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Pedro_Perez_Herrero

Pedro Pérez es Catedrático de la Universidad de Alcalá, doctor en Historia por El Colegio de México (México) y la Universidad Complutense de Madrid (España) y miembrocorrespondiente de la Academia Mexicana de la Historia. En la actualidad es director del Máster Universitario en América Latina y la Unión Europea: una cooperación estratégica y del Doctorado América Latina y la Unión Europea en el contexto internacional ofrecidos por la Universidad de Alcalá. También dirige el Instituto Universitario de Investigación en Estudios Latinoamericanos de la UAH (IELAT). Autor de diversas publicaciones sobre la historia y la realidad actual de América Latina como “La América Española (1763-1898)” (2008) o 2002 “La América colonial (1492-1763). Política y sociedad Política y sociedad” (2002).

 

Con motivo de su participación en el ciclo "El papel de España en el mundo", que tuvo lugar durante el mes de abril en La Casa Encendida, tuvimos el placer de charlar un rato con él sobre el papel que está jugando España en América Latina y la situación que se está viviendo en el continente.

 

 

 

¿Qué papel está jugando España en América Latina?

 

España está realizando muchos papeles en la región. Como sociedad está realizando un papel excelente, hay una interacción muy sana entre ambas sociedades, que están muy interconectadas. Las empresas también hacen negocios aquí y allá, empresarios mexicanos que están invirtiendo en empresas españolas, y homólogos españoles que están invirtiendo en empresas de Argentina, Chile, México, Venezuela… El problema surge cuando hablamos de políticas estatales porque no hay un proyecto definido, no sabemos qué queremos hacer con las relaciones entre España y América Latina.

 

El panorama parece desolador, ¿ha sido así siempre? ¿Existió algún proyecto en algún momento de nuestra historia?

 

Sí que ha existido, otra cosa es que nos guste o no. En el siglo XIX no existía ningún proyecto hasta el reconocimiento de las repúblicas independientes. Luego, con la generación del 98 y también con la primera y la segunda república hubo un proyecto de acercamiento más o menos adecuado y sensato. Con la guerra civil y la posterior dictadura de Franco el proyecto simplemente consiste en el fomento de la hispanidad, presumir españolidad y de que hablábamos la única lengua razonada y razonable en el mundo y recordar hasta la saciedad que somos el centro del mundo hispanoamericano. Con la transición y los gobiernos de Felipe González se trabaja la idea de que España representa el puente de conexión entre América Latina y Europa. Como si América Latina no pudiera hablar directamente con Berlín, Londres o París.

 

Llegamos a la situación actual…

 

Ahora, lo que veo, es que ningún partido político tiene un proyecto definido o si lo tiene no lo están explicando a la ciudadanía. Yo, como académico, no he recibido ningún mensaje sobre qué se quiere hacer en América Latina. Normalmente, lo que se escucha es que se quiere abrir más empresas y hacer más negocio. Pero eso no es un proyecto político de estado, es un proyecto comercial para las empresas.

 

¿Alguna idea para fomentar esas relaciones auténticas?

 

Necesitamos fomentar una política educativa común. Resulta incomprensible que en Europa se haya desarrollado el programa de las becas Erasmus y no que no capitalicemos el castellano con los países de América Latina, con estudiantes que vayan y vengan a ambos lados del Atlántico por millones. Propuestas hay muchas, como el mandato de la cumbre de Veracruz, pero no hay nada establecido. Me parece muy triste que el flujo de estudiantes de un área de unos 500 millones de habitantes sea tan escaso. Pero parece que para esto no hay interés político.

 

Con vistas al futuro deseado, ¿cuál debería ser el papel de España en la región?

 

España tendría que potenciar una política de altura con los diferentes gobiernos, sin que se interprete como una injerencia política extranjera, pero sí expandir una política de reducción de la pobreza, de redistribución de ingresos; es decir, una política de potenciación del estado de derecho, del funcionamiento transparente de las instituciones. Lo que hizo Felipe González en un momento en Centroamérica en fomento de la paz, hay que seguir haciéndolo. Lo que resulta enigmático es que España no participa como intermediadora ni como en el proceso de paz de Colombia, ni en Cuba, ni en nada. España está fuera de todo. Porque no hay proyecto político. Los ministros de Exteriores y Economía no van con un proyecto político, sino uno comercial. Que está bien haya proyecto económico y comercial, pero no que no exista una política de estado acordada, consensuada y establecida.

 

¿Y por qué está ausente España en asuntos tan relevantes como el conflicto colombiano o el deshielo cubano?

 

No es que España no haya dicho nada en estos temas, es que Raúl Castro no ha querido recibir al ministro de Exteriores de España. Esto sucede porque el Gobierno español se ha dedicado a desacreditar gobiernos, a los que llaman populistas y demagogos con falta de libertades. Como si nosotros pudiéramos presumir de un estado de derecho fantástico y sobresaliente. Una política de estado no puede estar regida por la coyuntura política, que dependa de quien ocupe el gobierno de turno. Tiene que ser una política consensuada entre todos los partidos políticos, pero no para la próxima legislatura, sino por lo menos para los próximos quince años.

 

Son muchas las organizaciones presentes en la región, ¿en qué estado se encuentra la cooperación al desarrollo en Latinoamérica?

 

La cooperación al desarrollo que llevan a cabo todas las organizaciones en el terreno es fabulosa y necesaria. Dicho esto, lo que necesitan las sociedades de América Latina son verdaderos estados de derecho que funcionen transparentemente. No se solucionan las carencias del estado derecho ofreciendo el 0,7%. Evidentemente, ese 0,7% es bienvenido pero lo que no es tan positivo son las relaciones clientelares y caritativas que se generan entre las ONG, cuyo trabajo es excelente y hay que agradecer, y los estados latinoamericanos son los verdaderos responsables del bienestar de sus sociedades. Esto no es desacreditar el trabajo de las ONG, que tienen que actuar porque no hay estados fuertes que funcionen adecuadamente.

 

¿Qué percepción tiene América Latina del papel español?

 

Se han caído muchas imágenes modélicas del pasado, de sociedad del bienestar que ya es historia. Ahora aumenta la pobreza, crece la desigualdad y la corrupción. La imagen que ha dado la Corona también ha sido nefasta para esa percepción que puedan tener. Que todos los días salga un caso de corrupción no ayuda absolutamente nada y además llega multiplicada por mil a la región, porque de pasar de ser el modelo de país, con su transición democrática, los Pactos de la Moncloa, etc. al ejemplo actual, deteriora muchísimo esa imagen. También es cierto que esta no es una imagen homogénea, porque quien hace negocios y obtiene beneficios allí y aquí, tiene una imagen diferente del país y de su gobierno.

 

¿Qué modelo existe ahora? Si es que existe alguno…

 

No lo sabemos. Se nos ha caído el modelo de las transiciones democráticas. No hay confianza en los partidos políticos ni en los sindicatos ni en la Iglesia. La sociedad se ha quedado sin referentes, ya que estamos en Alcalá, digamos que se han quedado sin una Dulcinea por la que soñar. La indignación puede provocar revueltas y un proyecto alternativo, pero si está acompañada de desasosiego y falta de ilusión, la indignación será simplemente flor de un día.

 

¿En qué proyectos está trabajando el IELAT?

 

Un proyecto histórico en el que trabajamos es el análisis de las narrativas de las transiciones políticas en América Latina y en la UE, cómo se han contado las transiciones políticas en Chile, Argentina, México y cómo se han contado en Europa y concretamente en España.

 

Otro proyecto en el que trabajamos es averiguar qué historia se está enseñando tanto en América Latina, como en Estados Unidos y la Unión Europea. Porque seguimos hablando de historias nacionales cuando las sociedades ya son mucho más internacionales. Las fronteras se han quedado antiguadas, vivimos en un mundo que ya no permite ser analizado de manera excluyente país por país.

 

También estamos en otro proyecto en el que queremos estudiar cómo se están desarrollando los proyectos de integración, saber qué se está dejando de lado. Pero siempre realizando estudios comparados. Estamos pasando de realizar estudios regionales a hacer estudios por temas. Lo que nos interesa son determinados temas como el género, la desigualdad o la pobreza, pero no haciendo un análisis minucioso sobre un país concreto, sino realizando un estudio interdisciplinar. Si intentas comprender la distribución del ingreso en Bolivia, lo comparas con Brasil, con EE UU, India o China, y no solamente desde un punto de vista económico, sino que se realizan en grupos interdisciplinares, con antropólogos, sociólogos, historiadores o politólogos. Hay que cruzar los datos y ver que no es un problema de ingreso sino que es un problema con muchas más raíces, sociológicas, antropológicas, políticas, etc.

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