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Mayte Carrasco es reportera freelance, analista y profesora. Premiada como mejor corresponsal en el extrajero en 2011 por el Club Internacional de Prensa (CIP) y con la mención especial Mare Terra del Premio Ones de la Fundació Mediterrani por su larga trayectoria profesional, fue corresponsal en Francia y Rusia y desde hace unos años cubre conflictos armados, colaborando con medios nacionales e internacionales como El País, Público, La Nación, DPA, Cadena SER, Yo Dona, Informativos Telecinco, Foreign Policy Edición Español, La Nación, Opendemocracy, etc. Produce, graba y edita su propio trabajo.

Entre sus últimas coberturas se incluyen las revoluciones árabes: casi un mes en Siria (Homs), la guerra en Libia desde Trípoli (un mes bajo el régimen y caída de Gadafi en agosto), la zona rebelde de este y el drama de los refugiados en la frontera de Ras Ajdir (Túnez-Libia); la revolución Egipcia (El Cairo). Otros: La guerra sucia del Cáucaso Norte (Chechenia, Ingushetia); los secuestros y el terrorismo de Al Qaeda en el desierto del Sahel (norte de Malí); la guerra entre Rusia y Georgia en 2008 o el conflicto de Afganistán 2009-2010, donde viaja a menudo.

Aprovechando su reciente estancia en Siria, hemos aprovechado para hablar con ella sobre los posibles avances y la situación actual del país.

 

¿Qué te parece el plan de paz de la ONU, servirá para frenar la violencia?

El Plan de la ONU es solo un falso intento de la comunidad internacional de demostrar a la opinión pública mundial que trabaja por una solución pacífica en Siria, cuando en realidad hasta ahora no ha habido consenso ni intención firme de hacer algo para frenar la violencia que arrancó hace un año y que ha dejado ya 9000 víctimas, hombres, mujeres y niños. Es un plan cobarde, vacío de contenido y de voluntad de solucionar el conflicto a corto plazo, un fracaso anunciado porque según se temía el régimen de Al Asad incumplió el alto el fuego desde el principio y siguió bombardeando y matando a su pueblo hasta hoy, pretendía ganar tiempo para acabar el trabajo. La misión de observación de nada sirve cuando el experto de la ONU visita una localidad durante unas horas, se paralizan temporalmente los bombardeos y se reanudan justo cuando se va. Además van acompañados de mokhabarats (miembros de la inteligencia siria) y todo el que se atreva a acercarse y denunciar la verdad sabe que será castigado, encarcelado, torturado, o asesinado. El plan de paz tampoco contempla que Bashar al Asad abandone el poder, de modo que cabe preguntarse qué voluntad real hay en evitar más muertes de civiles inocentes.

¿Cómo explicar a un niño de cinco años sirio que seguirá corriendo el riesgo de morir en el salón de su casa bajo los bombardeos porque el plan de paz es papel mojado? Expliquémosle que la comunidad internacional es incapaz de llegar a acuerdos comunes porque está dividida y hay intereses muy diversos entorno a Siria. Que, por un lado, Al Asad cuenta con fuertes y poderosos amigos como Rusia, China, Irán, de ahí que no se haya podido ir más allá de las sanciones económicas. Digámosle que hay un grupo de amigos de la oposición, pero que ha quedado diluido en el papel, sin compromisos clave que lleven al fin de la violencia inmediata ni les ayuden a cohesionarse, como hicieron con el Consejo Nacional de Transición libio (CNT). Imaginen la indignación de ese niño y su familia que ven la doble vara de medir de occidente, que escucharon en su día al presidente Obama ordenar la rápida intervención en Libia bajo la gran nueva doctrina de « la responsabilidad de proteger », asegurando que « mirar y no hacer nada hubiera sido una traición a lo que somos ». Piensen lo que siente esa población que lleva un año manifestándose pacíficamente y sólo han obtenido desapariciones, torturas, ejecuciones, bombardeos indiscriminados sobre la población indefensa, igual de desprotegida que la de Bengasi en su día. Se sienten del todo abandonados y este Plan de la ONU les parece una burla.

¿Cuál es la razón para que la ONU no se dirija, en su hoja de ruta, al fin del régimen de Assad?

Algunos de los países que conforman la ONU y han elaborado ese Plan de Paz temen que la caída de Al Asad pueda ser el desencadenante de una serie de nuevos conflictos interestatales o internos en la región de Oriente medio, una zona que responde al esquema de un castillo de naipes, si se toca un país, una carta, puede derrumbarse con rapidez y afectar a los vecinos, algunos muy frágiles como El Líbano. Parece que todos, amigos o enemigos de Siria, quieran el status quo. La pregunta es: ¿podrán evitar la caída del régimen a largo plazo? Eso ya es algo que tiene difícil respuesta, la resistencia luchará hasta la muerte.

El régimen de Al Asad sólo podría derrumbarse rápidamente si hubiera una verdadera voluntad por parte de Arabia Saudí, Catar y Turquía, países a los que acusan de financiar de forma masiva el derrocamiento con dinero para sobornos, salarios de soldados del Ejército Libre Sirio (ELS) y armas. Podrían hacerlo, pero la realidad es que hasta ahora no lo han hecho. Sobre el terreno, ese dinero no ha llegado nunca tal y como comprobé observando un ELS pobre, sin medios, sin armas, incapaz de defender a una población, sin poder hacer nada con sus kalashnikov frente al bombardeo del Ejército de Al Asad, muy superior, con tanques y artillería pesada. Creo que esos países han decidido finalmente no intervenir de forma decisiva y definitiva porque la partida de Bashar supondría también un peligro para su estabilidad e intereses, de modo que siguen jugando sus cartas con calma y de forma gradual, sin grandes gestos ni movimientos (lo vimos cuando las tropas de Al Asad asesinaron a refugiados en Hatay durante la semana santa en territorio de Turquía, miembro de la OTAN, y el tema se silenció en dos días), de modo que la represión seguirá y desgraciadamente durará mucho tiempo.

¿Apoyos como el anunciado por el ayatolá Jameini al régimen sirio responden más a una consonancia política o a una oposición constante a occidente?

Responden por un lado a consonancia religiosa y a intereses económicos y geoestratégicos. Irán es un país chíi (rama del Islam enfrentada a la suní) al igual que la minoría alauita chií que gobierna Siria y que además tiene grandes intereses económicos en ese país, de ahí la voluntad manifiesta de mantener y apoyar al régimen de Al Asad con todos los recursos que tiene al alcance para evitar una posible llegada de los enemigos suníes al poder. Además es un momento histórico en el que Irán aspira por primera vez a ser líder de la región, ahora que los estadounidenses se han ido de Irak. Para ello, Teherán no ha escatimado en medios y ha ayudado a Damasco a organizar la represión, a evitar sanciones, a monitorizar el tráfico de Internet, a proteger su economía, a proveer armas y a movilizar a aliados como Rusia, con quien tiene buenas relaciones. Al mismo tiempo, también responde a una oposición a occidente porque en ese peligroso enfrentamiento sectario entre suníes y chiíes, occidente ha tomado partido y se han alineado claramente con países suníes como Arabia Saudí o Catar.

¿Por qué la propaganda del régimen señala a Al Qaeda detrás del Ejército Sirio Libre?

La revolución siria no es consecuencia de la conspiración sionista, imperialista, terrorista.. etc, sino que responde esencialmente a una sublevación contra un sistema corrupto y policial que perdura desde hace 49 años y en la que solo unos privilegiados próximos a la mafia del régimen pueden evolucionar, en medio de un paro endémico y un reparto muy desigual de la riqueza. Son seres humanos que exigen libertad política y de expresión sin que tengan que morir asesinados o torturados por ello.

La estrategia del régimen es avivar el miedo a Al Qaeda señalando a los opositores como terroristas. No es nuevo, ya lo hicieron Mubarak o Gadafi con la estrategia de « o yo o el caos". Según mi experiencia, el Ejército Libre Sirio está compuesto por desertores, musulmanes suníes que ganan una quinta parte de lo que ganaban en el Ejército de Al Asad y que no tienen armas suficientes para defender a la población civil. Una tercera parte son salafistas, pero no hay extranjeros yihadistas venidos de fuera y están dirigidos por Riad Al Asad desde Turquía, de modo que no son en absoluto milicias armadas independientes, se trata de un Ejército.

Sin embargo, la teoría de la presencia de Al Qaeda en Siria jugando un papel decisivo ha tenido un gran éxito y un amplio eco en la prensa internacional por culpa del precedente de la guerra civil Libia, donde sí había elementos radicales aislados entre los combatientes, que no mayoritarios. Pero asustan mucho a una opinión pública occidental que los asocia rápidamente a la violencia terrorista que puede instalarse en el poder. Los analistas y periodistas de internacional han hecho balance de las revoluciones árabes centrándose únicamente en el aspecto religioso, criticando el triunfo de los partidos islamistas que tienen éxito tras el derrocamiento de los dictadores. Pero es necesario explicar que ese aumento del conservadurismo islamista y su llegada al poder (por las urnas) no es sinónimo de más atentados, sino que supone un retroceso en las libertades y derechos de los propios ciudadanos (y sobre todo ciudadanas) árabes. Que los partidos musulmanes radicales puedan expresarse a través de la vía política hacen que dejen de sentirse atraidos por los grupos terroristas internacionales, en mi opinión.

Ahora bien, la prolongación en el tiempo del conflicto sirio tendrá consecuencias nefastas para el aumento del radicalismo islámico en la zona: al sentirse abandonados por la comunidad internacional, la población menos religiosa musulmana siria comenzará a confiar cada vez más en la Yihad, la guerra santa, como único modo de alcanzar la libertad y la dignidad y terminar con la sangrienta represión, visto que nadie les ayuda. Ese enquistamiento, como en el caso de Palestina, dará un balón de oxígeno a Al Qaeda, porque uno de los objetivos de Bin Laden fue el derrocamiento de los dictadores que oprimen al pueblo árabe. No hacer nada para desalojar a Al Asad alimenta de nuevo un argumento que diluimos en Libia, donde la OTAN ayudó a los objetivos de Al Qaeda. Además, ahondará en la fractura religiosa separando a musulmanes suníes y chiíes, a cristianos, kurdos, armenios y otras minorías presentes en el país.

Algunos expertos apuntan a que Assad acepta –aunque con salvedades- el plan de ONU como parte de una estrategia de limpieza de imagen ante las próximas -y primeras desde 1963- elecciones multipartidistas del 7 de mayo. ¿Puede alguien como Assad limpiar su imagen y ganar las elecciones?

En este caso el régimen ha debido de ser aleccionado por la Rusia de Putin, esa falsa democracia en la que la oposición no tiene cabida, aunque lo parezca de cara a la comunidad internacional. Esas elecciones serán una farsa, porque en Siria ya existen partidos nacionalistas o de izquierdas que son aceptados por las autoridades, pero han terminado todos bajo la tutela del partido gobernante Baaz a través del Frente Nacional Progresista, de modo que se trata de una falsa pluralidad del sistema político. Con las calles manchadas de sangre tras un año de represión, ¿alguien puede creerse que haya libertad política de la noche a la mañana en un lugar donde manifestarse puede suponer la muerte, la prisión, la tortura, o la persecución de tu familia? Después de haber visto un barrio entero como el de Baba Amro, cercado y con doce horas ininterrumpidas de bombardeos, con quinientos morteros cayendo sobre población indefensa de forma aleatoria e indiscriminada, cuesta mucho creer en las reformas de un hombre que ha engañado a todos con su educación occidental y que al final ha demostrado ser aún más cruel que su propio padre, Hafez Al Asad.

Mayte Carrasco, freelance reporter

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