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La Casa Encendida, en colaboración con el Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria, tienen el honor de invitarles al ciclo de debates y análisis “Sociedades en riesgo: el valor de la anticipación y la prevención”, en un formato de 6 sesiones virtuales los días 3, 4, 10, 11, 17 y 18 de noviembre.

El objetivo de este ciclo es analizar el concepto del riesgo, inherente a las características de las sociedades actuales en un entorno globalizado, desde diferentes perspectivas y ámbitos. Se pretende con ello: a) conocer con mayor detalle qué pasa en cada uno de ellos; b) analizar qué mecanismos de alerta, prevención y respuesta hay en cada caso; y c) vislumbrar qué se puede hacer para superar cada uno de los problemas analizados. Con un tratamiento que aspira a combinar los enfoques transversales con los de detalle, así como a dar a conocer tanto análisis teóricos como prácticos, las diferentes sesiones buscarán abordar el concepto del riesgo en todas sus vertientes, otorgando un especial énfasis a la necesaria prevención y sus diversos componentes de preparación, predicción o anticipación.

En cada sesión se contará con dos personas especializadas en cada uno de los temas que tratan las sesiones, y una persona encargada de la dinamización del debate. En esa línea, se contará con especialistas nacionales e internacionales de diverso perfil que entablarán un diálogo participativo en el que irán debatiendo y reflexionando sobre los temas abordados. Asimismo, se reservará una parte del tiempo para responder a las preguntas planteadas por el público en el canal de Youtube de La Casa Encendida.

Cada una de las sesiones será retransmitida en directo en el canal de Youtube de La Casa Encendida de 18:00 a 19:30 horas.

¡Os esperamos!

 

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Tormenta

 

Para Blog Elcano.

 

A veces, a la espera de comprobar si Donald Trump termina ya su carrera política y en mitad de una pandemia que repunta inquietantemente, basta una mirada a vuelapluma del panorama internacional para confirmar que muchas cosas no van bien. Así:

Israel aprueba la construcción de unas 5.000 viviendas en la Cisjordania ocupada, confirmando, por si era necesario, que nunca ha estado en la cabeza de Benjamin Netanyahu cumplir la condición de poner fin a la anexión, que se supone que figura en los acuerdos de normalización que ha firmado con Emiratos Árabes Unidos (EAU) y con Bahréin. Queda claro que son acuerdos que nada tienen que ver con la paz, como vuelve a quedar de manifiesto en el caso de Sudán, al que Washington presiona sin disimulo para que también reconozca a Israel si quiere salir de la lista de países que promueven el terrorismo.

Líbano, en mitad de una crisis sin igual, conmemora el primer aniversario del arranque de una movilización ciudadana que demanda una reforma en profundidad de un modelo político profundamente corrupto e ineficiente. La mejor señal de que, incluso con el agravante de la explosión del pasado 4 de agosto en el puerto de Beirut, la clase política no ha logrado alumbrar una alternativa, es el hecho de Saad Hariri vuelva a aparecer como la solución para conformar un nuevo gobierno. Y en una línea similar queda por ver en qué desembocan las movilizaciones que tienen lugar, con desigual nivel de participación, en Bielorrusia, Irak, Hong Kong, Argelia, o Tailandia, entre otros.

Suecia anuncia su propósito de elevar el gasto en defensa un 40% en cinco años y duplicar el número de conscriptos que serán llamados a filas (de 4.000 a 8.000) ante la creciente percepción de amenaza que siente desde Rusia. Una Rusia que, además de hechos consumados como la toma de Crimea, lleva tiempo aumentando su presencia en aguas y espacios aéreos de los países bálticos, en un claro intento de aumentar el control de su “near abroad”. Y algo similar, en relación con China, ha llevado a Australia a anunciar su plan de aumento del presupuesto de defensa en un 40% para la próxima década. Todo ello mientras la pandemia parece demandar mayor atención presupuestaria.

Corea del Norte acaba de aprovechar el desfile militar que conmemora el 75º aniversario de la creación del Partido de los Trabajadores para presentar en sociedad el Pukguksong-4 (4-AQ), un SLBM de combustible sólido con un alcance estimado en más de 2.000km que le garantiza una capacidad de segundo golpe, y el Hwasong-16, un ICBM de combustible líquido con un alcance estimado en unos 13.000km (cubriendo, por tanto, todo el territorio continental estadounidense) y probablemente capaz de transportar múltiples cabezas nucleares. Y, entretanto, se difumina el marco regulador de la proliferación de armas nucleares y, en apenas cuatro meses, el START III dejará de estar vigente, sin que ni Moscú ni Washington parezcan muy interesados en renovarlo.

Irán vuelve a poder comprar y vender armas trece años después de un embargo que, en todo caso, la Unión Europea parece dispuesta a mantener en la práctica. Un hecho que pone de relieve tanto el deterioro acumulado por EEUU al intentar prolongarlo (solo República Dominicana apoyó la idea estadounidense en el Consejo de Seguridad), como el temor a que ahora Teherán pueda aumentar aún más su apuesta militarista con el apoyo chino y/o ruso.

En Francia se registra un nuevo atentado de perfil yihadista con el asesinato del profesor Samuel Paty, ferviente defensor de la libertad de expresión, poniendo de manifiesto que, un año después de la eliminación de Abubaker al-Bagdadi, tanto Daesh como al-Qaeda siguen manteniendo una notable capacidad operativa a través tanto de sus diferentes franquicias y grupos asociados como de individuos y grupúsculos que se siente inspirados por una extremista visión del islam.

El Alto Karabaj, por si no hubiera ya suficientes, vuelve a asomarse a lista de conflictos activos, con abierta participación de actores externos como Israel y Turquía (principales suministradores de armas a Bakú), junto a Rusia (que procura mantener relaciones con ambas capitales). Como en tantos otros conflictos y crisis olvidadas –sean la que afecta a los rohinyá o las de Ucrania, Yemen, Siria y muchas otras– se vuelve a echar de menos un marco de relaciones internacionales volcado en la diplomacia preventiva y en la atención a las causas estructurales que alimentan los estallidos generalizados de violencia.

México trata de digerir que la DEA estadounidense haya ordenado la detención de Salvador Cienfuegos, todo un ministro de defensa de la época del presidente Enrique Peña Nieto, acusado de cuatro cargos de narcotráfico. No es solo un ejemplo más de la penetración del narcotráfico en las más altas esferas de las instituciones mexicanas, sino también la señal clara de que el problema ya no es solo de orden público, sino también de seguridad nacional.

Afganistán sigue sumido en un ciclo de violencia que no cesa, con los talibanes empeñados en demostrar que Washington ha sido derrotado y que el gobierno de Kabul no tiene capacidad para frenar sus aspiraciones de volver al poder. La explosión de un coche bomba en Feroz Koh (capital de la provincia occidental de Ghor), con más de una decena de muertos y un centenar de heridos, es solo un ejemplo más de lo que ha seguido sucediendo a pesar de las negociaciones intra afganas.

Por su parte, también se hace visible el aumento de la tensión entre las grandes potencias, sea entre China e India –en su frontera común en el Himalaya–, o entre EEUU y China- principalmente en los mares del sur y del este de China.

Y lo peor es que, a pesar de estas y tantas otras señales, la ONU ha terminado su asamblea anual sin pena ni gloria, desaprovechando su 75º aniversario para llevar a cabo una reforma que le permita cumplir el papel para el que fue creada. Por mucho que, a primera vista, parezcan sobrados sus 49.000 millones de dólares de presupuesto anual –contando 33 agencias y las operaciones de paz–, está claro que, además de la falta de recursos (sobre todo si se los compara con los 1,917 billones de dólares que suman los presupuestos de defensa a nivel mundial), lo fundamental es que no existe una voluntad política entre sus 193 miembros para darle el protagonismo que le corresponde en la búsqueda de la paz.

 

IMAGEN: Panorama internacional: nubes de tormenta a la vista. Una tormenta se avecina sobre Kansas (EEUU). Foto: Raychel Sanner (@raychelsnr)

 

 

ponencia

 

El pasado lunes 5 de octubre tuvo lugar en Foro de Foros la Conversación Intergeneracional “Hola Pekín, Adiós Washington: el rediseño de Oriente Próximo” dentro de el capítulo #ForoAsia y en cual participó Jesús Nuñez, Codirector del IECAH, junto con María Dolores Algora, Investigadora en la UFV y Colaboradora en el Real Instituto Elcano y Claudio Feijóo, Catedrático y Director para Asia en la Universidad Politécnica de Madrid. El evento fue moderado por Georgina Higueras, Directora de #ForoAsia e intervinieron como Conversadores.

 

 

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DDR

 

Por Francisco Rey Marcos y Alicia Daza Pérez.

 

En el año 2009 la Asamblea General de Naciones Unidas decidió establecer el 13 de octubre de cada año como la fecha en que se celebra el Día Internacional para la Reducción del Riesgo de Desastres. En esta ocasión está dedicado en la Gobernanza del Riesgo y por tanto en su inclusión en las políticas públicas de todos los estados. Tema que cobra especial relevancia en la actual situación marcada por los impactos de la pandemia del COVID-19 y por como esta crisis ha puesto de manifiesto los enormes vacíos en materia de gobernanza tanto en el plano internacional como nacional. Y en el caso de nuestro país, como se está poniendo en evidencia estos días, en los planos regional y local.

 

Pese a que en las últimas décadas se ha producido un aumento del número y la gravedad de los desastres de todo tipo y que han aparecido nuevas amenazas o empeorado otras preexistentes, la comunidad internacional sigue siendo bastante timorata para incorporar esta constatación de que vivimos con el riesgo en los acuerdos internacionales y, sobre todo, en las políticas públicas nacionales. La crisis sanitaria, social y económica provocada por la pandemia de la COVID-19 parecería ser una oportunidad para avanzar en materia de predicción, reducción, mitigación y preparación ante estos riesgos y, sin embargo, mucho nos tememos que no va a ser así. La crisis ambiental tampoco parece que esté generando este tipo de enfoques.

 

En el año 2004 se publicó el informe Vivir con el riesgo: Informe mundial sobre iniciativas para la reducción de desastres, elaborado por la Estrategia Internacional para la Reducción de Desastres (EIRD) de Naciones Unidas. El informe ponía énfasis en algo que ya era evidente para numerosas personas y colectivos: vivimos en sociedades de riesgo, como decía Ulrich Beck, de riesgos cada vez más diversos y cambiantes y, por tanto, debemos prepararnos para afrontarlos. Este documento y, sobre todo, el impacto que tuvo el tsunami que asoló las costas asiáticas a finales del mismo año, hicieron que en enero de 2005 se aprobara el Marco de Acción de Hyogo (MAH) para la reducción del riesgo de desastres, acuerdo firmado por más de 160 países que se comprometían a avanzar en el objetivo de reducir el riesgo de que se produzcan desastres. Aunque el acuerdo era limitado y muy centrado en los mal llamados desastres “naturales” o en los tecnológicos, suponía un avance conceptual y político relevante al formalizar esta idea de “reducción del riesgo”, frente a la conceptualización anterior de reducción de los desastres. Del riesgo entendido como resultado de la interacción de posibles amenazas con sociedades con diversos grados de vulnerabilidad y capacidades. En las definiciones convencionales de las Naciones Unidas el riesgo es la “Posibilidad de que se produzcan muertes, lesiones o destrucción y daños en bienes en un sistema, una sociedad o una comunidad en un período de tiempo concreto, determinados de forma probabilística como una función de la amenaza, la exposición, la vulnerabilidad y la capacidad”. El riesgo es algo socialmente construido, que varía por tanto de sociedad a sociedad y que evoluciona históricamente.

 

El MAH tuvo mucho impacto sobre todo en los países más proclives a eventos catastróficos y fue sustituido en el año 2015 por el Marco de Acción de Sendai que incorpora muchas de las lecciones aprendidas en esos 10 años También dio lugar a la creación de la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNDRR) que sustituye a la EIRD. Sendai avanza, además, en la idea de entender los riesgos como algo sistémico, más allá de una única amenaza.  Pensemos, por ejemplo, en el cambio climático debido al calentamiento global, que, en estos momentos, contribuye a la degradación ambiental y a la pérdida de biodiversidad, con los efectos consiguientes en la producción de las cosechas y de los alimentos, el comercio internacional, la volatilidad de los mercados financieros y la inestabilidad política, entre otras variables.

 

Sin embargo, pese a estos avances en materia de comprensión de los riesgos y su naturaleza sistémica, uno de los problemas que aparece cada vez como más relevante en el plano internacional es la falta de coherencia entre las diversas “agendas” internacionales, centradas solo en ciertas temáticas y no en el abordaje sistémico de los asuntos. La Agenda 2030 y los ODS, aparentemente la más importante para los países, apenas incorpora alusiones a que el camino hacia el deseado desarrollo sostenible está plagado de riesgos (desastres de todo tipo, crisis climática, pandemias, conflictos violentos, nuevas formas de violencia, desplazamientos forzados…). Es una agenda básicamente optimista que parte de un análisis excesivamente vago de los verdaderos problemas y riesgos que pueden afectar ese desarrollo sostenible que propone. Nada perjudica más al desarrollo que los desastres y, sin embargo, se sigue repitiendo el circulo vicioso de desastre-respuesta centrada en la emergencia-recuperación-repetición. Pese a la defensa a ultranza de la Agenda 2030 para muchos sectores, la respuesta a la pandemia debería servir para ver sus limitaciones, evitar repetir los patrones tradicionales de respuesta y tratar de modificarla.

 

Tampoco la Agenda de París y los diversos acuerdos en materia de cambio climático incluyen de modo coherente alusiones al riesgo en línea con el Marco de Acción de Sendai. Cuestiones como los desplazamientos forzosos producidos por la crisis climática, la interacción de diversos fenómenos diferentes, incluidos los climáticos, en el riesgo de desastres, no son analizados de forma sistemática en la Agenda de París. Según el GAR (Informe de Evaluación Global sobre la Reducción del Riesgo de Desastres 2019),  el cambio climático es uno de los factores destacados que impulsan y agudizan las pérdidas ocasionadas por los desastres y el fracaso del desarrollo. Se trata de un fenómeno que aumenta la intensidad del riesgo. Los procesos para reducir el riesgo tienen múltiples puntos de conexión con la mitigación del cambio climático, la adaptación a ese cambio y la disminución de la vulnerabilidad relacionada (p. ej., el aumento de la seguridad en la propiedad de la tierra y la mejora del acceso a la electricidad y los servicios de extensión agraria pueden facilitar la atenuación de las sequías). Sin embargo, como dicen muchos informes, pocos planes de reducción del riesgo de desastres tienen en cuenta este tipo de vínculos. Si la evaluación y la planificación de la reducción del riesgo no incluyen las diferentes hipótesis sobre el cambio climático, estaremos generando redundancia en toda nuestra labor.

 

La Nueva Agenda Urbana, por su parte, supone un claro avance que aun debiera profundizarse en materia de cómo la mayor exposición que suponen los contextos urbanos representa nuevos patrones de riesgo. Y, por tanto, hace necesarios nuevos planteamientos para abordarlos.

 

Frente a la fragmentación de las agendas internacionales a la que estamos haciendo referencia, como propone el GAR para entender los riesgos es necesario comprender qué sabemos y qué no sabemos, e incluso, intentar poner remedio a aquellos aspectos que desconocemos. El riesgo reviste una gran complejidad. Tenemos que entender cómo se afronta sin recurrir a medidas reduccionistas que aíslan los riesgos e ignoran su naturaleza sistémica. Debemos revocar las instituciones, los enfoques de gobernanza y las modalidades de investigación que tratan los riesgos de manera aislada y fuera de sus contextos socioecológicos y socioeconómicos. Este es el reto a escala internacional: incorporar el riesgo como una dimensión sustancial en cualquier política pública que pretenda el bienestar de la comunidad. Una cuestión de gobernanza.

 

En el plano nacional, el Estado español no ha sido especialmente activo en materia de reducción de riesgos. Una baja percepción del riesgo, un enfoque muy anticuado frente a los desastres y el riesgo centrado excesivamente en la respuesta y muy escasamente en las tareas de prevención, preparación o mitigación, unido a una distribución competencial compleja y a un marco jurídico obsoleto, han hecho que, pese a haber firmado tanto en Marco de Acción de Hyogo como el de Sendai, España no haya avanzado mucho en el cumplimiento de lo allí acordado. Pero ese es otro tema en el que podremos profundizar en otro momento.

 

 

Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria. IECAH

 

 

FOTOGRAFÍA: UN PHOTO, FLICKR