francisco_rey(El Norte de Castilla - Antonio Corbillón)

Más de un millón de españoles aporta dinero a alguna ONG y unos 30.000, entre trabajadores y voluntarios, dedican parte de su tiempo a apoyarlas. La eclosión de organizaciones de hace diez años, en parte gracias a las campañas que reclamaban el 0,7% de la riqueza occidental para fondos de cooperación a países pobres, ha dado paso a la profesionalización casi total del sector. Pero todavía hay fallos en la capacidad logística y organizativa.

¿Sirve para algo dar dinero? ¿Se usa con efectividad? ¿Está ayudando realmente para lograr un mundo un poco más justo? Francisco Rey Marcos (Madrid, 1956), con una dilatada experiencia desde la base (se inició en Cruz Roja hace 25 años) dirige el Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH). Coordinador también del Observatorio de Acción Humanitaria ha visitado Valladolid para dar un curso formativo a oenegés de la región en colaboración con la Obra Social de La Caixa.

-¿El 'boom' de ONG de hace una década se ha correspondido con una formación de gestión adecuada para dar respuesta a ese caudal de generosidad?

-Sí, hubo un crecimiento espectacular en los años noventa tras los genocidios de Ruanda, Bosnia o el 0,7%. Eso hizo que se popularizara y que la ayuda creciera en fondos y especialización. Pero también provocó una cierta confusión sobre lo que es humanitario o no. No olvide que incluso se han justificado guerras por 'motivos humanitarios'. Ahora estamos saliendo un poco de eso y en España se ha creado una cierta masa crítica. Hay más técnicos y gente preparada. Los orígenes de nuestro instituto fue aprovechar eso y ser un elemento para ayudar a la mejora del sector. Tratamos de que aquella moda no se quedara en eso: algo pasajero.

-¿Habla de masa crítica pero no sé si hay un exceso de organizaciones, de oportunistas, de quien se pliega a lo que diga el financiador, que casi siempre es una administración?

-En las emergencias se corre el riesgo de ese oportunismo, porque son tiempos de aumento de fondos. Eso ha hecho que organizaciones pidan fondos para cosas que no pueden atender. Pero también ha hecho lo contrario: que oenegés muy serias digan que no quieren más dinero que no se pueda gestionar. En España sí es preocupante el que hayan crecido los fondos públicos, pero no la capacidad de captar y fidelizar ayudas privadas. Esta fuerte dependencia de fondos públicos es preocupante.

Más aportaciones

-¿No es paradógico que las instituciones gestionen la viabilidad de quien debe ser exigente con ellas?

-Es posible que lo pretendan. Hay muchas oenegés que han visto eso y han tratado de diversificar sus fuentes. Pero no hay grandes datos de que las administraciones quiera dirigir mucho. Cuando hay conflictos como Irak o Kosovo, el tema es más grave y hay organizaciones que no aceptan fondos públicos en esos casos para no perder independencia e imparcialidad.

-¿Hasta qué punto se está dando respuesta eficaz a las necesidades de los lugares en los que se actúa? ¿Siguen siendo 'parches' que sólo refuerzan las injusticias actuales?

-Se ha mejorado en la asignación de la ayuda a los que la necesitan, aunque el sistema de reparto de recursos sigue siendo imperfecto. Faltan organismos internacionales que ayuden a un reparto más justo y no que se vuelque en unos lugares mientras se pasa de largo en otros que se conocen bien. Lo preocupante ahora, a medio plazo, es el efecto de la recesión actual en la asignación de fondos. En España hay unos compromisos ambiciosos de llegar al 0,7% en el 2012 y hay un gran temor a que se recorten fondos.

-Pero ¿cambiarían algo las cosas si se llega por fin a ese 0,7%?

-Si es sólo dinero no cambia nada. Siempre defiendo la idea 'más ayuda, pero mejor ayuda'. El curso que hemos dado en Valladolid tiene que ver con eso. En los últimos años se están realizando muchas iniciativas para una mejor gestión. Hay muchos ejemplos de que una ayuda masiva no contribuyó a mejorar la situación de alguna zona. A veces no sólo falla lo que hacemos aquí, sino también la capacidad de absorción del destinatario. Hay que ayudarles a mejorar y darles más peso en gestión y transparencia para que no sufran tanta dependencia. Si no, habrá países que se ahoguen de fondos sin resultados reales.

-La democracia no se puede exportar. ¿La justicia Norte-Sur tampoco? ¿No se ha quedado un poco de lado la denuncia, la sensibilización?

-Sí, queda en un segundo plano y hay donantes que no prestan atención a esto. En el ámbito humanitario ha quedado muy atrás, aunque cada vez se incorpora más lo que se llama el 'enfoque de derechos'. Son oenegés que se esfuerzan en dar no sólo fondos y alimentos, sino formar e informar para que ejerzan sus derechos y luchen por ellos contra quien sea, incluidos sus gobiernos.

-Escándalos como el de Anesvad o Intervida ¿han hundido la credibilidad del resto?

-El peligro de las oenegés es que puedan ser víctimas de su propio éxito. Nadie tiene el monopolio de la solidaridad y todo el mundo es bienvenido, ha crecido mucho y con gentes de solidaridad discutible. Hay casos preocupantes pero, casi estoy sorprendido de que la opinión pública sigue teniendo una gran confianza en estas organizaciones. Y eso es bueno porque significa que la gente ha comenzado a discriminar. Pero tal vez hay que criticar a las coordinadoras de oenegés el que no hayan tomado posturas claras de denuncia, demasiada tolerancia y el sector debe diferenciar 'churras de merinas'. Soy biólogo de formación, por eso digo que la selección debería ser natural y no presionada por los poderes públicos.

-Si en España cayese la ayuda pública ¿el sector se tambalearía?

-Sin duda. Alguna resistiría y, muy bien, como Médicos Sin Fronteras o Intermon Oxfam, que son modelos. Pero muchas desaparecerían.