Durante el año 2018 el Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH) y la Oficina de Acción Humanitaria (OAH) de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) mantuvieron un Convenio de colaboración mediante una Subvención Nominativa.  Dentro del mismo se realizaron diversas investigaciones y estudios que ahora presentamos. En ellas se abordan diversos temas relevantes en el ámbito humanitario con el objetivo de contribuir a la reflexión, actualización y mejora de la acción humanitaria de la Cooperación Española.

 

LA AGENDA 2030 DE DESARROLLO SOSTENIBLE Y LA ACCIÓN HUMANITARIA

 

LA MIGRACIÓN EN EL CONTEXTO DE CAMBIO CLIMÁTICO Y DESASTRES: REFLEXIONES PARA LA COOPERACIÓN ESPAÑOLA

 

CONSULTA SOBRE ASISTENCIA EN EFECTIVO Y CUPONES A LAS PRINCIPALES ONG ESPAÑOLAS FINANCIADAS POR LA AECID

 

 

 

Daños en la iglesia de San Sebastian tras el atentado en Sri Lanka. EFE

Para elperiódico.com

Los atentados registrados en Sri Lanka el pasado domingo son una clara señal de que el terrorismo es una amenaza internacional sin límites. Y como ya sucedió hace apenas un mes en Nueva Zelanda, y por mucho que ahora se destaquen determinados indicios y ya se acuse al gobierno local de desoír las alarmas recibidas de India sobre posibles atentados contra iglesias cristianas (olvidando que también se ha atentado en hoteles y complejos de oficinas), nadie imaginaba hasta ese mismo instante que algo así podía ocurrir en este país.

Un país de 21,5 millones de habitantes que, en clave religiosa, se distribuyen entre budistas (70%), hindús (15%), cristianos (8%) y musulmanes (7%). Por encima de las fracturas que de ahí se deriven, ninguna es tan relevante como la étnica, con la mayoría cingalesa y los tamiles tratando de dirimir sus profundas diferencias en un conflicto que costó 100.000 muertes entre 1983 y 2009. Desde la perspectiva gubernamental el asalto final contra los Tigres Tamiles se interpretó equivocadamente como la derrota definitiva del grupo terrorista más letal de las últimas décadas. Y aunque desde entonces el país trató de mirar hacia adelante- atrayendo un turismo que ahora se puede ver muy afectado- la fractura sigue presente.

Con la guardia baja

Si se analiza la reciente matanza con ese trasfondo cabe considerar, en primer lugar, que, al igual que ocurrió en España con la escasa atención prestada al terrorismo yihadista hasta el 14-M (obligado en buena medida por la amenaza de ETA), también en Sri Lanka el esfuerzo principal contra la rebeldía tamil ha hecho descuidar el peligro yihadista. A fin de cuentas, el islam local es de perfil tolerante y solo 32 nacionales se han incorporado a grupos activos en Siria o Irak. Además, los dos grupos que ahora el Gobierno identifica como responsables directos- Jamā‘at at-Tawḥīd al-Waṭanīyah y Jammiyathul Millathu Ibrahim- no parecían suponer una amenaza considerable si se atiende a su escasa capacidad operativa (reducida a la voladura de algunas estatuas).

De hecho es esa insignificancia la que genera dudas sobre la autoría de los atentados. Aunque en principio no haya más remedio que dar credibilidad a las fuentes gubernamentales, resulta harto difícil asumir que unos grupúsculos de esta entidad tengan la capacidad logística y operativa necesaria para llevar a cabo ocho atentados prácticamente simultáneos en cuatro localidades distintas (y podrían ser más a tenor del material explosivo encontrado en las cercanías del aeropuerto de Colombo y de supuestos coches-bomba aún por neutralizar). Que, sin aportar prueba alguna, Dáesh haya reclamado la autoría tampoco dice mucho, si se tiene en cuenta su afán por aparentar una presencia planetaria, precisamente ahora que ha perdido su feudo principal en Siria/Irak.

En definitiva, sin descartar ninguna hipótesis -incluyendo la de que antiguos combatientes tamiles (diestros en atentados suicidas y a gran escala) hayan vuelto a las andadas- queda claro que el monstruo sigue ahí.

 

FOTOGRAFÍA: Los atentados registrados en Sri Lanka el pasado domingo son una clara señal de que el terrorismo es una amenaza internacional sin límites. Fotografía extraída de El Periodico.

Autor: Javier Clemente – Fotógrafo y autor del libro “1995. Recordando Srebrenica”

Yugoslavia fue una federación de Estados que se formó después de la II Guerra Mundial. Bajo el mando del mariscal Josip Broz Tito, Yugoslavia integraba Eslovenia, Croacia, Bosnia y Herzegovina, Serbia, Montenegro, Kosovo (actualmente con un reconocimiento internacional limitado) y la República de Macedonia. Los diferentes intereses de los integrantes de aquella Yugoslavia desembocaron en la Guerra de los Balcanes. El conflicto obedeció a causas políticas, económicas y culturales, así como a la tensión religiosa y étnica. El conflicto fue fugaz y Eslovenia fue la primera, en 1991, en autoproclamarse independiente. Tras la proclamación de independencia de Eslovenia muy pronto Croacia intentó seguir la misma senda. En este nuevo conflicto violento se enfrentaban, por un lado, el Ejército Croata y, por el otro, el Ejército Popular Yugoslavo. Finalmente, en 1995, Croacia se independizó también de Yugoslavia.

Pero ya en 1991, el conflicto que se había iniciado en las dos primeras repúblicas llegó también a la región de Bosnia y Herzegovina, en donde se vivirían dos conflictos, uno inmerso en el otro, y por parte de tres facciones: los serbios de Bosnia y Herzegovina, los croatas de Bosnia y Herzegovina y los bosnios musulmanes de Bosnia y Herzegovina. Diferían principalmente por su confesión, estando divididos en tres religiones dominantes: ortodoxa, católica y musulmana respectivamente. Fue, con diferencia, el conflicto más sangriento de las Guerras de Yugoslavia, con episodios de limpieza étnica tan relevantes como la masacre de Srebrenica y de Ahmici. Asimismo, importantes ciudades como Sarajevo y Mostar fueron asediadas y devastadas durante años. Se estima que alrededor de cien mil personas murieron de forma violenta.

El genocidio de Srebrenica, el capítulo más oscuro en la Europa de la Posguerra Fría, se remonta al verano de 1995, cuando después de casi tres años de asedio, el general serbobosnio Ratko Mladic ordenó el ataque final contra 40.000 civiles musulmanes de la ciudad, en la Bosnia Oriental, de los cuales la mitad eran refugiados de la zona declarada "segura y protegida por las Naciones Unidas".

En el Memorial y Cementerio de Potocari, a las puertas de Srebrenica, hoy están sepultadas muchas de las víctimas exhumadas de las fosas comunes. Pero aún hoy muchos de los restos de estas víctimas están dispersos en los bosques y fosas de la zona.

Los libros de historia están repletos de genocidios y masacres por motivos, en la mayoría de los casos, territoriales que encierran siempre problemas étnicos: desde la romanización hasta la conquista de América, pasando por la invasión del imperio mongol al mando de Genghis Khan y otros más actuales como el genocidio armenio (1915-1923), el Holocausto (1933-1945), la revolución cultural de Mao Tse Tung (1949-1969), Pol Pot y los Jemeres Rojos (1975-1979), Ruanda (1994)… Y desgraciadamente Srebrenica (1995) no supone el final de ese largo listado de barbaridades.

“El pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla”, Confucio es el autor de ésta aparentemente simple reflexión que encierra gran sabiduría. En realidad, es aterradora la veracidad de esta frase, en una secuencia infinita que lleva a destruirnos los unos a los otros en guerras que tienen tanto o menos sentido que las que provocaron Napoleón, Alejandro Magno y tantos otros. Nuestra historia se repite una y otra vez, pero seguimos sin aprovechar sus lecciones.

Parece acertado reconocer que la diversidad cultural es una de las causas de terribles conflictos. Es posible que sean las particularidades las que enfrentan a unos grupos con otros, las causantes del racismo, de las "limpiezas étnicas" o de los genocidios. Pero no sería honesto culpar a la diversidad cultural de ser el origen de los conflictos, cuando en muchas más ocasiones son los intentos de suprimir la diversidad lo que genera los problemas, cuando se exalta "lo propio" como lo único bueno, lo verdadero, y se mira a los otros como infieles a convertir, si es necesario por la fuerza. O cuando se considera que los otros representan "el mal", la causa de nuestros problemas y se busca "la solución" en su aplastamiento. Los enfrentamientos no surgen porque existan particularismos, no son debidos a la diversidad, sino a su rechazo, a la imposición por la fuerza de “nuestro” derecho sobre el de otros.

La barbarie es una crueldad que proviene de la ignorancia, de la estupidez, del error, de la superstición, de las preocupaciones; en una palabra, de la falta de educación, instrucción y talento. La guerra y los conflictos que azotaron la Antigua Yugoslavia, las masacres ocurridas entonces, el racismo y la xenofobia que los impulsaron nos obligan a utilizar este término cuando se habla de hechos como el que se rememora aquí. Limpiezas étnicas, genocidios, violaciones en masa y campos de concentración en pleno corazón de Europa. El conflicto de Bosnia-Herzegovina, que despertó al “viejo continente” a un horror que creía haber dejado atrás, fue la más sangrienta de las guerras de desintegración de la Antigua Yugoslavia, en la que se llevaron a cabo los peores crímenes en Europa desde la Segunda Guerra Mundial.

En el genocidio de Srebrenica, los serbios de Bosnia asesinaron a 8.372 personas de etnia bosnia musulmana. Aunque se buscaba supuestamente la eliminación de los varones bosnios musulmanes, la masacre incluyó el asesinato de niños, adolescentes y ancianos, con el objetivo de conseguir la limpieza étnica de la ciudad. Y esto se produjo en una zona previamente declarada como «segura» por las Naciones Unidas, ya que en ese momento se encontraba bajo la “protección” de 400 cascos azules neerlandeses. El proyecto “1995. Recordando Srebrenica” es un recuerdo a todas las víctimas de la crueldad y la barbarie, al genocidio perpetrado por las fuerzas serbias el 11 de julio de 1995 en Srebrenica. Aquellos horrores nunca podrán rectificarse. Fotografiar y documentar el lugar donde ocurrió uno de los capítulos más tristes de nuestra historia moderna servirá como un doloroso recordatorio de lo ocurrido aquel verano, esperando que jamás se reviva algo semejante.

Bangui

El pasado mes de marzo políticos y diplomáticos se reunieron en la sede de la ONU, en el marco de la Conferencia Ministerial de Mantenimiento de la Paz1 de 2019, para analizar los desafíos existentes en las misiones de mantenimiento de la paz . Mientras que muchos de ellos persisten, la falta de recursos, tanto cuantitativa como cualitativamente, sigue resultando el desafío principal2. Tal es el caso de la MINUSCA, la Misión Multidimensional Integrada de Estabilización de las Naciones Unidas en la República Centroafricana (RCA), que, nacida en 2014, es la misión más joven de mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas3 . Tras años de despliegue, esta hace frente a serias dificultades que tienen que ver con la fragilidad del contexto y la falta de recursos apropiados, tanto humanos como logísticos. Sin embargo, con un acuerdo de paz recién firmado el pasado mes de febrero4 y con dos de sus jefes recién nombrados5 6 , la MINUSCA tiene ante sí una clara oportunidad de aumentar la efectividad de su mandato de mantenimiento de la paz y protección de civiles, así como de contrarrestar la creciente falta de credibilidad que sufren estas misiones.

 

La incapacidad de proteger

 

Antes del acuerdo de paz, y como lleva ocurriendo a lo largo de seis años de conflicto armado, la República Centroafricana fue de nuevo testigo de trágicos episodios de violencia, desplazamiento forzoso y falta de protección de civiles en las ciudades de Ippy7 , Alindao8 y Batangafo. En esta última, según condena un informe de Médicos Sin Fronteras (MSF), entre el 31 de octubre y el 1 de noviembre de 2018, un grupo armado incendió el campo de desplazados donde residían más de 25.000 personas9. El incendio resultó en la muerte de 15 civiles, 29 heridos y más de 20.000 desplazados (la mitad de los cuales buscaron protección en el hospital que gestiona MSF).

Como indica el derecho internacional humanitario, en una situación de conflicto armado como el que sufre la RCA, los civiles y sus propiedades han de ser protegidos de la violencia10. Dada la inexistencia de fuerzas de seguridad centroafricanas en Batangafo, y en la gran mayoría del país, la responsabilidad de proteger recae sobre los actores armados. En primer lugar, la responsabilidad de no atacar a la población civil recae sobre los grupos armados no estatales. En segundo lugar, en caso de que estos no la cumplan y ataquen a la población, la responsabilidad pasa a la MINUSCA, cuyo mandato tiene como principal tarea la protección de civiles. Desafortunadamente, ni los primeros respetaron el derecho a la protección de la población, ni los segundos fueron capaces de prevenir ni detener el incendio y de proteger a la población.

Son varias las razones que explican tal incapacidad de proteger. En primer lugar, el gobierno de la RCA apenas dispone de efectivos11. Tras décadas de pobreza institucional, y tras años de conflicto, la policía, los gendarmes y el ejército no sólo no son suficientes, sino que carecen de preparación pese a los esfuerzos de las misiones internacionales como la MINUSCA o la misión de formación de la Unión Europea12.

En segundo lugar, los grupos armados se han opuesto siempre a la presencia de las fuerzas de seguridad centroafricanas en el territorio que controlan13. Pese a clamar lo contrario- por ejemplo en el Foro de Bangui de 201514 o en los recientes acuerdos de paz de Jartum- les falta voluntad y capacidad para garantizar la seguridad de los civiles que viven en su territorio. Por un lado, ellos mismos obtienen beneficios tasando la circulación de bienes, que a veces se acompaña de violencia. Por otro, los civiles son víctimas constantes de robos y de violencia efectuados por individuos armados a quienes los líderes de los grupos son incapaces de controlar15.

Así, la MINUSCA, con más de 13.000 efectivos uniformados y más de 1.000 efectivos civiles16, resulta el principal garante de la protección de civiles. Desgraciadamente, como se vio en Batangafo, la misión sufre carencias importantes. Por un lado, pese a las recomendaciones de especialistas en mantenimiento de la paz17, los cascos azules del batallón desplegado no hablaban francés y solo disponen de una capacidad muy limitada de interpretación. Por otro lado, además de una visible falta de actitud y determinación, mostraron un conocimiento inadecuado del mandato de la protección de civiles al no interponerse ni arrestar a los culpables de los delitos de los que fueron testigos18. Por último, el informe de la MINUSCA acerca del incidente de Batangafo no reconoce la incapacidad del batallón de proteger a los civiles19 ni indica cómo mejorar su rendimiento en caso de futuros incidentes. Este enfoque deteriora la percepción de la misión, la cual según la doctrina Capstone de 2008, es crucial para un desempeño efectivo del mantenimiento de la paz20.

Más allá de la falta de cascos azules a la que la MINUSCA hace referencia para poder responder mejor a incidentes como el de Batangafo, es evidente que se trata además de una cuestión de adecuación del personal desplegado. Primero, los cascos azules debieran estar mejor formados tanto en idiomas como en protección de civiles. Segundo, un despliegue de personal de policía de la MINUSCA podría responder mejor y proceder a investigar y detener a los autores del incendio. Tercero, una mayor presencia de personal civil de la MINUSCA- especializado en asuntos civiles, análisis de contexto y derechos humanos- podría interactuar más con las comunidades locales, comprender sus dinámicas internas e identificar y prevenir episodios de violencia y de falta de protección.

 

Más allá de la MINUSCA, dilemas del mantenimiento de la paz

 

Muchos de los problemas mencionados anteriormente, y en un plano más general, ya se recogieron hace diez años en un informe del Departamento de Operaciones de Mantenimiento de la Paz llamado "New Horizon"21. Y es que, en efecto, la MINUSCA no hace sino reflejar los clásicos problemas y dilemas estructurales que las operaciones de mantenimiento de la paz vienen arrastrando desde hace mucho.

Por un lado, se trata de un problema de falta de recursos tanto cuantitativo como cualitativo. La falta de más y mejores recursos, tanto logísticos como humanos, impide a la MINUSCA progresar con mejores resultados. De la misma forma, los recortes que sufren las operaciones del mantenimiento de la paz22 representan un desafío sistémico, ya que así no es posible generar los recursos necesarios para responder a una creciente gama de crisis violentas23. Por otro lado, se trata de un dilema de naturaleza política. Tanto la existencia de cascos azules– como es el caso de la MINUSCA en Batangafo-, como de Estados miembros del Consejo de Seguridad que no estén comprometidos con algunos de los principios del mantenimiento de la paz- democratización, derechos humanos y protección de los civiles– representan un serio riesgo paradigmático para las misiones de paz24.

Por último, se trata también de un dilema de lenguaje y de concepto ya que la MINUSCA, al igual que otras misiones, es una misión de mantenimiento de la paz en un lugar donde no hay paz25, lo cual dificulta enormemente el mantenimiento del compromiso de proteger a civiles26.

En conclusión, el desempeño de la MINUSCA (y de las misiones de mantenimiento de la paz en general) nos retrotrae al viejo dilema del vaso medio lleno o medio vacío. Si bien deben reconocerse sus esfuerzos, como la reducción de la violencia en 201827, estos a menudo siguen siendo insuficientes, como se vio en el caso de Batangafo. La crisis de protección de la RCA, además de reflejar problemas estructurales del mantenimiento de la paz, recuerda que aún queda mucho por hacer en materia de protección de civiles. Para ello, es esencial que los Estados miembros mantengan el apoyo a estas misiones como una prioridad. Asimismo, las misiones de paz han de seguir trabajando para mejorar la preparación, la calidad y la adecuación de su despliegue.

 

Bibliografía:

1 https://www.crisisgroup.org/global/un-strengthens-peacekeeping-despite-us-scepticism

2 https://www.foreignaffairs.com/articles/2018-12-11/crisis-peacekeeping

3 https://www.un.org/fr/peacekeeping/missions/minusca/background.shtml

4 https://thedefensepost.com/2019/02/02/central-african-republic-peace-deal-secured-khartoum/

5 https://minusca.unmissions.org/en/united-nations-secretary-general-appoints-mr-mankeur-ndiaye-senegal-special-representative-central

6 https://minusca.unmissions.org/en/ms-denise-brown-canada-deputy-special-representative-un-multidimensional-integrated-stabilization

7 https://minusca.unmissions.org/la-minusca-condamne-fermement-lattaque-de-l%E2%80%99upc-contre-la-population-civile-%C3%A0-ippy

8 https://www.amnesty.org/fr/latest/news/2018/12/car-up-to-100-civilians-shot-and-burnt-alive-as-un-peacekeepers-leave-posts-in-alindao/

9 https://www.msf.org/unprotected-report-violence-and-lack-protection-civilians-car-central-african-republic

10 https://www.icrc.org/en/doc/war-and-law/protected-persons/civilians/overview-civilians-protected.htm

11 https://www.ipinst.org/wp-content/uploads/2018/10/1810_The-Case-of-MINUSCA-English.pdf

12 https://eeas.europa.eu/csdp-missions-operations/eutm-rca/39112/factsheet-european-union-training-mission-central-african-republic_en

13 http://ndjonisango.com/securite/centrafrique-le-fprc-soppose-au-deploiement-des-faca/

14 http://www.rfi.fr/afrique/2min/20150510-rca-forum-bangui-accord-ddr-seleka-anti-balaka-justice-reconciliation

15 https://www.ipinst.org/wp-content/uploads/2018/10/1810_The-Case-of-MINUSCA-English.pdf

16 https://minusca.unmissions.org/en/facts-and-figures

17 Carlos Alberto dos Santos Cruz (2017) “Improving Security of United Nations Peacekeepers: We need to change the way we are doing business” p.29

18 https://www.msf.org/unprotected-report-violence-and-lack-protection-civilians-car-central-african-republic

19 https://minusca.unmissions.org/sites/default/files/batangafo_24_dec_2018_.pdf

20 DPKO (2008) “United Nations Peacekeeping Operations: principles and guidelines” p.82, reviewed 2010

21 Department of Peacekeeping Operations and Department of Field Support (2009) “A new partnership agenda: Charting a New Horizon for UN Peacekeeping” p. 27

22 Timo smit and Jaïr van der lijn (2018) “Peace operations and conflict management” in “SIPRI Year book 2018” p. 112. https://www.sipri.org/yearbook/2018/03

23 https://www.worldpoliticsreview.com/articles/25930/despite-appearances-the-u-n-peacekeeping-system-is-doing-all-right

24 https://www.worldpoliticsreview.com/articles/25930/despite-appearances-the-u-n-peacekeeping-system-is-doing-all-right

25 Lie, J. H. S., & de Carvalho, B. (2009). Protecting civilians and protecting ideas: Institutional challenges to the protection of civilians.

26 Williams, P. D. (2013). Protection, resilience and empowerment: United Nations peacekeeping and violence against civilians in contemporary war zones. Politics, 33(4), 287-298.

27 https://www.ipinst.org/wp-content/uploads/2018/10/1810_The-Case-of-MINUSCA-English.pdf

 

Fotografía: UN Photo

Movilizaciones ciudadanas en Túnez (23/10/2013). Foto: Amine GHRABI (CC BY-NC 2.0). Blog Elcano

Para el Blog Elcano

I – ¿Cuánto tiempo más vamos a seguir dándole vueltas a lo que no existe”? ¿A qué se debe la insistencia, más allá de la necesidad de los medios de comunicación de inventar titulares más o menos sugerentes en busca de una audiencia mareada entre tantos reclamos, de hablar de brotes y rebrotes de una primavera árabe que nunca fue tal? ¿Por qué empeñarse incluso en buscar imágenes que solo insisten en un exotismo fuera lugar, sea la “revolución del jazmín” (Túnez) o la “reina de Nubia” (Sudán)?

Con la obligada (y aún esperanzadora) excepción de Túnez, y sin tener que esperar hasta hoy para llegar a esa conclusión, es inevitable entender que lo que ha ocurrido en Egipto, Libia y Yemen, con el añadido actual de Argelia y Sudán, es solo en el mejor de los casos la caída de un dictador. Eso es, por supuesto, una buena noticia; pero no cabe confundirla automáticamente con un cambio de régimen y mucho menos con el advenimiento de la democracia. Por otro lado, en cuanto se recuerda que hay 22 países árabes, basta con una simple operación aritmética para concluir que en otros 16 casos las cosas siguen, en términos generales y con todos los matices que se quieran subrayar, tal y como estaban el 17 de diciembre de 2010, cuando Mohamed Bouazizi se inmoló ante una comisaria en la ciudad tunecina de Sidi Bouzid.

Eso significa, como mínimo, que resulta exagerado hablar de “primavera árabe”, jugando con una expresión que hizo fortuna con las revoluciones y revueltas de varios países de la Europa central y oriental en su esfuerzo por salirse de la órbita de Moscú. Tampoco parece muy afortunada la expresión “despertar árabe”, que daría a entender que las sociedades árabes estaban dormidas, no se enteraban de que estaban sometidas a unos sátrapas y, sobre todo, no se movilizaban contra ellos. Por el contrario, han sido muchos los que, precisamente por rebelarse y movilizarse, han sufrido desde hace décadas persecución y castigo. Y es ese esfuerzo el que ahora ha dado como resultado lo que solo puede calificarse de revueltas, revoluciones o movilizaciones ciudadanas que, en síntesis, reclaman dignidad, libertad y trabajo.

II – Son, por tanto, movilizaciones basadas en un hartazgo acumulado durante décadas y, en muchos sentidos, modélicas. Con todos los riesgos que conlleva la generalización, cabe identificar como elemento central la enorme frustración con unos gobernantes no solo fracasados en cuanto a sus eternas promesas incumplidas de bienestar y seguridad, sino también enfrascados en seguir acumulando poder y riquezas al frente de regímenes corruptos, autoritarios e ineficientes. Esas condiciones estructurales, que niegan una vida digna a unas sociedades extremadamente jóvenes, constituyen un polvorín al que solo le falta en cada caso la espoleta.

Hablamos, sin duda, de verdaderas revoluciones que, como volvemos a ver ahora en Argelia y Sudán, no se conforman con la desaparición del cabecilla de turno, sino que aspiran a desmantelar un statu quo del que solo en el mejor de los casos reciben migajas paternalistas y clientelares. Han sido y son movimientos transversales (más allá del islam político o cualquier otra ideología) y pacíficos (son los gobiernos de turno los que, fieles a su pauta represiva, han recurrido a la violencia como primera opción). Y son movimientos que, salvo para los que siguen sosteniendo que hay pueblos que no están preparados para la democracia, deben ser apoyados para que puedan lograr, primero, desembarazarse de unos dirigentes encastillados en la defensa a ultranza de sus privilegios y, en segundo lugar, instaurar regímenes legítimos y realmente representativos.

III – Frente a esos movimientos todavía por estructurar –lo que apenas une a quienes se movilizan es el deseo de deshacerse de sus gobernantes, pero no cuentan con líderes ni programas coherentes de amplio respaldo popular– se detecta un mucho más poderoso movimiento contrarrevolucionario a varias voces. Por un lado, ahí está el genocida régimen sirio, a punto de volver a ser aceptado como un miembro más del club. Mientras tanto, el golpista Abdelfatah al-Sisi no solo se eterniza en el poder ante la mirada complaciente de sus pares occidentales, sino que se ha convertido ya en una referencia sobresaliente para otros como Jalifa Haftar (en Libia), Ahmed Gaid Salah (Argelia) y Abdelfatah al Buhran (Sudán).

Y así, con el espantajo del terrorismo yihadista –al que dicen combatir mientras en la práctica se dedican a eliminar adversarios y acallar las protestas callejeras– y con las bendiciones más o menos disimuladas de los principales actores occidentales –interesados ciegamente en mantener el vigente statu quo, del que son los principales beneficiarios junto con los propios gobernantes locales–, más el apoyo que reciben de Riad, Abu Dabi y algunas otras capitales de la región, disponen de un amplio margen de maniobra para jugar en clave lampedusiana a que nada sustancial cambie.

Aunque en la historia ha habido alguna vez algún David que ha doblegado a algún Goliat, conviene aplicar el más prosaico realismo a lo que ocurre hoy en el mundo árabe para no confundir los deseos con la realidad. No basta con desear que triunfe la democracia, hay que alimentarla. Y hasta hoy solo los más débiles en este juego parecen decididos a hacerlo.

 

FOTOGRAFÍA: Movilizaciones ciudadanas en Túnez (23/10/2013). Foto: Amine GHRABI (CC BY-NC 2.0).