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Para Revista Española de Desarrollo y Cooperación nº42.

Es un lugar común entre los juristas decir que el derecho va siempre con una guerra de retraso, expresando así el hecho de que las normas jurídicas resultan siempre reactivas, se aprueban tarde y, por tanto, no suelen servir para prevenir y ni tan siquiera para mitigar los hechos que posteriormente pretenden analizar o, en su caso, juzgar. Y evidentemente eso no sucede solo en lo referente a los conflictos armados, ni en el ámbito de lo legal, sino que es generalizable a muchas ramas del quehacer humano. La sensación de que en un mundo en permanente cambio y que plantea cotidianamente numerosas preguntas, las respuestas, en el caso de llegar, son siempre tardías, parciales, repetitivas y no están a la altura de las circunstancias, nos acompaña y parece haber venido para quedarse.

Los últimos años han sido ricos en acontecimientos internacionales que han acelerado algunas de las tendencias que ya se venían observando en materia de riesgos, conflictos violentos o crisis humanitarias. Y en este escenario de permanente cambio también se han celebrado numerosas cumbres internacionales que, al menos en teoría, han tratado de plantear nuevas respuestas a los retos que estos cambios plantean. El presente artículo, basado en nuestros trabajos en el IECAH, pretende analizar brevemente algunos de estos retos, profundizando en las propuestas que se están planteando desde la comunidad internacional para abordarlos, valorando la congruencia entre la magnitud de los primeros y las limitaciones de las segundas.

Jesús A. Núñez y Francisco Rey

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