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Malin Björk es una eurodiputada sueca del Partido de la Izquierda en el Parlamento Europeo desde 2014 dónde, además, es miembra de la Comisión de Libertades Civiles, Justicia y Asuntos de Interior y de la Comisión de Derechos de la Mujer e Igualdad de Género. La problemática de las migraciones y de los refugiados ocupa un lugar importante en su activismo político hasta el punto de poner en riesgo su propia seguridad con tal de lograr que no deportaran en un avión a un hombre demandante de asilo iraní.

Björk, feminista convencida y dedicada a temáticas relacionadas con igualdad de género, anti-racistas o derechos LGBTI, ha trabajado durante varios años para el Lobby Europeo de Mujeres en Bruselas antes de convertirse en trabajadora de la Unión Europea por European United Left–Nordic Green Left en 2009. Los flujos migratorios hacia Europa son parte de un problema mayor que afecta directamente a las mujeres migrantes, quienes sufren abusos sexuales como “consecuencia directa de las políticas migratorias erróneas de la Unión Europea hacia las personas”.

Otras de las grandes críticas que hace Björk es la externalización de las fronteras en los países del norte de África, la falta de una buena política migratoria común y la militarización de la seguridad en el que confluyen muchos intereses privados. Se da, por tanto, la necesidad de un debate a fondo sobre cómo evitar que los derechos humanos se vean desplazados por los objetivos de seguridad: la construcción de una comunidad de la seguridad que entrelaza los intereses empresariales y la política gubernamental que no puede ignorarse, ya que mantiene una firme marcha hacia una Europa militarizada, tanto en el plano interno como externo. Como señaló en 2014 un informe del Parlamento Europeo, el empeño que pone la Comisión en apoyar a la industria de la seguridad y fomentar tecnologías de vigilancia “invalida todas las demás consideraciones sociales, que quedan relegadas a meras preocupaciones por la aceptación social de las tecnologías de seguridad”.

En octubre de 2017 su grupo parlamentario propuso la reubicación de 240.000 refugiados al año en diferentes países europeos y fue aprobado por el Consejo Europeo en la búsqueda de políticas de inmigración más coherentes entre los estados miembros. La primera pregunta obligada es, ¿cuál es tu opinión acerca de la gestión actual de la Unión Europea de la inmigración?

Desde que soy eurodiputada en 2014 he visto como no hay una perspectiva de largo alcance para este tema tan complejo. No hay un debate real sobre la solidaridad con los refugiados, la necesidad de abrir fronteras; algo que sucede desde el otoño de 2015 con el movimiento de personas por la ruta de los Balcanes. Yo estuve allí y pude ver lo que estaba pasando en los campamentos sin que se dieran soluciones para acoger de una manera segura a los refugiados que allí llegaban. Cada gobierno de los países miembros de la Unión Europea tiene una posición muy diferente sobre la migración dependiendo de los partidos que estén en el gobierno. Por ejemplo, mi país, Suecia, como región rica de cinco millones de personas, no tiene problemas reales económicos en integrar a buena parte de los inmigrantes. Pero en lugar de este mensaje algunos políticos nacionalistas deciden utilizar la migración como algo negativo cuando dicen: “esto es un problema, ellos cruzan nuestras fronteras y perjudican el empleo nacional”.

Entonces se genera ese problema artificial cuando muchos países de la Unión Europea incrementan los controles fronterizos de diferentes formas para intentar controlar el movimiento de la gente. Algo que intenta actuar de una manera disuasoria para que no vengan a Europa en contra de los derechos universales de movilidad, de acceso a una educación o a la salud. Nosotros podemos hacerlo muy bien respetando con humanidad los derechos de las personas que viajan, pero no lo estamos haciendo.

En el proceso de creación de la agenda de seguridad de Europa, se ha observado un patrón sistemático por el que la democracia intenta no perder terreno frente al dinero, la influencia de las grandes empresas y la creencia de que la ‘seguridad’ basada en la tecnología punta nunca será demasiada. ¿Hay algún tipo de interés por parte de las empresas de seguridad en mantener esas fronteras? ¿Existen lobbies en Bruselas que ejerzan presión en el Parlamento para que los estados legislen en su provecho?

¡Por supuesto que existen compañías privadas que actúan en su propio beneficio en las actividades del control migratorio! Hay una relación entre las operaciones militares -que buscan crear ese perímetro de seguridad en torno a Europa- y el poder público. ¡Claro que hay intereses privados en esto! Sobre todo porque se ofrecen fondos comunitarios para la investigación de tecnologías en defensa y en seguridad. Este es un hecho que no deja de sorprenderme. Y es que la inmigración es considerada directamente como una amenaza dentro de un paradigma de la seguridad sin límites. Esto supone límites para las personas inmigrantes, límites para la libertad de movimiento, límites para recibir personas. En este contexto se utiliza la sospecha permanente de que existan posibles terroristas (cuando los últimos atentados fueron cometidos por ciudadanos europeos) donde se sacrifican libertades y derechos por la seguridad. Me siento profundamente decepcionada de la influencia del lobbie de las armas y de las empresas de seguridad en políticas que deberían ser de corte humanitario. No es esta la Europa que quiero.

Asistimos en la última década como la cooperación al desarrollo cada vez va más condicionada a los objetivos de seguridad para crear fronteras y perímetros ante cualquier amenaza consideradas casi al mismo nivel: el terrorismo, la migración irregular y el narcotráfico. Un discurso peligroso que pone en entredicho el derecho fundamental a la movilidad humana para todos los que buscan mejorar su suerte. Algunos territorios de los países mediterráneos son considerados como la frontera sur de Europa. ¿Estás de acuerdo con la definición que hacen algunos medios ingleses del papel del gobierno español como 'gatekeeper'?

Si tú eres un partido nacionalista con una mentalidad xenófoba puedes presentarte ante tus votantes como un 'gatekeeper', como un controlador de fronteras que actúa con mano dura. Hay muchos estados que quieren venderse así porque consiguen votos. Durante mi viaje a Melilla escuché que una empresa había recibido contratos para construir la valla. Lo que realmente da miedo es que la población reciba estos mensajes como algo aceptable o positivo.

Por otro lado, es mucho más útil para otros no tener estas medidas de control y tener un discurso que diga: “mira, no vamos a impedir el viaje, vamos dejar que la gente se mueva a diferentes países y los responsables para la regulación van a ser países del norte de África”, como es el caso de Italia. Es la ausencia de responsabilidad por unas políticas migratorias compartidas decentes y es algo que el Partido Demócrata italiano hace hincapié en este hecho cuando decide permitir el movimiento en sus fronteras, una decisión que puedo entender. Esta decisión causó un gran descontento en otros países europeos con un discurso más duro en contra de la inmigración.

Esto permitió a los estados europeos delegar las políticas migratorias y externalizar las fronteras a países como Libia que han sufrido una guerra civil y donde muchos de los derechos humanos no son respetados, como ya denunciaste en el mismo Parlamento Europeo.

Cuando estuve en Melilla hace un par de años pude comprobar como este lugar es casi como una prisión, algo horrible. Allí hablé con el alcalde de la ciudad quién me dijo que estaba orgulloso del papel de las fuerzas de seguridad impidiendo la llegada de personas del África subsahariana. Él estaba convencido de que hacían un buen trabajo en la frontera cuando es algo que no es aceptable controlar la migración con métodos contrarios a cualquier legalidad. Por eso es importante contar historias sobre las concertinas en Melilla, sobre quiénes esperan en campamentos y sobre los abusos de fuerza de los policías. Durante el viaje conocí a una mujer que vivía en la parte marroquí de las montañas que llevabas meses esperando poder cruzar la frontera. Me contaba que durante el viaje había sufrido abusos sexuales por parte de sus compañeros. Esto es una consecuencia directa de las políticas migratorias erróneas de la Unión Europea hacia las personas.

Existe un proyecto liderado por un grupo de arquitectos llamado Europe in Africa que ofrece como solución a la migración que se construya una isla artificial entre Sicilia y Libia para refugiados, que funciona como un pequeño estado autónomo para 150.000 personas a las que se les ha otorgado la solicitud de asilo al refugiado. Desconozco si ha recibido algún tipo de subvención o fondos de la Unión Europea para salir adelante...

Interesante, aunque no lo conozco. Este proyecto puede responder a esa idea de mejorar las condiciones de los refugiados pero sin una acogida en el seno de Europa. Parece difícil que el plan de crear un estado tan pequeño con refugiados sea algo viable junto a la idea de separarles, de marcar una distancia. El discurso de los sectores de la derecha y la ultraderecha en Europa directamente niega la entrada de nuevas personas, no tiene una visión humanitaria. Desde sectores más moderados sí que hay esa visión de ayuda a quien escapa de peligros pero sin ofrecer más alternativas que los campos de refugiados. No hay una verdadera integración de los migrantes.

A comienzos del mes de marzo organizasteis el foro ‘Feminismo Sin Fronteras’ en el Parlamento Europeo durante el cual se abordó el impacto de género de las migraciones en las mujeres y una crítica a las narrativas de la seguridad frente a las que ofrece la cooperación: económica, ambiental y legal. Frente a la imagen estereotipada de las mujeres migrantes como víctimas que huyen de la violencia en guerras, la antropóloga belga Hamiltou Barry explica cómo las mujeres migrantes son sujetos políticos que en muchas ocasiones actúan para hacer respetar sus derechos, mejorar su situación personal emprendiendo negocios de microcréditos y participan en grupos solidarios con sus compañeras de viaje. ¿Cómo afecta la inmigración a las mujeres desde una perspectiva de género?

En agosto de 2015 recorrí Grecia, Serbia y Macedonia donde vi muchos grupos de familias; mujeres y hombres que no querían romper su familia y dejar a los niños atrás. Así que la mayoría de estas familias buscaban conseguir el estatus de refugiados siguiendo juntos la ruta de los Balcanes, que era relativamente segura. Pero cuando empezamos a cerrar las fronteras, un miembro de la familia, normalmente el hombre, continuaba el viaje solo hasta el centro de Europa para esperar el derecho a la reubicación familiar. Esto suponía que en muchas ocasiones las mujeres se quedaban atrás sin poder encontrarse con su pareja y que cargaban solas con la responsabilidad del cuidado de sus hijos.

Estas políticas de cierre de fronteras han tenido un fuerte impacto negativo sobre las mujeres inmigrantes o refugiadas porque no consiguen nunca ese objetivo. Provocan que haya cambios en las rutas, que estas sean más peligrosas, que existan grupos que ayuden a moverse de manera clandestina, la explotación sexual de estas mujeres y que signifique una amenaza a las propias vidas de los refugiados. Cuando ellos deciden dejar atrás la violencia en sus países de origen no hay nada que consiga frenar ese impulso de estar a salvo, al revés, se incrementa este impulso. Otro efecto de las políticas duras de control.

Pero tenemos problemas con que cada país europeo tiene una leyes de inmigración diferentes que pueden ser más inclusivas o menos, y que termina en situaciones como que los padres consigan llegar a Suecia pero los hijos con sus madre se queden en Grecia. En muchos casos las mujeres tienen una situación económica más precaria que la de los hombres, peores salarios por el mismo trabajo y tienen varios hijos. Y esto es algo que continúa pasando a día de hoy. En definitiva, las medidas de cierre de fronteras tienen el efecto de crear una fortaleza Europa sin un rostro humano.

Björk, para finalizar me gustaría que nos contaras aquél episodio de 2014 cuando estuviste a bordo de un avión rumbo a Irán y tus asistentes te avisaron de que en el mismo vuelo viajaba un hombre que iba a ser deportado desde Alemania. ¿Qué fue lo que sucedió en aquel avión?

Estando en el aeropuerto recibí la llamada de un activista de nuestro partido para decirme que iban a deportar a un hombre. En ese momento decidí que no podíamos dejarle ir a porque sabíamos que su familia se quedaba en Alemania. Algo debíamos hacer. A sabiendas de que el piloto tiene autoridad completa dentro de un avión y que si decide que no van a despegar la policía no puede impedírselo, decidí no abrocharme el cinturón de seguridad en el momento que lo indicaban. Entonces expliqué que dentro de ese avión viajaba un hombre con una hija con pocos meses que iba a ser expulsado del país. Cuando el personal del vuelo me preguntaba porque hacía esto yo les contestaba “él tiene su familia aquí, tiene a su hija. ¿No pensáis que lo justo es que sigan juntos?”. Conocí tres meses antes a la familia de este hombre y a la niña pequeña, así que me parecía indecente que se hiciera algo así. Ellos me exigieron que me pusiera el cinturón y me amenazaron con enviar a la policía. No entendían que siendo una política pudiera romper la ley.

Al final, por esta resistencia pacífica, no salió el vuelo esa mañana y este hombre no fue devuelto a Irán. Es el caso de una única persona pero pienso que su vida cambió en ese momento y que también cambió la mía porque pude ver como una acción propia ayudaba directamente a unas personas. Es una sensación diferente a cuando estás elaborando un informe, en un debate parlamentario o en este despacho. En un caso de injusticia como la que presenciaba tienes que elegir que elegir como actúas, ¿haces algo o no haces nada?

Foto: Malin Björk es una eurodiputada sueca del Partido de la Izquierda en el Parlamento Europeo que trabaja dentro de la comisión de Migraciones"