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Colaboradora: Ida de la Hera

Todo indica que el detonante de las revueltas que están teniendo lugar en Urumqi, la capital de la región de Xinjiang, está en la provincia de Guangdong, al sureste de China. Allí han muerto dos trabajadores uigures -etnia minoritaria de la región de Xinjiang- a manos de la policía china durante unas protestas relacionadas con temas laborales en una fábrica de juguetes. Tras este incidente, salieron a las calles de Urumqi cientos de ciudadanos uigures para secundar una manifestación que, aunque inicialmente era pacífica, tuvo como resultado el durísimo enfrentamiento entre las etnias uigur y han – mayoritaria esta última en China-. A día de hoy los enfrentamientos ya han provocado alrededor de 1.400 detenidos, miles de heridos y más de 150 muertos según fuentes gubernamentales –más de 800 según el Congreso Mundial Uigur-.

Más allá de este reciente episodio de violencia, para comprender el origen del conflicto debemos remontarnos varios siglos atrás en el tiempo. Desde hace más de 4.000 años los uigures viven en lo que hoy es la región de Xinjiang, zona que pertenecía a la región de Turkistán (que abarcaba parte de los países que forman en la actualidad Asia Central, como Afganistán, Turquía, las antiguas república ex soviéticas y China), siendo su territorio conocido como  Turkistán Oriental. A principios del siglo IX se inicia, a raíz del contacto de este pueblo con las poblaciones musulmanas, la conversión de los uigures al islam. Turkistán Oriental fue invadido y anexionado por el imperio manchú por primera vez en el año 1759 –anexión fallida tras varios levantamientos- y de nuevo en 1876.  Tras ocho años de intensísimas luchas entre los dos bandos, en 1884 se produjo la anexión definitiva del Turkistán Oriental a China, convirtiéndose así en la región de Xinjiang (‘nuevo territorio’).

Tras la Revolución Xinhai de 1911, que tuvo como resultado la derrota del imperio manchú de la dinastía Qing y el establecimiento de la República de China, la población uigur aprovechó para levantarse en contra de la ocupación y reclamar, una vez más, su independencia. Sin embargo, fueron rápidamente reprimidos por el nuevo orden comunista chino con la ayuda de la Unión Soviética, con la entrada del Ejército Popular de Liberación (fuerza armada del Partido Comunista Chino y en la actualidad ejército de la República Popular China) en la región en 1949, año en que pasó a denominarse Región Autónoma Uigur de Xinjiang –nombre que mantiene en la actualidad-. La región de Xinjiang, rica en gas y petróleo, cuenta con inmensos desiertos, cadenas montañosas y grandes mesetas. Lugar de paso de la Ruta de la Seda, cuenta con cerca de un 50% de población uigur, de religión musulmana y de lengua túrquica uigur, lo que los convierte en más próximos a los habitantes de otros países de Asia Central con los que limita Xinjiang (como Pakistán, Afganistán o Mongolia), que a la propia etnia mayoritaria china han.

Desde la primera anexión del Turkistán Oriental a China, su población ha sufrido constantes ataques tanto directos como indirectos. Según los propios uigures, desde Pekín se está llevando a cabo una estrategia de “hanización” (colonización de esta zona por parte de la etnia han) que persigue impedir su pleno desarrollo económico (explotando sus recursos de gas y petróleo), social, cultural y religioso, convirtiendo a Xinjiang en una de las regiones más pobres de toda China.

La población uigur posee un gran sentimiento nacionalista, que hace que siga reclamando su independencia. En varias ocasiones movimientos separatistas han atentado contra las fuerzas de seguridad chinas, tal y como pudimos leer en la prensa días antes de la celebración de los recientes Juegos Olímpicos de Pekín, aunque éstos hechos no han sido reivindicados formalmente por ningún grupo, ni han podido ser verificados por otros medios de prensa extranjeros –la única información que apunta la autoría de los atentados es el gobierno chino-.

Lo que sí sabemos con certeza es que, después del 11-S, el gobierno chino acusó a los uigures de “terroristas”, asegurando su vinculación al ETIM  (Movimiento Islámico Independiente del Turkestán Oriental) y a Al-Qaeda, sosteniendo que habían recibido entrenamiento en Pakistán y Afganistán –una afirmación no verificada, que condujo a que el ejército estadounidense capturara al menos a 22 uigures en Afganistán (exiliados para huir de la represión del gobierno chino) y los retuviera en Guantánamo sin ningún cargo contra ellos-. Aprovechando que se trata de una minoría musulmana, el gobierno de Pekín utiliza la tan trillada amenaza terrorista para justificar la brutal represión policial que aplica contra esta población.

La comunidad uigur en el exilio desempeña un papel importante en la defensa de los intereses de su población, como es el caso del Congreso Mundial Uigur y su líder Rebiya Kadeer, a los que China acusa de estar detrás de este tipo de revueltas. Sin embargo, no están solos ya que, como en el caso del Tíbet, parece lógico pensar que desde Occidente se alienta en momentos puntuales a estos grupos independentistas, aunque sólo sea con el objetivo de presionar a Pekín. Por un lado, desde Occidente se trata de dificultar que su control cubra la totalidad del país y, por otro, debilitar su posición geoeconómica en Oriente Medio intentando reducir al máximo su posición en el reparto de las riquezas energéticas de la región.

Aunque desde muchos medios se quiere aprovechar la baza del mal llamado “terrorismo islámico” para tratar de hacernos creer que estamos ante un conflicto religioso, este enfoque es totalmente erróneo. Al igual que sucede con el Tíbet, se trata de un problema político con carácter étnico, que requiere una solución y acciones acordes a esta tipología de conflicto, en lugar de ser tomado como un choque tribal basado en convicciones extremistas de tinte religioso.

Notas:
1.- Denominado grupo terrorista por la ONU y EE UU.