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"Inseguridad alimentaria: situación en que las personas carecen de acceso garantizado a la cantidad suficiente de alimentos inocuos y nutritivos para el crecimiento y desarrollo normales así como para llevar una vida activa y saludable" (FAO, organización de las Naciones Unidas para la agricultura y la alimentación)

"Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación [...]" (Declaración de los Derechos Humanos, 1948)

"Los Estados Partes en el presente Pacto reconocen el derecho de toda persona a un nivel de vida adecuado para sí y su familia, incluso alimentación, vestido y vivienda adecuados" (Pacto Internacional de Derechos Económicos Sociales y Culturales de 1976, art.11/1).

1. Algunos datos sobre el hambre

En el mundo hay al menos 870 millones de personas desnutridas, lo que supone el 15 % de la población mundial1. De ese 15 %, la mayoría se reparte entre África y Asia, aunque también existen poblaciones enteras sufriendo inseguridad alimentaria en países como Guatemala o Haití. La mitad de los niños menores de cinco años que mueren en el mundo lo hacen por desnutrición.

Asia es, en términos numéricos, el continente más castigado por el hambre, pero las cifras relativas nos llevan a África como continente con mayor proporción de personas hambrientas y mayor número de países en situación de inseguridad alimentaria. Dentro de África, el hambre comienza en el Sáhara y avanza en dirección sur, adquiriendo tintes orientales pues gran parte de la inseguridad alimentaria se concentra en África del Este, aunque no quedan excluidos algunos países del África Meridional (como Zambia) África Occidental (Liberia) y, por supuesto, la franja del Sahel.

Este trabajo pretende resumir la situación actual de inseguridad alimentaria en África del Este y sus causas principales. También permitirá conocer la relación existente entre las buenas prácticas de reducción y gestión del riesgo de desastres y el aumento de la seguridad alimentaria, tras lo que se extraerán algunas conclusiones.

2. Un contexto complicado

África del Este es una de las regiones más empobrecidas del mundo y con mayores dificultades para hacer frente a la innumerable lista de problemas que su población enfrenta a todos los niveles: social, político, económico, ambiental pero sobre todo a nivel humano.

Aunque existen diferentes clasificaciones sobre qué países forman parte de la región, la comunidad internacional está de acuerdo en que en África del Este u Oriental estarían el Cuerno de África: Yibuti, Eritrea, Etiopía y Somalia, y la Comunidad Africana Oriental (CAO): Kenia, Tanzania y Uganda, por lo que en ellos se centrará este trabajo. También se tendrán en cuenta los datos de Ruanda y Burundi.

Según datos del PNUD, La población total de la región se estima en 248,7 millones de personas2 y es predominantemente rural (en Etiopía el 82,8 % de la población vive en el campo, y en Burundi el 88,8 %). Se caracteriza por sus bajos niveles de desarrollo humano, con casos extremos como el de Eritrea (que ocupa el puesto 181 en una lista formada por 186 países), Burundi (puesto 178) o Etiopía (puesto 173). La tasa media de crecimiento demográfico es elevada, incrementándose la población en torno al 3% anual, y las previsiones sobre crecimiento económico en la región son aún mayores, en torno al 6% anual3.

Pero las cifras económicas enmascaran una realidad social turbia, en la que millones de personas siguen enfrentándose a unas condiciones de vida extremadamente duras que las vuelve vulnerables y proclives a padecer inseguridad alimentaria.

segalimEl mapa 1 muestra cómo de los 22 países que se encuentran en situación de inseguridad alimentaria alarmante o extrema, 16 están en África Subsahariana. En África del Este, Eritrea y Burundi son los países más castigados por el hambre, seguidos por Etiopía y Yibuti. En Tanzania, Kenia, Uganda y Ruanda la inseguridad alimentaria es preocupante, pero no alcanza los niveles de sus vecinos. Los índices de desnutrición en Burundi y Eritrea superan el 60 %, es decir, bastante más de la mitad de su población está desnutrida. En Etiopía hay un 41 % de desnutrición mientras que en Kenia, Ruanda y Tanzania el porcentaje está en torno al 30 %. Uganda es el país que más ha avanzado en materia de seguridad alimentaria, con un índice de desnutrición actual del 22 %.

Fuente: www.endinhunger.org

El siguiente mapa muestra el índice de compromiso con el hambre y con la nutrición (HANCI, por sus siglas en inglés) y evalúa los esfuerzos de los gobiernos de los países denominados "en desarrollo" en su lucha contra el hambre.

map2En pocos casos se han cumplido verdaderamente los compromisos adquiridos por los Estados en África Subsahariana. En Etiopía, Kenia y Uganda ha habido mucho acuerdo teórico pero sin resultados reales, al igual que el pequeño Burundi, uno de los países más pobres del mundo. De Somalia, Eritrea, Yibuti y Yemen carecemos de datos. Tanzania y Ruanda han sido los países cuyos gobiernos más se han comprometido con la seguridad alimentaria, y eso se ha traducido en la reducción de los niveles de desnutrición.

Fuente: www.endinhunger.org

3. Causas del hambre en África del Este

Según la FAO, en el mundo hay recursos suficientes para alimentar a 12.000 millones de personas4. De momento somos 7.000 y, sin embargo, la gente se sigue muriendo de hambre en regiones como la africano-oriental. ¿Cómo es esto posible?

Para responder a la pregunta hay que tener claro que las causas de la inseguridad alimentaria son múltiples, externas e internas. Analizarlas todas requeriría de un trabajo mucho más amplio, por lo que aquí se resumirán algunas claves:

3.1. Causas ambientales

Son las más conocidas. Seguramente todos y todas hemos oído hablar alguna vez del cambio climático, la desertificación o las sequías. La región oriental de África Subsahariana es azotada cada vez más a menudo por las sequías, y el acceso de los pequeños agricultores y los ganaderos a los recursos acuíferos es muy limitado. Pero la sequía no determina la inseguridad alimentaria. Si bien es cierto que en algunas zonas la tierra apenas provee de los micronutrientes necesarios para producir alimentos, como es el caso de Yibuti, en África del Este se encuentran algunas de las tierras más fértiles del continente africano, como las etíopes o las keniatas. Por tanto, hemos de dirigir la mirada más allá.

3.2. Causas sociales

La presión demográfica es una de las causas sociales que se menciona con frecuencia en los medios de comunicación las pocas veces que tratan el problema del hambre en África. Dos casos destacados son los de Ruanda y Burundi, donde la población crece a un ritmo del 2,6 % anual en el primer caso y del 3 % anual en el segundo, en territorios muy pequeños con capacidad de abastecimiento alimentario limitada.

Otra causa social de la inseguridad alimentaria es el mal uso de los recursos naturales que en ocasiones provoca la improductividad de la tierra. Es el caso de algunas montañas al este de Kenia, donde durante las cuatro últimas décadas la mala gestión del agua ha reducido la cubierta forestal y ha aumentando la pobreza, entorpeciendo el ciclo hidrológico y la capacidad del suelo para retener micronutrientes. Proyectos respaldados por organizaciones como la FAO inciden en las actitudes locales para que los campesinos y campesinas sean responsables de la protección y preservación de los recursos de agua. La reforestación y la alerta temprana de las subidas en el nivel del agua de las cuencas hidrográficas son algunas de las soluciones principales a este problema5.

3.3. Causas políticas

Las causas políticas y las económicas son las verdaderas determinantes de la inseguridad alimentaria. Las primeras hacen referencia a la forma en que los gobiernos garantizan (o no) el acceso de sus poblaciones a los alimentos. La regulación de la tenencia de la tierra es crucial en este sentido, pues el hecho de que los pequeños campesinos y campesinas tengan asegurado su suministro alimentario depende del derecho que posean sobre la tierra. En muchas zonas de África no existe un papel que proporcione derechos legales sobre la tierra a quienes habitan y viven de ella, por tanto el gobierno puede ocuparlas y desocuparlas a su antojo. Cuando la ley sí ampara la tenencia de la tierra, normalmente excluye a las mujeres, que son las principales proveedoras de agua y alimentos y que por el contrario, en la mayoría de los casos, no tienen reconocido el derecho a la tierra que cultivan. Esto implica que en muchas familias, cuando el varón propietario de la tierra muere o desaparece, la mujer queda desamparada y es expulsada de una tierra que legalmente nunca fue suya.

Otra causa de tipo geopolítico es la falta de acceso generalizado de los países oriento-africanos a las cuencas hidrográficas fundamentales. La mayor parte del agua de los embalses africanos, además, se encuentra en el Sur del continente6, con lo cual existe un desequilibrio importante en el acceso al agua.

3.4. Causas económicas

Estas últimas están estrechamente relacionadas con las casusas políticas. Aquí nos vamos a centrar en el actual sistema de mercados y su influencia sobre la inseguridad alimentaria.

Uno de los grandes causantes de las crisis alimentarias de los últimos años ha sido la subida abismal del precio de los alimentos. Las familias de África del Este emplean gran porcentaje de sus rentas en la compra de alimentos, como ocurre con el 42,4 % de renta familiar en Kenia. Pero los precios no suben por sí solos. En enero de 2011 el Parlamento Europeo reconocía que la especulación financiera con los alimentos fue responsable de al menos el 50 % de la subida de los precios7. Los "tiburones tigre"8 , como los llama Jean Ziegler, antiguo relator del derecho a la alimentación de las Naciones Unidas, son las grandes empresas transnacionales y entidades financieras que con la complicidad de gobiernos occidentales y financiadores multilaterales extraen los productos de las tierras africanas muchas veces con el pretexto de hacer prosperar lo que "esos pobres africanos son incapaces de hacer fructificar" (Ziegler, 2012: 294)

Las gigantes transnacionales no sólo juegan con los precios de la comida de la gente, sino que con la permisividad de los gobiernos de los países que venimos estudiando, adquieren enormes extensiones de tierras que pasan de servir a la subsistencia de los pequeños agricultores y agricultoras, a servir a las grandes empresas y a sus intereses exportadores.

A esto hay que sumar que no todo producto que se cosecha es comestible, y que no todo comestible se utilizará para comer. India planta rosas en Etiopía y Estados Unidos convierte gran parte de los productos obtenidos en agrocombustibles. Estos son sólo algunos ejemplos.

4. Gestión del riesgo de desastres y seguridad alimentaria

La forma de concebir los desastres naturales ha variado a lo largo de la historia. Durante siglos, éstos se tomaron como inevitables por la sociedad pero ya en la segunda mitad del siglo XX, y especialmente a partir de los años 80, la comunidad internacional ha ido tomando conciencia tanto de la responsabilidad como de la influencia que tiene el ser humano sobre la posibilidad de que estos desastres ocurran.

Como hemos visto, no son las sequías las que matan a la gente. Ni las inundaciones. Es la incapacidad humana de hacer frente a las mismas, de adaptarse a ese contexto hostil que les envuelve en determinados momentos de su vida, la que acaba con sus vidas. Una población fuerte, menos vulnerable, no sufre las mismas pérdidas humanas que aquélla que no lo es.

La gestión de los desastres consiste básicamente en controlar las amenazas, en la medida de lo posible, y capacitar a las personas, comunidades y autoridades locales para la preparación o la mitigación del impacto de las consecuencias del desastre si este llegara a producirse.

Para ello es fundamental identificar las amenazas, primero, e instaurar las medidas de reducción de riesgo, después.

Estas herramientas de reducción del riesgo son una de las muchas que podemos aplicar al contexto de inseguridad alimentaria africano-oriental, fundamental para la construcción de resiliencia de la población.

Si los africanos orientales son capaces de predecir con anterioridad suficiente la llegada de una sequía o de una lluvia torrencial, o si disponen de un abanico de alternativas que les asegure su supervivencia cuando esto ocurra, se reduciría enormemente la magnitud del desastre.

Supongamos que una sequía amenaza a una comunidad rural en algún punto cercano a la meseta de Ogadén, al este de Etiopía, semidesértica y donde la población dispone de sistemas de alerta temprana (por ejemplo, radiocomunicaciones). Supongamos, además, que la población ha ido almacenando granos en bancos de alimentos que se han ido depositando durante todo el año, y que ha gestionado los escasos recursos hídricos de manera que ahora se puedan mantener las cosechas mediante sistemas de regadío y los pastos para el ganado.

Si todos estos factores se cumplen, nuestra comunidad etíope estará preparada cuando llegue la sequía y, aunque posiblemente sufrirá mayor escasez que en otras épocas del año, podrá sobrevivir a la hambruna. Se habrá reducido, pues, el riesgo de desastre.

Pero no sólo a nivel local y comunitario hay que reducir estos riesgos. Las grandes industrias y su incidencia sobre el cambio climático, la sustracción de tierras a gran escala también aumentan el riesgo de desastres; millones de hectáreas son cultivadas de manera inadecuada y con productos contaminantes de la tierra y de las cuencas hidrográficas; los organismos multilaterales y su modus operandi; la cooperación internacional y su capacidad de construir resiliencia en las poblaciones vulnerables, son todos ellos responsables y capaces de reducir o aumentar el riesgo de desastres.

5. Conclusiones

La inseguridad alimentaria es un fenómeno multicausal que lleva a una situación desesperada de hambre a millones de personas en África del Este.

Las crisis alimentarias son recurrentes, porque sus causas son estructurales; sus consecuencias son devastadoras, pero existe la posibilidad de fortalecer a las comunidades oriento-africanas para que no padezcan hambrunas cada vez que hay una sequía o que las condiciones contextuales son adversas.

No estamos hablando de un problema de recursos, ni tampoco de un problema de inclemencia climatológica. El hecho de que Occidente y Oriente Medio se repartan millones de hectáreas africanas para su cultivo da cuenta de ello.

No podemos negar que las condiciones ambientales en la región son muy duras, pero si se toman las medidas adecuadas la inseguridad alimentaria se puede disminuir drásticamente.

Mediante la gestión del riesgo de desastres, como ya hemos visto; con un sistema de mercados menos voraz y más regulado; con una balanza de comercio exterior más equitativa; con un mayor compromiso con el medio ambiente; con la implantación de medidas públicas que faciliten el acceso a la salud, a la educación y a los bancos de alimentos de las poblaciones actualmente vulnerables; con una mayor participación de la sociedad civil; con una cooperación internacional más eficaz y proactiva y con una mayor transparencia y difusión de la información a nivel mundial, las hambrunas se pueden terminar.

Pero sobre todo hace falta voluntad política, tanto de los gobiernos occidentales como de los países afectados por la inseguridad alimentaria. Existen demasiados acuerdos y demasiadas declaraciones de buenas intenciones, tanto en el seno de las Naciones Unidas como en el resto de organismos multilaterales. Pero por lo general estas recomendaciones no son vinculantes, por lo que los actores internacionales pueden cumplirlas o no cumplirlas, sin que ello suponga sanción alguna. Y esto, en un contexto de liberalización descontrolada del mercado en el que la acumulación de beneficios económicos está por encima de la vida de la gente, es muy peligroso.

Bibliografía y fuentes:

- International Fund for Agricultural Development (www.ifad.org)

- Medina, José María (2012) "Hambre de Justicia. Siete compromisos capitales en la lucha contra el hambre", campaña Derecho a la alimentación. Urgente.

- Organización de las Naciones Unidas para la agricultura y la alimentación (www.fao.org)

- Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (http://hdr.undp.org/es/estadisticas)

- World Food Programme (www.wfp.org)

- Sistema de información global sobre el agua y la agricultura de la FAO (http://www.fao.org/nr/water/aquastat/main/indexesp.stm)

- www.endinhunger.org

- www.intermonoxfam.org

- Ziegler, Jean (2012): "Destrucción masiva. Geopolítica del hambre", Península, Barcelona.

 


 

[1] Datos de la FAO

[2] Datos de 201, PNUD

[3] FIDA, Informe anual 2012

[4] Extraído del texto de José María Medina Rey "Hambre de Justicia. Siete compromisos capitales en la lucha contra el hambre", publicado en 2012 por la campaña "Derecho a la alimentación. Urgente"

[5] FAO, WFP y FIDA, serie de vídeos documentales "Hungry Planet" (Pon enlace..)

[6] Datos de Aquastat

[7] Extraído del texto de José María Medina Rey "Hambre de Justicia. Siete compromisos capitales en la lucha contra el hambre", publicado en 2012 por la campaña "Derecho a la alimentación. Urgente"

[8] Ziegler, Jean (2012): "Destrucción masiva. Geopolítica del hambre", Península, Barcelona.