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Haití ha recibido el año nuevo tras una larga espera y mucha controversia, con el electo presidente, Jovenel Moise, confirmado. Un joven empresario del Partido Haitiano Tet Kale (PHTK) que fue declarado vencedor de las elecciones con el 55,60% de los votos, de acuerdo con los datos publicados por el Consejo Electoral Haitiano. Un recorrido electoral que comenzó a finales de 2015 y no ha quedado exento de polémica debido a las irregularidades y las protestas que se han registrado a lo largo de todo el proceso, entorpeciendo la vida política del país. Moise iniciará su carrera como presidente a los 48 años de edad, el próximo 7 de febrero y sucediendo a su antecesor, Jocelerme Privert. La recuperación económica, la inestabilidad política, el éxodo de la ciudadanía y la reconstrucción del país tras los estragos causados por las catástrofes, son algunos de los principales retos a los que se debe enfrentar el nuevo presidente del país del Caribe.

El mes de enero se ha convertido en un mes de aniversarios un tanto contradictorios. Por un lado, el del acceso a su autonomía y por otro lado el de su “dependencia” para hacer frente a las amenazas. El 1 de enero de 1804 Haití proclamó su independencia, convirtiéndose en un país pionero tras ser el segundo del continente americano y el primero de América Latina que lo conseguía. En su sentido más general, se esperaba una mayor libertad y una búsqueda de su autosuficiencia. Sin embargo, la antigua metrópoli, Francia y posteriormente otros países hicieron imposible este anhelo.

Otra fecha destacada es la del día de hoy que desgraciadamente expresa todo lo contrario. Hace siete años, a las 16:53:09 hora local fue registrado un sismo de 7,3 grados en la escala de Ritcher a 15 km de Puerto Príncipe, la capital del país. Las consecuencias fueron devastadoras. Según las cifras ofrecidas por el gobierno se registraron 316.000 personas fallecidas, 350.000 heridas y más de 1.5 millones de personas desplazadas tras perder sus hogares. Haití quedó paralizada y frágil ante un desastre de tan inesperada magnitud. De inmediato organizaciones humanitarias desplegaron toda su ayuda en la nación más pobre del hemisferio occidental, además de recaudar donaciones que superaron los 9.000 millones de dólares. Si bien, durante las últimas décadas el país haitiano se ha convertido en el mayor receptor de ayuda al desarrollo de la región y, por tanto, dependiente de la asistencia externa.

Sin embargo no toda la participación es positiva. En Haití tras el terremoto se pasó de la ayuda para el desastre al desastre de la ayuda. La ONU recientemente ha pedido disculpas y ha reconocido su responsabilidad en la crisis del cólera que sacudió el país del Caribe, asimismo ha anunciado nuevas medidas en materia de salud para que los hechos ocurridos en el país no se vuelvan a repetir. Numerosos informes y evaluaciones atestiguan los errores de mucha de la “ayuda” tras el terremoto.

Todos los intentos por reconstruir Haití no han sido suficientes. Cuando aún no se había recuperado de este duro golpe, el huracán Matthew dejó a su paso casi 1000 personas fallecidas y miles de afectadas en el pasado mes de octubre.

No cabe duda de que Haití ha mostrado nuevamente su vulnerabilidad y dependencia internacional para su recuperación y desarrollo además de, una fragilidad política que entorpece los procesos de reconstrucción y constituye verdaderos desafíos para el futuro. Un reto de largo alcance al que se enfrenta el nuevo presidente, es el de mejorar la situación del país, incidiendo en los niveles de vulnerabilidad para reducir los efectos de futuras amenazas y ofrecer ayuda a los más afectados por las recientes catástrofes.

 


*Imagen:  ReliefWeb