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En la última década, las operaciones de mantenimiento y construcción de la paz se han convertido en un componente importante de la política exterior brasileña. Su modelo de cooperación, a su vez, ha servido y sirve al propósito de los Gobiernos de Luiz Inácio Lula da Silva y Dilma Rousseff, de profundizar la presencia global de Brasil como potencia emergente, con miras a integrar el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

Buscando diferenciarse de los modelos tradicionales del Comité de Ayuda al Desarrollo (CAD), la cooperación brasileña hace énfasis en proyectos de impacto estructural a largo plazo, con el objetivo último de alcanzar la implementación de políticas públicas de desarrollo. Un ejemplo de este modelo es la cooperación entre Brasil y Haití, amparada bajo el acuerdo básico de cooperación científica y técnica firmado el 15 de octubre de 1982 y promulgado del 24 de noviembre de 2004.

En ese mismo año, el Gobierno de Brasil respondió al llamado de Naciones Unidas para participar de los esfuerzos internacionales de estabilización de Haití. Asumiendo el comando militar de la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití (MINUSTAH), la Agencia Brasileña de Cooperación (ABC), junto a socios brasileños, haitianos y de terceros países, se focalizó en el desarrollo de capacidades locales para abordar los desafíos propios del país. El programa de cooperación técnica estratégica entre Brasil y Haití contempla el mediano y largo plazo, y está basado en cinco pilares principales: agricultura y seguridad alimentaria; ambiente; entrenamiento vocacional; seguridad y ciudadanía; infraestructura; y salud (ABC, 2011). Hasta el momento, Brasil ha comprometido aproximadamente US$350 millones en asistencia de emergencia y recursos para la reconstrucción.

En 2010, después del terremoto, Haití se transformó virtualmente un Estado colapsado (Aguirre y Faret, 2010) debido a la propia incapacidad para gestionar la crisis humanitaria. Haití ha sido y continúa siendo un Estado frágil, con inestabilidad y grandes carencias de capacidad institucional combinadas con crisis ambientales, altos niveles de criminalidad y fuga de cerebros. A causa de ello, la cooperación brasileña debió revisar su programa de cooperación a fin de atender las nuevas demandas y necesidades urgentes. Intentando no discontinuar las iniciativas de largo plazo, el liderazgo brasileño debió reorientar recursos hacia iniciativas de corto plazo. Siendo la seguridad alimentaria un aspecto crucial, la actividad agrícola se reasumió inmediatamente después del terremoto, distinguiéndose el caso de la granja del Ministerio de Agricultura, Recursos Naturales y Desarrollo Rural (MARNDR) en Fond-de-Nègres.

La experiencia en Haití ha sido útil a efectos de fortalecer también las capacidades de países Latinoamericanos para tomar la iniciativa en operaciones de paz, más allá del rol de los países tradicionalmente líderes. Brasil ha ocupado un lugar preponderante, junto a Chile y Argentina, y se han profundizado las instancias de cooperación Sur-Sur. Existe un creciente consenso sobre la idea de que los donantes tradicionales deberían permitir a una nueva generación de países liderar los esfuerzos de cooperación internacional. Tal como afirmaba Jonathan Glennie en The Guardian en 2010, "la cooperación sur-sur ofrece nueva retórica y técnicas para asistir a los países pobres".

En este sentido, el caso de Haití ha permitido a Brasil demostrar su capacidad de liderar una operación de paz, como donante emergente y no tradicional. Su inversión de fondos y recursos tiene el objetivo de aportar mayor base argumentativa a su intención de ser parte el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas eventualmente. De hecho, buena parte de su élite consideraría que "el mantenimiento de la paz es parte del precio a pagar para estar entre las naciones que crean las reglas" (The Economist, 2010). Asimismo, este ejercicio ha generado una retroalimentación positiva y sinergias con el trabajo en favelas, al tiempo que ha permitido al país modernizar su ejército.

A pesar de ello, tanto en la región como al interior del país, la misión en Haití no escapa a controversias. Las críticas señalan que carece de un objetivo claramente definido y, especialmente, que la presencia de países como Brasil, Argentina o Chile es preocupante en la medida que "las fuerzas reales detrás de la ocupación militar de Haití -los poderes que están incentivando al resto- son los Estados Unidos, Francia y Canadá" (Haiti Analysis, 2013). Amplios sectores en Haití y la región latinoamericana reclaman que finalice la ocupación militar y, en este contexto, Uruguay ha anunciado recientemente que sus tropas se retirarían de la MINUSTAH durante finales de 2013. Esta decisión tiene lugar al tiempo que Brasil coordina su salida del país, que estaría pautada para finalizarse en abril de 2014.

Más allá de los cuestionamientos, lo cierto es que Brasil ha asumido el compromiso de liderar la misión en Haití para que este país transite, en sus propios términos y de acuerdo a sus necesidades, su camino hacia la estabilidad democrática y el crecimiento con justicia social. Si bien aún existen carencias y debilidades, la Agencia Brasileña de Cooperación ha logrado establecer su presencia balanceando resultados inmediatos, con proyectos de desarrollo a más largo plazo. Pero este no ha sido el único balance que la cooperación brasileña ha encontrado; ha sido también capaz de equilibrar su compromiso con el desarrollo haitiano -desde una cooperación alternativa que trabaja para y con el país socio- con su intención de posicionarse como potencia capaz de liderar misiones de paz. De esta forma, Brasil se perfila como candidato idóneo para reclamar un lugar entre las naciones que establecen las -nuevas- reglas del sistema internacional.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

• AGÊNCIA BRASILEIRA DE COOPERAÇÃO (2011) Brasil-Haití Programa de Cooperação Sul-Sul.

• AGUIRRE, M. y FARET, T. (2010) "Haiti: the politics of recovery" en Open Democracy. 28 de enero de 2010. Disponible en: http://www.opendemocracy.net/tone-faret-mariano-aguirre/haiti-politics-of-recovery

• ANTONINI, B. (2012) NOREF Report. Putting the pieces together: Haiti's pathway to a working state. September 2012.

• EUROPEAN UNION (2013). European Development Report 2012. Post-2015: Global Action for an Inclusive and Sustainable Future. Brusels: European Union.

? IVES, K. (2013) "Uruguay Will Withdraw from MINUSTAH, President Says. Beginning of End of UN Occupation of Haiti?" en Haiti Analysis. 31 de octubre de 2013. Disponible en: http://haitianalysis.blogspot.no/2013/10/uruguay-will-withdraw-from-minustah.html

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• NNUU (2012) Grupo de Trabajo de Naciones Unidas para la Agenda de Desarrollo Post-2015. El Futuro que Queremos para Todos. Nueva York.

• OECD (2010) Perspectives on Global Development 2010: Shifting Wealth París: Development Centre, OECD.

• PNUD (2013). Informe sobre desarrollo humano 2013. El ascenso del Sur. Progreso humano en un mundo diverso. Nueva York: PNUD.

• SANAHUJA, J. (2013b) América Latina, Más Allá De 2015: Escenarios del Desarrollo Global y las Políticas de Cooperación Internacional. Madrid: ICEI.

• TANK, P. (2012) NOREF Policy Brief. The concept of "rising powers". June 2012.

? THE ECONOMIST (2010) "Policy, Not Altruism. How global ambitions are helping to modernize the army" en The Economist. Río de Janeiro, 23 de Septiembre de 2010. Disponible en: http://www.economist.com/node/17095626

• GLENNIE, J. (2011) "Haiti: tailor-made for south-south co-operation" en The Guardian. 11 de octubre de 2011. Disponible en: http://www.theguardian.com/global-development/poverty-matters/2011/oct/11/haiti-tailor-made-south-south-cooperation

• WORLD ECONOMIC FORUM (2013). Global Risks 2013. Ginebra: WEF.

 


 

[1] Jonathan Glennie es escritor e investigador en desarrollo y cooperación internacional. Es asociado de investigación en el Overseas Development Institute en Londres y en el Centro de Pensamiento Estratégico Internacional (Cepei) en Bogotá, donde vive.