Para laduda.net

NACHO PÉREZ DE LOS HEROS / Jesús A. Núñez Villaverde es codirector del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH) y uno de los expertos más acreditados en temas de seguridad, construcción de la paz y prevención de conflictos. Su conocimiento del mundo árabo-musulmán hace que sus análisis sean certeras radiografías sobre los conflictos que están sucediendo en la actualidad. Es presidente del Comité Español de la UNRWA (Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados Palestinos), miembro desde 1993 del International Institute for Strategic Studies (IISS) de Londres; y consultor del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en el ámbito de la construcción de la paz y la prevención de conflictos violentos.  El profesor Núñez desgrana en esta entrevista con Laduda.net algunas de las claves del conflicto en Siria, la crisis de los refugiados y el terrorismo yihadista en Europa.

– ¿En qué situación se encuentra el conflicto en Siria¿ ¿Cuáles son las perspectivas?

La situación apunta que no hay solución a corto plazo, ni en el campo militar ni en el diplomático. En el militar, porque ninguno de los actores en presencia tiene capacidad para derrotar definitivamente a sus adversarios; aunque eso no quita que, claramente, las fuerzas leales al régimen hayan conseguido dar la vuelta a la situación recuperando tanto sus zonas de interés vital como intentando volver a controlar ya zonas que estaban en manos de grupos rebeldes, incluyendo Daesh, como acabamos de ver con la recuperación de Palmira.

En el campo político tampoco se ve solución a corto plazo porque, primero, estamos ante una farsa como las elecciones del próximo día 13 organizadas por el régimen intentando transmitir una imagen de normalidad que obviamente no existe; y también porque las negociaciones internacionales no han dado hasta ahora ningún fruto en la medida en que la fractura de los grupos de oposición impiden realmente tener un interlocutor válido con el que entenderse. No hay una postura común. Mientras unos están dispuestos a hablar con el régimen, otros rechazan plenamente ese tema; y, además, hay vecinos bastante significativos que tienen intereses distintos. Mientras unos pretenden la caída del régimen, otros lo que tienen en su cabeza es el intento de eliminar la amenaza de Daesh. Por otro lado, Siria se ha convertido también en un escenario de rivalidad clara entre Arabia Saudí e Irán, y por tanto, todos están dispuestos a seguir jugando con sus aliados locales, no sabemos durante cuánto tiempo.

– ¿Tampoco es posible una solución militar, al menos para acabar con Daesh?

Ni ahora, ni nunca. No ha habido ningún grupo de Al Qaeda desde que existe -y ya son más de veinte años- que hayan sido eliminados por la fuerza. Los instrumentos militares no son adecuados para terminar con el terrorismo yihadista. Mi previsión es que se desmantelará el Califato, eso sí ocurrirá, igual que se ha desmantelado otros en Malí, en Somalia, en Nigeria; pero la amenaza yihadista seguirá ahí. Lo que está en las mentes no se resuelve solo con bombas y, por tanto, los instrumentos militares en solitario no sirven. Ahí está Afganistán, Irak, los talibán, al-Qaeda… no han sido nunca derrotados por vía militar, y por tanto cabe pensar que lo mismo va a ocurrir aquí. Luego tenemos que distinguir entre desmantelar un califato y eliminar definitivamente una amenaza como la del terrorismo yihadista.

– Y en lo que sería el conflicto en Siria entre Gobierno y oposición, al margen del Califato, ¿sería posible una solución militar si intervienen más intensamente apoyos externos?

Teóricamente sería posible. Si finalmente Rusia siguiera aumentando su apuesta militar junto con Hezbolá libanés y junto con los pasdarán iraníes, está claro que eso podría acabar eliminando la amenaza que para el régimen de Bashar al-Assad representan todos los grupos armados que se le oponen o, por lo menos, la mayoría de ellos. Pero no cabe pensar que eso vaya a ocurrir, por lo que, militarmente, no hay solución para el problema de Siria. Rusia está rebajando su implicación, Hezbolá está al borde de sus capacidades y tiene problemas ya en el propio Líbano en la medida que ha desatendido sus feudos tradicionales; por lo tanto, creo que todo va dirigido hacia una solución política, si es que se encuentra. El régimen está consiguiendo una posición de ventaja que le permite ir a la mesa de negociaciones en una posición no tan complicada como la que tenía hace un año.

– Y para que los interlocutores del régimen puedan llegar a sentarse en esa mesa, ¿qué tendría que suceder? ¿Cómo podrían ponerse mínimamente de acuerdo todos esos grupos?

Habitualmente eso ocurre cuando se ve que en solitario ninguno puede conseguir sus objetivos. Eso obliga a abandonar posiciones maximalistas y a transaccionar con otros. Hasta ahora, lo que ocurre es que entre los grupos opositores y rebeldes en Siria no hay ese convencimiento y, además, hay actores regionales que alimentan cada uno a su aliado local con posturas e intereses distintos. Mientras no haya un cambio entre esos actores regionales sumando fuerzas en lugar de peleando entre ellos para ver quien consigue finalmente imponer a su aliado local, difícilmente se puede avanzar mucho en esa línea.

– ¿Cuál de los aliados regionales sería el más importante para decantar la situación?

Obviamente Arabia Saudí e Irán son los más relevantes, pero inmediatamente hay que mencionar a Turquía y a Qatar por ejemplo.

En Siria no hay solución a corto plazo, ni en el campo militar, ni en el diplomático

– ¿Turquía está tomando ahora mayor protagonismo?

Por un lado, conectando con el tema de la crisis de refugiados, porque tiene dos millones y medio de refugiados en su casa y, por tanto, le afecta de manera muy directa. Y, por otro lado, porque Turquía tiene la percepción y la vocación de ser un líder regional, y lo que pretende es conseguir que Siria tenga un régimen alineado con sus intereses. Obviamente eso es difícil que vaya a ocurrir con Bashar al-Assad, después de que se hayan roto los lazos que mantenía Ankara con Damasco. Por tanto, Turquía está muy en primera línea, pero lo que ocurre también es que ha cometido muchos errores, como el de dejar utilizar su frontera para alimentar el conflicto, y eso acaba repercutiendo en el propio territorio turco como se está viendo en los últimos meses con ataques terroristas y con el problema que plantean los refugiados. Además, Turquía, en solitario, no tiene capacidad para liderar una respuesta. Lleva más de dos años demandando una zona segura dentro de Siria para refugiados sirios; pero obviamente no se atreve a ponerla en marcha con sus propias fuerzas militares, puesto que esa zona segura obligaría a un despliegue terrestre y aéreo. Porque también está claro que no quiere enfrentarse con Rusia, que está apoyando al régimen de Bashar al-Assad.

– Europa planteó una primera respuesta al acogimiento de refugiados con los cupos, que no ha cumplido. Y ahora plantea una política de rechazo que parece cualquier cosa menos una solución humanitaria. ¿Cómo lo valora?

Lo que la Unión Europea está haciendo en relación con la crisis de refugiados es penoso. Por un lado, es una dejación de responsabilidad jurídica, puesto que los países miembros de la UE han firmado la convención del Estatuto de Refugiados de 1951, que les obliga a proteger y a asistir a cualquier persona que huya de un conflicto violento. Sin embargo, no están asumiendo esas obligaciones. Por otro lado, está claro que no hay una base común para establecer una política comunitaria de asilo y refugio, con posturas absolutamente individualizadas de cerrar fronteras, de restablecer controles, de desplegar militares; en definitiva, de responder cada uno en un ‘sálvese quien pueda’ que es, desde mi punto de vista, vergonzoso. Ni siquiera ha cumplido sus compromisos, puesto que de los 160.000 refugiados  que tenía que haber aceptado dándoles estatuto de refugiado el año pasado, hasta ahora no hay más allá de 800 personas que se han beneficiado de ese acuerdo. Eso es ridículo, sobre todo si lo comparamos con lo que ocurre en países como Líbano, donde prácticamente una de cada cuatro personas que viven en el país es refugiada. Y luego, cuando ya se toma la decisión de desplegar buques de la OTAN en el Egeo, y por otro lado de acordar con Turquía el pago de esos servicios para aliviar el problema, lo que se está demostrando es el olvido de los valores y principios más elementales, tanto éticos como democráticos, que llevan a considerar que Turquía es un Estado seguro, que puede garantizar que va a tratar bien a los refugiados, cuando es bien obvio que Turquía no es hoy un país seguro para refugiados. Por tanto, penoso.

– También plantean una alternativa que ni siquiera es fácil de gestionar…

Claro, pero eso ya es una cuestión logística y administrativa, que también hay que mencionar. Es decir, es un problema; y si hasta ahora no ha conseguido movilizar sus recursos para atender a lo que ya ha ocurrido, sería casi un milagro que ahora, de repente, se resolviera de un día para otro. Pero quiero ir más allá de la cuestión logístico-administrativa, para entender que se trata de una dejación de responsabilidad absoluta por parte de la UE. Pagar a Turquía por un servicio, cuando se sabe que no es un país seguro para refugiados.

Turquía no es hoy un país seguro para refugiados

– Una profesional que recientemente volvió de Líbano de hacer una evaluación para una organización internacional, nos decía que la situación allí había empeorado muchísimo en los dos últimos años…

Más allá de las lecturas conspiranoicas que se hacen de porqué los refugiados que estaban en esos países vienen hacia Europa, basta con recordar que esa oleada de refugiados –más de cuatro millones y medio de refugiados sirios en estos cuatro años- han saturado las capacidades de Líbano, de Jordania, de Turquía… y que, por tanto, simplemente si la violencia continúa y no se le pone fin, más sirios intentarán escapar de ese conflicto y más personas de las que ya han conseguido escapar intentarán irse a otros territorios de la Unión Europea que, equivocadamente, siguen viendo como un paraíso que puede resolver sus problemas. Luego es normal que vengan para acá. Recordemos que Líbano no tienen el nivel de desarrollo económico que puede tener un país de la UE, y aún así está soportando la carga de que una de cada cuatro personas que viven en su territorio sea refugiado.

– Esta persona nos decía también que Acnur se había plegado a las presiones de del gobierno libanés para no registrar más refugiados allí y que eso estaba complicando más todavía a los que estaban llegando.

Hay un debate interno muy inquietante dentro del mundo humanitario para ver, efectivamente, si algunas organizaciones van a colaborar o no con la Unión Europea para hacer toda la gestión de esa devolución a un país como Turquía, que se sabe que no va a dar seguridad. Ahí va a haber diferentes posiciones. No todas están en el mismo punto. Pero hay que entender la presión a la que están sometidos los gobiernos vecinos de Siria en unas condiciones en las que claramente no pueden asistir ni proteger a esa población, y no han recibido ayuda de la comunidad internacional ni de los países europeos en concreto para poder hacer frente a esa responsabilidad.

– ¿Se puede pensar que ahora haya un incremento del flujo de refugiados?

Si por un lado pensamos que la primavera ya está aquí y eso facilita el tránsito por esas rutas que manejan las mafias que trafican con personas; por otro lado vemos que la violencia sigue adelante en Siria; y en tercer lugar vemos también que las condiciones de esas personas que ya están en los países vecinos a Siria se hace cada vez más complicada, pues todo apunta al incremento de los flujos migratorios hacia la UE.

– ¿Y se incrementarán los flujos de  dinero destinado a la ayuda humanitaria y cooperación que también se habían reducido?

No parece. Recordemos que lo que está ocurriendo no es tanto que se incrementen los fondos, como que se quitan de un sitio para atender a otras necesidades que parecen más urgentes por la razón que sea. Por tanto, en términos globales no está aumentando la respuesta humanitaria a esas personas y esas necesidades, sino que se reasignan fondos que estaban dedicados a una cuestión previa. En términos coloquiales diríamos que ‘se desnuda un santo para vestir otro’. Pero eso no hace pensar en términos optimistas mirando hacia el futuro.

Mandar el mensaje de que el islam político no tiene espacio en el juego político es un camino equivocado

– En relación con los atentados en Europa, ¿cómo se puede combatir de manera mínimamente efectiva una amenaza como ésta?

Puede resultar casi un discurso vacío en la medida en que no se implementa, pero si seguimos pensando que frente a la amenaza del terrorismo yihadista la respuesta es poner más soldados, o más policía, o construir muros más altos, estamos absolutamente equivocados. En primer lugar, porque el problema ya lo tenemos dentro. Hay individuos que son nacionales de países de la Unión Europea que se han radicalizado y se apuntan al terrorismo yihadista y tienen voluntad y capacidad para matar. Si además, le añadimos que es terrorismo indiscriminado y suicida, eso hace mucho más difícil la respuesta en cualquier caso. Estamos todos amenazados, es una obviedad. Otra cosa es que esa no es la amenaza más importante que tenemos, y que hay un sobredimensionamiento por parte de algunos gobiernos occidentales, con respecto a esa amenaza, para jugar de ese modo a crear un clima de temor que facilite el recorte de derechos y libertades, que es algo en lo que ya estamos metidos en algunos casos. Luego, en primer lugar, teniendo en cuenta que el problema ya está aquí, habrá que replantearse las políticas de integración, en el ámbito social, político, económico y educativo, para poder responder de manera distinta a una realidad de personas que no se sienten integradas en sus sociedades de referencia y que muestran, por lo tanto, que se ha fracasado con los modelos que hasta ahora se han implementado. Habrá que buscar otros que permitan eliminar ese caldo de cultivo que lleva a que esos individuos se radicalicen y se apunten a opciones violentas. Por otro lado, cuando miramos hacia nuestros vecinos arabo-musulmanes, habrá que replantearse nuestra política exterior que ha estado subordinada a simplemente a la seguridad energética y eso nos ha llevado a mantener alianzas con regímenes absolutamente impresentables, y eso tiene consecuencias, eso genera antioccidentalismo, y eso lleva a que algunos grupos violentos entiendan que para ellos resulta fundamental romper el vínculo que une a los gobiernos occidentales con los gobiernos locales que ellos quieren echar abajo. Ejemplos como el apoyo al golpe de Estado de Egipto son penosos. La relación que se mantiene con el régimen saudí es también un ejemplo de esa insostenibilidad de un modelo que pudo servir en el pasado pero que ya no sirve. Y, por otro lado, si no replanteamos nuestras políticas de seguridad entendiendo que seguridad es mucho más que cuestiones militares… es decir, si no entendemos que la cosa no va de desplegar más soldados y policías, sino de crear más coordinación y cooperación entre servicios de inteligencia, fuerzas de seguridad, sistemas judiciales, sistemas económicos que permitan cortar el circuito que financia esos grupos o, en otras palabras, si no trabajamos en una respuesta coordinada, como mínimo a nivel de la UE, si cada Estado cree que puede resolver el problema a su manera destacando unos cuantos cazas en Siria o creando más problemas para los que pretenden entrar en nuestras puertas, estaremos condenados a ver repetido lo que ya ha ocurrido en París y Bruselas.

– Y esa coordinación hasta ahora no ha existido o ha sido mínima…

Esa coordinación es imperfecta. Ya no solamente en el caso de Bélgica, como acabamos de ver, con la dificultad enorme que tiene ese país derivado de su organización territorial; sino que, en términos generales, la cooperación entre servicios de inteligencia, fuerzas policiales, autoridades judiciales y económicas dentro de la UE, todavía brilla por su ausencia. Está en los papeles, está en los discursos, pero no en la práctica, porque cada uno, con esa visión cortoplacista y con esa visión de ‘información es poder’, sigue prefiriendo reservar determinadas informaciones y no compartirlas; lo que supone darle ventaja a los terroristas.

– Para implementar políticas de integración como las que mencionaba antes, los atentados y el sobredimensionamiento del problema no ayudan, sino que alimentan en muchos casos esa visión negativa del mundo islámico y, probablemente alimente la xenofobia y el racismo, ¿no?

Sí, la islamofobia, desgraciadamente, no es ya una hipótesis de futuro, es una realidad. Basta con mirar a Francia, y al Frente Nacional o a Alternativa por Alemania, o los nuevos Finlandeses, o Ukip en Gran Bretaña y otros, para entender que eso ya está aquí. Y eso no justifica, pero explica, que muchos gobiernos de la UE no se atreven a dar un solo paso positivo, porque entienden que podía ser utilizado en términos populistas por ese tipo de grupos ante una opinión pública que está ahora mismo sometida a una crisis económica sistémica que le hace pensar, en algunos casos, que es cierto –cuando no lo es- que ‘nos roban lo que es nuestro’, que ‘nos invaden’, que ‘aquí no cabe nadie más’… Esa realidad, sino se contrarresta con medios de comunicación responsables, con pedagogía política por parte de nuestros gobiernos, lo que hace es alimentar ese discurso y ese tipo de imágenes que transmiten los grupos xenófobos y racistas y, por tanto, vamos por mal camino.

Recientemente escuché a un profesor del Centro de Estudios de Seguridad (CESEG) de la USC, sostener que a largo plazo la solución pasaba porque dentro del mundo islámico triunfe la versión moderada -de inspiración marroquí- frente a las más radicales. ¿Es factible?

Lo fundamental no es tanto que opción concreta se impone en esos países, como entender que el islamismo político debe ser, en lugar de demonizado como ahora, convertido en un interlocutor válido para nosotros. La cuestión es entender que mientras seamos nosotros, occidentales, los que critican la opción violenta de quienes matan en nombre del islam, eso será recibido como neo-paternalista, neo-occidental, neo-colonialista. Mientras no sean voces autorizadas en el mundo islámico las que planteen el rechazo entre islam y violencia, islam y terrorismo, tenemos muy poco que hacer. Por tanto, nos debería interesar encontrar esos interlocutores y potenciarlos. Y nos debería interesar fomentar ejemplos como lo que ha ocurrido en Túnez, donde un partido islamista radical como Ennahda, perdió las elecciones y cedió el poder y sigue participando en el juego político. Sin embargo, lo que hemos hecho habitualmente es que, cuando hubo una victoria del islamismo político en Argelia en el año 92, justificamos un golpe de Estado; cuando Hamás ganó en los Territorios Palestinos, justificamos la decisión israelí y de la Autoridad Palestina de declararlos terroristas; y cuando el islamismo político en Egipto con los Hermanos Musulmanes ganó las elecciones, justificamos un año después un golpe de Estado, intentando no llamarlo golpe de Estado. Estamos mandando el mensaje de que el islam político no tiene espacio en el juego político y de ahí no nos puede extrañar que eso lleve a una mayor radicalización. Por tanto, es un camino equivocado.