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Informe .iecah. nº 7

En las últimas décadas la comunidad internacional, tanto desde la perspectiva académica como desde la práctica, ha ido incorporando a su trabajo nuevos conceptos que trataban de superar y aportar novedades respecto de los que les precedían. Casi podríamos decir que se ha producido una "inflación conceptual" que ha sido especialmente rica en los sectores del desarrollo y la seguridad. La valoración sobre si esta proliferación de nuevos conceptos está sirviendo de algo o no, y sobre si ha aportado modificaciones relevantes a las prácticas sobre el terreno –que es, en definitiva, de lo que se trata, más allá del debate teórico- está aún por hacer, pero en esta breve introducción nos inclinaríamos a pensar que sí.

En efecto, el que conceptos tan genéricos como el de desarrollo se hayan ido adjetivando como "humano" o "sustentable", entre otros, enfatizando dimensiones a las que antes no se concedía suficiente relevancia, ha aportado nuevas visiones que se han plasmado en realidades con mayor calado práctico. El propio trabajo del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), desde que se consolida el uso del Índice de Desarrollo Humano (IDH), es una muestra de ello; aunque, como suele suceder, para algunos se trate de mera retórica y de simples modificaciones semánticas. Lo mismo podría decirse del concepto de seguridad que, aunque ya había sido objeto de múltiples adjetivaciones (compartida, colectiva...) ha encontrado, según muchos autores, en la seguridad humana un contenido nuevo y relevante.

Pues bien, dentro de estos nuevos conceptos puestos en circulación con mayor o menor fortuna, el de construcción de la paz (CP) está siendo uno de los más fecundos y fructíferos y está pudiendo concretarse a través de diversas iniciativas y ámbitos de trabajo como los que se analizan en esta publicación. En este artículo nos interesa explorar, especialmente, cómo se ha ido incorporando la CP al ámbito de la cooperación internacional para el desarrollo y a la doctrina que emana de algunas instituciones, y cual está siendo la experiencia práctica de algunos organismos internacionales y, en especial, de algunos de los llamados países donantes. Más en general, se trata de explorar cómo las cuestiones vinculadas con la seguridad humana, y más en concreto con la CP, se han ido convirtiendo, como titulamos el artículo, en eje central de la ayuda al desarrollo. Evidentemente, la CP se ha incorporado a otros ámbitos de las relaciones internacionales, la seguridad e incluso a la labor diplomática general.

Desde el Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH), hemos tenido la oportunidad en la última década de colaborar con diversas instituciones públicas y privadas en la elaboración, seguimiento y evaluación de programas y proyectos que han incluido la construcción de la paz como uno de sus referentes. Hemos tenido también la oportunidad de participar y dirigir la elaboración del Documento de Estrategia Sectorial de Construcción de la Paz de la Cooperación Española, así como de su homólogo de Acción Humanitaria, bases para el trabajo en estas dos áreas de la cooperación en España y muy especialmente para la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID). Y en estos y en otros trabajos hemos podido conocer y profundizar en cómo desde diversos organismos se está tratando de hacer operativa la construcción de la paz dentro de la cooperación para el desarrollo. Así está siendo, por ejemplo, en el Programa país de la cooperación española con Colombia que toma la CP como eje de actuación. Y hemos tenido, por último, la posibilidad de colaborar con diversas entidades colombianas o con presencia en Colombia en diversos proyectos en este ámbito, muy especialmente en la evaluación intermedia del programa REDES que tuvo lugar en el año 2008. De todas estas experiencias y reflexiones se alimenta este texto que es, en cualquier caso, responsabilidad nuestra y no compromete a los organismos citados.

Queremos finalizar esta introducción agradeciendo a todos los compañeros y compañeras con los que hemos aprendido y compartido experiencias a lo largo de estos años, y con los que seguimos compartiendo la convicción de que la construcción de la paz es posible y necesaria, incluso en contextos, como el colombiano, en los que la violencia aún continúa y hunde sus raíces en causas profundas de extrema complejidad y larga duración. Queremos agradecer especialmente a nuestro colega Balder Hageraats por su colaboración en muchos de estos proyectos.

Informe .iecah. nº 7