colombia

 

A propósito del Paro Nacional y la situación del país...

El país ha empezado a cambiarse de ropa

 

  1. El paro nacional y las jornadas de protesta son la cara social y política más profunda de los recientes resultados electorales, que desbordaron a los partidos como tales y al uribismo como corriente política. Y ello es así, porque el movimiento de estos días ha empezado a superar en sus motivos y aspiraciones las falsas polaridades entre paz y seguridad, entre políticas económicas y sociales, y entre el país regional y rural que votó por el sí a la paz, y el urbano de las grandes ciudades que votó por el no...
  2. Una característica de dichas jornadas es la aceleración de los tiempos de la política, en el sentido de la fugaz apertura y agotamiento de las iniciativas gubernamentales, y de las prometedoras dinámicas de expresión ciudadana y social.
  3. Ello tal vez se pueda explicar si se mira quiénes convocaron y cómo maduró dicha convocatoria. Convocaron inicialmente los sindicatos y el movimiento estudiantil, y luego se fueron sumando organizaciones sociales de diverso tipo (indígenas, campesinas, ciudadanas, de derechos humanos, gremiales populares, sectores políticos, redes ciudadanas, entre otros.), hasta madurar superando el pulso que el uribismo y el gobierno le propusieron al país sobre la deslegitimación del paro, la estigmatización de los convocantes y la siembra del miedo como instrumento político para impedir la protesta.
  4. El paro fue precisamente eso, un paro, especialmente de transporte y del comercio, inducido por aquel pulso o asumido por algunos actores sociales y gremiales, pero en todo caso, un paro, un cese de actividades económicas, y al mismo tiempo una movilización ciudadana. Y ello explica la complejidad de los motivos y de la participación, pero al mismo tiempo la profundidad de su significado.
  5. La importancia de la jornada estriba, además de lo masiva y extensiva en el país, en esa combinación de paro y movimiento, que no se presentaba en todo el país desde hace décadas, el cual empezó a estremecer los cimientos del régimen político más allá de la crisis de gobernabilidad misma.
  6. En lo puntual de la jornada, y en los eventos subsiguientes (concentraciones fluctuantes, cacerolazos, debates, denuncias y esclarecimientos por las redes, entre otros), se ha empezado a esbozar una suerte de “huelga ciudadana”, con las limitaciones impuestas por la devastación de la guerra sucia de varias décadas, pero al mismo tiempo con las potencias de los relevos generacionales evidentes en la participación juvenil, el desgaste de las polarizaciones ideológicas tradicionales, la suma de motivos en toda la línea de la realidad social y ambiental, y la apertura de repertorios de acción colectiva más amplios, frescos y con una alegría renovada, incluyendo las acciones virtuales.
  7. Después del 21, se vienen combinando dos procesos inter-relacionados, pero con sus propias singularidades: El primero, el sainete de los salvadores de la patria, brevísimo por su agotamiento en una sola noche, cuyos impactos lograron recrear confusión más que miedo; y el segundo, las frágiles pero contundentes expresiones de protesta encarnadas en los cacerolazos y las concentraciones y movilizaciones sucesivas.
  8. El sainete de salvación fue develado rápidamente por las grabaciones espontáneas sobre las complicidades de la policía con la zozobra y las amenazas nocturnas de vandalismo, y hasta por la ingenua declaración del alcalde de Bogotá de que se trató de una campaña de terror. Otra cosa es que como cálculo cínico de apostar a revolver los miedos atávicos originados en el “bogotazo” del 9 de abril de 1948, la macabra iniciativa logró revelar que subyace en la sociedad y especialmente en sectores medios una incapacidad de representarse a los sectores populares más allá de la supuesta masa informe que agencia la revuelta espontánea y destructora. Pero una vez más esto fue conjurado relativamente porque los bárbaros, como en el poema de Kavafis, no llegaron, y antes de que cantara el gallo había cesado “la uribe noche”. 
  9. Y si en efecto hubo algunos desmanes “auténticos”, éstos se presentaron en unas pocas zonas pauperizadas muy localizadas de dos ciudades, Cali y Bogotá, y en uno o dos municipios del país. Pero aquí tal vez pueda decirse que otra tradición del país de levantamientos explosivos y espontáneos callejeros ha brillado por su ausencia, lo cual quizás empieza a evidenciar que ya no hacen parte de los nuevos repertorios de acción ciudadana, aún frente a la evidencia de una rabia profunda en algunos sectores más pauperizados y descompuestos.
  10. Aquí se revela el papel del gobierno mismo en el sainete, cuyo perfil principal es la ineptitud, tanto del conjunto del gobierno como del presidente y de su propio partido, que ya ha empezado a pasar de ser de crisis a constituirse en bancarrota política.
  11. Y también la ausencia de escrúpulos, la crueldad y el cinismo de la derecha, que sigue echando leña al fuego del conflicto que niegan, algunos de cuyos dirigentes más conocidos han llamado a los vecinos armarse y al gobierno a liberar el porte de armas en medio de un cierto silencio de su innombrable jefe, cuyos ecos en algunos grupúsculos con capacidad de daño y de violencia siguen vigentes así estén cada vez más develados.
  12. Y es notable el silencio del ministerio de defensa y de las fuerzas armadas, tal vez las más desgastadas en los últimos meses por los desafueros de su accionar en campos y ciudades, la crisis del ministerio como tal, y la marginación de la discusión pública de los sectores militares afectos a la paz.
  13. Y es palpable la caducidad de un organismo de represión como el Esmad, un actor institucional que canaliza y proyecta el resentimiento subyacente y el anhelado vandalismo por sectores del país, con sus prácticas de violencia y atrocidad para recrear el terror. Es hora de reivindicar su liquidación como ente de policía, no sin dejar de judicializar a los responsables de los crímenes perpetrados en estas y otras jornadas, ni de conocer cómo se han venido seleccionando sus miembros, cuáles es la formación que se les imparte, y cuál la coordinación de sus mandos con las autoridades competentes.
  14. En cuanto a los cacerolazos y las jornadas subsiguientes, revelan ante todo la profundidad de la indignación, y de la búsqueda de nuevas formas de acción colectiva, ciudadana y social, especialmente por parte de la juventud y de los pobladores de barrios y de pequeñas ciudades en todo el país. Pero también evidencian algunos vacíos de la protesta y de la política nacional en general.
  15. En cuanto a los vacíos, las jornadas empiezan a mostrar una debilidad de horizontes de sentido de la acción colectiva, así haya ideas fuerza y motivos de protesta, e incluso reivindicaciones de cambio de las políticas sociales vigentes, pero parece haber muy poco de la necesaria articulación de la acción (confluencias, configuración de mesas o instancias de diálogo entre los activistas o los sectores, etc., y definición de programas o plataformas de transformación de políticas…). Y una relativa ausencia de referentes políticos  organizados o de liderazgo con legitimidad en torno a lo alternativo propositivo, los cuales han brillado por su ausencia en la coyuntura, así haya tímidas expresiones de algunos analistas, incipientes manifiestos más orientados a exhortar al gobierno a cesar la represión y atender los reclamos, o por supuesto decisivas y valiosas presencias de las grandes figuras de la oposición cuyas claridades y tesones contribuyen a legitimar y esclarecer la validez de las protestas.
  16. Aquí tal vez se expresa la profundidad de la crisis de representación política que atraviesan los sectores sociales populares y medios de la población, cuyas expresiones gremiales, comunales y organizativas han sido y están siendo devastadas por la guerra sucia y la violencia cruzada de la gran familia de la ultraderecha, el paramilitarismo y el narcotráfico.
  17. ¿Qué sigue? El martes próximo la aprobación en el Congreso del presupuesto negado por la Corte Constitucional, donde se amarran de la peor manera las políticas cuestionadas por el paro y las jornadas de protesta, con base en las componendas del ministro de hacienda con el vargasllerismo y otros sectores parlamentarios. El miércoles, en un escenario que de antemano sería anacrónico si se realiza lo anterior, la apertura no de un diálogo sino de una “conversación social”, anunciada por Duque primero con algunos empresarios, y luego con los nuevos alcaldes y gobernadores, escamoteando a la ciudadanía y a los movimientos y sectores sociales y gremiales populares que articularon la convocatoria al paro y a la protesta.
  18. Y entonces, ¿Qué hacemos? Tal vez la respuesta pueda estar en dos necesarios planos: el del desenlace y fructificación de las protestas, con la preparación para una concertación más temprano que tarde del desmonte de las principales reformas impugnadas, y el inicio de la superación nacional de lo más profundo del uribismo: la corrupción y los negocios con los recursos públicos de sus dirigentes políticos y gremiales, y de sus mentores gremiales y  económicos; y la concurrencia del movimiento ciudadano y social con la formulación de los planes de desarrollo territoriales de los gobiernos que asumen en enero, articulando propuestas de políticas alternativas a las reformas que se pretenden…
  19. Para ello, habría que buscar la forma de revertir la energía de las protestas en articulaciones o mediaciones de los movimientos, constituyendo una suerte de instancia nacional abierta con representación ciudadana (¿territorial?) y sectorial (sindical, campesina, indígena, de los movimientos lgbti y feministas, entre otros), que se reivindique como factor de interlocución con el gobierno nacional y con los nuevos gobiernos territoriales, y se asuma como referente colectivo para las próximas semanas y meses; y hacer acuerdos entre organizaciones ciudadanas para irrigar las redes sociales con nuevos contenidos e iniciativas que ayuden a cualificar la acción colectiva y especialmente la de las redes… Y por supuesto, continuar la búsqueda de transformación social y política de un país que ha empezado a quitarse de encima las anacrónicas vestiduras de la violencia, los fundamentalismos y la política pública envilecida.

 

Sobre el autor.

Hernán Darío Correa, sociólogo y activista colombiano con el que hemos tenido el honor de colaborar en diversas ocasiones, realiza esta interesante reflexión sobre las perspectivas que se abren tras el Paro Nacional y el auge de las movilizaciones ciudadanas.

 

 

ROHINGYA

 

 

Justicia universal para los Rohingyas*

 

Apelando al principio de justicia universal, el presidente de la Burmese Rohingya Organisation (BROUK), Tun Khin, presentó el pasado 13 de noviembre en la justicia penal argentina una demanda por los "crímenes brutales" contra la etnia rohingya por parte de Myanmar. La demanda es realizada contra los líderes militares y civiles militares de Myanmar, incluida la consejera de Estado Aung San Suu Kyi -premio Nobel de la Paz en 1991-. En la demanda, se urge el procesamiento de los acusados.

 

Se destaca que se acusa a Myanmar –quien no reconoce a la minoría musulmana rohingya como ciudadanos- de haber llevado adelante desde 2017 numerosas matanzas y delitos de violencia sexual contra la mencionada población. Según cifras del ACNUR, Este hecho conllevó a un éxodo de alrededor de 900.000 personas a Bangladesh, convirtiendo a Cox´s Bazaar en el mayor campo de refugiados del mundo, además de un gran número de desplazados internos.

 

La organización BROUK está representada por el abogado argentino Tomás Ojea Quintana, quien fuera Relator Especial de las Naciones Unidas para los  Derechos Humanos en Myanmar entre 2008 y 2014. Asimismo, BROUK es apoyada por las Abuelas de Plaza de Mayo y la Fundación Servicio Paz y Justicia, la cual es encabezada por el premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel.

 

El consagrado principio de justicia universal sostiene que determinadas acciones de máxima gravedad, tales como los crímenes de guerra y contra la humanidad, no son competencia de un solo Estado y, al contrario, pueden ser juzgados en la justicia de terceros países. Al respecto, la justicia argentina ya había aceptado albergar otras causas en base al principio de justicia universal, tales como los crímenes del franquismo en España y la represión del movimiento Falung Gong de China.

 

Conviene recordar también que un caso contra el Estado de Myanmar por sus implicaciones en el genocidio del pueblo rohingya fue abierto la semana pasada en el máximo tribunal de las Naciones Unidas, la Corte Internacional de Justicia (CIJ), a partir de una demanda presentada por Gambia con el apoyo de la Organización para la Cooperación Islámica (OCI). A esto hay que sumar el importante fallo de la Corte Penal Internacional (CPI), en septiembre de 2018, cuando manifestó que puede ejercer su jurisdicción sobre la deportación de los rohingyas desde Myanmar hacia Bangladesh, a pesar de que el Gobierno de Myanmar no acepta en su territorio la jurisdicción de la CPI por no haber firmado el Estatuto de Roma, carta fundacional del mencionado organismo. Ello, debido a que los supuestos crímenes se habrían terminado de cometer en territorio de Bangladesh, un Estado que sí ha ratificado el Estatuto.

 

En este sentido, el 4 de julio pasado, la fiscal de la CPI, Fatou Bensouda, solicitó autorización a los Jueces de la Corte para llevar adelante una investigación sobre presuntos crímenes de lesa humanidad, a saber, “deportación, otros actos inhumanos y persecución cometida contra el pueblo rohingya de Myanmar”. Tras ello, el 14 de noviembre pasado los jueces autorizaron el comienzo de la investigación. En el comunicado, se concluyó que "existe una base razonable para creer que se han cometido actos de violencia generalizados y/o sistemáticos que podrían calificarse como crímenes contra la humanidad". También, se habían recibido las opiniones sobre esta solicitud de cientos de miles de presuntas víctimas.

 

Frente a las acusaciones de violaciones de derechos humanos cometidos sobre la población rohingya, sin duda las investigaciones en curso contribuirán a clarificar los hechos. Asimismo, en el caso de que se confirmen las acusaciones, se podrá proceder a hacer efectiva la responsabilidad y rendición de cuentas de los implicados con el fin último de traer justicia y brindar protección a la población afectada.

 

Sobre la autora.

 

Noelia Natalia Blascovich es Politóloga, Diplomática. Coordinadora del Observatorio en Asuntos Humanitarios (OAH) del Centro de Estudios de Política Internacional de la UBA. Maestranda en Acción Humanitaria Internacional (NOHA). Especializada en Protección de Migrantes y Refugiados y en Asistencia Humanitaria en Zonas de Conflictos Armados y Misiones de Paz. Se desempeñó como Responsable de Asuntos Humanitarios en la Dirección de Organismos Internacionales de Cancillería. Miembro voluntario de Cruz Roja Argentina y Española.

[*] Las ideas y opiniones expresadas en este trabajo son de la autora y no reflejan necesariamente la posición de ninguna institución a la cual pertenezca.

 

FOTOGRAFÍA: REUTERS

 

portadaMSFIECAH

 

En los contextos de emergencia y crisis humanitaria la violencia de género cobra, lamentablemente, especial importancia. Desde el IECAH hemos colaborado en el seguimiento de la iniciativa “Call to Action on Protection from Gender-Based Violence in Emergencies”, en el marco del consorcio INSPIRE. En el informe analizamos los avances y retos colectivos de esta iniciativa, que aglutina ya a 80 socios entre ONG, estados/donantes y organismos internacionales.

 

INFORME COMPLETO

 

 

 

IRA

 

Para elperiódico.com

 

Con 70 años a sus espaldas, la OTAN ya se encaminaba quejumbrosa hacia la Cumbre que albergará Londres los próximos días 3 y 4 de diciembre. Y por si no fueran suficientes los achaques que presenta a estas alturas, las recientes declaraciones a 'The Economist' del presidente francés, Emmanuel Macron, acaban de darle la puntilla al proclamar su “muerte cerebral”.

No es, desde luego, la primera vez que se cuestiona su vigencia. Basta con recordar cómo, tras la implosión de la URSS (1991) y el desmantelamiento del Pacto de Varsovia, ya hubo voces muy claras reclamando la necesidad de poner fin a una organización que en su esencia se había creado para tener a EEUU dentro, a Alemania debajo y a la URSS fuera. Parecía llegado el punto de agradecerle los servicios prestados como paraguas de seguridad bajo el que se han cobijado la mayor parte de los países europeos occidentales, lo que permitió a muchos de ellos concentrarse más en su desarrollo, contando con que Washington velaba por su seguridad. Pero esa cara tenía también su cruz, puesto que aceptar ese esquema ha supuesto prolongar una minoría de edad europea que ahora pasa factura.

 

Permanente huida hacia delante

LSin embargo, lejos de ponerle fin, lo que hemos vivido desde entonces ha sido una permanente huida hacia delante de la Alianza, que incluye la entrada de nuevos socios (buscando la protección contra Moscú) y su reconversión en organización de seguridad global (asumiendo un protagonismo desproporcionado en la “guerra contra el terror”). Al margen de las disensiones internas entre sus 29 miembros (marcadas sobre todo por la persistencia de anacrónicos resabios nacionalistas y la fractura entre europeístas y atlantistas), visto desde la Unión Europea, lo más destacado de este proceso es entender que, por comodidad de unos y falta de ambición de otros, hoy estamos escasamente dotados para hacer frente a las amenazas y riesgos que nos afectan y aún seguimos subordinados a un aliado cada vez más reacio a asumir la parte de la carga que le corresponde (Trump ha calificado a la Alianza de obsoleta, olvidando los beneficios que le ha reportado a Washington durante décadas).

El hecho es que ni siquiera Macron se ha atrevido a salirse de ese marco. Por mucho que pueda desear una Europa de la defensa con verdadera autonomía estratégica, no se ha desmarcado del habitual estribillo que repite insistentemente que todo lo que se haga en la Unión es complementario (no alternativo) a la OTAN. Y probablemente lo haya planteado así porque, por un lado, es consciente de las carencias europeas en materia de defensa y, más aún, de que ningún país en solitario puede superar los desafíos y amenazas actuales. A eso se añade que, sin Gran Bretaña, las capacidades del conjunto disminuyen (de ahí su afán por contar desde su arranque con Londres en la Iniciativa Europea de Intervención). En definitiva, dado que ni el camino recorrido hasta aquí -con la Política Común de Seguridad y Defensa (PCSD) y la Cooperación Estructurada Permanente (PESCO)- ni el repunte nacionalista de estos últimos años permiten imaginar que, a corto plazo, la Unión pueda contar con una capacidad de defensa autónoma, Macron también asume que no hay más remedio que seguir contando con la OTAN por un tiempo.

 

El afán protagonista de Francia

Llegados a ese punto, con una OTAN que tiene más pasado que futuro, también cabe preguntarse por las razones que han animado a Macron a remover unas aguas tan turbulentas. Y, una vez más, lo que destaca es el afán protagonista que caracteriza a una Francia que ya se ve como el único miembro del club con asiento permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU, con derecho de veto y con un arsenal nuclear. Una Francia que, como ya ha ocurrido en algunas de sus recientes intervenciones en el Sahel, se lanza a tomar decisiones por separado (lo mismo que achaca a otros como Turquía), sin esforzarse en lograr consensos comunitarios más sólidos. Y por eso tampoco extraña que se haya encontrado de inmediato con la reacción de Alemania (la propia Angela Merkel ha calificado las declaraciones de Macron como “intempestivas” y su ministro de Exteriores ha vuelto a insistir en la plena vigencia de la OTAN). Problemas de familia, con un miembro queriendo potenciar su poder nacional a través del reforzamiento de la Unión y con otro todavía calibrando si deja atrás sus complejos históricos y se atreve a poner su poder económico al mismo nivel del político.

A los demás tan solo nos queda envidiar a los países de la Unión que tienen dirigentes con visión estratégica.

 

Fotografía: Ian Langsdon (EFE)

 

PALESTINA

 

Para Blog Elcano.

 

Tras más de setenta años de conflicto en Palestina es difícil encontrar algo nuevo cada vez que se produce un pico de violencia, como el que está afectando a la zona desde la pasada semana. Por el contrario, es mucho más fácil identificar pautas que se repiten hasta la extenuación, como la que determina que la atención mediática se multiplica cuando desde la Franja de Gaza se lanzan cohetes, misiles o morteros contra territorio israelí. Eso implica de inmediato que se imponga la percepción de que son invariablemente los actores palestinos los que se empeñan, una vez tras otra, en reventar la calma y optar nuevamente por atacar intereses israelíes, obligando a estos últimos a reaccionar sin remedio.

Es, desde luego, imposible a estas alturas fijar con precisión quién, ya desde la época de la administración británica, tiró la primera piedra. Aunque sea menos difícil asignar responsabilidades directas a quienes conformaron el marco explosivo en el que se convirtió Palestina a partir de la Declaración Balfour (1917) –los británicos– y a quienes decidieron negar cualquier derecho a un pueblo, negando su mera existencia desde el momento en el que crearon su propio Estado –Israel (1948). Eso no exonera a los palestinos de tantos errores y atrocidades, pero permite al menos evitar lecturas en blanco y negro. No es en absoluto exagerado concluir que todavía la población de la región está pagando las consecuencias de una descolonización británica que durante demasiado tiempo se ha considerado equivocadamente como modélica.

Por eso, tratando de evitar el sesgo señalado anteriormente, es preciso recordar que la actual crisis violenta arrancó el pasado día 12 con la ejecución extrajudicial por parte de Israel del jefe de las Brigadas al-Quds, brazo armado de la Yihad Islámica en la Franja. Fue, sin duda, un acto premeditado contra quien Tel Aviv consideraba “una bomba de relojería viviente”, llevado a cabo con un ataque aéreo de precisión contra Baha Abu al Ata, mientras se encontraba con su familia en su domicilio (sobradamente conocido por las fuerzas israelíes y sus servicios de inteligencia). A ese ataque se sumó de inmediato el realizado al día siguiente contra un edificio ubicado en la localidad de Dir al Balah, con un balance de ocho civiles muertos (a los que se han sumado posteriormente en torno a una veintena más). Todo parece indicar que se trata de una chapuza, tanto por la forma de llevarlo a cabo (sin haber actualizado los datos de inteligencia acumulados desde que se definió como un potencial objetivo) como por la forma de presentarlo a la opinión pública (primero se dijo que era un puesto de mando de una unidad de lanzamiento de cohetes y misiles de la Yihad Islámica para, a continuación, reconvertirlo en el domicilio de un supuesto jefe del mismo grupo (un tal Abu Malhous) que habría sido eliminado en el ataque, y terminar admitiendo que solo eran ocho miembros de una misma familia sin conexión alguna con grupos violentos.

No se puede en ningún caso dejar de lado esas circunstancias si se quiere entender (que no justificar) el posterior lanzamiento de proyectiles desde Gaza contra territorio israelí, en una secuencia tantas veces vista. Una secuencia que, también como de costumbre, incluye una nueva tregua lograda con mediación egipcia en una clara demostración de que ninguno de los actores implicados desea una escalada que vaya más allá de lo habitual.

Y lo habitual es que Israel siga adelante con su estrategia de hechos consumados para hacerse con el control total de la Palestina histórica, mientras llega el tiempo de la retirada de Benjamín Netanyahu. Todo indica que finalmente Avigdor Lieberman parece haber decidido sumar fuerzas con Benny Gantz para poner en marcha una coalición gubernamental que, en cualquier caso, no cabe imaginar que vaya a suponer ningún alivio para los palestinos (ni de Israel, ni mucho menos para los del Territorio Ocupado y para los millones de refugiados dispersos por los países vecinos). Tan habitual como que los palestinos sigan siendo los perdedores netos de un proceso en el que ya ni siquiera los países árabes disimulan su falta de voluntad para estar a su lado. Y, por supuesto, tan tradicional como que la comunidad internacional siga mirando para otro lado a pesar de las diarias violaciones de los derechos humanos en Palestina.

Por su parte, la Yihad Islámica, en sintonía con Teherán, continúa apegada al guion habitual, procurando mostrar que sigue activa y que no se limita a aceptar la supuesta autoridad de un Hamas en horas cada vez más bajas.

Y así, cómo dice el cante de Pata Negra, pasa la vida

 

FOTOGRAFÍA: La franja de Gaza (Palestina) desde el espacio. Foto: NASA/NASA World Wind screenshot (Wikimedia Commons / Dominio público)