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Mohamed bin Salman el pasado sábado en el G20, en Buenos Aires. Foto: G20 Argentina (CC BY 2.0)

 

Hoy celebramos el día internacional de los derechos humanos, y aunque evidentemente debe ser un día para celebrar los avances, los logros y conquistas en la materia, es inevitable reflexionar sobre los desafíos y retos pendientes.

En ese sentido, vale la pena que nos detengamos a pensar en la violación de derechos humanos más prevalente y persistente a lo largo de la historia de la humanidad; la que existe y se reproduce en todas las culturas; la más invisibilizada de todas. La violencia de género.

La Organización Mundial de la Salud estima que 1 de cada 3 mujeres a nivel mundial han sufrido algún tipo de violencia física y/o sexual a lo largo de su vida. Teniendo en cuenta que hablamos de estimaciones y que podríamos añadir la violencia psicológica, quizá nos situaríamos en el 50% de las mujeres del mundo.

¿Y si añadimos el axioma de violencia estructural? La deprivación de recursos socioeconómicos, y culturales, la invisibilización, el diferencial acceso a los servicios existentes en cada sociedad, la brecha salarial, la sobrecarga o carga en exclusividad de los cuidados… En definitiva, si hablamos de lo que tenemos que hablar y llamamos a cada cosa por su nombre, el Patriarcado lo sufrimos todas.

Las expresiones más visibles del patriarcado heterosexista- la violencia física y la violencia sexual- son las que más nos ocupan, tanto en medios de comunicación (visibilidad) como a nivel de recursos; pero, si en paralelo no combatimos la violencia estructural, si no abordamos las raíces, será cuasi-imposible construir otro modelo.

Si el patriarcado y sus violencias se manifiestan con mayor o menor crudeza en todo el mundo, los contextos donde se registran crisis humanitarias son su caldo de cultivo idóneo. El colapso de las instituciones y las estructuras sociales y familiares, el caos generalizado, la irrupción de actores armados estatales y no estatales, el desplazamiento masivo de la población afectada...; todos estos factores explican y favorecen una escalada exponencial de todas las violencias contra mujeres, niñas, géneros y sexualidades no normativas.

En estos contextos es vital comprender que la perspectiva de género no es un criterio de calidad, sino un imperativo para salvar vidas, para llegar a todas las personas y no dejar a nadie atrás. El patriarcado nos vulnerabiliza en situaciones previas a una emergencia y/o crisis, por lo que en contextos de crisis humanitaria nuestro grado de vulnerabilidad escala en paralelo a las violencias y opresiones.

Pero también hay que señalar que estas situaciones abren una brecha de oportunidad, ya que muchos roles tradicionales se ven modificados. Así, mujeres que nunca habían sido remuneradas por su trabajo se ven obligadas a incorporarse al mercado laboral tras la muerte de un pariente masculino, a gestionar un crédito o un negocio. Mujeres que nunca tuvieron ni voz, ni voto, deben ahora afrontar la supervivencia familiar en solitario, convirtiéndose en las únicas tomadoras de decisiones.

La comunidad humanitaria debe aferrarse a esas ventanas, aprovechando las múltiples capacidades de mujeres y niñas para fomentar su empoderamiento y satisfacer lo que Moser llamaba necesidades estratégicas; es decir, aquellas que desafian los roles de género establecidos.

De hecho, de un tiempo a esta parte se ha generado bastante consenso en la comunidad humanitaria sobre la doble vertiente que debe trabajarse en contextos de crisis humanitaria: la igualdad de género y las violencias de género.

El Call to Action on Protection from GBV in Emergencies- quizá la iniciativa global más amplia y la que más socios aglutina en la actualidad- también lo reconoce así, al enunciar entre sus tres objetivos generales:

  1. Establecer servicios y programas especializados de prevención y respuesta a la Violencia Basada en Género (VBG) que sean accesibles para cualquier persona afectada o en riesgo de VBG y estén disponibles desde el inicio de una emergencia.
  2. Implementar acciones para prevenir, reducir y mitigar el riesgo de VBG en todos los niveles y sectores de la respuesta humanitaria desde las primeras etapas de las emergencias y durante todo el ciclo del programa. 
  3. Incorporar la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres y las niñas en toda la acción humanitaria.

Desde septiembre de 2017, el IECAH, en el marco de consorcio INSPIRE, ha liderado la finalización del marco de monitoreo y evaluación de esta iniciativa y la elaboración del primer informe sobre su progreso hasta la fecha.

En este periodo, desde julio de 2017, el Call to Action ha estado liderado por ECHO, hasta hoy, 10 de diciembre de 2018, en que, formalizado en un acto oficial en Bruselas, le pasa el testigo a Canadá.

La iniciativa cuenta con un Comité de Seguimiento, con representantes de los tres grupos de socios presentes hasta ahora- organismos internacionales, Estados/donantes y ONG-, agrupando actualmente a un total de 80 miembros.

Este primer informe sintetiza los logros y desafíos que ha enfrentado la iniciativa a nivel colectivo desde 2016, y resume las principales recomendaciones a futuro.

 

https://docs.wixstatic.com/ugd/acf51c_22e8bb587e984d138de6e7008c158248.pdf

 

FOTOGRAFÍA: mujeres recolectora de algas (Zanzibar). Atria Mier.

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