Zaatari_Camp._Heinrich-Bll-Stiftung

El pasado 7 de junio, las agencias humanitarias de la ONU realizaron su mayor llamamiento a la comunidad internacional para recaudar fondos que permitan mitigar la devastadora situación que sufre la población siria debido a la guerra civil en la que se ve inmersa desde marzo de 2011. Para el Alto Comisionado de ACNUR, António Guterres, la necesidad de aumentar las ayudas humanitarias a Siria responde a una "cuestión de supervivencia", para la que se espera haber recaudado una cantidad total de más de 5.000 millones de dólares al finalizar el presente año.

Si atendemos a las cifras, podemos afirmar que la situación en el país es desesperada: la ONU informa de que más de 80.000 personas han perdido la vida. Además, según datos de ACNUR, el número de refugiados que han abandonado Siria desde que estalló el conflicto supera ya los 1,6 millones y más de 4,26 millones de personas se han desplazado dentro del país. Los problemas de salud, la falta de agua y de acceso a los servicios básicos son una constante entre la población. Asimismo, John Ging, director de operaciones de OCHA, alerta de que 3 millones de personas padecen inseguridad alimentaria, esto es, se ven privadas de acceso a una alimentación adecuada y suficiente. Tampoco hay apenas empleos, lo cual incrementa la vulnerabilidad y la dependencia de los sirios con respecto a las ayudas de todo tipo, y otros problemas de índole cualitativa son la acumulación de basuras en las áreas afectadas por el conflicto, el aumento de la violencia sexual y de género, así como las tensiones entre los refugiados y las poblaciones receptoras, tal como señala ACNUR.

Intermón Oxfam ha publicado en su blog los testimonios de los afectados, en el que podemos leer descripciones como la que sigue:

"No tenemos agua, sufrimos cortes de electricidad y hay ratas y ratones por todas partes. Todo está sucio. Es imposible mantener nada limpio. Hay goteras en el tejado... En Siria jamás vivimos así. Nunca pensamos que llegaríamos a vivir en estas condiciones", cuenta una mujer de 33 años, madre de cuatro hijos.

Las previsiones son, si cabe, más devastadoras. ACNUR calcula que el número de refugiados podría aumentar a 3,45 millones de personas a finales de año, lo cual supondría un claro agravante de la situación en la que malviven las personas afectadas.

Por todo ello, la ONU y las ONG humanitarias a nivel mundial han realizado este llamamiento a los países donantes para intentar contener en la medida de lo posible la tremenda crisis humanitaria que padece la población siria y que, si las variables se mantienen constantes, no hará sino empeorar en los próximos meses.

Fuentes:

- ACNUR

- Intermón Oxfam

- OCHA

- Reliefweb

Fuente de la fotografía: Zaatari Camp. Heinrich-Böll-Stiftung

 

Atencion_medica_MSF-CICR

Peter Maurer, Presidente del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) y Unni Karunakara, presidente Internacional de Médicos Sin Fronteras (MSF)

Hombres armados en hospitales, pacientes acosados; instalaciones sanitarias utilizadas para identificar y capturar a los enemigos; clínicas abandonadas y hospitales destruidos.

Servicios de urgencias colapsados donde el personal médico vive presa del miedo a represalias por haber proporcionado asistencia a un paciente; ambulancias que no pueden acceder a los heridos o quedan retenidas durante horas en controles de carretera; divisiones y resentimientos arraigados que deniegan la asistencia médica que necesitan a algunos grupos.

El Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) y Médicos Sin Fronteras (MSF) expresan su condena firme a cualquier acto que, deliberadamente, tenga por objetivo distorsionar el acto médico y denegar la atención sanitaria a los heridos y enfermos. Un paciente no puede ser un enemigo. Los enfermos y los heridos no son combatientes. La ética médica obliga a todos los trabajadores sanitarios a atender a todos los pacientes y a preservar la independencia del acto médico. El personal sanitario debe actuar de forma imparcial, priorizando la prestación de asistencia únicamente por motivos médicos. Para ello, los lugares donde trabajan, las ambulancias, las clínicas móviles, los puestos de salud y los hospitales deben ser espacios seguros y neutrales.

Sin embargo, desde Siria a la República Democrática del Congo, de Bahrain a Malí o Sudán, parece que esta imparcialidad no está siendo respetada. Y los civiles están pagando un precio muy alto, con miles de personas viéndose privadas de atención médica.

Desde finales de diciembre, 29 personas han perdido la vida mientras llevaban a cabo campañas de vacunación contra la polio en Nigeria y Pakistán, dos de los tres países donde la enfermedad sigue siendo endémica. Como en todos los demás casos de violencia contra instalaciones y trabajadores médicos, el drama que supone la muerte de las víctimas y el dolor de sus familias son sólo las consecuencias más directas de estos ataques. Miles de niños que tendrían que haber sido vacunados ahora han quedado expuestos a la polio y al riesgo de parálisis. Las organizaciones sanitarias se han visto obligadas a revisar sus actividades y a añadir cuestiones de seguridad a los retos que implica la prestación de asistencia en estas circunstancias.

La magnitud del problema es alarmante. La mayoría de los incidentes que, de una forma u otra, niega el derecho de los heridos y enfermos a la atención sanitaria pasan desapercibidos. Ocultas y fuera del alcance de los trabajadores sanitarios, gobiernos y organizaciones internacionales, muchas personas siguen padeciendo enfermedades y lesiones sin poder recurrir a la atención médica que necesitan. MSF y el CICR pretenden sacar a la luz la magnitud y las consecuencias de la amenaza que supone para la atención sanitaria. El objetivo es producir cambios reales en el terreno para que las personas, quienesquiera que sean o dondequiera que estén, puedan acceder a la atención sanitaria que necesitan sin miedo.

El desempeño y el comportamiento de los propios trabajadores sanitarios – el personal implicado en la gestión, administración y transporte así como aquellos que se encargan del diagnóstico, la prevención y el tratamiento – son fundamentales. Afianzar la aceptación de su trabajo por parte de las comunidades y los grupos políticos y militares es un prerrequisito esencial para poder operar en contextos sensibles y volátiles. Esto requiere una demostración inequívoca del respeto por la ética médica y la imparcialidad.

Y hay casos, por ejemplo en lugares de Afganistán en los que trabajan nuestras organizaciones, donde hemos conseguido garantizar la seguridad para las instalaciones médicas y la provisión de atención sanitaria a los pacientes a pesar de un contexto de violencia brutal. Si queremos estar seguro de que estos casos no son destacables excepciones a la regla; si queremos fomentar entre todos los actores la responsabilidad de protección de la atención sanitaria, necesitamos un esfuerzo global concertado.

Los símbolos que indican claramente la presencia de servicios médicos, como la Cruz Roja y la Media Luna Roja o el distintivo de MSF, deben obligar a respetar y proteger la práctica médica. Cuando son explotados o ignorados, no importa la cantidad de sacos de arena que pongamos, éstos no conseguirán ofrecer protección a los pacientes ni a los trabajadores sanitarios.

El verdadero reto es, en primer lugar, encontrar formas de prevenir estos actos. La principal responsabilidad para impedir que se acose, obstaculice o maltrate a la asistencia médica radica en los estados y en todas las partes implicadas en el conflicto. Hay que ayudar a los

trabajadores sanitarios a que cumplan con su deber médico, y los estados deben asegurar que se toman todas las medidas posibles para proteger la acción médica por medio de su legislación nacional y que estas medidas se implementan.

La protección de los enfermos y de los heridos reside en el corazón de las Convenciones de Ginebra, sin embargo la violencia – en todas sus formas – contra las instalaciones médicas y el personal sanitario representa, hoy por hoy, una de las cuestiones humanitarias más desatendidas. El acto médico beneficia a todo el mundo, combatientes y no combatientes, y cualquiera que lo necesite debe poder acceder a él, sin condiciones.

Versión en inglés

 

FOTO_ivINFORME

El miércoles 22 de mayo tuvo lugar, en la Casa de América, la presentación en España del último Informe Europeo de Desarrollo 2013, centrado en la futura agenda post 2015 de desarrollo. El acto lo abrió Gonzalo Robles, Secretario General de Cooperación Internacional para el Desarrollo, y contó con la colaboración de Gaspar Fontini, Jefe de Unidad de Política y Coherencia de la Dirección General EuropeAid de la Comisión Europea; Paul Engel, Director de European Centre for Development Policy Management (ECDPM); Raphaëlle Faure, miembro del Overseas Developmente Institute (ODI); y Javier Hernández Peña, Subdirector General de Cooperación Internacional para el Desarrollo.

Gonzalo Robles quiso destacar que los Objetivos de Desarrollo del Milenio, establecidos tras la Cumbre del Milenio en el año 2000, siempre han sido una prioridad política para España. Señaló asimismo que ahora hacia donde debemos seguir avanzando es hacia el desarrollo y la sostenibilidad, y para ello debemos trabajar en los Objetivos de Desarrollo Sostenibles (ODS), fijados el verano pasado en la Cumbre Rio+20. Por su parte, Gaspar Francini también quiso destacar el papel y compromiso de España en la iniciativa del Informe Europeo de Desarrollo, surgida en 2007 con tres objetivos principales: en primer lugar, crear puentes entre la Academia y aquéllos que toman las decisiones; en segundo lugar, potenciar la investigación para que la toma de decisiones esté bien asentada en las pruebas halladas (las famosas evidence-based decisions); y por último, impulsar el ámbito de la cooperación y el desarrollo. Los análisis para este Informe Europeo de Desarrollo son totalmente independientes y corren a cargo de tres organizaciones de gran renombre en el continente: El Instituto Alemán de Políticas de Desarrollo (DIE, por sus siglas en alemán), el Overseas Development Institute (ODI) y el European Centre for Development Policy Management (ECDPM).

En su intervención, Paul Engel comenzó analizando la agenda vigente de desarrollo, basada en los ODM. La conclusión a la que su organización había llegado es que éstos habían sido un éxito pero no era suficiente para los verdaderos problemas de desarrollo ni para la pobreza. Su primera apuesta era la de ampliar los ODM en base a la Declaración del Milenio, que fue mucho más amplia que los ocho objetivos emanados de ella. Insistió, asimismo, en la necesidad de pensar más allá de los ODM y de la Ayuda: precisamos de motores de desarrollo que proporcionen verdadero impulso, motores innovadores como el comercio, el capital (financiación) y las migraciones; la Asistencia Oficial al Desarrollo es un instrumento válido pero no el de mayor importancia, y por eso debemos fomentar estos otros tres. Destacó, por otro lado, que no debemos entender pobreza como escasez de renta, sino como un proceso dinámico carente en general de bienestar social. Quiso hacer especial hincapié en la rapidez con la que cambia hoy nuestro mundo globalizado y los daños que se derivarían de que perdiéramos el tiempo (criticó el estancamiento de procesos como la ronda de Doha, la lucha contra el cambio climático o las imperfecciones del sistema financiero global). Por último, incidió en la desigualdad creciente que existe en el mundo, un concepto que no debe contemplarse únicamente enfocado a la renta, sino también como fenómenos social: desigualdad de la mujer, de grupos sociales aislados, de jóvenes...nos hallamos, en este punto, ante un problema de raíz estructural.

Raphaëlle Faure continuó la presentación indicando las tendencias futuras en varios aspectos. En clave demográfica, anunció el incremento en la esperanza de vida y el acusado envejecimiento de la población en países desarrollados, señalando las repercusiones que esto traerá consigo en aspectos como los sistemas de pensiones, fiscales y de salud; en términos generales también destacó un aumento considerable de la población mundial. Respecto a la distribución de la misma, adelantó que para 2050, el 80% de la población vivirá en África y Asia y que dos tercios de la población mundial lo harán en zonas urbanas; para 2030, la mitad de la población urbana habitará en suburbios. De aquí evolucionará el fenómeno de la pobreza urbana. Respecto a tendencias económicas, se refirió al aumento espectacular de clases medias en países emergentes y del peligro de desempleo a largo plazo en que esto puede derivar. La siguiente tendencia sobre la que habló fue la de la pobreza, respecto a la que quiso recalcar la importancia de que la Agenda post 2015 centre especial atención a este fenómeno en los países más pobres del planeta donde los índices, ya de por sí altos, continúan creciendo. Por último, en clave medioambiental, proporcionó datos sobre el daño económico que puede infligir el calentamiento global, que puede llegar a causar una reducción del 11% del PIB mundial si la temperatura del planeta aumentara en 7º. Además, incidió en que los más afectados por estas circunstancias serían los países menos desarrollados debido a la escasez de recursos, principalmente tierra y agua. También insistió en el aumento de demanda de recursos energéticos proveniente sobre todo de las naciones emergentes.

Como conclusiones, el Informe Europeo de Desarrollo establece la importancia de tres campos para la lucha contra la pobreza: la financiación al desarrollo, el comercio e inversiones y las migraciones internacionales. Dentro del primer bloque, destacan iniciativas como una intensificación de la cooperación Sur-Sur, mecanismos innovadores como los impuestos globales o una mayor movilización de recursos domésticos en vistas a lograr una mejor redistribución de rentas a nivel interno. En cuanto al campo de comercio e inversiones, tras recordar la marginación de los países más pobres en la economía internacional, recomendó transformaciones estructurales como la promoción de exportaciones del sector moderno, lograr una menor dependencia de los precios de productos básicos como medio para reducir la alta vulnerabilidad o la mejora de coordinación de las políticas económicas mundiales mediante la armonización global de regímenes. Finalmente, respecto al bloque de las migraciones, destacó la necesidad de lograr una regulación internacional, sin duda un objetivo que tiene que estar presente en la futura agenda, que aumente las posibilidades de migrar pero que a la vez proteja los derechos de los migrantes.

Por todo ello, la relevancia en la conformación de la agenda post 2015 es que debe tratarse de una agenda transformadora, que permita y facilite un cambio económico, medioambiental, estructural y social; que permita a los países más pobres ejercer su liderazgo y que a su vez la comunidad internacional se vea dotada de la capacidad de acompañar, apoyar, pero no imponer, siendo conscientes de que contamos con recursos limitados.

El resumen de informe se puede leer en español haciendo clic en el siguiente enlace: http://www.casamerica.es/sites/default/files/2013/05/informe_de_desarrollo_europeo._summary-es.pdf

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Mañana, día 15 de Mayo, tendrá lugar en Bruselas la Conferencia de Donantes para el Desarrollo en Malí, copresidida por la Unión Europea y Francia, en la que actores gubernamentales y no gubernamentales intercambiarán puntos de vista sobre la actualidad de la región.

Con motivo de dicha reunión, Álvaro Pascual, Responsable Geográfico de Acción contra el Hambre para Malí, manifiesta su deseo de que dicho encuentro coseche resultados y que Europa "se comprometa a una ayuda sostenida y duradera orientada a fortalecer la resiliencia de la población en el largo plazo, además de asegurar los fondos de emergencia destinados a paliar crisis nutricionales".

Además de su trascendencia mediática en los últimos meses debido al conflicto armado que afecta a la zona norte del país, Malí es uno de los países africanos (y del mundo) más azotados por la inseguridad alimentaria, es decir, aquellos cuya población tiene grandes dificultades de acceso a una alimentación suficiente y adecuada.

La FAO y el PMA estiman que, a día de hoy, 1,2 millones de personas sufren inseguridad alimentaria, de los cuales casi la mitad se encuentra en el norte del país, fundamentalmente en las regiones de Timbuktu, Gao y Kidal, como consecuencia de múltiples factores: aumento de los precios de los alimentos, mercados locales cerrados, dificultades de movimiento dentro del país, o deficiente salud de los animales de ganado, entre otros. Dichos factores, a su vez, se interrelacionan con el conflicto armado que sufre la población maliense, así como con las duras consecuencias que produce el cambio climático y el calentamiento global, que afectan principalmente a regiones desérticas como las del Sahel.

En un llamamiento a la Comunidad Internacional, la FAO alerta de que muchas familias se han visto obligadas a reducir su ingesta de calorías, que los cereales se encuentran amenazados por las plagas de langostas – que arrasan todo a su paso – y que las más de 400.000 personas que se han visto obligadas a desplazarse, huyendo de la guerra y el hambre, ha dado lugar a una alta presión sobre los escasos recursos alimentarios disponibles en el país.

Según la Red del Sistema de Alerta Temprana de Hambrunas (FEWS NET), a fecha 10 de abril, sólo ha sido recaudado el 28 % de los 370 millones de dólares que la FAO estima necesarios para hacer frente a la crítica situación, y aunque ha habido una cierta reactivación del intercambio comercial (con países como, por ejemplo, Níger y Burkina Faso), y algunos desplazados internos vuelven a sus casas, en gran parte gracias a los esfuerzos desplegados por los actores cooperación internacional, aún queda mucho por hacer.

Es aquí donde los organismos y expertos internacionales focalizados en seguridad alimentaria recuerdan la necesidad de fortalecer las capacidades para reducir el riesgo de desastres, esto es, mejorar la resiliencia de estas poblaciones. Asimismo, un sector especialmente sensible es el ganadero, garante de la supervivencia de un alto porcentaje de la población de la región, y gravemente afectado por el conflicto armado.

Fuentes:

- Acción Contra el Hambre

- FAO

- PMA

- Reliefweb

Afganistan

A tan sólo una semana del terremoto de magnitud 6,6 que dejó un balance de unas 200 personas en el suroeste de China y pocos días después de que un seísmo de magnitud 8 grados en la escala de Richter acabara con la vida de 35 personas en Irán (cerca de la frontera con Pakistán), un nuevo terremoto sobreviene en Afganistán.

Este terremoto de magnitud 5,7, que ocurrió a media tarde (hora local), ha llegado a sentirse en la capital de India, Nueva Delhi y también en la capital de Pakistán, Islamabad. Según el Instituto Geológico de EEUU (USGS), el epicentro de este terremoto se encuentra a escasos kilómetros de Mehtarlam, capital de la provincia afgana de Laghmán, en una zona donde la población es de 251 personas por kilometro.

Ayudadas por los lugareños, las fuerzas de seguridad afganas están buscando a posibles víctimas entre los escombros de varias viviendas y a pesar de la escasez de datos definitivos, según la agencia EFE, el portavoz del gobernador de la provincia vecina Nangarhar, Ahmad Zía Abduzai, comunicó que "seis personas perdieron la vida y 75 recibieron heridas debido a siniestros provocados por el temblor de tierra en cuatro distritos de esta región".

Además, el sismo también ha afectado profundamente a la provincia de Kunar, donde causó graves desperfectos, además de provocar la muerte de un

hombre y al menos, siete heridos. El gobernador regional Wasifulá Wasifi explicó a la misma agencia que, según los datos publicados en un informe inicial "500 casas han sido destruidas en varios distritos de la provincia y se teme que haya más víctimas".

Resiliencia vs. Vulnerabilidad

La resiliencia se define como la capacidad de un individuo, un hogar, una comunidad o una institución para resistir un shock o contratiempo y recuperarse o "rebotar" después de un revés... haciendo frente a la adversidad mediante la adaptación, el aprendizaje y la innovación. El nivel aproximado de resiliencia de la comunidad afgana podría verse reflejado en el PIB per cápita, que podría ser utilizado como un indicador aproximado de la resiliencia de esta comunidad, dado que gran parte de las inversiones en preparación ante desastres y, sobre todo, los fondos disponibles para dar una respuesta rápida y eficaz, se encuentran estrechamente vinculados a los ingresos familiares.

Así, las catástrofes naturales podrían resultar extremadamente graves en Afganistán, especialmente por tratarse de un país con muchos de los indicadores de desarrollo más bajos del mundo, tal y como se refleja en la Clasificación por prioridades de intervención en Afganistán. Esta ha sido elaborada por la agencia ECHO, que ha atribuido a Afganistán una alta vulnerabilidad ante desastres y catástrofes naturales, en base al análisis de indicadores combinados (situación general de desarrollo humano y de pobreza humana, exposición frente a catástrofes, consecuencias humanitarias como la existencia de personas refugiadas y desplazadas, salud infantil de menores de cinco años medible a través de la desnutrición y de las tasas de mortalidad infantiles y, finalmente, otros factores de riesgo como el acceso a la salud, la prevalencia de enfermedades, el desarrollo desde el enfoque de género o el índice GINI).

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Fuente fotografía: http://actualidad.rt.com/actualidad/view/92673-terremoto-paquistan-afganistan-india

Fuente tabla: www.gdacs.org (alerta gdacs)

Fuente información: ABC y GDACS.