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Palestina: sangre y olvidoPara eldiario.es

En realidad, con apenas unos 2.000 efectivos de operaciones especiales desplegados principalmente en la región noreste del país, Estados Unidos ya lleva tiempo fuera de juego en Siria, tanto militar como políticamente. Por eso la retirada que el pasado 19 de diciembre decidió el inquilino de la Casa Blanca, en un ejemplo más de su muy particular modus operandi, apenas es el ¿último? paso de un proceso que ya su predecesor en el cargo había iniciado: intentar salirse del pantano regional en el que, sobre todo, la administración de George W. Bush se había metido.

A la espera de que realmente llegue a completarse dicha retirada ya son bien visibles los efectos de esa manera de actuar. Entre ellos destacan los siguientes:

En definitiva, Trump no ha cumplido ninguno de sus objetivos en Siria: ni Dáesh ha sido derrotado, ni Al Asad ha abandonado el poder, ni Irán ha dejado de aumentar su implicación en el país. Visto así, su decisión (sin descartar que se desdiga en algún momento) no es tan relevante en el terreno militar, dado que ni el contingente actual puede decidir la guerra ni su retirada supone un cambio radical sobre el terreno. Pero, desde luego, es una señal más de la manera de actuar de un mandatario tan impredecible (y tan poderoso), que reiteradamente desprecia a sus aliados (ni ha consultado a su equipo ni a sus socios locales y occidentales) y no oculta sus simpatías por gobernantes autoritarios.

 

FOTOGRAFÍA: El presidente Donald Trump entrando al Air Force One. ©Flickr White House

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