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Para El Huffington Post.

Turquía ha sido el punto de tránsito de un abrumador porcentaje de los 500.000 refugiados y emigrantes que han alcanzado el territorio comunitario por vía marítima en lo que va de año. Pero, aun sabiendo que Siria era el principal foco de emisión, entre los Veintiocho se prefería seguir pensando hasta ahora que el conflicto era solo un problema interno o, como mucho, de los países vecinos. Y solo cuando la presión se ha hecho tan visible en nuestras fronteras durante este pasado verano y cuando todas las previsiones apuntan a su aumento, es cuando la Unión Europea (UE) parece tomar conciencia de que se trata de una crisis global.

Una crisis que ha saturado las capacidades de acogida de países como Líbano, Jordania y Turquía y que, en consecuencia, ha llevado a quienes escapan de la violencia y solo aspiran a poder llevar una vida digna a dirigir sus pasos hacia los países de la Unión. Es ése, por encima de cualquier otro, el factor que más claramente explica las razones de que finalmente estén llamando a nuestras puertas. Eso no quiere decir que Gobiernos como el jordano o el turco no estén también procurando recabar una mayor atención de la comunidad internacional a un drama que durante estos últimos cuatro años están soportando básicamente con sus propias (y precarias) fuerzas. Pero carecen de fundamento los rumores que pretenden presentar la actual oleada de refugiados tratando de entrar en la UE como la consecuencia de un oscuro plan turco para crearle un nuevo problema a los Veintiocho.

Mientras, en defensa de sus propios intereses legítimos, el monarca jordano se ha limitado a reclamar en la Asamblea General de la ONU un mayor volumen de fondos para atender a la carga que supone el hecho de que el 20% de los que hoy habitan en ese frágil país sean refugiados, el primer ministro turco, Ahmet Davutoglu, ha ido más allá. En realidad, Turquía lleva tres años demandando la creación de una zona segura en el norte de Siria, en la que puedan confluir buena parte de quienes huyen de los violentos de cualquier bando. Una medida de ese tipo, tanto en su vertiente humanitaria como militar (por necesidad de tropas desplegadas en el terreno y de cobertura aérea), escapa a las capacidades de Ankara. Sin embargo, hasta ahora la comunidad internacional ha preferido mirar para otro lado, haciendo recaer la tarea en las autoridades turcas.

Una tarea que ha supuesto asumir la entrada de dos millones de refugiados en un país de unos 75 millones de habitantes (frente a los 40.000 que hasta ahora ha aceptado el conjunto de la UE, con un total de 500 millones de ciudadanos, a los que habría que sumar en todo caso otros 120.000 en los próximos dos años). Dicho en términos económicos, Ankara ya ha dedicado unos 7.000 millones de euros a atender a ese creciente colectivo de personas desamparadas, mientras la Unión tan solo ha colaborado con unos doscientos millones, a los que ahora el comisario encargado de la Política de Vecindad y de Ampliación, Johannes Hahn, pretende sumar otros 1.000 si logra convencer a los Gobiernos comunitarios. Y a esta última cifra, para ayudar a atender las necesidades más perentorias de los refugiados ya instalados en suelo turco, Bruselas estaría dispuesta a añadir lo necesario para financiar igualmente el establecimiento de nuevos campos de refugiados en suelo turco. En resumen, los Veintiocho le están pidiendo a Turquía que siga soportando la carga y que colabore con Bruselas en actuar como filtro para evitar que la presión migratoria se haga más aguda.

¿Puede extrañar que en esas circunstancias Ankara haya rechazado la oferta? Lo que, por boca de Davutoglu, ha hecho saber Ankara es que no acepta la propuesta y que, como alternativa, lo que demanda es que la Unión financie un macrocampo de refugiados construido por Turquía en una zona segura en el norte de Siria, estructurado en tres secciones y con una capacidad para atender a 300.000 personas cada una.

¿Puede extrañar asimismo que Turquía, menospreciada en tantas ocasiones por Bruselas en su intento de integrarse algún día en el exclusivo club comunitario, trate de aprovechar las necesidades de los Veintiocho para obtener ciertas compensaciones? Es así como hay que entender su reclamación, a cambio de convertirse en filtro para quienes quieran entrar en la Unión, de combatir a las mafias que mueven a los que aspiran a llegar a territorio comunitario, de gestionar en origen las solicitudes de visado, de readmitir a quienes hayan entrado irregularmente en la UE a través de su territorio y de retocar su marco legal para aceptar que los refugiados puedan integrarse en el mercado laboral turco. Lo que Turquía pretende como contrapartida es la eliminación del visado que se le exige a sus ciudadanos para entrar en el espacio Schengen -es el único candidato a la Unión al que se le impone ese trámite-, la aceleración de las negociaciones para la entrada en la UE y un notable incremento de las ayudas financieras para atender a los refugiados y paliar los efectos negativos que su presencia está causando en el desarrollo y seguridad nacionales. De eso va a hablar Erdogan estos días en Bruselas. ¿Es tanto lo que pide?