el Grupo de Trabajo del Clúster de protección han adoptado una guía para la protección de las personas desplazadas internas[3] en la que distinguen tres dimensiones, que guardan absolutas similitudes con el EBDH. Estas tres dimensiones son: (1) la protección como objetivo, (2) la protección como responsabilidad legal y (3) la protección como actividad.

El manual explica que el objetivo de la protección no es otro que el respeto y la defensa de los derechos humanos, puesto que los diferentes actores, especialmente los Estados, se han comprometido a ello a través de los instrumentos normativos (DIH), existiendo así una responsabilidad legal (segunda dimensión). Para ello, se propone trabajar la protección como una actividad, diferenciando a su vez tres modelos de actividad que encajan perfectamente con la triple obligación de la titularidad de obligaciones para con los derechos humanos: Respetar (no obstaculizando su desarrollo), proteger (estableciendo mecanismos de protección) y promover (facilitando oportunidades).

Los mismos argumentos se usaron para explicar el EBDH en sus inicios, allá por 1998. Los primeros grupos de trabajo interagenciales de las Naciones Unidas recordaron que la plena realización de los derechos humanos era el objetivo último de la Organización, puesto que existía un compromiso, muchas veces en forma de responsabilidad legal a través del DIDH, por el que los Estados se habían comprometido con estos derechos, para lo que se establecía una triple obligación (la mencionada en el párrafo anterior) que permitía un cumplimiento progresivo de estos derechos.

Durante estos talleres se constató que la primera dificultad para cumplir con este enfoque y sus premisas era su puesta en práctica. Por eso se diseñó un modelo metodológico que facilitara, a partir del contenido del DIDH, el cumplimiento de los derechos humanos: la disgregación de cada derecho en los llamados elementos clave o principios operativos, que permitían operacionalizar el derecho en diferentes acciones asignables a las tres titularidades. 

Esta propuesta metodológica fue un hito en sí misma y permitió que el EBDH no se quedara en otra mera declaración de intenciones. Sin embargo, se debe admitir que el devenir del enfoque ha sufrido varios altibajos, modificaciones y adaptaciones en los últimos años. En cualquier caso, también es cierto que los diferentes manuales que han ido surgiendo en relación a la protección en la AH comparten muchas herramientas de la metodología del EBDH, sobre todo aquellas que tienen que ver con la participación bajo la premisa de igualdad y horizontalidad de las tres titularidades para el fortalecimiento de las capacidades de los grupos más vulnerables.

 

Aplicación real del EBDH y la protección en la práctica humanitaria: un análisis en marcha

Precisamente para ver cómo los proyectos humanitarios incorporan en mayor o menor medida enfoques de derechos y/o protección, el Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria con el apoyo del Ayuntamiento de Madrid está realizando una investigación tomando como universo de estudio los proyectos financiados por las diversas convocatorias de acción humanitaria del Ayto. de Madrid. El objetivó no es solo académico, sino que pretende elaborar propuestas que mejoren la incorporación de los derechos y la protección a la acción humanitaria madrileña, pudiendo ser estas propuestas extrapolables a otras cooperaciones, principalmente autonómicas y locales.

Hasta la fecha se han cumplido las dos primeras fases del proyecto que han permitido ver el panorama internacional en estas materias, las posiciones de los organismos humanitarios más importantes, las diversas iniciativas que se están poniendo en marcha con carácter global y tener así un diagnóstico de la situación de esta temática. En los próximos meses se analizarán los diversos proyectos financiados por el Ayuntamiento de Madrid y se organizarán diversas actuaciones de debate y reflexión.

Las conclusiones preliminares apuntan en la misma dirección que la hipótesis planteada: si bien existe un interés y conocimiento por adoptar un enfoque de protección en la práctica humanitaria, ninguna organización incorpora en su día a día las propuestas metodológicas disponibles (que cada vez son más y más completas) de una manera absoluta. A partir de aquí, el grado de asunción y compromiso difiere entre las organizaciones ejecutoras de la ayuda. Durante las próximas fases de la investigación se analizará si estos pequeños pasos son casualidad o responden a un interés de las organizaciones por lograr una AH más coherente con las personas y sus derechos humanos.

Alguna consideración final

La actual situación generada por la pandemia de la Covid-19 ha puesto de manifiesto muchas de nuestras carencias como colectividad y también planteado nuevos retos en tanto que actores de la cooperación para el desarrollo y la acción humanitaria. Y muchos de estos retos tiene que ver con el ejercicio de los derechos. “Salvar vidas”, “no dejar a nadie atrás”, “atender los grupos más vulnerables” … que eran hasta ahora proclamas humanitarias solamente, se han convertido en parte fundamental del lenguaje cotidiano. ¿Seremos capaces los actores humanitarios de aportar algo a estos debates cada vez más presentes en nuestra sociedad? o ¿el que estos términos se conviertan en vox populi desdibujaran su valor? ¿Seremos capaces los actores humanitarios de afrontar debates necesarios tales como el de la localización teniendo como base la protección de las personas?

Muchas son las incertidumbres que en el ámbito de la acción humanitaria ha puesto de relieve la pandemia de la Covid-19, la protección y los derechos de las personas hacen necesario avanzar sobre ellos de una manera decidida y firme.

 

Madrid, julio 2020



[1] Hugo Slim y Andrew Bonwick, Protección. Una guía ALNAP para las agencias humanitarias, Barcelona, Intermón Oxfam, 2006.

[2] Sylvie Giossi Caverzasio, Strengthening Protection in War: a Search for Professional Standards. ICRC, Geneva, 2001.

[3][3] Global Protection Cluster Working Group, Handbook for the Protection of Internally Displaced Persons, Ginebra, 2007. Versión en español disponible en el siguiente enlace: https://www.acnur.org/fileadmin/Documentos/BDL/2017/11306.pdf

 

 

IRAN

 

Para Blog Elcano.

 

Mientras Irán sigue sufriendo extraños “accidentes” y aumentan las especulaciones que apuntan a Israel como principal sospechoso, se acumulan los datos que dan a entender que Estados Unidos se aleja cada vez más de su objetivo; tanto del declarado –obligar a Teherán a volver a negociar un acuerdo nuclear que incluya olvidarse de su programa misilístico y de la injerencia en asuntos internos de sus vecinos–; como del real –derribar el régimen de los ayatolás. Entretanto, China emerge como uno de los principales beneficiarios de los continuos errores de Washington y sus aliados.

Con un trasfondo que se remonta como mínimo a 2010, cuando EEUU e Israel lograron introducir el virus informático Stuxnet en las centrifugadoras iraníes, la guerra cibernética y los sabotajes se han convertido en un frente más del acoso y derribo del régimen iraní, sin olvidar que Teherán también ha ido dotándose de capacidades en este terreno. En esa misma línea hay que añadir el intercambio de acusaciones entre Tel Aviv y Teherán, recrudecido a finales del pasado mes de mayo, cuando se dio a conocer un ataque cibernético contra el sistema de suministro de agua en varias ciudades israelíes, y la inmediata represalia contra Shahid Rajaae, un importante eje económico y marítimo en el sur de Irán por el que transita la mitad de todas las exportaciones e importaciones marítimas iraníes.

Mas recientemente, desde el pasado 26 de junio, se han multiplicado las noticias sobre misteriosos incendios y explosiones en territorio iraní, afectando a refinerías de petróleo, plantas de energía (en Shiraz y Ahwaz) e importantes fábricas y empresas, incluyendo un centro de producción de combustible líquido para misiles balísticos en Khojir, próximo a Parchin, y otro de desarrollo de centrifugadoras de última generación en la central atómica de Natanz. El suceso más reciente ha dejado sin suministro eléctrico a las ciudades de Qods y Garmdareh, donde se localizan al menos dos instalaciones militares subterráneas, una planta vinculada con el programa de armas químicas y otro centro de producción militar. De momento, el régimen iraní ha preferido definirlos todos ellos como accidentes, reconociendo que el que ha afectado a Natanz puede retrasar sustancialmente sus planes de desarrollo y producción de centrifugadoras avanzadas.

Pero mientras se dilucida si todo esto es debido a los fallos de un sistema nacional crecientemente estresado por el impacto de las duras sanciones impuestas por Washington desde mayo de 2018, poniendo a prueba la paciencia de la población y la capacidad de aguante del régimen, ya es bien visible que la estrategia de “máxima presión” estadounidense no solo no está surtiendo efecto, sino que está provocando aún más problemas. Por un lado, ya se ha confirmado el giro ultraconservador en el nuevo parlamento iraní, arruinando las opciones moderadas del presidente Hassan Rohaní, una vez que no solo no ha podido presentar un balance positivo a la población tras el acuerdo de 2015, sino que la situación actual ha vuelto a agravar el malestar diario de los 80 millones de iraníes. Y todavía quedan las elecciones presidenciales previstas para el próximo año, que pueden llevar a un más radical y desestabilizador enrocamiento iraní.

Por otro lado, es igualmente obvio que Irán sigue entrometiéndose en los asuntos de sus vecinos, aunque solo sea por contar con bazas con las que poder responder a quienes buscan su ruina, y continúa avanzando en su programa misilístico, incluyendo el lanzamiento de su primer satélite militar el pasado abril. Esto significa, en otras palabras, que el rumbo adoptado por Donald Trump, dejando de cumplir su compromiso como firmante e imponiendo nuevas sanciones, no mejora lo que el acuerdo de 2015 ya estaba logrando, tal como confirmaba sistemáticamente la Agencia Internacional de la Energía Atómica.

Por último, duramente castigado y convencido ya de la falta de voluntad de la Unión Europea para contrarrestar la presión de Washington en su intento de cerrarle todas las puertas comerciales para vender sus hidrocarburos y recibir inversiones que le permitan modernizar su estructura productiva, Teherán parece dispuesto a lanzarse en brazos de Pekín. Aunque todavía no es oficial, ya el ministerio de exteriores iraní apunta abiertamente a la firma de un acuerdo estratégico con China, el único actor que parece capacitado para resistir el envite estadounidense en el marco de una guerra comercial que apunta al alza. Lo que de momento se ha ido dando a conocer plantea un acuerdo para los próximos 20 años por el que, a cambio de hidrocarburos iraníes, China (que importa unos 10 millones de barriles diarios, equivalente al 75% de sus necesidades de petróleo) acabará desarrollando más de un centenar de proyectos valorados en unos 400.000 millones de dólares en ámbitos que van desde las infraestructuras físicas, al desarrollo de tecnologías de 5G y la ampliación a Irán del sistema de navegación satelital chino, Beidou.

A ese componente comercial e inversor se suma un ambicioso programa de cooperación en el terreno militar, no solo con ejercicios conjuntos y desarrollo y producción de sistemas de armas (contando con que, a partir de octubre, Irán quedará liberado del embargo de armas que le impuso la Resolución 2231 del Consejo de Seguridad), sino también compartiendo inteligencia entre sus diferentes servicios. En definitiva, un giro estratégico, que cuenta con el apoyo del líder supremo, Ali Jamenei, y que, si finalmente recibe la aprobación del parlamento iraní, supone no solo una vía de supervivencia para el régimen iraní, sino un paso decisivo de Pekín en sus aspiraciones de liderazgo global.

 

IMAGEN: Puerto de Shahid Rajaae (Irán). Foto: Emad Yeganehdoost Fars News Agency (Wikimedia Commons / CC BY 4.0)

 

El próximo 22 de julio a las 15:00h, Development Initiatives, junto con la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) celebran el seminario “A stocktake of global humanitarian assistance during the Covid-19 pandemic”.

Development Initiatives presentará algunas de las conclusiones incluidas en el Global Humanitarian Assistance Report de 2020, informe de referencia en el ámbito humanitario internacional. Posteriormente, un grupo de personas expertas compartirán sus reflexiones en relación con la financiación de la respuesta a la pandemia de la COVID-19 extrapolando conclusiones a un nivel más general.

El panel estará compuesto por las siguientes personas:

Moderadora: Christina Bennett, directora ejecutiva, Start Network

  • Angus Urquhart, responsible de acción humanitarian y de crisis, Development Initiatives
  • Ben Parker, editor senior, The New Humanitarian
  • Gloria Soma, directora ejecutiva, Fundación Titi
  • Ugo Gentilini, economista senior, Banco Mundial
  • Maclean Natugasha, director país, Camerún, Consejo Noruego para Refugiados, NRC
  • Equipo humanitario país OCHA-ONU

Se trata de un seminario abierto, pero que necesita inscripción previa. Si lo deseas, puede enviar las preguntas que quieras que se traten en el seminario a la siguiente dirección Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo..

Más información

INDIA-CHINA

 

Para Blog Elcano.

 

Apenas presente de momento en los titulares de las principales cabeceras mediáticas, China e India vienen protagonizando desde hace ya dos meses un duelo fronterizo que, a diferencia de los registrados en los pasados 45 años, parece mucho más que una simple fricción entre vecinos que no han logrado fijar definitivamente sus fronteras. Dado que se trata de dos gigantes, podría parecer que, al hablar de tan solo decenas de muertos en los choques militares registrados hasta ahora y de apenas centenares de soldados desplegados por ambos bandos, estaríamos ante un asunto menor, sin trascendencia alguna en el delicado equilibrio que ambas capitales procuran mantener desde su breve enfrentamiento bélico en 1962.

Los puntos de fricción a lo largo de la llamada Línea de Control Real (LCR) –acordada, pero no fijada de común acuerdo desde dicho año– se ubican principalmente en la fragmentada Cachemira, en la región de Aksai Chin, administrada por Pekín pero reclamada por Nueva Delhi; y la región noreste de Arunachal Pradesh, controlada por India pero que China reclama como parte integrante de la región autónoma del Tíbet. Tras tantos roces bilaterales, ambos pueden aducir siempre que cualquiera de sus acciones es tan solo una respuesta defensiva a una acción previa del vecino. Pero el punto de arranque en esta ocasión cabe fijarlo en octubre del pasado año, cuando el primer ministro indio, Narendra Modi, decidió dar un nuevo paso en su planteamiento netamente nacionalista en clave hindú, revocando el estatuto especial del que gozaba hasta entonces el disputado Estado de Jammu y Cachemira (el único de India con mayoría musulmana). Al dividir en dos dicho Estado (Jammu y Cachemira y Ladakh) y anular su autonomía, además de soliviantar a su población, Modi activó las alarmas tanto de Pakistán como de China, al volcar su presión sobre Gilgit-Baltistan, una región bajo control paquistaní y pretendida por India, que resulta clave para el desarrollo del macroproyecto chino de la Franja y la Ruta, más concretamente del Corredor Económico China-Pakistán.

A eso se une el hecho de que India ha logrado completar, tras 19 años de obras frecuentemente interrumpidas, la carretera DSDBO (Darbuk-Shayok-Daulat Beg Oldie), una sección de la que une Leh (la capital de Ladakh) y el paso del Karakórum, así como otras iniciativas que han permitido a Nueva Delhi mejorar sus posiciones militares para poder moverse en mejores condiciones a ambos lados de la LCR, y responder con mayores posibilidades de éxito al creciente empuje chino en las zonas disputadas. Aunque hay una gran incertidumbre sobre lo que realmente ha ocurrido sobre el terreno, todo parece indicar que el pasado 5 de mayo se produjo el primer choque, cuando efectivos del Ejército Popular de Liberación (EPL) entraron en una zona cercana al lago Pangong, en la región de Ladakh. A esto siguieron otros movimientos más o menos intimidatorios, acompañados de la acumulación de medios por parte del EPL, que llevaron a las tropas chinas hasta el valle del río Galwan, más allá de las localizaciones en las que anteriormente se habían producido enfrentamientos (como Doklam, en 2017). La tensión desembocó, finalmente, en el enfrentamiento directo del 15 de junio, con un saldo de una veintena de bajas indias y un número desconocido de pérdidas por parte china.

Llegados a este punto ninguno de los tres actores en liza tiene fácil salvar la cara sin un coste tal vez insoportable. Entre Islamabad y Nueva Delhi la tensión está en un nivel aún más alto que el acostumbrado, tras la decisión de Modi de atacar territorio de su vecino con aviones de combate, en febrero de 2019, como respuesta a un atentado suicida de un grupo terrorista con presencia en suelo paquistaní que mató a más de cuarenta miembros de una fuerza militar india, respondido de inmediato por Islamabad con el derribo de un avión indio. Conviene recordar que se trata de dos países que ya han chocado en guerra abierta por el disputado territorio de Cachemira, y que ambos poseen armas nucleares.

Por su parte, queda por ver cómo va a responder Modi al avance chino en la zona donde se han producido los últimos choques violentos, sabiendo que no cuenta con el apoyo de una población que se siente cada más abandonada por Nueva Delhi. Si responde, acumulando medios para expulsar al EPL de la zona y destruir las instalaciones que ya ha construido, se arriesga a una escalada en la que no cabe suponer que logre imponerse a la maquinaria militar china. Pero si opta por aceptar la nueva situación, estaría dando por hecho que Pekín es el actor dominante no solo en la región sino en el continente, lo que podría depararle sorpresas muy desagradables en el resto de los puntos calientes a lo largo no solo de la LCR sino también del Índico, donde el llamado “collar de perlas” chino (no solo infraestructuras viarias y portuarias, sino también puntos de apoyo para su flota de guerra) es visto con clara aprehensión por Nueva Delhi.

Una situación como esta da a entender, por un lado, que la vía diplomática practicada por Modi desde 2017, con encuentros personales con Xi Jinping para enfriar los ánimos, no ha dado los resultados apetecidos. Por otro, indica que China no teme el potencial militar de su rival continental, ni a escala global ni tampoco en las regiones en disputa. Interesa en ese punto recordar que Washington, mientras tanto, sigue adelante con su cortejo a Nueva Delhi, calculando las ventajas que le daría contar con un aliado tan relevante en su intento por contener a un rival cada vez más visible.

 

IMAGEN: Frontera entre India y China. Foto: Jeevan Singla. BentheCM (Dominio público)