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Tras el voto mayoritario de la población británica favorable a la salida del Reino Unido (RU) de la Unión Europea en el referéndum celebrado en junio de 2016 se originó una crisis interna en el marco de la Unión, acompañada de una serie de interrogantes acerca de las consecuencias que tendría esta decisión. Al ser la primera vez que un Estado miembro decidía acogerse al artículo 50 del Tratado de la Unión Europea para salirse de ella, se ha abierto un largo y tortuoso proceso durante el cual R.U y la UE negociarán las condiciones de la salida y el marco de las relaciones futuras entre ambos hasta alcanzar un acuerdo definitivo.

Llegados a este punto, hay quienes pronostican una desconexión pacífica, manteniendo gran parte de los acuerdos que existen actualmente (“soft Brexit”), y quienes apuestan por un “hard Brexit”, que conllevaría una ruptura de relaciones en diferentes áreas (relaciones comerciales, aduanas, fronteras…). Ambos escenarios son posibles teniendo en cuenta que Londres es un duro negociador, pero a la vez le interesa tener una buena relación con la UE, por ejemplo en el ámbito comercial. En todo caso, el transcurso de las negociaciones nivelará la balanza hacia un lado u otro.

Uno de los ámbitos de vital importancia a día de hoy para la Unión Europea es el de la seguridad y la defensa. En primer lugar, la volatilidad de la sociedad internacional tras el triunfo de Trump en EEUU y la imprevisibilidad del régimen de Corea del Norte con  sus ensayos nucleares son fuentes de preocupación a nivel global. Sin embargo, debemos atender a las amenazas que afectan a los Estados miembros en su entorno más próximo, empezando por la creciente actividad rusa en el Este de Europa, pasando por la guerra de Siria y la crisis de los refugiados, y terminando con el terrorismo yihadista que recientemente ha causado numerosas víctimas en diferentes ciudades europeas.

En este sentido, la salida del RU de la Unión Europea supone la pérdida de la mayor potencia militar de la Unión, miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU y único país europeo junto a Francia con armamento nuclear; lo que se traduce en una reducción considerable en el poder de disuasión de la UE a nivel militar y un menoscabo en su papel de actor estratégico a nivel internacional. Por otro lado, a nivel interno, el RU cuenta con uno de los servicios de inteligencia más relevantes del mundo (el MI6), cuya labor y cooperación con el resto de agencias de inteligencia europeas es vital para la seguridad en la UE.

La gran incertidumbre generada por el Brexit acerca de la posición del gobierno británico en materia de seguridad y defensa con respecto a la UE, instrumento utilizado hace unos meses por Theresa May para presionar en las negociaciones, parece en principio sofocada tras el anuncio del Ministro de Exteriores británico, Boris Johnson, de su intención de establecer una fuerte alianza UE – RU en esas materias, materializado en un documento oficial lanzado esta semana por el gobierno británico denominado “Foreing policy, defence and development. A future partnership paper”, en el que se señala la firme voluntad británica de establecer un acuerdo especial de colaboración con la UE para trabajar estrechamente con el fin de garantizar la seguridad de los ciudadanos ante amenazas comunes como el terrorismo, los ciberataques y demás amenazas externas que afectan a ambos actores a partes iguales.

En el documento mencionado, además de ofrecer datos acerca de la posición global especialmente relevante del RU, se señala su firme compromiso presente y futuro con la seguridad y defensa europea, apostando por mantener el intercambio de información de inteligencia con los 27, participar en misiones militares lideradas por la UE y contribuir al fondo común de defensa europeo y al programa de desarrollo industrial europeo, entre otros. Asimismo, Londres reconoce el gran papel que ha tenido la UE en las últimas décadas para consolidar la paz, la seguridad y la estabilidad en Europa y su especial interés en hacer frente juntos a las amenazas comunes y alcanzar los objetivos de política exterior del RU y de la UE. Sobre esa base, el documento expone igualmente su ofrecimiento para cooperar estrechamente en la esfera de la diplomacia y las relaciones internacionales mediante la utilización común de embajadas en el exterior, así como para adoptar sanciones internacionales de forma conjunta.

Hay que decir que este aparente generoso gesto del gobierno británico no es gratuito. En realidad está jugando una de sus bazas más importantes, consciente de su considerable capital en esta dimensión, con el fin de obtener concesiones futuras cuando se negocien cuestiones económicas y comerciales, que es realmente lo que preocupa a los británicos y donde más tienen que perder si el cuerpo negociador de la Unión se pone exigente. Sin embargo, el Secretario de Estado para la Defensa británico, Sir Michael Fallon, niega que este amable ofrecimiento sea un chantaje para obtener beneficios futuros durante la negociación, asegurando que se trata únicamente de una estrategia negociadora y que temas como el terrorismo son de importancia vital para ambas partes, algo con lo que no se puede negociar.

En definitiva, queda por ver si la seguridad y la defensa, que a comienzos de año era un arma negociadora en manos de RU tras el Brexit, ha pasado a ser una verdadera muestra de acercamiento y de voluntad política por parte de Londres para alcanzar un acuerdo satisfactorio para ambas partes, que garantice a largo plazo la estabilidad y la seguridad en el continente europeo mediante una estrecha colaboración que permita afrontar los desafíos y amenazas comunes presentes y futuras. Veremos.