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Con más de 13 años de experiencia gestionando respuestas humanitarias, Rafa de Prado es, en la actualidad, el Jefe de la Oficina de Acción Humanitaria (OAH) de la AECID (P.S.). Trabajó durante varios años en la Agencia (en el área de ayuda alimentaria y emergencias), ACNUR (como Oficial de Protección en Mauritania), y Acción Contra el Hambre (como Desk Officer de África Occidental). En 2012, regresó a la AECID como Responsable del Departamento de Emergencia de la OAH.
Ante la emergencia causada por el fuerte seísmo de magnitud 7,8 en la escala Richter, con epicentro a 20 kilómetros de profundidad, que sacudió hace más de un mes (en concreto, el 16 de abril) el noroeste de Ecuador, la OAH activó a primera hora del domingo 17 el protocolo de respuesta a emergencias. Evaluados los daños e identificadas las necesidades humanitarias puso en marcha, en coordinación con las autoridades ecuatorianas y el resto de actores humanitarios de la Cooperación Española, los mecanismos necesarios para el envío de apoyo técnico y material de socorro.
Pasado ya algo más de un mes, hablamos con Rafa de Prado para conocer en qué situación se encuentra el país, qué actividades de reconstrucción y rehabilitación se están llevando a cabo y qué retos tiene por delante.
 
1.¿Estaba preparado Ecuador para enfrentar un terremoto de tal magnitud?
Ecuador es un país de renta media con una institucionalidad y capacidades por parte del Estado bastante considerables. Desde hace mucho tiempo se vienen haciendo esfuerzos importantes, ya que son conscientes que es un país en riesgo de desastres. De hecho, ya estaban preparados para una posible erupción de los volcanes Cotopaxi y/o Tungurahua. Tampoco nos podemos olvidar del fenómeno del “El Niño”, para el que habían desarrollado planes de contingencia. Esto les ha hecho, por ejemplo, reforzar todo el sistema de gestión y respuesta inmediata e integral a una determinada emergencia, lo que ellos llaman el ECU 911.
Si nos centramos en el terremoto de 7,8 en la escala de Richter que Ecuador sufrió el pasado 16 de abril, me gustaría destacar la gestión que se hizo del mismo. Entre todos los miembros del gabinete, se asignaron a los ministros zonas para que ellos pudiesen asumir la responsabilidad y tener capacidad decisoria en el comité de operaciones especiales, en el centro de comando y control (por ejemplo, el Ministro de Interior se ocupaba de la zona de Pedernales).
Una lección que sí creo importante que debe aprender el país es cómo eso se coordina con los planes previos de contingencia y con el funcionamiento normal de las administraciones en dichas zonas. Como sabemos, en América Latina el ejército, el Ministerio de Defensa, la policía tiene un papel muy relevante en la gestión de estos fenómenos, por lo que en aquellos lugares donde se encontraba el Ministerio de Interior o Defensa ha habido más capacidad de actuación que en otros donde otros ministerios no tenían esa incidencia y esa capacidad de cadena de mandos. La decisión de asignar ministros a los diferentes sectores afectados ha permitido mostrar el compromiso del gobierno con la gestión de la emergencia y reforzar los mecanismos decisorios. Pero, por el contrario, el desempoderamiento de los actores que normalmente ejercen la gestión, como las municipalidades, puede conllevar un efecto negativo. Creo que Ecuador debería evaluar en profundidad los beneficios e inconvenientes de ese modus operandi de cara al futuro. 
Aunque una emergencia siempre pone de manifiesto ciertas debilidades, el trabajo que se ha venido haciendo en Ecuador es muy significativo. Aun así, 2016 será un año complicado desde el punto de vista de la gestión de riesgos para el país.
 
2.¿En qué situación se encuentra el país actualmente? ¿Cuál es la cifra de víctimas mortales y personas afectadas?
El terremoto ha dejado un balance de aproximadamente 700 víctimas mortales y en torno a 20 desaparecidos/as. El número de heridos/as o atendidos/as no está tan claro; se hablaba de 4.000 directamente relacionados/as con el evento a 30.000 que fueron atendido/as en esos días (lo que se desconoce es si fueron atendidos/as a causa del evento o por patologías no vinculadas con este). Una cifra podría estar entre 5.000 – 10.000 heridos/as. Son cifras que, más allá de la dificultad de valorar un evento por el número de víctimas, ponen de manifiesto que no ha sido lo que consideramos un mega-desastre (como fue Haití, el terremoto de Pakistán en 2005 o el tsunami del Sudeste asiático, donde las cifras superaron ampliamente las cien mil personas fallecidas).
El problema no es tanto la gestión de la emergencia, que ha sido razonablemente buena, sino la reconstrucción. Aquí entra en juego la coyuntura económica que no solo tiene Ecuador sino que tienen todos los países productores de petróleo en la actualidad; es decir, si un barril de petróleo se vende a 50 dólares, lógicamente los números son difíciles de cuadrar. Esto ha llevado al Gobierno ecuatoriano a tomar decisiones difíciles como, por ejemplo, subir los impuestos para recaudar fondos suficientes destinados a la reconstrucción; o pedir créditos al Banco Mundial, otras instituciones financieras. Se habla de unas 10.000-15.000 viviendas afectadas, además de muchas infraestructuras públicas dañadas (hospitales, colegios, redes de agua y saneamiento, etc.), por lo que los costes de reconstrucción van a ser bastante altos. A esto hay que añadirle el resurgimiento de la actividad económica.
 
3. ¿Qué está haciendo la AECID al respecto? ¿Y las ONG españolas?
Hay una gran presencia de ONG españolas sobre el terreno. Muchas de ellas, la gran mayoría de hecho, son organizaciones que ya estaban previamente trabajando en programas de desarrollo y que están reorientándolos a la emergencia y post emergencia. También ha habido algunas ONG humanitarias de bastante peso, entre ellas, las dos que financia la AECID que son Acción Contra el Hambre y Oxfam Intermón y que se han centrado más en la fase inicial y post emergencia. Son organizaciones que trabajan desde hace muchos años en el territorio, están muy bien ancladas y tienen una muy buena relación con las autoridades, con lo cual yo creo que van a desempeñar un rol muy importante en la fase de recuperación.
Más allá de lo que hemos hecho desde la OAH con nuestra intervención directa y el apoyo vía convenios de emergencia de acción humanitaria, la Agencia, en sentido más amplio, va a buscar otros instrumentos más a largo plazo. En primer lugar, la reorientación de recursos del fondo del agua. Había en torno a 8 millones de euros en programas de agua, saneamiento e higiene (WASH) en el país y se va a buscar la manera de poder rediseñar esa financiación en las zonas más afectadas por el terremoto. Se está negociando también la posibilidad de dar apoyo a través de FONPRODE y que se pueda sumar a ese apoyo vía créditos blandos al gobierno ecuatoriano de cara a la reconstrucción. Además, se ha incluido en la convocatoria de proyectos una línea de acción humanitaria específica, sobre todo en los ámbitos de recuperación temprana (tanto de medios de vida, como en su aspecto psicosocial y habitabilidad).
Como decía antes, WASH es lo que ha centrado sobre todo la respuesta de la OAH, que además estuvo muy focalizada en la zona de Pedernales. No sólo a través de nuestra intervención directa con nuestro equipo técnico sino también a través de las ONG socias a las que financiamos vía convenio de emergencia. WASH siempre es uno de los temas fundamentales tras un terremoto. En este caso, lo que sucedió fue que todas las redes de distribución se vieron gravemente afectadas (ruptura de tuberías, aducciones de agua, etc.) con lo cual bueno ha habido un trabajo muy importante de abastecimiento y de distribución de agua. En lo que respecta a la potabilización, se consiguió muy rápidamente en la mayor parte de las zonas afectadas.
Asimismo, hay un gran problema de cobijo (habitabilidad) y de buscar soluciones temporales para la gente que ha perdido sus viviendas. Muchos/as están alojados/as ahora mismo en colegios, lo que está dificultando la incorporación de los/as niños/as a la educación. Es importante que los centros educativos quedan liberados lo antes posible para que los/as niños/as puedan retomar su vida.
El pasado jueves, 19 de mayo, hubo una réplica de 6,7 en la escala de Richter. Si ya había muchas personas con traumas, estrés postraumático, etc. tras haber perdido todos sus bienes y medios de vida con el primer terremoto, el apoyo psicosocial se hace ahora más latente. Evidentemente estás réplicas complican aún más la situación, en la medida en que las personas no pueden pasar página, sino que vuelven a vivir esos momentos de estrés y pánico que ya sufrieron hace algo más de un mes.
 
4. ¿Cuáles son las necesidades actuales de la población?
Si bien cada contexto es diferente y por eso hacemos evaluaciones de necesidades, sí que hay unos patrones comunes muy marcados en el caso de un terremoto (lo hemos visto también en Nepal en 2015, Haití en 2010 o Pakistán en 2005): 1) hay una gran población desplazada que pierde sus viviendas y sus medios de vida, con lo cual hay un problema general de cobijo; 2) problema de abastecimiento de agua, quizá más relacionado con una primera fase que se va recuperando con mayor facilidad; 3) acceso a salud y educación en el menor plazo posible para que la gente pueda volver a su normalidad; 4) aspectos psicosociales y 5) gestión de residuos (aspecto medioambiental) a causa de los escombros generados por el terremoto. Estas serían las principales necesidades actuales de la población ecuatoriana.
 
 
5. ¿Qué se está haciendo a nivel de coordinación internacional y de mecanismos gubernamentales de coordinación?
A nivel internacional, ha habido un trabajo muy destacable de Naciones Unidas a través de los equipos UNDAC (United Nations Disaster Assessment and Coordination) de los que España ha sido y es parte, que incluyen tanto equipos de búsqueda y rescate urbano como equipos médicos. En el caso de los equipos médicos, hay que destacar el rol desempeñado por parte de la OPS (Organización Panamericana de la Salud) en la que también la Cooperación Española ha colaborado, junto con el Ministerio de Salud evitando duplicidades y mejorando la coordinación entre los equipos médicos desplegados tanto nacionales como internacionales. Asimismo, ha habido un liderazgo importante de las autoridades a través de los COE (Comités de Operaciones Especiales) que han permitido la coordinación de los diferentes ministerios implicados en la respuesta.
A nivel gubernamental, es el Ministerio de Inclusión Económica y Social (MIES) quien se está encargando de los temas de cobijo y productos no alimentarios. Otras Secretarías, como la SENAGUA (Secretaría Nacional del Agua), las municipalidades, la gobernación y otros ministerios, así como la Secretaría de Gestión de Riesgos están desempeñando un rol importante en toda la fase de coordinación.
Es necesario tener en cuenta que toda la ayuda que se vaya distribuyendo y canalizando en los próximos meses se haga a través de transferencias monetarias y cupones. En países como Ecuador, de renta media con un mercado bien abastecido y que funciona, es importante que la respuesta se pueda hacer cada vez más local sin grandes operaciones logísticas; que se pueda poner dinero a disposición de las personas damnificadas para que de una manera digna puedan tener un apoyo que ya está brindando el gobierno, a través de unos bonos sociales para las que han perdido sus viviendas (creo que son 200 dólares al mes) y que puedan buscar una solución habitacional (ya sea con familias de acogida o a través del alquiler  de casas que están libres). Asimismo, los programas de “Cash and Vouchers” que algunas ONG están ejecutando a través de financiación de la AECID juegan también un rol importante.
 
6. No todos los desastres (naturales y de origen antrópico) afectan de la misma manera a las mismas personas ni tienen el mismo impacto en todos los países. A este respecto, queremos hacer hincapié en dos colectivos en situación de especial vulnerabilidad en el país: mujeres y niñas y niños. Por un lado, un comunicado de ONU Mujeres denuncia el incremento que está habiendo de casos de violencia sexual y de género, y señala la importancia de garantizar “su protección y bienestar”. Por otro, UNICEF llama la atención sobre la situación que están viviendo los niños y niñas en las escuelas. Más de 280 sufrieron daños durante el terremoto dejando temporalmente a más de 120.000 menores sin educación. ¿Nos podrías comentar qué acciones se están llevando a cabo a este respecto? ¿Qué pasa con otros colectivos como personas mayores y/o con discapacidad?
Como ya sabemos, estas situaciones de crisis se prestan a abusos y violencia sexual y de género. Creo que es otro de los temas importantes que debemos resolver cuanto antes. Poco ayudan el hacinamiento, la iluminación insuficiente en las letrinas, la falta de intimidad y las precarias condiciones en las que las letrinas y las duchas se encuentran. Asimismo, la pérdida de los medios de vida de muchas familias genera violencias intrafamiliares importantes.
Desde la Cooperación Española, a través de la financiación que concedemos a nuestras ONG socias, estamos tratando de mejorar todas estas condiciones. Es importante que esas ayudas canalizadas destinadas a buscar soluciones habitacionales sean a través de las familias de acogida o preferiblemente a través del alquiler de otras viviendas para aquellos/as que han perdido sus casas, ya que permite volver a una dinámica regular en sus vidas.
Es de vital importancia que todas las organizaciones que trabajan en la respuesta transversalicen la protección, no solo de mujeres, niños y niñas sino de otras personas que están en situación de especial vulnerabilidad, como personas con discapacidad o personas mayores. Ha sido uno de los temas clave en la Cumbre Humanitaria Mundial que tuvo lugar el pasado 23 y 24 de mayo y debe ser una de las prioridades de la acción humanitaria: la centralidad de la protección a través de los programas de desarrollo y humanitarios, de manera que protejan a todas las personas que lo necesitan y las actividades que se lleven a cabo tengan en cuenta la protección de estas personas y de todos esos colectivos más vulnerables.
Debemos garantizar que todos los proyectos que se presentan a través de las organizaciones donantes sean sensibles a todas estas cuestiones, que también son parte de nuestro Plan Director de la Cooperación Española: género, enfoque de derechos, diversidad cultural y medio ambiente.
 
7. Para todos/as aquellos/as que nos están leyendo… ¿de qué forma se puede ayudar?
Ante todo debemos evitar las donaciones en especie. No tienen ningún sentido por varias razones: porque el mercado ecuatoriano está perfectamente abastecido y la mejor manera de ayudarle es dinamizar el mercado local; si se tiene que comprar algo que se compre en mercado local. Eso permite hacer compras que estén más adaptadas a la realidad cultural y normal de allí.
Si alguien desea colaborar yo pediría que lo haga con contribuciones económicas, en dinero, a través de cualquiera de las organizaciones que están trabajando allí. Hay muchas ONG españolas que están sobre el terreno y también agencias de Naciones Unidas muy activas y conocidas en España, como UNICEF, ACNUR, OIM, ONU Habitat o el PMA. Otra opción, por supuesto, sería a través de voluntariado, con estas organizaciones.
Por otro lado, hay otra cuestión interesante para la gente que tenga más interés, incluso es algo que se habla mucho en Ecuador estos días. A través de la televisión ecuatoriana se están lanzando mensajes para invitar a todos/as los/as ecuatorianos/as a visitar las zonas afectadas. Es una manera de solidarizarse, así como sirve para relanzar la economía local a pesar de todo. Así que, ¿por qué no plantearse viajar a ese país tan maravilloso como es Ecuador?.
 
8. ¿Qué retos de futuro tiene por delante el país?
Uno de los principales desafíos es, sin duda alguna, la reconstrucción del país; una reconstrucción, como decía, que a va ser muy costosa y que va a durar mucho tiempo; una reconstrucción con una coyuntura difícil para un país productor de petróleo como Ecuador. Agencias como ONU-Habitat están muy involucradas en la reconstrucción del país, a través del principio “building back better”; es decir, volver a construir mejor para evitar los riesgos que hemos visto que se han producido en el pasado. De ahí que no podamos referirnos a ellos como “desastres naturales”, ya que muchas veces son fruto de las malas prácticas que tenemos las personas.
Algo muy significativo y que me sorprendió mucho (no es la primera vez que lo vemos) fue que las casas de madera en la ciudad de Pedernales estaban todas intactas, mientras que las de hormigón habían colapsado, debido a una mala práctica en la construcción. El gobierno ecuatoriano es muy consciente de que para evitar estos riesgos debe “construir mejor en el futuro” y esto será el otro gran reto al que se enfrente el país, para no volver a reproducir esa vulnerabilidad.

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