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Son ya tres meses los que han pasado desde que la tierra tembló bajo los pies de los nepalíes dejando devastadoras consecuencias. En su informe "Nepal Earthquake Humanitarian Situation Report" publicado el pasado 25 de julio acerca de la situación humanitaria del país, UNICEF se muestra optimista sobre la recuperación de esta región así como pone de manifiesto las grandes dificultades que aún atraviesa la población y que sufren especialmente los grupos más vulnerables de ésta, como los niños y niñas.

Optimismo, pero con los pies en la tierra

La mejora en la situación humanitaria del país se debe, en gran parte, a la sobresaliente respuesta que la comunidad internacional proporcionó tras la catástrofe cuyas pérdidas se estiman en siete mil millones de dólares. El 22 de junio el Gobierno de Nepal declaraba el final de la fase de emergencia y varios países reducían sus restricciones para viajar al país.

Pese a estos avances, la vida de gran parte de la población está lejos de volver a la normalidad. Alrededor de 5,2 millones de personas viven en los 31 distritos afectados, de las cuales 2,8 millones residen en los 14 distritos más perjudicados y siguen requiriendo asistencia humanitaria vital.

Doble esfuerzo

Con el todavía reciente recuerdo de los seísmos ha llegado, como cada año, el monzón de junio. El impacto de las lluvias torrenciales ha empeorado la situación dificultando el acceso a los distritos más remotos del país, lo que se traduce en una demora del proceso de recuperación tras los terremotos. Además, se estima que un 90% de la población afectada por los mismos vive en áreas con alto riesgo de deslizamiento de tierras e inundaciones.

La temporada de monzones que, por lo general, dura tres meses, puede traer consigo brotes de enfermedades contagiosas mortales como el cólera o la diarrea debido a que las grandes precipitaciones exacerban las ya de por sí pobres condiciones higiénicas y sanitarias. Como medida de prevención, se han repartido 400.000 kits sanitarios, además de proporcionar agua potable sin riesgo de infecciones a más de 600.000 personas en sus hogares y campamentos.

Asimismo, las instalaciones sanitarias, escuelas y refugios corren el riesgo de aislarse aún más como consecuencia de las inundaciones que imposibilitan el acceso de pacientes a cuidados vitales, impiden que los niños y niñas continúen asistiendo a la escuela y obstaculizan la llegada de suministros de emergencia a los refugios.

Lo que nos dicen las cifras

Una respuesta humanitaria eficaz y completa requiere de la actuación sobre distintos núcleos que, propiamente abordados, contribuyan a la reparación total de los daños.

Agua, saneamiento e higiene: El agua potable o unas condiciones higiénicas oportunas son garantes de salud y evitan la propagación de enfermedades infecciosas. Alrededor de 1.140.000 personas en los distritos más gravemente dañados carecían, tras los terremotos, de acceso a una cantidad adecuada de agua potable para beber, cocinar o asearse. UNICEF, en su lucha contra estas condiciones, ha llegado a 840.000 personas a las que ha proporcionado suministros de jabón o agua limpia.

Nutrición: Una alimentación propia en edades de crecimiento queda relegada a un segundo plano en situaciones de emergencia donde la comida escasea. Con el fin de evitar la desnutrición en la población más joven se han llevado a cabo programas de concienciación sobre los beneficios de la lactancia materna. Además, se ha tratado a 1.055 niños y niñas con serios problemas nutritivos en los Programas Terapéuticos para Pacientes no hospitalizados (OTP, por sus siglas en inglés).

Salud: El ámbito sanitario centra la atención de la respuesta más inmediata tras un desastre natural con el objetivo de aliviar el trauma provocado y asegurar un acceso equitativo al cuidado médico. UNICEF proporcionó a esta causa 293 campamentos, 400 equipos con material quirúrgico o 1.080 kits de asistencia en el parto entre muchas otras aportaciones.

Protección infantil: La protección infantil busca evitar la trata de niños y niñas, así como su explotación o la separación de sus familias. En este aspecto, UNICEF aboga por los mecanismos comunitarios en los que se involucren distintos actores de la sociedad. Esta estrecha colaboración ha dado como resultado el rescate de 513 mujeres y niños/as en peligro de entrar en una red de trata de personas o la creación de programas de apoyo psicológico que han llegado a 89.371 niños, niñas, padres y madres.

Educación: Volver a la escuela lo antes posible contribuye, en gran medida, a la recuperación psicológica de niños y niñas víctimas de un desastre natural. Para ello UNICEF ha habilitado 1.061 centros de enseñanza temporales y ha formado a 2.414 maestros y maestras en temas de asistencia psicológica para sus alumnos.

Comunicación: Los canales de comunicación dentro de una comunidad promueven el diálogo entre la población afectada y la difusión de información que puede llegar a salvar vidas como la previsión de monzones o desplazamientos de tierra. Durante la respuesta humanitaria se han emitido mensajes radiofónicos de información y ayuda a través de las estaciones de radio de 65 comunidades.

Niños y niñas, víctimas de la desesperanza

La vulnerabilidad de la población más joven se ve incrementada tras un desastre natural exponiéndoles a grandes riesgos. Un escenario post desastre es, a menudo, testigo de situaciones desesperadas donde los niños y niñas son las principales víctimas.

"Le abandonamos pues no pensábamos que hubiese esperanza de que sobreviviera" – declara un padre refiriéndose a su hijo de seis años con neumonía crónica que, tras el terremoto, no podía recibir los cuidados y medicamentos que necesitaba.

"Le ofreció un trabajo mejor en otra ciudad, a salvo de terremotos y con buenas condiciones laborales. Cuando llegaron a la frontera con India el pánico en la cara de Sapana no pasó desapercibido para los trabajadores de una ONG que lograron rescatarla".

El abandono o el tráfico de niños y niñas resultan de situaciones extremas donde la primera y única prioridad es la supervivencia. Para hacer frente a este tipo de desenlaces son necesarios programas de nutrición y asistencia sanitaria infantil, así como de tratamientos psicológicos que hagan frente a las secuelas de la crisis.

Por último, es importante asegurar que los niños y niñas puedan regresar lo antes posible a un entorno educativo seguro donde los profesores hayan recibido formación previa para aportar el apoyo psicológico adecuado a sus alumnos y alumnas.

A lo largo de los tres últimos meses, la comunidad internacional ha respondido rápida y generosamente a las necesidades de la población infantil de Nepal proporcionándoles agua potable, refugios, equipamientos sanitarios e higiénicos, apoyo nutricional además de soporte psicológico a ellos y sus familias.

Ahora que Nepal ha dejado de acaparar las portadas de los diarios, el trabajo para que sus habitantes recuperen la normalidad en sus vidas no debe estancarse.

Informe de situación

 
 
 
 
 
 
 

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Cifras clave:

• En el mundo hay 58 millones de niños y niñas en edad escolar primaria sin escolarizar, de los que 28,5 millones se encuentran en zonas afectadas por crisis y conflictos.

• El sector educativo recibe únicamente un 2% de toda la ayuda humanitaria y sólo el 38% de los llamamientos de emergencia respecto a este sector.

• El objetivo del 4% no es suficiente. Esto sólo alcanzaría a 7 millones de niños y niñas de los 28,5 estimados. A día de hoy sólo reciben educación en situaciones de emergencia 3,4 millones.

La aparición de la educación en emergencias como un sector de importancia en las respuestas humanitarias tiene lugar después de la Segunda Guerra Mundial, si bien durante décadas esta necesidad ha sido suplida a nivel local y humanitario. Sin embargo, en los años noventa comienza a adquirir relevancia para los donantes internacionales, estableciéndose algunas organizaciones como la Red Interagencial para la Educación en Situaciones de Emergencia (INEE, por sus siglas en inglés) y algunos estándares normativos, aunque la prioridad siguen siendo las actividades destinadas a salvar vidas.

A partir de mediados de la década del año 2000, obtiene impulso este sector a través de iniciativas como la creación del Clúster de Educación en 2007 y un cambio en el enfoque de la acción humanitaria, pasando de la centralidad de salvar vidas a la promoción de los medios de vida y su sostenibilidad. Asimismo, se aprecia la necesidad de fomentar la educación en estados frágiles y en conflicto como una medida de protección de la infancia y de construcción de paz.

Situación actual de la educación en zonas de crisis y conflicto

El Consejo Noruego para los Refugiados (NRC) y Save the Children acaban de publicar un informe conjunto (julio 2015) titulado Walk the talk. Review of donor's humanitarian policies on education, en el que analizan la situación actual del sector educativo en las emergencias humanitarias, su financiación e implementación y las políticas en esta área de los donantes clave. Los rasgos más relevantes resaltados en el informe son los siguientes:

La educación en emergencias continúa infradotada. Muchos donantes siguen priorizando las actividades destinadas a salvar vidas. Aunque desde 1999 los fondos para este sector han aumentado de forma considerable, no existe un patrón consistente a lo largo de los años, sufriendo numerosos altibajos. En términos porcentuales, sólo un 38% de los fondos solicitados para el sector educativo en los llamamientos humanitarios han sido aportados, suponiendo únicamente un 2% de la ayuda humanitaria total. Los 13 mayores donantes en este sector suman casi el 70% de la contribución total al mismo entre los años 2006 y 2014.

Por ello, alcanzar el objetivo previsto del 4% del total de la ayuda humanitaria no es suficiente. El 2% actual sólo incluye a 3,4 millones de niños y niñas en países en situación de crisis y conflicto. El 4% únicamente afectaría a 7 millones de los 28,5 millones de niños y niñas sin escolarizar.

Por otra parte, no está claro cómo se organiza el panorama de financiación de la educación en emergencias. Los datos ofrecidos por el Financial Tracking Service (FTS) de OCHA no son suficientes. Ello es en gran medida debido a la falta de claridad o la directa ausencia de políticas de educación en emergencias por parte de los países donantes. Muy pocos de ellos han centrado su atención en este sector, cubriéndolo en sus estrategias de asistencia humanitaria o, de manera más específica, en estrategias para el sector educativo. La Unión Europea ha desarrollado un libro blanco estableciendo principios, objetivos y áreas de interés sobre la educación en emergencias. Estos planes y estrategias cubren, en general, la educación en todo tipo de emergencias, especialmente estados frágiles y afectados por conflicto, construcción de paz y estabilidad, protección y rehabilitación y reconstrucción.

Sin embargo, las decisiones no se encuentran muy institucionalizadas debido a que suelen recaer en actores del nivel local y las políticas de los donantes al final están más marcadas por la situación local que por lo establecido por agencias multilaterales. Por ello, es necesaria una mejor coordinación y distribución, especialmente en contextos complicados. Asimismo, es fundamental superar la división entre humanitarismo y desarrollo, estableciendo uniones entre la educación en emergencias y las políticas de desarrollo educativas, así como el establecimiento de fondos de contingencia en los planes de desarrollo que puedan ser desviados en caso de emergencia.

Finalmente, se persigue aumentar el foco de los donantes en la calidad y el contenido, haciendo énfasis en la calidad de los resultados y estableciendo estándares para la calidad y la rendición de cuentas a través de mecanismos de monitoreo y evaluación adecuados y solicitando a los receptores la adhesión a los Estándares Mínimos de Educación establecidos por el INEE.

Recomendaciones recogidas en el informe

A los donantes y legisladores:

• Aumentar los fondos para la educación en emergencias, llegando al mínimo del 4% de su ayuda humanitaria total.

• Mejorar la distribución de la ayuda para la Educación en Emergencias y superar la brecha entre emergencias y desarrollo.

• Conseguir datos más exhaustivos sobre la financiación de la Educación en Emergencias que ayuden a tener un mejor conocimiento y permitan dedicar más fondos acorde a las necesidades.

• Mejorar las políticas de los donantes para garantizar un apoyo a la calidad de la Educación en Emergencias previsible, consistente y transparente. Estas políticas deben cubrir las fases de preparación, respuesta y recuperación así como concebirse con una financiación multianual y en coordinación con las políticas de desarrollo.

• Apoyar el desarrollo de un conjunto de evidencias para la Educación en Emergencias que monitoree y evalúe la eficacia de las estrategias, políticas planes y programas.

• Invertir de forma creciente en la calidad y la coherencia de la Educación en Emergencias a través de iniciativas y redes colaborativas internacionales.

• Contribuir a la seguridad de los niños y niñas en las escuelas, implementando la Declaración sobre Escuelas Seguras y las Directrices para prevenir el uso militar de escuelas y universidades durante conflictos armados (2014).

• Asegurarse de que los fondos destinados a la educación logran llegar a su objetivo final.

A los actores humanitarios:

• Mejorar la rendición de cuentas de cara a las comunidades afectadas. Los recursos y prioridades deben ser acordes a las necesidades percibidas por las personas afectadas, que deben ser escuchadas e incluidas en la toma de decisiones.

• Investigar y documentar las necesidades totales de la Educación en Emergencias.

• Inversión en monitoreo y evaluación para desarrollar evidencias sustanciales de cara a la mejora de la toma de decisiones en apoyo de la calidad de la Educación en Emergencias.

• Asegurarse de que la educación recibe prioridad en el terreno y de que los fondos recibidos son asignados acorde a las necesidades existentes.

• Contribuir a los esfuerzos para promover la Educación en Emergencias ligados a la agenda post-2015.

A los países en crisis o en conflicto:

• Mejorar la rendición de cuentas de cara a las comunidades afectadas por el conflicto. Los gobiernos deben garantizar que los niños y niñas reciben educación en contextos de emergencia y han de establecer los mecanismos necesarios ante posibles situaciones de este tipo.

• Asegurar el acceso a todos los actores humanitarios.

• Garantizar que las escuelas son lugares de construcción de paz, mediante la provisión de una educación libre para todos los niños y niñas y jóvenes, que incorpore enfoques sensibles al conflicto y se asegure de que la educación no contribuye a aumentar el caldo de cultivo del enfrentamiento, sino que forma parte del proceso de paz.

• Asegurarse de que los niños y niñas están seguros en las escuelas, reconociendo los colegios como zonas de paz e implementando la Declaración sobre Escuelas Seguras y las Directrices para prevenir el uso militar de escuelas y universidades durante conflictos armados (2014) y garantizar que las partes en conflicto cumplan con las mismas.

Informe Walk the talk. Review of donor's humanitarian policies on education (2015).

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"Solíamos vivir a las afueras de Damasco pero en 2012 tuvimos que huir a Irbid (Jordania), donde vivimos actualmente. Al llegar aquí fui a la escuela durante 3 meses pero después mis padres decidieron que dejara de ir por estar lejos y ser demasiado caro (...) Me casé hace un año. Yo tenía 13 y mi marido, Hamseh, 27. Le conocía de Siria, es uno de mis primos. Cuando me propuso matrimonio pensé que sería bueno económicamente para mi familia" – cuenta Bidool, de 14 años, mientras sostiene en brazos a su hijo recién nacido. Cuando le preguntan cómo sería su vida si siguiera viviendo en Siria, ella contesta: "Si estuviéramos en Siria no me habría casado; aún iría a la escuela."

Esta es la angustiosa realidad que denuncia el nuevo informe publicado por CARE el pasado mes de mayo y que lleva por título "To protect her honour: Child marriage in emergencies – the fatal confusion between protecting girls and sexual violence".

"Casándolas protegemos su honor" es el argumento más recurrido para justificar esta vulneración de los derechos humanos. En todo el mundo un total de 16 millones de niñas de edades entre 15 y 19 dan a luz cada año. 70.000 mueren durante el embarazo o el parto. Antes de la crisis siria las mujeres entre 20 y 25 años casadas y con hijos suponían un 13% de la población femenina. Tras 4 años de conflicto este porcentaje se ha elevado hasta el 25%. La diferencia de edad entre los cónyuges también es motivo de preocupación. En 2012, de todas las niñas sirias de entre 15 y 17 años que contrajeron matrimonio, un 16,2% lo hicieron con hombres 15 o más años mayores que ellas.

Conseguir dinero a cambio de la dote de la novia no es la primera motivación que mueve a las familias sirias a casar a sus hijas a edades muy tempranas. El matrimonio infantil, en muchas sociedades, es visto como una forma de "protección" y la única manera de preservar el honor de sus hijas. Las chicas que sobrepasan los 20 y no se han casado son consideradas a menudo como una carga para su familia.

En escenarios de conflicto esta práctica se vuelve más común por el miedo generalizado a las violaciones por parte de los beligerantes. La pérdida de la virginidad de una joven fuera del matrimonio supondría una vergüenza para su familia y, muy probablemente, la imposibilidad de encontrar marido en un futuro.

Refugiados sirios en Turquía han asegurado que una de las razones por las que huyeron fue por "proteger" a sus niñas de la violencia sexual y de matrimonios forzados con combatientes. Varios grupos armados en Siria recurren al uso de los matrimonios infantiles o forzosos como arma de guerra para sembrar el pánico en la población y forzar así su desplazamiento.

El matrimonio infantil nace de la desigualdad de género, el abuso de poder y falta de respeto por los derechos humanos. CARE aboga por la educación para concienciar a las poblaciones desplazas sobre los riesgos que esta práctica conlleva y transmitir el mensaje primordial de que, obligando a sus hijas menores a casarse no las protegen sino que las exponen a peligros, pudiendo llegar a convertirse en una forma de esclavitud.

Entre los países con mayor número de refugiados sirios Jordania es el que más medidas ha tomado para reducir el número de matrimonios tempranos. Agencias humanitarias por la protección infantil han llevado a cabo campañas de toma de conciencia. Asimismo, ACNUR en colaboración con otras agencias y el apoyo del gobierno, ha mejorado los mecanismos de protección a nivel legal que incluyen la instauración de una edad mínima para contraer matrimonio.

Turquía y Líbano también han sumado su esfuerzo a través de campañas de prevención lideradas por médicos y autoridades religiosas que puedan resultar cercanas a la población. De igual manera, y como parte de los programas de prevención, resaltan el papel que el empoderamiento económico puede jugar en precaver estas situaciones.

Durante emergencias humanitarias, el número de matrimonios infantiles se incrementa como consecuencia de la pobreza y la lucha de las familias por sobrevivir así como por una amenaza percibida al "honor" de las niñas. Hasta ahora las medidas tomadas a nivel internacional abordan esta cuestión con pautas que sólo se pueden implementar en contextos estables, dejando de lado los escenarios humanitarios en los que la violencia sexual ha derivado en matrimonio infantil. Si nada cambia serán 142 millones los matrimonios infantiles que se contraigan entre ahora y 2020. O lo que es igual, 37.000 niñas casadas cada día.

Las directrices que a lo largo de este año 2015 publicará CARE tendrán como fin aportar un enfoque más orientado a este tipo de contextos y terminar con una práctica denigrante para toda niña.

Informe completo

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El pasado año ha visto cómo el número de personas afectadas por diversas crisis ha aumentado hasta niveles sin precedentes. En una época en la que el número de personas desplazadas y refugiadas supera al de la Segunda Guerra Mundial, la comunidad internacional se enfrenta a grandes desafíos en un mundo cambiante.

A pesar de que satisfacer las necesidades de aquellos que requieren ayuda humanitaria depende de muchos otros factores además de los recursos económicos, una respuesta eficaz no puede ser llevada a cabo sin una cantidad adecuada de financiación.

El informe que este año publica el Global Humanitarian Assistance habla de un incremento generalizado en las donaciones destinadas a la acción humanitaria así como de un posible mal reparto de las mismas.

Nuevas emergencias. Más ayuda humanitaria aunque insuficiente.

En 2014, un año marcado por múltiples emergencias a gran escala, el volumen de ayuda internacional recibida ha alcanzado nuevos niveles récord. Se estima que 24,5 mil millones de dólares fueron destinados a ayuda humanitaria, un 19% más frente a los 20,5 proporcionados en 2013. La asistencia humanitaria internacional crece así por segundo año consecutivo.

Sin embargo, no todo son buenas noticias. Pese al considerable incremento de las donaciones, las cifras han resultado insuficientes para hacer frente a las crecientes necesidades, que también han alcanzado nuevos récords. El año 2014 no sólo dejó nuevas crisis implorando ayuda – como el brote del virus del Ébola, Irak o Ucrania – sino un acrecentamiento en la asistencia requerida por los mayores conflictos (Siria y Sudán del Sur).

Los que proporcionan la ayuda...

Entre aquellos que colaboran en la financiación de la acción humanitaria se encuentran donantes públicos, cuya contribución ha crecido en un 24% y donantes privados que presentan una aportación de un 8% mayor que el año anterior.

Entre los diez gobiernos que mayor cantidad de dinero destinan a este fin, cabe resaltar la reciente entrada en el grupo de Arabia Saudí, un esfuerzo que se suma al del resto de gobiernos en Oriente Medio que elevan un 120% sus donaciones humanitarias, en gran parte debido a las crisis actuales que sufre la región que hoy en día se sitúa a la cabeza de las áreas con mayor número de personas desplazadas internas por delante del continente africano.

En lo que a las contribuciones privadas se refiere, éstas han sufrido un incremento del 8% y suelen estar destinadas a combatir desastres naturales más que a crisis nacidas a causa de un conflicto. Los donantes privados (individuos, fundaciones, compañías y corporaciones) han aportado un 26% del total de la ayuda humanitaria registrada en 2013.

...y los que la reciben

Lo recaudado a lo largo del año ha ido dirigido en un 57% a las cinco emergencias más graves, aquellas calificadas de nivel 3 por las Naciones Unidas: Siria, República Centroafricana, Sudán del Sur, Irak y los países afectados en África Occidental por el virus del Ébola.

Asimismo, dos tercios de la ayuda humanitaria internacional continúan destinándose a conflictos prolongados como Siria, Somalia y Pakistán donde las crisis se suceden año tras año.

Este significante incremento en la financiación de emergencias de nivel 3 con respecto a años anteriores se traduce en un abandono de otras crisis que han permanecido "olvidadas" y desatendidas por la comunidad internacional.

Las ONG han recibido un 18% de la asistencia humanitaria, siendo en su gran mayoría ONG internacionales. En los últimos años ha cobrado especial importancia la necesidad de que las ONG locales ocupen un rol más importante en la acción humanitaria. Sin embargo, los datos revelan que la financiación recibida por las mismas ha descendido de un 0,4% en 2012 a un 0,2% en 2014 y que, por otra parte, el dinero designado a las autoridades de los estados afectados permanece en niveles muy bajos (3,1%).

La necesidad de adaptar la ayuda humanitaria a una realidad cambiante

Alrededor del 93% de las personas que viven en situación de extrema pobreza lo hacen en países políticamente frágiles, vulnerables a nivel medioambiental o ambos. Mientras que los gobiernos de los países afectados deberían ser los que tomasen las riendas en la reducción del riesgo de desastres y respuestas ante crisis, la realidad es que los medios de los que disponen estos son escasos en áreas tan inermes.

Lo que se extrae en líneas generales de esta última investigación publicada por el GHA es una actitud positiva dada por la pronta respuesta de los donantes internacionales ante las nuevas situaciones de alerta. De igual manera, prevalece un llamamiento a una mayor contribución que deje de resultar insuficiente para hacer frente a las emergencias y pueda ofrecer un apoyo sistemático que ayude al mantenimiento de la paz, a reducir el riesgo de futuras crisis y acabar con la pobreza.

Informe completo

Más información en: http://www.globalhumanitarianassistance.org/

IOM Iraq, 2014. An artis. Domiz Syrian refugee camp in northern Irak.

Cifras clave:

- Más de 3 millones de personas desplazadas desde enero de 2014.

- Más de 8 millones de personas precisan asistencia humanitaria.

- El nuevo plan de respuesta humanitaria para Irak solicita 500 millones de dólares para hacer frente a las necesidades de los iraquíes.

Desde que hace un año Daesh (el mal llamado "Estado Islámico") se introdujera en Irak y conquistara Mosul, la situación de la población iraquí empeora semana tras semana. Desde enero de 2014 se calculan en ocho millones las personas que precisan de asistencia humanitaria (de una población total estimada en unos 30 millones de personas). El nuevo coordinador de Ayuda de Emergencia de Naciones Unidas, Stephen O'Brien, ha hecho un llamamiento a la comunidad internacional para que haga un mayor esfuerzo económico para lograr alcanzar a cubrir las necesidades humanitarias de los iraquíes.

La protección humanitaria

La protección humanitaria tiene el fin de proteger a la población civil contra los peligros de las hostilidades y las catástrofes, facilitar las condiciones necesarias para su supervivencia y ayudarla a recuperarse de los efectos de las mismas. De ahí se derivan tres funciones fundamentales: la preventiva, consistente en la protección de la población antes de que se vea afectada por un conflicto armado o un desastre natural; la reparadora, consistente en ayudar a la población a superar los efectos adversos que se hayan producido y lograr la vuelta a la normalidad; y la de salvaguardia, que hace referencia al establecimiento de las condiciones necesarias para la supervivencia de una población, por ejemplo, protegiendo bienes indispensables como el agua.

Bajo esa múltiple óptica, las acciones que puede llevar a cabo la protección humanitaria en contextos de conflicto o desastres naturales son, entre otras, las siguientes: servicio de alarma, evacuación, habilitación y organización de refugios, salvamento, servicios sanitarios, lucha contra incendios, detección y señalamiento de zonas peligrosas, descontaminación y medidas de protección similares, provisión de alojamientos y abastecimiento de urgencia, medidas de urgencia para restablecer servicios públicos indispensables, asistencia para preservar los bienes indispensables para la supervivencia y otras medidas complementarias.

Y para que estas labores puedan ser garantizadas, los organismos encargados de llevarlas a cabo deben respetar en todo momento los principios humanitarios de humanidad, neutralidad, imparcialidad e independencia. Sin esta premisa básica se corre el riesgo de ser visto como parte combatiente, con las consecuencias negativas tanto en la protección del personal humanitario como en la imposibilidad de acceso a las víctimas y la distribución de la ayuda humanitaria. Aun así, es obvio en demasiados casos que el cumplimiento de estos principios no garantiza el acceso a las personas en riesgo humanitario cuando se trata con actores como, en este caso Daesh, que no reconocen estos principios humanitarios y no se sienten obligados por el Derecho Internacional Humanitario (DIH).

Dificultades y violaciones del DIH en Irak

La protección de la población en Irak se está viendo dificultada por distintos factores, especialmente, la violencia extrema a la que está siendo sometida tanto por parte de las milicias de Daesh como por los ataques del ejército iraquí y las milicias chiíes y los bombardeos de la coalición internacional.

El respeto generalizado al DIH es inexistente, tal y como ilustran los ataques reiterados contra la población civil. Las milicias de Daesh han cometido masacres indiscriminadas contra numerosos colectivos, debido a su adscripción religiosa a otro credo o a la rama chií del Islam, así como a los musulmanes suníes que se niegan a aceptar su autoridad. Las matanzas han afectado especialmente a los hombres, mientras que las mujeres y niños y niñas han sufrido secuestros y han visto agravadas sus condiciones humanitarias. En concreto, las jóvenes y adolescentes están sufriendo condiciones de esclavitud, en las que son vendidas a distintos líderes y guerrilleros de la organización y son mantenidas en cautiverio. Aunque aún no podemos hablar de genocidio en sentido estricto, Daesh sí que ha procedido a una limpieza étnica en la región bajo su control, como muestra la especial persecución contra los miembros de las diversas minorías existentes en el territorio que controlan (sean cristianos o yazidíes, turcomanos, kakais o shabaks).

Por su parte, el ejército iraquí ha causado la muerte de numerosos civiles inocentes al no discriminar en sus ataques aéreos y artilleros en áreas urbanas. Por su parte, las milicias chiíes también han cometido diversas masacres, así como torturas y violaciones, cebándose especialmente con la población suní, por considerarla colaboradora de los yihadistas. Asimismo, las fuerzas armadas iraquíes han faltado a su deber de proteger a la población civil de los ataques de los milicianos, al abandonar zonas que controlaban frente al avance de los violentos.

Estas violaciones también han provocado numerosos desplazamientos de población, debido al miedo a sufrir el mismo destino que otros compatriotas. La población desplazada interna en Irak asciende a 3 millones de personas aproximadamente. De ellas unas 530.000 se encuentran en la provincia de Anbar, mientras que las provincias de Bagdad y Dahuk acogen a 483.000 y 445.000 personas respectivamente. Otros dos millones de personas se encuentran en el Kurdistán iraquí.

La protección de la población en Irak

La protección de los colectivos de población iraquí anteriormente mencionados se está llevando a cabo por los distintos actores humanitarios, como las agencias de Naciones Unidas ACNUR, UNICEF, OCHA, así como por el Comité Internacional de la Cruz Roja y la Media Luna Roja y numerosas ONG tanto internacionales como locales.

Hasta ahora las labores de protección humanitaria se han ceñido sobre todo a la evacuación de las poblaciones amenazadas por los ataques, tanto de los yihadistas como de las milicias paraestatales; a la habilitación y organización de refugios y a la provisión de alojamientos y abastecimientos de urgencia. Puesto que el mayor problema en Irak es la enorme cantidad de personas desplazadas internamente, la gran labor de ayuda ha consistido en la habilitación de 12 campamentos de refugiados y 30 centros colectivos. Estos difieren según la ubicación: urbanos en la provincia de Bagdad, los campos de Al-Obaidi y Al-Waleed (en la provincia de Anbar), y varios campos en la provincia norteña de Dahuk. Asimismo, hay que señalar el importante papel que está jugando el Gobierno Regional del Kurdistán, no sólo haciendo frente militarmente al avance de los yihadistas, sino también en el plano humanitario. El Kurdistán iraquí acoge a más de 2 millones de iraquíes, repartidos en diversas ubicaciones como los campos de Makhmour, Arbat, Erbil y otros muchos. Esta zona del país es en la que los actores humanitarios tienen más fácil acceso a la población necesitada. Por el contrario, la zona oeste del país, fronteriza con Siria y bajo control de Daesh es donde resulta mucho más complicado.

Asimismo, y a pesar del grave deterioro de las condiciones de seguridad, se ha podido prestar asistencia sanitaria a millones de personas y 5,3 millones de niños y niñas han sido vacunados contra la polio. Numerosas escuelas han sido también rehabilitadas y se han establecido espacios de aprendizaje temporales. La labor de los distintos actores en la respuesta humanitaria se ha centrado en acceder a aquellas personas necesitadas de las que el gobierno iraquí no podía hacerse cargo. Sin embargo, afrontar estas necesidades requiere una constante financiación. Por ello, el pasado 4 de junio, en Bruselas, fue lanzado el nuevo Plan de Respuesta Humanitaria para Irak, que solicita una contribución de 500 millones de dólares para hacer frente a las necesidades de los iraquíes durante los próximos seis meses. Este plan será financiado conjuntamente con el gobierno iraquí, pues se plantea hacer una transición en el liderazgo de la asistencia a las autoridades locales. La población iraquí seguirá sufriendo esta dramática situación mientras la violencia generalizada y la amenaza que representa Daesh no desaparezcan. El peligro es que esta situación profundice aún más el conflicto sectario en marcha y que agrave todavía más la grave crisis humanitaria que sufre el país mesopotámico.

Enlaces de interés

Plan de Respuesta Humanitaria para Irak

Informe de Situación nº 47 OCHA

Información sobre Iraq UNHCR