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Hasta su división, en julio de 2011, Sudán era el país más grande de África, con un territorio que penetraba en el desierto del Sáhara por el norte, irrumpía en las pantanosas fuentes del Nilo por el sur, se adentraba en el corazón del Sahel y del África tropical por el oeste y se asomaba al Mar Rojo desde el este. Con su capital en Jartum, en 1956 consiguió la independencia del denominado Condominio angloegipcio e inicio un corto periodo democrático, donde las élites árabes -o más bien arabizadas- y musulmanas del norte tomaron las riendas del país hasta la independencia del sur. Dicha división supuso en parte la culminación de las aspiraciones de la población sursudanesa por el reconocimiento de sus derechos, de lo cual no subyace, necesariamente, que haya existido una dicotomía entre un norte árabe-musulmán opresor y un sur negro-cristiano-animista oprimido. Desgraciada o afortunadamente, la realidad se antoja algo más compleja.

La actual República de Sudán, con capital en Jartum, y la República de Sudán del Sur, con capital en Yuba, constituyen juntas un territorio donde conviven unas 600 etnias y tribus muy heterogéneas en cuanto a cultura y forma de vida. En la República de Sudán, no sólo las tribus árabes habitan este territorio, sino que conviven con tribus baggara, con nubios, con bejas, con los fur, los masalit, o los rashaida del este, entre otros pueblos, la gran mayoría musulmanes y no todos arabizados. Además, la coexistencia de éstos con etnias y tribus africanas meridionales, que fueron desplazadas por los años de conflicto armado, ha sido habitual. En Sudán del Sur, por su parte, conviven tribus nilóticas como los dinka, los nuer, los shilluk y los acholi, con etnias no nilóticas como los azande, los bari, los murle o los fertit, así como con tribus y clanes arabizados. Más aún, la diversidad se da entre las propias etnias, como ilustra el caso de que solo entre los dinka se hable de unos 26 clanes con sus respectivos subclanes que guardan una importante estratificación social y cuyas relaciones no son siempre cordiales.

Esta diversidad hace de la República de Sudán y de Sudán del Sur países de gran riqueza cultural y lingüística, a la vez que propicios a la aparición de tensiones y al estallido de violencia entre grupos, no puramente por cuestiones étnicas o tribales, sino por factores que tienen que ver con el control de los recursos, la lucha por el poder, la propia supervivencia, además de por la manipulación e injerencia de las élites políticas. Y esto es debido a que lo étnico o lo tribal usado como reclamo identitario supone el último recurso al que invocar cuando fallan el resto de estructuras o instituciones del Estado1. Ello daría explicación, tanto al conflicto norte-sur como a los conflictos entre grupos del norte y entre grupos del sur. La resistencia del pueblo beja en el este o la guerra en Darfur, serían buena muestra de conflictos entre musulmanes del norte, donde la identidad étnica ha sido utilizada o manipulada por las élites de las partes beligerantes. Por tanto, en la historia de los «sudanes», los conflictos no se han circunscrito a la dicotomía norte-sur, o entre musulmanes y cristianos, sino que éstos se han dado entre etnias, tribus y clanes del norte y del sur. El caso de la rivalidad dinka-nuer, teniendo en cuenta todas sus interpretaciones y matices, es el ejemplo más palpable de factor que ha debilitado durante años el poder de oposición de los sursudaneses para con los gobiernos de Jartum, y que hoy día está poniendo al país más joven del mundo –Sudán del Sur- al borde de una guerra civil.

Aunque parece que el origen de los dinka y los nuer podría ser el mismo los movimientos de población provocados por la caza de esclavos en los siglos XVIII y XIX, así como los conflictos generados a raíz de los desplazamientos de los dinka de norte a sur, podrían haber constituido el germen de las tensiones y guerras entre tribus durante generaciones. De esta manera, la raíz de las tensiones y conflictos entre nuer y dinka se hallaría conectada a la forma de vida, ya que ambos pueblos comparten un estilo de vida similar, basado en el pastoreo, que ha podido provocar una rivalidad acrecentada por la represión del norte. El saqueo de ganado como consecuencia de dicha competencia, así como las venganzas familiares dentro de la denominada "memoria de sangre" han sido consecuencias extremas de dicha rivali-dad 2.

En el caso de los dinka, en su memoria y en sus mitos, ha estado siempre presente la caza de esclavos por parte de las tribus arabizadas del norte, sobre todo baggara, cuya principal actividad económica llegó a ser la adquisición, explotación y venta de hombres, mujeres y niños dinka más allá del río Kir/Bahr el Arab. Los dinka, por su parte, también participaron de esta economía depredarora y durante la etapa colonial secuestraron a mujeres y robaron ganado, tanto de pueblos baggara, como de aldeas nuer, murle o atwot. Los nuer, a su vez, hicieron lo propio en una suerte de razzia mutua de personas y de vacas3. Se podría deducir, por consiguiente, que hasta entrado los años 80 existía cierto «equilibrio de poder» entre baggaras y dinka que se fue decantando del lado de los primeros, sobre todo tras la finalización de la hambruna de 1983-1985 en Bahr el Ghazal como resultado de la pérdida de poder político de los dinka ante el Gobierno de Jartum. Este cambio tuvo una relación directa con los cambios que se produjeron en el timón de Sudán y que los islamistas estaban manejando con decisión a partir de la deriva islamista del presidente Numeiri4.

La migración masiva de dinka hacia el sur trajo como consecuencia el aumento de la desconfianza y el temor del resto de etnias sursudanesas hacia ellos, al ser vistos como nuevos colonizadores, especialmente por la etnia bari, en cuyas tierras numerosos dinka del clan bor se alojaron. A pesar de esta percepción que de los dinka tenían muchos habitantes del sur, ello no se ajusta a la realidad, ya que ciertamente los dinka era la mayoría étnica en el sur, pero no formaban un bloque homogéneo, sino que contaban y cuenta con numerosos clanes no siempre bien avenidos entre sí . Lo cierto es que el temor a los dinka, sobre todo a partir de la segunda guerra civil sudanesa en los años ochenta, fue utilizada para manipular la situación en el sur por parte del gobierno de Jartum. Desde 1988 el gobierno de Sudán extendió sus operaciones por el sur y apoyó la creación de milicias entre los tradicionales enemigos sursudaneses de los dinka , además de armar a los nuer disidentes del SPLM/A (Movimiento/Ejército para la Liberación del Pueblo de Sudán) que crearon, bajo la dirección de Riek Machar, el denominado Movimiento/Ejército para la Independencia del Sur de Sudán (SSIM/A) que llegó a contar con una oficina en Jartum.

Hoy parece que se da otra vuelta de tuerca a las disputas entre sursudaneses, y Riek Machar –ex vicepresidente de Sudár de Sur- vuelve a echar mano de milicias de mayoría nuer para combatir de nuevo al SPLM/A, ahora en el gobierno que preside Salva Kiir, de etnia dinka. El escenario es complejo y la salida, a lo que ya define Naciones Unidas como un conflicto armado interno, será muy complicada. Lo cierto es que las hostilidades están dejando miles de muertos, y los desplazados y refugiados superan con creces el medio millón de personas, en un contexto que la UNMISS (Misión de Naciones Unidas para Sudán de Sur) no podrá controlar si no se amplían y refuerzan su capacidad y sus recursos civiles y militares en los próximos meses.

Fuentes.

BESWICK, S. (2004). Sudan's Blood Memory. The Legacy of War, Ethnicity, and Slavery in South Sudan. University of Rochester Press, Rochester.

KEEN, D. (2008). The benefits of Famine. A political economy of famine and relief in southwestern Sudan 1983-1989. Eastern African Studies. James Currey Ltd. Oxford.

EL ZAIN, M (1996). "Tribe and Religion in the Sudan" en Review of African Political Economy, Vol. 23, No. 70. Taylor & Francis Ltd.

JOHNSON, D. H. (2011). The Root's causes of Sudan's civil wars. The International Africa Institute. Oxford.

TIER, A. M. y MATOC DHAL, A. (2005). Inter-Communal Conflict in Sudan. Causes, Resolution Mechanisms and Transformation. A case study of the Dinka-Nuer Conflict. Ahfad University for Women. Omdurman.

 


1.- El Zain (1996).

2.- Tier y Matoc Dhal (2005).

3.- Beswick (2004).

4.- Keen (2008)