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El agridulce sabor de las elecciones europeas. Banderas de la Unión Europea durante el Consejo Europeo de Bruselas (2017). Foto: European Council (CC BY-NC-ND 2.0). Blog Elcano

Para el Blog Elcano 

Todavía a la espera de la confirmación final de resultados y con la idea clara de que el Parlamento Europeo (PE)

Refugiados sirios cruzan la valla fronteriza que separa su país de Turquía tras romper la alambrada, en la zona de Akcakale. La multitud huye de los enfrentamientos armados en el norte de Siria entre kurdos y los islamistas del autoproclamado Estado Islámico. / (AP Photo/Lefteris Pitarakis).

Para eldiario.es

 

El único concepto realmente valioso para los Estados miembros es el de la estabilidad a toda costa, aunque ésta venga de la mano de socios que no se distinguen precisamente por su respeto a los derechos humanos


Como ocurre con Turquía y Marruecos, algunos tratan de sacar provecho de cualquier circunstancia, por trágica que sea, sabiendo que son vistos como un mal menor


 Primero, con la Política Global Mediterránea (1972-1992) y con la Política Mediterránea Renovada (1992-96), el objetivo de la Unión Europea (UE) era paz y estabilidad. A partir de 1995, desde la Asociación Euro-Mediterránea hasta la actual Unión por el Mediterráneo, lo que se pretende es crear un espacio de paz y prosperidad compartida. Pero, más allá de jugar con las palabras, la tozuda realidad obliga a reconocer que hoy ese mismo espacio es cualquier cosa menos pacífico y desarrollado. De hecho, es la zona más militarizada del planeta, con varios focos de conflicto activo sin vías de solución, y es donde se registra la mayor brecha de desigualdad del planeta en términos de desarrollo (con la excepción de las dos Coreas).

Evidentemente, no todo lo que en él ocurre es exclusiva responsabilidad de la UE y sus Estados miembros, pero es mucha la carga que nos corresponde, no solo por acciones y omisiones históricas, sino también por lo que seguimos haciendo en la actualidad. Un primer ejemplo de ello es la pasividad generalizada ante las constantes violaciones israelíes del derecho internacional, dejando de manifiesto tanto la falta de una voz única en el escenario internacional, como de voluntad política para hacer pagar las consecuencias a quienes no se ajusten a las reglas de juego.

Progresivamente, la cuestión palestina ha ido perdiendo peso político en la agenda comunitaria para convertirse ya casi exclusivamente en un tema humanitario, asumiendo que Israel está en condiciones de inclinar definitivamente la balanza a su favor con el innegable apoyo de Washington.

La lista puede ampliarse con el penoso balance acumulado en los ocho años transcurridos desde el arranque de la mal llamada 'Primavera Árabe'. No solo se trata de haber dado la espalda a una ciudadanía que en varios países se ha levantado contra sus corruptos, ineficientes y autoritarios gobernantes, exigiendo "libertad, dignidad y trabajo", sino que, como nos enseña crudamente el ejemplo de Al Sisi en Egipto, ha apostado decididamente por bendecir golpes de Estado. De ese modo, por si todavía hubiera alguna duda, ha vuelto a quedar claro que el único concepto realmente valioso para los 28 de los mencionados más arriba es el de la estabilidad a toda costa, aunque esta venga de la mano de socios que no se distinguen precisamente por su respeto a los derechos humanos o a los valores democráticos.

Socios que, como ocurre ahora con Turquía y Marruecos, tratan también de sacar provecho de cualquier circunstancia, por trágica que sea, sabiendo que, como mínimo, son vistos como un mal menor, útiles para evitar que las tensiones y convulsiones que salpican la región puedan alterar un 'statu quo' que impusimos hace décadas. Así, no puede extrañar que tanto Erdogan como Mohamed VI entren en una puja por ver quién obtiene más fondos de la Unión para colaborar en el intento por frenar a los desesperados que se agolpan en sus propios territorios.

Mientras tanto, los Estados miembros, en lugar de cumplir con sus compromisos como firmantes de la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados (1951), se afanan tanto en incrementar sus barreras interiores y las medidas de seguridad, como en asistir a unos gobernantes de los que no cabe esperar un trato digno a quienes transitan sus países en busca de una vida mejor. Y eso incluye seguir alimentándolos irresponsablemente con todo tipo de armas, posponer indefinidamente la aplicación de una verdadera zona euro-mediterránea de libre comercio o demonizar el islamismo político mientras se corteja o se contemporiza con los Jalifa Haftar o Bashar al Asad de turno.

A falta de la solidaridad más básica, el egoísmo inteligente debería servir para entender que a la Unión le interesa tener unos vecinos del sur y este del Mediterráneo con unos altos niveles de bienestar y seguridad, por la sencilla razón de que eso repercutiría muy directamente en nuestro propio bienestar y seguridad. Así se entendió en la época en la que Romano Prodi, como presidente de la Comisión Europea, ofrecía a nuestros vecinos del sur "todo, menos las instituciones", entendiendo que la posibilidad de incorporarse a la dinámica comunitaria (sin entrar como miembros de pleno derecho en la Unión) era una zanahoria lo suficientemente atractiva para promover las reformas tan necesarias en el plano social, político y económico de los entonces llamados Países Mediterráneos No Comunitarios.

Por desgracia, esa visión ha perdido fuerza y en lo que seguimos empeñados hoy es en prolongar una situación de la cual somos los principales beneficiarios, aunque eso suponga contradecir los valores y principios que decimos defender y, de paso, alimentar el sentimiento antioccidental entre quienes se ven castigados por unos gobernantes apoyados tanto desde Bruselas como desde Washington. Solo cabe soñar con que el virus xenófobo y antieuropeísta que hoy se extiende entre nosotros no acabe de calar definitivamente y que el nuevo Parlamento Europeo y la nueva Comisión Europea reaccionen antes de que sea demasiado tarde. De nosotros depende.

 

FOTOGRAFÍA: Refugiados sirios cruzan la valla fronteriza que separa su país de Turquía tras romper la alambrada, en la zona de Akcakale. La multitud huye de los enfrentamientos armados en el norte de Siria entre kurdos y los islamistas del autoproclamado Estado Islámico. / Lefteris Pitarakis 



 

Ciclo de debates y análisis: “Criminalización de la solidaridad. Riesgos de ayudar en contextos complejos”.

Del 04 al 13 Junio

La Casa Encendida, en colaboración con el Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria, tienen el honor de invitarles al ciclo de debates y análisis “Criminalización de la solidaridad. Riesgos de ayudar en contextos complejos”, en un formato de 6 sesiones los días 4, 5, 6, 11, 12 y 13 de junio.

El ejercicio de la solidaridad con las personas que sufren no ha sido nunca tarea fácil y siempre se ha enfrentado a limitaciones y trabas. En los momentos actuales, estas dificultades han tomado nuevos perfiles y, al tiempo que se banaliza un cierto tipo de solidaridad convirtiéndola en un producto de consumo más, se persiguen y criminalizan otros esfuerzos más comprometidos de ayuda. En este escenario, el papel de las ONG y del personal humanitario ha ido ganando protagonismo, en el contexto de un debate político más amplio sobre cómo gestionar, por ejemplo, la llegada de personas refugiadas e inmigrantes a la Unión Europea, enfrentándose con creciente frecuencia a acusaciones de tráfico de seres humanos y de actuar al borde de la legalidad o fuera de ella. Los/as cooperantes son presentados/as cada vez con mayor asiduidad, como traficantes. Y lo mismo ocurre en otros contextos de conflicto o crisis con violaciones graves del derecho internacional humanitario o los derechos humanos.

El objetivo de este ciclo es analizar durante 6 sesiones las causas y consecuencias de este aumento de la criminalización de la solidaridad, desde diferentes perspectivas, contando con especialistas nacionales e internacionales de diverso perfil que entablarán un diálogo participativo en el que irán debatiendo y reflexionando conjuntamente con las personas asistentes. Cada sesión incluirá un debate estructurado entre dos o más personas expertas, guiado por un/a moderador/a.

En las distintas sesiones abordaremos la política europea y el auge de los extremismos, la política y migración en España, el trato hacia las personas migrantes en los medios de comunicación y el papel de las redes sociales, casos concretos de la criminalización de la ayuda, los efectos de la legislación antiterrorista, la persecución de las defensoras de derechos.

 

Cada una de las sesiones tendrá lugar en La Casa Encendida (Ronda de Valencia 2, Madrid) y dará comienzo a las 19.00 h.

¡Os esperamos!

Programa Preliminar

Para más información haga click en el siguiente enlace

Página web de  La Casa Encendida


 

Turquía, el aliado incomodo de la OTAN. El primer avión F-35 Lightning II (JSF) de la Fuerza Aérea de EEUU sobrevolando Destin (Florida), en julio de 2011. Foto: U.S. Air Force photo by Staff Sgt. Joely Santiago (Wikimedia Commons / Dominio público). Blog Elcano

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Desde su entrada en la Alianza Atlántica, en 1952, no son pocas las ocasiones en las que Turquía ha sido calificado como un aliado incómodo. Pieza relevante en el intento de contener la expansión soviética durante la Guerra Fría, sus pésimas relaciones con Grecia pusieron en cuestión en varias ocasiones los fundamentos de la organización. Y aunque en una primera lectura su peso pareció menguar tras el final de la confrontación bipolar, muy pronto volvió a recuperarlo, tras el 11-S, como pieza básica para facilitar (aunque no sin reticencias) las aventuras militares de Washington en Oriente Medio. Hoy, mientras la OTAN acaba de celebrar su septuagésimo aniversario con innegables señales de crisis interna, Turquía vuelve a ser motivo de crítica e inquietud a partes iguales.

El listado de agravios recíprocos se hace cada más denso. Por parte turca, y atendiendo solo a los más recientes, se reprocha a Washington el apoyo que está prestando a las milicias kurdas sirias que Ankara identifica como una extensión más del PKK (terrorista según EEUU, Unión Europea y Turquía), sin olvidar su irritación por la falta de respuesta al requerimiento de extradición del predicador Fetullah Gülen, al que el régimen turco acusa de instigador del fallido golpe de Estado de 2016. En cuanto a Bruselas, le increpa su falta de voluntad para avanzar en las negociaciones de adhesión turca a la Unión, mientras va tomando conciencia de que esa aspiración está fuera de la agenda.

Por parte occidental, Bruselas emite claras señales de descontento con un régimen cada vez más alejado de los valores y principios que definen a la Unión Europea, escondiendo en todo caso que nunca ha habido verdadera voluntad de permitirle la entrada porque, en función de las reglas que gobiernan en club comunitario (con la demografía como variable fundamental), Turquía se convertiría muy pronto en el país con más peso político en todas las instancias de toma de decisión de los todavía hoy Veintiocho. Junto a eso, y en un terreno en el que confluyen variables políticas y comerciales con las explícitamente estratégicas, nada ha tensado tanto la cuerda para Washington y la OTAN como el paulatino acercamiento a Moscú, ejemplificado ahora en el empeño turco de adquirir los sistemas rusos de defensa antiaérea S-400.

Ya a mediados de 2017 el propio presidente Recep Tayyip Erdoğan confirmó el acuerdo con Moscú, adelantando un primer pago de un contrato que ronda los 2.500 millones de euros y que, con sus 400km de alcance, dotará a Turquía de medios para defender toda su plataforma continental mediterránea (en un momento en el que se incrementan las tensiones entre varios países por el control de los yacimientos de hidrocarburos localizados en el Mediterráneo Oriental), además de servirle (según los argumentos oficiales de Ankara) para hacer frente a la amenaza del terrorismo yihadista. Erdoğan insiste en que la entrega efectiva de todo el material se producirá a partir de julio de este mismo año, mientras se están ya realizando las obras de acondicionamiento para la recepción y militares turcos se están instruyendo en su manejo en suelo ruso. Más aún, en un claro gesto de desafío a EEUU, anuncia no solo que el contrato no tiene vuelta atrás, sino que Turquía también producirá conjuntamente con Rusia los nuevos sistemas S-500 y que, a pesar de las actuales amenazas estadounidenses de no transferir los cazas F-35 ya apalabrados, más temprano que tarde también acabará recibiendo los aproximadamente 100 aparatos de quinta generación fabricados por Lockheed Martin Co.

Esa es, la del sofisticado avión F-35, la última baza que Washington está empelando para disuadir a Ankara de hacerse con los sistemas antiaéreos rusos. Un avión en el que también participa Turquía (junto a otros siete países más) y del que ya cuenta, desde hace meses, con dos ejemplares. Estados Unidos ha paralizado la operación aduciendo que, si Turquía dispone de esos aparatos junto a los S-400, podría obtener información vital para neutralizar su supuesta alta capacidad de ataque, con la posibilidad de que termine transfiriendo dicha información a Rusia. Por su parte, Turquía recuerda que ya Grecia cuenta con los S-300, sin que nadie adujera en su momento que eso pudiera suponer una amenaza para la defensa aliada, y hasta dice haber llevado a cabo una valoración real que demuestra que su entrada en servicio no daña la defensa atlántica.

Mientras que los primeros esperan de ese modo obligar a Ankara a que vuelva al redil, los segundos parecen convencidos de que el suculento contrato de unos aparatos tan caros y sobre los que se acumulan las dudas sobre su viabilidad presupuestaria y su superioridad operativa acabara por inclinar la balanza en su favor. Todo ello sin descartar que, si no se logra reconducir la tensión actual, Turquía puede acabar provocando una crisis mayor en la OTAN y acercarse aún más a Moscú, comprando, por ejemplo, los cazas SU-57 que, a buen seguro, Vladimir Putin estaría encantado de poner en manos de Erdoğan, aunque solo fuera para seguir ensanchando las brechas internas de la Alianza. Veremos..

 

FOTOGRAFÍA: U.S. Air Force photo by Staff Sgt. Joely Santiago (Wikimedia Commons / Dominio público).