Freedom

La situación de caos que se vive en Alepo (Siria) no cambia a pesar de la tregua y los crímenes allí cometidos alcanzan cotas cada vez mayores. La semana pasada, el 27 de abril, el hospital de Al Quds, situado en la zona controlada por la oposición y apoyado por Médicos Sin Fronteras (MSF), sufría un bombardeo. Según Reliefweb, uno de los últimos recuentos demostraba que el ataque había dejado 58 víctimas, entre las que se contaban pacientes y personal médico del hospital y de las zonas colindantes.

El hospital de Al Quds llevaba recibiendo apoyo de MSF desde 2012 y no es la primera vez que ha recibido daños. Así, MSF ha emitido un comunicado en el que condena el ataque y muestra preocupación por las más de 250.000 personas de la región, que quedarán sin atención médica tras el ataque. De la misma manera, la organización humanitaria ha afirmado que durante el bombardeo ha muerto el último pediatra de la ciudad de Alepo. Otras organizaciones, como el Comité Internacional de la Cruz Roja, han tildado el ataque de “inaceptable”.

Pese a que no se ha podido identificar la aviación que realizó el ataque, las miradas están puestas en el régimen de Al Asad y sus aliados rusos, única facción del conflicto que cuenta con aviones de combate. Es importante recordar que la resolución 2254 del Consejo de Seguridad de la ONU de diciembre del año pasado exigía “que todas las partes pongan fin de inmediato a los ataques contra civiles y bienes de carácter civil, incluidos los ataques contra instalaciones sanitarias y personal médico, y cualquier uso indiscriminado de armas, incluso mediante ataques de artillería y bombardeos aéreos […]”. Además, el derecho internacional humanitario (DIH), el Convenio de Ginebra de 1949 y los Protocolos adicionales I y II de 1977, contemplan el ataque a zonas en las que se trata a heridos como crímenes de guerra. Precisamente ayer, martes 3 de mayo, el Consejo de Seguridad aprobaba la resolución 2286, impulsada por España, Uruguay, Japón, Egipto y Nueva Zelanda, en la que se condenaban nuevamente los ataques a personal médico y en la que se exigía a los Estados Miembro a proteger los servicios sanitarios y el DIH durante el conflicto.

De todas maneras, tanto Rusia como el ejército del régimen han negado ser los responsables de los misiles que atacaron el hospital, pero desde las ONG se informa de la intensificación del conflicto y de la amenaza a la paz y a la tregua que esto supone. Así, ante la necesidad de impedir que se vuelvan a suceder estas situaciones, varias organizaciones han realizado un llamamiento a la ONU para que se proteja el derecho a la asistencia sanitaria.

Desafortunadamente, ayer mismo, 3 de mayo, la oposición al régimen sirio efectuaba un ataque respuesta en el que se bombardeó, a su vez, el hospital de Al Dabit, en la zona controlada por el régimen, al norte de la ciudad. La agencia siria de noticias SANA ha elevado la cifra de bajas civiles en este ataque a 4, en el que se cuentan tres mujeres, además de 18 de heridos. Este ataque forma parte de una operación de lanzamiento de misiles más amplia que, según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos, dejaba 19 víctimas.

El toma y daca de ambos bandos ha provocado una situación en la que se está violando sistemáticamente la protección del personal sanitario y heridos en la guerra y Joanne Liu, presidenta internacional de MSF, lo denunció con un discurso en la sesión del Consejo de Seguridad que se produjo ayer: “En las guerras de hoy los pacientes y los médicos son objetivos considerados legítimos”. Entre sus principales argumentos se cuentan los 2.400 ataques que el Comité Internacional de la Cruz Roja ha registrado a instalaciones médicas y personal sanitario entre 2012 y 2014 o los 75 hospitales de MSF atacados en 2015 (63 en Siria, 5 en Yemen, 5 en Ucrania, 1 en Afganistán y 1 en Sudán) y las 7 instalaciones médicas de la ONG que sufrieron ataques en los primeros meses de 2016. Con esta intervención, la presidenta de MSF exigió responsabilidades a los miembros del Consejo de Seguridad y pidió que se actuase para proteger el derecho a la asistencia médica.

Fuentes consultadas:

Comunicado de Joanne Liu, presidenta internacional de MSF, y Peter Maurer, presidente del Comité Internacional de la Cruz Roja.

Reliefweb

Fuente fotografía: Freedom House. 2014. Ciudadanos de Douma en el objetivo de un ataque aéreo.

 

 

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El Humanitarian Policy Group (HGP)[1] y el Overseas Development Institute (ODI)[2] han publicado su informe: “Time to let go: remaking humanitarian action for the modern era” en el que señalan que es el momento de dejar ir algunos aspectos que han caracterizado hasta ahora el sistema humanitario internacional.

 Estructura del Informe – 5 capítulos:

 

1. “Panorámica del sistema humanitario: orígenes occidentales y narrativas paralelas”, se centra en examinar la evolución del sistema humanitario actual, tanto su origen en Occidente hasta su transformación en lo que hoy se conoce como sector humanitario; y la historia de las tradiciones no occidentales que han influenciado la acción humanitaria ampliamente.

 2. “Las tendencias actuales y la necesidad del cambio”, describe los factores que afectan al sector tales como: el carácter cambiante de los conflictos (más duraderos, menos intensos, basados en la identidad política, intra-estatales, más muertes civiles); el cambio climático y los desastres naturales; la AOD y la pobreza; la aparición de nuevos actores y el cambio en los patrones de poder; y la importancia del sector privado. Además señala la necesidad del cambio, de encontrar un consenso y construir puentes teniendo en cuenta las aproximaciones locales y regionales.

 3. “Cuadrar el círculo: excepcionalidad e inclusión”, describe la tensión entre la excepcionalidad de la asistencia humanitaria y la necesidad tanto estratégica como operativa de abrir el sector a un conjunto de actores más diversificados que tengan interpretaciones diferentes sobre qué es ser humanitario, de forma que el sistema sea más inclusivo.

 4. “Barreras que hay que cambiar: poder, percepciones e incentivos perversos”, investiga las maneras de trabajar que han provocado la sensación en la población afectada de que están siendo excluidas y examina cómo las dinámicas de poder y dinero, así como el entorno competitivo han impedido los cambios que necesita el sector humanitario.

 5. “Conclusiones: hacia un humanitarismo más moderno”. En este último capítulo se ofrecen sugerencias sobre cómo resetear los elementos clave del sector para ayudarle a recuperar su legitimidad, capacidad y seguridad financiera.

 El informe reconoce, a grandes rasgos, que el sistema humanitario ayuda a más personas afectadas en más lugares de lo que se podría haber imaginado una generación atrás. Aún así, y a pesar de este progreso no llega a cumplir la creciente demanda y las personas beneficiarias no ven con buenos ojos el sistema humanitario.

 Y, aun así, el sistema humanitario, cabezota, se resiste al cambio. Las barreras hacia una relación más constructiva son altas:

 - Dinero y poder. En 2014 el 83% de los fondos humanitarios proceden de gobiernos donantes en Europa y América del Norte. También hay una concentración entre las organizaciones humanitarias receptoras, siendo la mayoría de ellas agencias de Naciones Unidas. Esto provoca la reducción y la centralización de los actores humanitarios, así como asegura el poder de los donantes actuales, ya que la entrada de otros amenazaría su posición actual predominante.

 - Competición destructiva. Hay altos niveles de inseguridad institucional, presiones competitivas e incertidumbre financiera en tanto que agencias de la ONU y ONG compiten para asegurar contratos con donantes y conseguir fondos. Esto ha llevado al oportunismo y a las acciones guiadas por interés propio.

 - Responsabilidad ante los donantes. No ante los receptores de ayuda, lo que supone que en realidad las personas afectadas y beneficiarias tienen un poder limitado y escasa influencia en las labores de ayuda humanitaria.

 - El sector humanitario siempre se ha visto diferenciado de otras formas de ayuda. Esto es cierto en tanto que los principios humanitarios están señalados para distinguir la acción humanitaria de otras formas de ayuda que persigan objetivos políticos o de seguridad. Sin embargo, la mayoría de organizaciones comprometidas en asistencia humanitaria la combinan con el desarrollo de derechos humanos o trabajos de resolución de conflictos. Esto supone que rara vez el supuesto compromiso con esos principios ha tenido reflejo en cómo las agencias humanitarias deberían aplicarlos en su trabajo, escogiendo dónde y cuándo se aplican y cuando no mina su utilidad y refuerza la imagen del sistema humanitario aplicando un doble rasero.

 Así pues, la propuesta para el cambio pasaría por acoger las diferencias, dejar atrás el poder y el control, así como eliminar la perversión en los incentivos. Por todo esto es “Time to let go”.

 Informe completo (en inglés)



[1] HPG es uno de los líderes mundiales a nivel de trabajo humanitario. Su objetivo es mejorar el sistema humanitario, tanto en la política como en la práctica, a través del análisis, el diálogo y el debate.

[2] ODI es un think -ank británico líder en desarrollo y asuntos humanitarios.

 

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Cifras clave

 

  • 21,2 millones de personas necesitan ayuda humanitaria. Esto supone más del 82% de la población yemení. De cada 5, 4 yemenís no tienen cubiertas sus necesidades básicas ni sus derechos humanos.  
  • La escalada de violencia ha provocado una media de 153 personas fallecidas o heridas al día. Los derechos humanos se violan más de 43 veces al día, según datos de Naciones Unidas.
  • Se ha agravado la situación en sectores claves como la alimentación, o acceso a agua potable, saneamiento e higiene.
     
  • Entre los grupos que se encuentran en situación de especial vulnerabilidad, se encuentran las mujeres, niños y niñas y refugiados que siguen llegando de terceros países a pesar del conflicto en Yemen, así como las personas desplazadas internas (PDI) que suman más de 2,5 millones.

 

Crisis humanitaria extrema

 

Desde que en marzo de 2015 estallara el conflicto en Yemen, la crisis humanitaria se ha agravado a niveles preocupantes. En el verano de 2015, la ONU declaró el conflicto como “emergencia de nivel 3”: afirmaba que el 80% de la población necesitaba asistencia humanitaria y que el país se encontraba “a un paso de la hambruna”. Y, sin embargo, a día de hoy sigue siendo una crisis invisible.

 

Según datos de la Oficina para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA, por sus siglas en inglés), el 82% de la población necesita ayuda humanitaria para cubrir sus necesidades básicas y proteger sus derechos fundamentales, lo que representa un tercio más que en 2014. Más de 21,2 millones de personas permanecen olvidadas en la agenda internacional, entre las cuales hay 9,9 millones de niños y niñas que necesitan ayuda humanitaria urgente, según UNICEF.

 

La exacerbación del conflicto ha aumentado la crisis en los sectores claves: 3 de cada 4 yemeníes no tienen sus necesidades cubiertas; 2 millones de personas sufren malnutrición, lo que incluye a más de 1,3 millones de niños y niñas. 1,8 millones de niños y niñas han dejado de ir a la escuela desde inicios del conflicto, lo que representa un tercio de la población que se encuentra en edad escolar. Los colegios están ahora ocupados por grupos armados, están destruidos o dan alojamiento a las PDI que se han visto forzadas a abandonar sus hogares y a unirse a los 2,5 millones de personas que viven en tiendas, edificios públicos abandonados en pésimas condiciones sanitarias.

 

El 52% de las personas desplazadas son mujeres que tienen la responsabilidad de mantener y cuidar de sus familias, lo que acentúa aún más la desigualdad que sufren por el simple hecho de ser mujeres en Yemen. Esto hace que sea más difícil para ellas acceder a servicios básicos, sin el amparo de sus comunidades. El conflicto y el desplazamiento han acentuado la violencia de género, aumentando los casos de violencia sexual, doméstica, matrimonios infantiles y la prostitución a cambio de bienes básicos.

 

Otro de los colectivos más afectados son los refugiados. 460.000 personas no tienen ningún tipo de asistencia humanitaria y el conflicto yemení no los ha disuadido de entrar en el país manteniéndose la cifra en 60.000 desde enero de 2015, cifra que apenas ha sufrido alteraciones.

 

Las partes en conflicto acordaron un cese el fuego en diciembre de 2015 para permitir a los actores humanitarios el paso a áreas inaccesibles desde que dio comienzo. Sin embargo, se han denunciado hostilidades durante este periodo afectando a la respuesta humanitaria. Mientras, la comunidad internacional hace caso omiso a la situación en Yemen, dando prioridad a otros conflictos en la zona y dejando de lado a más de 20 millones de personas. Según el último informe de OCHA, el conflicto está cerca de afectar a toda la población. Y, todo ello, ante el silencio de países vecinos y de la comunidad internacional que no se inmutan ante la posibilidad de que un país entero vea violado sus derechos humanos y no tenga cubiertas sus necesidades básicas, ni se le proporcione asistencia humanitaria.

 

Bombardeos a Médicos Sin Fronteras (MSF)

 

En los últimos diez meses, la coalición liderada por Arabia Saudí ha bombardeado hospitales y escuelas en Yemen. Esta coalición está apoyada por el gobierno británico que colabora en la identificación de objetivos. Vickie Hawkins (Directora General de MSF en Reino Unido) denuncia los ataques a civiles como estrategia militar de “intolerables” (si han sido producto de errores), e “indignantes” (si han sido intencionados). “Los más afectados en los bombardeos son los pacientes que pierden el acceso a la atención médica”, lamenta.

 

MSF solicita al gobierno británico que “reafirme su compromiso” con el Derecho Internacional Humanitario y que lo mantenga “en cualquier coalición que apoye”. “La protección de civiles debe ser una alta prioridad” y es inaceptable que se califiquen estos ataques de daños colaterales, ya que así se permite la perpetuación de la “impunidad”.

 

Humanitarian Needs Overview 2016, OCHA

 

UNICEF Yemen Crisis Situation Report

 

IOM Yemen Crisis Regional Response - 21st January 2016

 

La norma no puede ser bombardear hospitales y escuelas (MSF)

 

Fuente de la fotografía: Flickr. Eesi, 2007, Ta’izz (Yemen)

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Cifras clave

  • 21,2 millones de personas necesitan ayuda humanitaria. Esto supone más del 82% de la población yemení. De cada 5, 4 yemenís no tienen cubiertas sus necesidades básicas ni sus derechos humanos.  
  • La escalada de violencia ha provocado una media de 153 personas fallecidas o heridas al día. Los derechos humanos se violan más de 43 veces al día, según datos de Naciones Unidas.
  • Se ha agravado la situación en sectores claves como la alimentación, o acceso a agua potable, saneamiento e higiene.
     
  • Entre los grupos que se encuentran en situación de especial vulnerabilidad, se encuentran las mujeres, niños y niñas y refugiados que siguen llegando de terceros países a pesar del conflicto en Yemen, así como las personas desplazadas internas (PDI) que suman más de 2,5 millones.

Crisis humanitaria extrema

Desde que en marzo de 2015 estallara el conflicto en Yemen, la crisis humanitaria se ha agravado a niveles preocupantes. En el verano de 2015, la ONU declaró el conflicto como “emergencia de nivel 3”: afirmaba que el 80% de la población necesitaba asistencia humanitaria y que el país se encontraba “a un paso de la hambruna”. Y, sin embargo, a día de hoy sigue siendo una crisis invisible.

Según datos de la Oficina para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA, por sus siglas en inglés), el 82% de la población necesita ayuda humanitaria para cubrir sus necesidades básicas y proteger sus derechos fundamentales, lo que representa un tercio más que en 2014. Más de 21,2 millones de personas permanecen olvidadas en la agenda internacional, entre las cuales hay 9,9 millones de niños y niñas que necesitan ayuda humanitaria urgente, según UNICEF.

La exacerbación del conflicto ha aumentado la crisis en los sectores claves: 3 de cada 4 yemeníes no tienen sus necesidades cubiertas; 2 millones de personas sufren malnutrición, lo que incluye a más de 1,3 millones de niños y niñas. 1,8 millones de niños y niñas han dejado de ir a la escuela desde inicios del conflicto, lo que representa un tercio de la población que se encuentra en edad escolar. Los colegios están ahora ocupados por grupos armados, están destruidos o dan alojamiento a las PDI que se han visto forzadas a abandonar sus hogares y a unirse a los 2,5 millones de personas que viven en tiendas, edificios públicos abandonados en pésimas condiciones sanitarias.

El 52% de las personas desplazadas son mujeres que tienen la responsabilidad de mantener y cuidar de sus familias, lo que acentúa aún más la desigualdad que sufren por el simple hecho de ser mujeres en Yemen. Esto hace que sea más difícil para ellas acceder a servicios básicos, sin el amparo de sus comunidades. El conflicto y el desplazamiento han acentuado la violencia de género, aumentando los casos de violencia sexual, doméstica, matrimonios infantiles y la prostitución a cambio de bienes básicos.

Otro de los colectivos más afectados son los refugiados. 460.000 personas no tienen ningún tipo de asistencia humanitaria y el conflicto yemení no los ha disuadido de entrar en el país manteniéndose la cifra en 60.000 desde enero de 2015, cifra que apenas ha sufrido alteraciones.

Las partes en conflicto acordaron un cese el fuego en diciembre de 2015 para permitir a los actores humanitarios el paso a áreas inaccesibles desde que dio comienzo. Sin embargo, se han denunciado hostilidades durante este periodo afectando a la respuesta humanitaria. Mientras, la comunidad internacional hace caso omiso a la situación en Yemen, dando prioridad a otros conflictos en la zona y dejando de lado a más de 20 millones de personas. Según el último informe de OCHA, el conflicto está cerca de afectar a toda la población. Y, todo ello, ante el silencio de países vecinos y de la comunidad internacional que no se inmutan ante la posibilidad de que un país entero vea violado sus derechos humanos y no tenga cubiertas sus necesidades básicas, ni se le proporcione asistencia humanitaria.

Bombardeos a Médicos Sin Fronteras (MSF)

En los últimos diez meses, la coalición liderada por Arabia Saudí ha bombardeado hospitales y escuelas en Yemen. Esta coalición está apoyada por el gobierno británico que colabora en la identificación de objetivos. Vickie Hawkins (Directora General de MSF en Reino Unido) denuncia los ataques a civiles como estrategia militar de “intolerables” (si han sido producto de errores), e “indignantes” (si han sido intencionados). “Los más afectados en los bombardeos son los pacientes que pierden el acceso a la atención médica”, lamenta.

MSF solicita al gobierno británico que “reafirme su compromiso” con el Derecho Internacional Humanitario y que lo mantenga “en cualquier coalición que apoye”. “La protección de civiles debe ser una alta prioridad” y es inaceptable que se califiquen estos ataques de daños colaterales, ya que así se permite la perpetuación de la “impunidad”.

Humanitarian Needs Overview 2016, OCHA

 

UNICEF Yemen Crisis Situation Report

IOM Yemen Crisis Regional Response - 21st January 2016

La norma no puede ser bombardear hospitales y escuelas (MSF)

Fuente de la fotografía: Flickr. Eesi, 2007, Ta’izz (Yemen)

 
 
 
 
 
 
 

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Cifras clave

• Entre 1991 y 2010, sólo el 0,04% de la AOD fue destinada a RRD

• En 2013, sólo el 65% de las necesidades humanitarias fueron cubiertas, quedando 4,6 mil millones de dólares de necesidades sin cubrir.

• Entre 2007 y 2013, la financiación directa a actores nacionales y locales fue sólo el 2% de la asistencia humanitaria anual. Las ONG locales reciben menos del 0,1%.

Pese a que ha sido demostrado que la respuesta local en las crisis humanitarias es mucho más rápida y efectiva que la internacional, tanto los donantes como las organizaciones humanitarias continúan sin depositar la suficiente confianza y recursos en los actores locales. La consecuencia fundamental de esta política es la pérdida de vidas que podrían ser salvadas. Es la idea principal extraída del informe publicado por Oxfam titulado "Turning the Humanitarian System on its Head".

Una acción humanitaria que no atiende a las necesidades reales

El actual sistema internacional humanitario no ofrece una respuesta adecuada a las crisis que acaecen hoy en día. En primer lugar, no es acorde con las necesidades de las poblaciones afectadas. Por ejemplo, mientras que el sector de la ayuda alimentaria ha sido financiado en un 84% durante el periodo 2009-2013, el resto de sectores están muy por debajo de esta cifra, quedando sin atender numerosas necesidades, especialmente en ámbitos tan relevantes para la acción humanitaria como el de la protección.

Además de insuficiente, la respuesta llega demasiado tarde, debido a la condición voluntaria de la entrega de ayuda por parte de los donantes. Dado lo crucial de la emergencia en las crisis humanitarias, la lentitud de la comunidad internacional en hacer frente a las mismas tiene consecuencias en la pérdida de vidas humanas. Además, existe una falta de inversión en las capacidades locales. Los donantes internacionales prefieren otorgar los fondos al sistema de Naciones Unidas, que recibe el 61% de la financiación, al Movimiento Internacional de la Cruz Roja (9%) o a las ONG (19%), siendo la mayoría de estas ONG internacionales. Por el contrario, apenas un 2% de los recursos se destinan a actores locales, tanto gobiernos como ONG nacionales y locales.

¿Por qué es importante la apropiación local?

La apropiación local es fundamental en el actual sistema humanitario por diversas razones. La primera y primordial de todas ellas es que salva vidas. Los actores locales son los primeros en responder ante una crisis porque ya se encuentran allí. Una respuesta rápida significa menos vidas perdidas, menos heridos y menos daños. Pero no sólo salvan vidas en la respuesta a la crisis, sino también en la anticipación a la misma, mediante mecanismos de alerta temprana y el conocimiento de señales que muestren que un desastre natural puede suceder. Su conocimiento del contexto es muchísimo mejor en todos los sentidos que el de cualquier actor internacional. La historia, las relaciones sociales, las costumbres, las dinámicas de poder y desequilibrios y las capacidades existentes son un conocimiento que poseen de antemano y que resulta clave a la hora de afrontar las crisis. También contribuye a ello las lecciones aprendidas del tratamiento de otras crisis ya que, a diferencia de los actores internacionales, los actores locales son siempre los mismos. El aprendizaje de anteriores respuestas permite adecuar los mecanismos de prevención y reducción del riesgo de manera más apropiada.

En contextos de conflicto, el acceso también es mucho más sencillo para las ONG locales, que conocen el terreno y pueden negociar con las partes al ser percibidos de manera más neutral. La respuesta local también es mucho más eficiente en términos de coste económico, ya que no implica grandes gastos logísticos ni de transporte, ni otros como seguros para personal internacional. En relación al coste-beneficio, la respuesta local es más ventajosa. Finalmente, el enfoque de las ONG locales es mucho más comprehensivo, abordando tanto la prevención y la preparación como la respuesta inmediata y la rehabilitación. Además, rinden cuentas ante los ciudadanos directamente afectados, además de permitir su implicación directa.

Desafortunadamente, no siempre es posible la apropiación local, especialmente en contextos de conflicto, cuando el gobierno es una de las partes implicadas, o en situaciones de desastres naturales especialmente graves que los gobiernos locales no pueden afrontar con sus propios medios. Ello no significa que la inversión en capacidades locales no sea el camino a seguir, lo que no implica que los actores internacionales no puedan seguir interviniendo, pero siempre teniendo en cuenta la apropiación local en la respuesta.

Razones para la escasa apropiación local

Pese a la constatación de que el liderazgo local es la vía más efectiva para hacer frente a las crisis humanitarias, aún es escasa su verdadera importancia a nivel internacional. Algunas de las razones que explican esta carencia son: el dominio de unos cuantos actores claves del sistema humanitario, especialmente los países donantes del CAD, el sistema de Naciones Unidas y las grandes ONG internacionales; el hecho de que la ONU se encuentre por encima del resto de actores, al recibir el 61% de toda la financiación humanitaria; las políticas restrictivas establecidas por los donantes y las condicionalidades, por ejemplo: la negación de recursos a determinados países porque estos puedan ser desviados a financiación del terrorismo internacional, corrupción o blanqueo de dinero, dificulta el acceso de las ONG nacionales y locales a financiación internacional; los desequilibrios en la financiación, con las estrategias de Reducción del Riesgo de Desastres (RRD) recibiendo menos de un 10% del total de financiación humanitaria; la preferencia de la ONU por ONG internacionales como socios implementadores de sus proyectos en lugar de actores locales, lo mismo que sucede con las propias ONG, quienes prefieren actuar directamente sobre el terreno que financiar contrapartes locales.

Por su parte, los gobiernos de los países afectados también contribuyen a esta situación al no invertir suficiente tanto en la respuesta humanitaria como en mecanismos de RRD, preparación ante desastres, alerta temprana y otros, que contribuyen a mitigar sus efectos devastadores. Esto provoca que dichos gobiernos no cumplan con su obligación de proteger a los ciudadanos y que la asistencia humanitaria que realizan no lo sea de forma efectiva ni imparcial.

Recomendaciones para el cambio

Para mejorar esta situación y conseguir que el actual sistema humanitario dé un vuelco hacia la apropiación local, algunas recomendaciones de Oxfam son las siguientes:

• Fomentar un mayor liderazgo de los actores locales en la respuesta humanitaria, fijando roles claros para los actores internacionales. El liderazgo local debe ser fomentado en la medida de lo posible, adecuándose el papel de las organizaciones humanitarias internacionales al contexto de la crisis y a las capacidades locales de respuesta.

• Otorgar una financiación adecuada a los actores locales. Establecer porcentajes mínimos de financiación destinados a la potenciación de las capacidades locales, así como el posible establecimiento de tasas internacionales destinadas a financiar aspectos concretos. Además, es necesaria una mayor transparencia sobre los fondos que las ONG internacionales destinan a las ONG nacionales y locales.

• Un mayor vínculo entre ONG internacionales y locales, basado en el respeto y la confianza, así como un fortalecimiento de las capacidades locales que tiene como resultado evidente una respuesta más efectiva a las crisis y contribuye a salvar un gran número de vidas.

Informe Oxfam "Turning the Humanitarian System on its Head"

Fuente fotografía: Fatoumata Diabate/Oxfam, 2012. Cash-for-work and Disaster Risk Reduction in Niger.