rnelogo Para Radio Nacional

 Entrevista con Francisco Rey Marcos en el programa Cinco Continentes de Radio Nacional con motivo del 70 aniversario de los Convenio de Ginebra

 

Túnez

 

Para Blog Elcano.

La muerte del presidente Beji Caid Essebsi el pasado 25 de julio no supone una vuelta a la casilla de salida para Túnez, sino una nueva oportunidad para reforzar y reconducir un proceso de transformación política, social y económica como no hay ningún otro en el mundo árabe. Ni Essebsi era una réplica del dictador egipcio, Abdelfatah al Sisi,- como algunos de sus críticos han querido ver, poniendo el énfasis en su larga trayectoria política al lado del fundador, Habib Burguiba, y de su sucesor, Ben Ali-, ni la situación actual de Túnez es comparable a la de finales de 2010, cuando el dictador Ben Alí empezaba a contar sus últimos días en la presidencia.

En el balance de estos últimos años, y a pesar de notorios errores y limitaciones, el haber es aún mayor que el debe. A diferencia de vecinos como Libia y Egipto, Túnez ha logrado evitar la caída en un conflicto violento generalizado o en una nueva dictadura, aunque no se haya visto libre de la amenaza terrorista (como se ha vuelto a ver el pasado 27 de junio con un doble atentado suicida en la propia capital) y del sombrío panorama que se deriva del previsible retorno de muchos de los más de 6.000 jóvenes tunecinos que se han alistado en las filas yihadistas en otros escenarios bélicos de Oriente Medio. Del mismo modo, ha conseguido poner en marcha un proceso político que, sin haber rematado definitivamente, ha ido más allá de un mero cambio de cara en la presidencia, al tiempo que ha sabido integrar en el juego político al islamismo político, con Ennahda en primera línea.

En ese proceso no solo ha habido oportunidad para la cohabitación entre fuerzas aparentemente irreconciliables (Nida Tunis y Ennahda), sino también para instaurar medidas inauditas en el mundo árabe (y, en buena parte, también en el occidental), como la obligación de presentar listas paritarias a las elecciones, el relevo pacífico en el poder como resultado de las elecciones (en 2014 Ennahda cedió el puesto a Nida Tunis, desmontando uno de los tópicos más difundidos sobre el islamismo político). A eso se unen medidas legislativas que acercan a las mujeres a una verdadera igualdad de derechos; todo ello en un país árabe que siempre ha ido por delante del resto en la presencia de las mujeres en la vida pública, como bien lo demuestra la elección como alcaldesa de la capital, en 2018, de una mujer militante en las filas del mismo Ennahda.

Eso no quiere decir que las sombras que se ciernen sobre el inmediato futuro no sean muy inquietantes. En el terreno político el país ya estaba a la espera de una doble convocatoria electoral (presidenciales y legislativas) para el próximo otoño, por lo que la desaparición de Essebsi únicamente acelera el proceso tras la decisión de organizar las primeras el 15 de septiembre (y todavía sin fecha para las segundas). Se trata de unos comicios que llegan cuando Nida Tunis- más preocupado últimamente en peleas intestinas que en atender a las necesidades del país- se ha roto definitivamente. En esas peleas- y más allá de las tensiones creadas por la apuesta personal de Essebsi de promover a su propio hijo, Hafez Caid Essebsi, como líder del partido- destacan las desavenencias entre el propio presidente y su primer ministro, Yusef Chaheb, sobre todo por el interés del primero por consolidar un sistema presidencialista, frente a la opción más parlamentarista del segundo. Ese choque de voluntades ha derivado en la aparición de un nuevo partido, Tahya Tunis, con el propio Chaheb a la cabeza.

Pero más allá de personalismos seguramente inevitables en un partido que, más bien, es una amalgama de antiislamistas con un barniz democrático no siempre sincero, lo más preocupante es el hecho de que Túnez no haya logrado aprobar una nueva ley electoral y que no disponga de un Tribunal Constitucional operativo. En esas condiciones- y mientras Ennahda parece preparado para la disputa electoral con su histórico líder, Rachid Gannouchi, al frente- cabe imaginar que se llegara a los comicios con la actual ley electoral, o, lo que es lo mismo, sin que llegue a ser efectiva la que Essebsi tenía sobre la mesa, que contemplaba facilitar la vuelta a la escena política a personajes muy ligados a la dictadura y, sobre todo, impedir la participación a candidatos en alza tan populares como el magnate de la televisión, Nabil Kadouri. Al frente de Nessma TV Kadouri ha sabido crearse una imagen de crítico con el poder que, según las encuestas, atrae a muchos de los tunecinos que no ven mejorar su nivel de vida y que perciben que Nida Tunis (o Tahya Tunis, conformado por los que se han ido desenganchando del partido) siguen demasiado lastrados por el pasado de colaboración con la dictadura.

Es difícil adivinar cómo podrán resolverse las disputas entre posibles candidatos, cada uno tratando de hacer valer la ley electoral que más les interese y sin un Tribunal Constitucional, que nunca ha llegado a formarse desde la aprobación de la ley fundamental en enero de 2014. Y todo ello mientras se sigue deteriorando la situación económica, sobre todo por su incapacidad para generar empleo.

FOTOGRAFÍA: El expresidente de Túnez, Beji Caid Essebsi, en una foto de archivo tomada en 2011. Foto: Fidh (CC BY-NC 2.0)

SUDÁN

Para el Blog Elcano.

Vaya por delante la admiración que genera una población movilizada desde diciembre contra un dictador como Omar al-Bashir, hasta provocar su caída el pasado 11 de abri...

IRAN

Para eldiario.es

 

La doble decisión del régimen iraní de superar los límites marcados por el acuerdo nuclear firmado en 2015 con el llamado G5+1 –romper el techo de los 300kg de uranio enriquecido en su poder y enriquecerlo más allá del 3,67%– ahonda aún más la imagen de Irán como transgresor, lo que sirve para cargar sobre sus espaldas la responsabilidad de tensar una cuerda que puede romperse en cualquier momento.

Sin embargo, si se analiza la situación con una perspectiva temporal más amplia, se sabe ya que en mayo del pasado año fue el Gobierno de Trump el que decidió denunciar unilateralmente dicho acuerdo –mientras la OIEA certificaba que Teherán lo estaba cumpliendo plenamente– y, a partir de ahí, ha venido aplicando una serie de sanciones, a cada cual más gravosa.

Consciente de que el paso dado afectará negativamente su posición a ojos del resto de los firmantes del acuerdo, Irán ha llegado a este punto como respuesta al castigo ejercido por Estados Unidos y ante la mirada impotente de la Unión Europea. Fue Washington quien decidió romper un pacto que había sido acordado a pesar de que todos los actores implicados tenían conocimiento sobrado de la notable injerencia iraní en asuntos internos de otros países de la zona y de su empeño en mantener su controvertido programa misilístico.

Lo que se buscaba con el acuerdo (y se estaba logrando) era ganar tiempo para convencer a Irán de que su reingreso en el escenario internacional era mucho más ventajoso para sus intereses que perseguir una capacidad nuclear que podría suponerle un coste insoportable. Y así, entre otras cosas, Irán ha renunciado al 98% de su "stock" de uranio enriquecido (pasando de unos 10.000kg a tan solo 300), a la producción de agua pesada en Arak (limitando su stock a tan solo 130Tm) y a quedarse apenas con unas 4.000 centrifugadoras operativas (cuando llegó a tener más de 19.000).

Es cierto que el régimen iraní sigue inmiscuyéndose en asuntos internos de sus vecinos, tanto por el afán de expandir su influencia en la zona como por dotarse de bazas de retorsión (acto perpetrado por un Estado sobre otro en represalia por un acto similar) con las que disuadir a los enemigos que buscan su ruina. También sigue mejorando su capacidad misilística. Pero esos no formaban parte del acuerdo. Lo que sí figura, y no se está cumpliendo, es que Irán se vería beneficiado en el ámbito comercial e inversor con la normalización de relaciones con todos los firmantes, especialmente en lo que afecta a la posibilidad de exportar sus hidrocarburos y de modernizar su infraestructura industrial.

El castigo aplicado por Washington –con pretensiones de que el resto de los países se alinearan con su postura– es una estrategia que dice buscar que Irán vuelva a la mesa de negociaciones para sacar adelante un nuevo acuerdo (que incluya el tema de la injerencia en asuntos internos y el programa de misiles), pero cuyo verdadero objetivo es provocar el derribo de un régimen que cuestiona el statu quo regional y que crea una profunda inquietud en capitales como Riad y Tel Aviv.

Por su parte, la reacción iraní –que incluye "asustar" a los buques que transitan por el estrecho de Ormuz– busca infructuosamente provocar una reacción del resto de firmantes (sobre todo de la Unión Europea), que le permita contar con válvulas de escape para satisfacer las demandas de una población cada vez más angustiada y crítica, con la esperanza de que Trump no revalide su mandato a finales del próximo año.

El problema es que hasta entonces hay tiempo suficiente para que se pueda producir una escalada descontrolada, sea una nueva versión de la "guerra de los petroleros" de los años ochenta, ciberataques o acciones militares ejecutadas por actores interpuestos. La doble decisión iraní es, por tanto, reactiva y solo busca dotarse de nuevas bazas de negociación para tener algo en lo que ceder en el futuro, a cambio de algún gesto que le permita volver a respirar, aunque sin descartar que aumente el nivel de incumplimiento hasta la retirada definitiva del Tratado de No Proliferación. Por su parte, no parece probable que Trump vaya a ceder en su presión, aun siendo evidente que EEUU no puede querer empantanarse nuevamente en un escenario militar en el Golfo.

Seguir jugando con fuego de la manera que ambos están haciendo aumenta la probabilidad de que, sea por accidente o por un mal cálculo sobre las intenciones del contrario, se produzca un (todavía improbable) choque directo. Un choque en el que Irán podría verse muy tentado de emplear en primera instancia sus medios militares, al entender que, si espera a que EEUU ataque primero, se arriesgaría a la pérdida prematura de sus medios de combate, dada la notable superioridad tecnológica y operativa de la maquinaria militar estadounidense. Mientras tanto, cabe entender que el arma nuclear iraní no está a la vuelta de la esquina. Pero la equivocada estrategia estadounidense de "máxima presión" y la pasividad mostrada por la Unión Europea están empujando nuevamente a Irán a hacerse con ella algún día. Y de ahí no sale nada bueno.

 

FOTOGRAFÍA: El presidente iraní, Hasan Rohaní. EFE

ONU

Para el Estudios de Asia y África.

Este artículo analiza el crecimiento de la economía sudanesa de 1989 a 2011 desde la confluencia de cuatro procesos: los efectos del neoliberalismo en África y el mundo árabe, el proyecto político islamista, la extracción masiva de petróleo y los cambios en el marco geoestratégico global marcado por el creciente papel de China como inversor y cliente de las economías africanas.